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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2013

El Salvador
Del terror de la alianza oligrquico-militar al terror de las maras

Mauricio R. Alfaro
Rebelin


Introduccin

Observamos que El Salvador, de la sangrienta guerra civil al proceso de transicin democrtica, pas del estatus de ser el pas de los escuadrones de la muerte al estatus de ser, en la actualidad, el pas de las maras. Ttulo alcanzado gracias al hecho que ese pas, en el contexto de la post guerra civil, incubo, en lugar de la paz y la cohesin social, a dos bandas de criminales extremistas: la Mara Salvatrucha (MS-13) y la Mara del Barrio 18. Las cuales en los ltimos 20 aos, con sus crmenes atroces, han logrado convertir a El Salvador, segn un informe publicado en el 2011 por el PNUD, en el pas ms violento del mundo.

En este artculo reflexionamos sobre el hecho que nos parece que, en El Salvador, el problema de las maras sera ms bien un efecto que la causa principal de la situacin de violencia generalizada en ese pas.

El enigma

Lo que ms nos impacta del drama salvadoreo es un hecho que adquiere la forma de un enigma. Puesto que, en El Salvador, en el instante mismo que sus polticos celebran el triunfo de la transicin democrtica, sin prembulos, ese mismo pas cae en una nueva oleada de violencia generalizada. Dinmica contradictoria que para los objetivos de nuestra reflexin, la contextualizamos en la forma siguiente: por el lado del bloque poltico dominante (conformado principalmente por la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y el Frente Farabundo Mart para la Liberacin Nacional (FMLN)), vemos -aos tras aos- la tendencia a felicitarse por el salto histrico dado por El Salvador. Puesto que son ellos los que, con sus tratados de paz firmados en 1992, pusieron fin a la guerra civil abriendo con ello el camino hacia una transicin democrtica triunfante.

La prueba de ese triunfo democrtico es que, en estos momentos, se encuentra en el poder el FMLN. Una fuerza poltica de izquierda que, con las armas en la mano, combati a las tradicionales lites dominantes. Y lo extraordinario es que la ARENA, una fuerza poltica de extrema derecha, acept de manera pacfica la victoria electoral de sus oponentes. En El Salvador la alternancia poltica se consolida y, consecuentemente, ese pas puede presentar al mundo sus credenciales de pas democrtico.

Desde una perspectiva social lo problemtico del caso es que, en el instante mismo, que ese triunfo democrtico se celebra, el Estado salvadoreo entra en una etapa marcada por su perdida exclusiva del monopolio de la violencia; dejando por el hecho mismo, a una buena parte de la sociedad sin proteccin alguna. Siendo aqu que la ley que prevalece es la de sicpatas asesinos capaces de matar por un gesto, por una mirada. O simplemente llevados por sus instintos primarios de hacer el mal. Siendo as como en los ltimos 20 aos, El Salvador habra pasado del terror de la dictadura oligrquica-militar, con sus exterminios en masa en contra de la poblacin civil y de sus escuadrones de la muerte, al terror de las maras. Las cuales han acumulado, con el correr de los aos, un gran dominio que les permite controlar territorio y, con ello, construir un doble poder.

Siendo desde ah que ellas se abrogan el derecho de tratar de igual a igual con el gobierno en plaza. Y esto es tan as que un acuerdo entre ellas hizo descender, de manera remarcable, el nmero de muertes diarias y en algunas municipalidades del pas esas maras, dado el poder de decisin adquirido en el terreno, han firmado acuerdos de paz con las autoridades locales, para declararlas: Municipios Libres de Violencia.

Las maras parecen entonces tener el poder suficiente para decretar en El Salvador: La Guerra o la Paz. Lo que para nosotros prueba que ese pas, dada la violencia existente fuera de todo control, se encuentra en una situacin de crisis profunda. Llegados hasta aqu tratemos entonces de entender cmo, de acuerdo a nuestro anlisis, el enigma planteado se habra originado.

Los tratados de paz de 1992 y la transicin democrtica salvadorea

Nos parece que los tratados de paz de 1992 y la transicin democrtica salvadorea deberan de interpretarse como activados por una dinmica de causa-efecto; en donde, los principios acordados que pusieron fin a la guerra civil serviran, a su vez, de gua para dinamizar la transicin democrtica. El Salvador cerraba as un captulo de su historia y abra otro.

Opinamos que, en esa nueva etapa, los salvadoreos esperaban algo que, necesariamente, debera estar a la altura de los sacrificios realizados. Ya que el ondear de la bandera roja en el espacio poltico salvadoreo era en s, un gran triunfo del pueblo entero. Es decir: de los campesinos, de los obreros, de los estudiantes, de los partidarios de la teologa de la liberacin, de los intelectuales comprometidos, de los internacionalistas que hicieron suyas las aspiraciones de justicia del pueblo salvadoreo, de las madres y los padres que miraban, con una mezcla de tristeza y orgullo, como sus hijos e hijas se incorporaban, de manera generosa, como soldados de la causa popular. Y en la cual en una larga y sangrienta guerra civil, miles y miles de entre ellos encontraron la muerte. Los unos en combate. Los otros capturados, torturados, calcinados: desaparecidos.

