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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-07-2013

Las manifestaciones en Brasil: un balance poltico

Bruno Lima Rocha y Julia Klein
Barmetro Internacional


La movilizacin contra el aumento de las tarifas de transporte pblico tuvo inicio en Porto Alegre, en Ro Grande del Sur. Entre marzo y abril de 2013, dos manifestaciones reunieron diversos grupos frente al Ayuntamiento de la capital gacha, pidiendo la reduccin del valor de los pasajes de autobs. Las protestas en Porto Alegre dieron origen a una serie de eventos, llevando a cientos de miles de personas a las calles en todo el pas. La accin policial durante los actos fue cada vez ms agresiva, rebelando a la poblacin brasilera. La mayora de los manifestantes eran jvenes, sin experiencia poltica y dieron la voz a diversas reivindicaciones de los brasileros. La lucha por la revisin de precios de los pasajes dio fuerza a otras solicitudes, como la disminucin de los gastos para la Copa del Mundo, el mejoramiento de los servicios pblicos y el fin de la corrupcin en el pas.

Al llegar a la capital paulista, San Pablo, el movimiento convocado en Porto Alegre por el Bloque de Lucha por el Transporte Pblico, y organizado por el Movimiento Pase Libre (MPL) que se coordina a nivel nacional desde enero de 2005. Al llegar a Ro de Janeiro y en San Pablo, la lucha puntual extrapola una pauta especfica y se nacionaliza. Por eso la presidenta Dilma Rousseff convoca al MPL de algunas capitales, buscando dialogar con este sector legtimo, con gran capacidad de convocatoria y no pro gobierno.

El Movimiento Pase Libre, Dilma y la cabra en la sala

La reunin que el Movimiento Pase Libre tuvo con la presidenta Dilma Rousseff ocurri el da 24 de junio, antes que la Jefe de Estado se reuniera con gobernadores y alcaldes de diversas capitales. Al mismo tiempo que sera una ligereza no reconocer la importancia de estas reuniones, nos deja mucho ms esperanzados la postura pblica del MPL que los cinco puntos del proyecto de Dilma para, en teora, sacar al pas del impasse. La delegacin del Movimiento present propuestas a la Jefa del Poder Ejecutivo e inquiri si Dilma conoca las bases del movimiento (ella las desconoca) y sali con la impresin que no estaba por llegar ninguna medida concreta.

Cuando la presidencia considera alguna demanda como razn de Estado, abre el abanico de maniobras para hacer posible tal realizacin. As viene siendo con las obras de la Copa y tambin con la Usina de Belo Monte (represa hidroelctrica en tierras indgenas de la Regin Amaznica) a pesar de los impactos y daos ambientales irreversibles a consecuencia de su construccin.

Esta vez, a pesar de toda la confusin en las calles, de la mezcla de civismo y lucha popular, de la gran prensa insuflando elementos despolitizados y aumentando la prdida de foco, del equvoco entre movimiento no-partidario y una postura totalizante anti-partidaria; se ve una luz.

Luego de la instancia con la presidenta, los delegados del Movimiento Pase Libre no quedaron impresionados con la dimensin que tom la lucha, y menos todava salieron con la guardia baja. Es interesante notar la buena capacidad de articulacin entre el basamento terico de la causa defendida (el transporte como un derecho y no como un negocio) y las relaciones con las otras demandas no atendidas en la ltima dcada.

Luego de diez aos de co-gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) y otros partidos que antes fueran de izquierda, siempre aliados con lo peor de las oligarquas brasileras y sus grandes agentes econmicos, los movimientos populares casi se desarmaron.

Es de la naturaleza de la poltica que las nuevas formas de organizacin social se conviertan en frentes sociales no manipulables. En la semana en que el ncleo duro del Poder Ejecutivo y su vendedor de marketing colocan una cabra en la sala, en el auge de la paranoia de los golpes cibernticos, realmente la mejor noticia es saber que el Movimiento Pase Libre no se va a entregar.

Tres lecciones polticas de las protestas en Brasil

El Brasil ya no ser como antes, no al menos en trminos de cultura poltica. Despus de diez aos de apata y 21 aos sin manifestaciones masivas, el pas se reencuentra con la lucha poltica de calle y de masas. Algunas lecciones fueron transmitidas, ente las cuales destacamos tres:

Primero, la nocin de que los derechos fundamentales no son fruto de la accin institucional, y s de la lucha colectiva. Dentro del rigor fiscal y de la contingencia de presupuestos pblicos, una poltica distributiva es el fruto directo de la presin popular. De lo contrario, la rutina de las agendas burocrticas siempre supera a la mayora silenciosa. Cuando una parte de esta mayora se moviliza, los ocupantes de puestos clave en el Estado se ven contra la pared.