Tiempos de persecucin, de desolacin, de muerte. De inmensa e infinita tristeza profundamente fra, ahogadora en donde los unos luchaban por conservar, a travs de la sangre y el terror, sus atvicos privilegios, mientras que los otros luchaban por recuperar sus tierras, por mejorar sus salarios. Y en general por hacer de El Salvador un pas digno, solidario, profundamente humano. La cpula del FMLN como firmantes de los acuerdos de paz, era entonces percibida como el baluarte que con gallarda defendera, frente a la derechista ARENA, los intereses y las aspiraciones ms nobles del pueblo salvadoreo.

Creemos que la confusin y el nacimiento del enigma -del cual hacamos mencin- nacen precisamente del interior de esos procesos. Puesto que en El Salvador lo que realmente ocurri durante los tratados de paz y la transicin democrtica, fue una especie de divisin del trabajo entre lo poltico y lo econmico. En donde el FMLN adaptaba su accin a cambios que se operaban estrictamente a nivel poltico; el cual se liberalizaba creando en el proceso mismo una esfera autnoma de amplio alcance. Lo que haca que los las salvadoreos(as) asistieran atnitos a cambios inditos; puesto que, por la primera vez de su historia, ellos gozaban de amplias libertades formales tales como libertad de expresin, libertad de organizacin; vean que el FMLN, despus de sus largos aos de persecucin y de exterminio de sus militantes y simpatizantes, se converta en un partido institucionalizado; vean igualmente que los militares regresaban a sus cuarteles y as, en un largo etc. Todo eso haca entonces creer que la poca del terror poltico quedaba atrs y que El Salvador, despus de la larga pesadilla militar, poda mirar su futuro con optimismo.

Pero mientras esos cambios se operaban, miembros del FMLN -el llamado FMLN histrico, para diferenciarlo del institucionalizado-, junto con una buena parte de los salvadoreos vivan esos momentos a la expectativa, a la espera de algo. Algo que en medio de los discursos triunfalistas de la ARENA y del FMLN se obviaba, se retardaba ms y ms. Hasta lograr, al final, tacharlo de una vez por todas de la agenda de los tratados de paz. Hacemos referencia aqu a las reformas econmicas y a la demanda popular de justicia contra los militares sealados, por la Comisin de la Verdad, como los responsables, durante la guerra civil, de horribles crimines contra la humanidad. Los cuales ante esa demanda, simplemente, respondieron con una ley de amnista. Lo que indicaba que la impunidad continuara reinando. Como habitualmente ha sido el caso en ese pas.

Y luego que las causas subyacentes de la rebelin popular fueron, bajo diversas justificaciones, ignoradas, nos parece que la direccin de los tratados de paz y la transicin democrtica en El Salvador se clarifica. Puesto que todo parece indicar que sus propuestas e iniciativas se inscriban al interior de una estrategia global bien definida: la del paradigma neoliberal triunfante. El cual, para su montaje, sabemos que doctrinariamente contempla, en su movimiento hegemnico, dos aspectos esenciales: la liberalizacin econmica y la liberalizacin poltica. El capital oligrquico salvadoreo con su nueva estrategia de dominacin lograba as, desde un punto de vista estrictamente econmico, no tener obstculo alguno para su desarrollo y, desde un punto de vista estrictamente poltico, los partidos polticos de derecha e izquierda adquiran las ms amplias libertades de accin.

En El Salvador se combinaba de esa forma una liberalizacin poltica, como planteado, de gran alcance mientras que con la liberalizacin econmica se aceraban y se extendan los privilegios econmicos de una poderosa minora cuyos intereses eran y son innegociables. Dos esferas de lo social -lo poltico y lo econmico- fueron as radicalmente separadas como en dos especies de laboratorios sin conexin alguna. En lenguaje meditico esto se vendi como la nica va para modernizar a El Salvador. Y para ello el catecismo a aplicar era que las decisiones econmicas deban de despolitizarse mientras que los polticos deban, sobre todo, evitar toda forma de populismo. En lo econmico se impona entonces el dejar hacer mientras que en lo poltico, desde el Estado, se impona -como un dogma- el abandono de toda iniciativa para superar, de manera real y profunda, las causas productoras de la desigualdad econmica. Lo que probara que la oligarqua salvadorea acepta los tratados de paz y la transicin democrtica luego que logra imponer, una vez ms, su eterna visin mezquina y altamente excluyente de pas.