Segundo, la idea de auto organizacin. Este concepto, fundamental para el sindicalismo, tambin llamado de independencia de clase, estaba olvidado. NO cabra ms colocar a la gente en la calle utilizando como vanguardia una enorme franja roja o amarilla, para hacer un desfile cvico-ciudadano con parlamentarios o candidatos a cargos electivos. Todava estamos lejos de la consigna de Argentina en diciembre de 2001 (que se vayan todos) pero al menos esta instaurada la desconfianza en el proceso decisorio de los gabinetes y en el juego de los poderes constituidos.

Tercero, se nota que finalmente Internet cumple con su destino manifiesto: el de alcanzar a quien se encontraba atomizado, desorganizado. Este papel de hablar con la mayora que no hace poltica da a da y se informa poco, fue posible a travs de la red mundial de computadoras, en especial en las redes sociales. Las conversaciones entre personas conocidas, grupos afines por causas especficas o temticas particulares, finalmente consigui masificarse en Brasil. Hace cinco aos participamos en una investigacin de campo donde se apuntaba al uso diario de la Web entre jvenes de 14 a 20 aos. Este era banal, para fines privados y sin temas de fondo. Aument el tiempo de navegacin y de uso de la Internet mvil. Proporcionalmente, el diez por ciento de millones de usuarios hicieron la diferencia en estas jornadas.

El saldo es positivo. La democracia representativa es ejercida por personas en cargos electivos, de confianza, comisin y grupos organizados en pro de los agentes econmicos. La democracia que emerge de las calles brasileras es otra. No tiene paciencia histrica y aprendi la comprensin viendo el caminar por arriba yaciendo y rodando. Primero se presiona para despus negociar mrgenes de conquistas. Definitivamente esta es una nueva etapa poltica, pero sus avances dependen de la unidad de la izquierda que est a la izquierda del gobierno, por lo tanto no gubernista y sin haber pactado con lo peor de la oligarqua y de los agentes econmicos brasileros a lo largo de estos ltimos diez aos. Respecto a esta posible unidad, elaboramos la conclusin de este texto.

Respecto a la unidad de las izquierdas en el momento actual, participamos algunas nociones bsicas

  1. La unidad de las izquierdas es cada vez ms necesaria, pero dentro de esta unidad es imprescindible separar el pro gobierno de las izquierdas que no comparten el pacto de tal gobernabilidad.

  2. Infelizmente los medios alternativos todava ligados al gobierno y los militantes todava sinceros que en ella militan, siempre parecen tener una condicin binaria, creando as una falsa dicotoma: Las crticas a Dilma estn ligadas a la derecha y abren camino al neoliberalismo, luego, tenemos que trabar la Unidad y pelear por la hegemona del gobierno en disputa. La afirmacin es falsa. No hay gobierno en disputa, menos todava hegemona en juego. Vivimos dos concepciones, donde el Consenso de Brasilia disputa con el Pos Consenso de Washington. Ninguno de estos proyectos es de izquierda sea cual sea la tradicin evocada.

  3. Al apuntar a esa condicin binaria, se acaba por defender la vacilacin. Ya vivimos antes ese momento, cuando el vacilante gobierno Joo-Jango- Goulart (1961-1964, seguido por el golpe militar del 10 de abril de 1964), del todava ms vacilante Partido Trabajador Brasilero (PBT, partido creado por Getulio Vargas y que tena semejanzas con el Partido Justicialista de Argentina), varguista con posicin dudosa, llev a la clase trabajadora a recibir un Golpe de Estado sin condiciones para resistirlo)

  4. El lema de la poca era manda brasa, presidente! y la tragedia de la omisin poltica termin con un caudillo en huda (Jango) y otro trasvertido frontera abajo (Leonel Brizola) y aos para reorganizar los andrajos del Partido Comunista (entonces de lnea Mosc, que se recus a resistir en armas al Golpe). Los hroes y mrtires de la lucha contra la dictadura pagaron ese precio por el pueblo brasilero.

  5. Es hora de tener el valor de decir. Existen compa[email protected] vlidos an dentro del Partido de los Trabajadores. stos, por ms reformistas que sean realmente creen en la socializacin del poder y la renta. Insistimos, estas personas son valiosas, ms ese partido y sus aliados ya no lo son. Menos todava sus dirigentes polticos de carrera. Luego, no puede haber unidad con estos operadores polticos.

  6. Las conquistas en forma de anuncios de futuras polticas pblicas emergentes solo vienen porque ganamos las calles, a trancos y barrancos, pero ganamos, y por la izquierda, sin hacer coro o referencias a los pro gobierno. Esta es la nica unidad de accin que interesa y ninguna otra.

[email protected] / www.estrategiaeanalise.com.br

Bruno Lima Rocha es politlogo, periodista y docente de relaciones internacionales, Julia Klein es periodista



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