Y sera de esa forma cmo esas lites econmicas y polticas, con sus acuerdos e iniciativas, habran preparado el terreno para lo que seria, el otro gran desangramiento de El Salvador. El cual segn nuestra visin de las cosas, se habra activado al interior de la dinmica siguiente: en El Salvador ciertamente, con los tratados de paz y la transicin democrtica, los fusiles se silenciaron. Pero pronto muchos salvadoreos(as) descubriran que lo que la izquierda salvadorea estaba promoviendo como una gran victoria popular de alcance histrico, en los hechos, no era otra cosa que una maniobra ms sutil, ms encubierta de continuar, por otros medios, negndoles sus derechos socio-econmicos. El todo junto al hecho que la impunidad continuara, como siempre ha sido el caso en ese pas, campando.

El Salvador montado en la oleada neoliberal se senta y daba igualmente la impresin de estar en movimiento. Lo que, en un primer momento, habra creado la ilusin; la cual en un segundo momento, casi instantneamente, se convertira en desilusin. Puesto que los principales mecanismos portadores de pobreza, exclusin y violencia social no solo quedaban intactos sino que, en el marco del paradigma neoliberal, redoblaban su naturaleza desptica. Y de la desilusin as creada, que tena las mismas causas que haban provocado la guerra civil, nacera la otra: la de las maras. Pero estas ya no tendran ninguna referencia humanista, ninguna utopa a realizar puesto que los tiempos del neoliberalismo triunfante, es decir, los tiempos del individualismo, del placer inmediato, del dinero y el consumismo, las habran desprestigiado brutalmente. Y siendo as est nueva guerra se caracterizara por su violencia ciega, su odio, su rabia desmesurada contra la sociedad. El todo en medio de lo que los mismos mareros llaman: La vida loca.

Y sera al interior de esas dinmicas en que los olvidados del sistema dominante inventan y reinventan su contra mundo cultural hecho de normas, de tatuajes amenazantes, de ritos, de cantos, y un largo etc. Es decir un mundo en donde los desesperados del sistema no aceptan ms ser humillados y buscan por todos los medios abrirse su propio espacio existencial. En El Salvador la MS-13 (la mara salvatrucha) y la Mara del Barrio 18 -con sus miles de miembros y colaboradores- seran entonces los vectores de esta nueva revuelta de los pobres.

Un doble poder que, en la actualidad, hace que esas maras estn tratando de igual a igual con el poder poltico en plaza. Ya que, como anotado, en algunos lugares son los firmantes, con las autoridades locales respectivas, de los llamados Municipios Libres de Violencia. Y que gracias a acuerdos entre ellas, los crimines diarios en ese pas, han descendido de manera remarcable.

Son entonces los dirigentes de esas bandas de criminales que como los Nuevos Seores de la Guerra deciden, desde sus estados mayores de si, El Salvador, vivir en la guerra o en la paz.

Conclusin

Siendo as como El Salvador habra pasado del terror de la alianza oligrquica-militar al terror de las maras. Lo que en nuestro caso nos hace decir que, en ese pas, el pasado simplemente atrap al presente. Puesto que luego que, con los tratados de paz de 1992 firmados entre la ARENA y el FMLN, los problemas reales y cruciales del pas -como expuesto a lo largo de esta reflexin- no fueron tratados, es, en ese preciso momento que El Salvador no se encaminaba hacia la paz y el progreso, sino que hacia otra guerra. La cual se cobr ya, en los ltimos 20 aos, en un pas que tiene un promedio de 15 asesinatos diarios, 50 000 muertes.

Son esos resultados reales altamente trgicos para El Salvador lo que nos hace decir que, en ese pas, los tratados de paz y, su consecuencia inmediata, la transicin democrtica han lamentablemente fracasado. Lo que, a nuestro juicio, desde una perspectiva histrica significa, que la paz sin reformas econmicas y justicia social es una gran ficcin. Un engao hiriente para aquellos miles y miles de hombres y mujeres que, generosamente, ofrendaron sus vidas, sus esfuerzos en la Gran Guerra de Liberacin Nacional. Y que sus sueos eran hacer de El Salvador, un pas, en donde, nunca ms, la vida misma de las grandes mayoras se volviera un martirio; una angustia sin fin.

Referencias

Moncada, Luisa. (2012), Entrevista a lder pandilla 18,  http://www.youtube.com/watch?v=dkJu-oPqh6k

Noticieros hechos (2012), Entrevista a El Sirra (MS13),  http://www.youtube.com/watch?v=x7M2aD68HGc

La Prensa Grafica. (2011), PNUD: El Salvador es el pas mas violento del mundo,  http://www.laprensagrafica.com/el-salvador/judicial/226812-estudio-avalado-por-pnud-muestra-a-el-salvador-como-pais-violento

Toledo, Marianela. (2009), Las maras, la otra guerra civil de El Salvador,  http://www.elmundo.es/america/2009/11/02/noticias/1257175254.html

Pobeda, Cristian. (2008), La vida loca, documental salvadoreo, http://www.youtube.com/watch?v=jU-xJ4pqVj8

Fernando de Dios. (2013), La amnista fue la primera violacin a los Tratados de Paz,  http://www.archivocp.contrapunto.com.sv/especiales/la-amnistia-fue-la-primera-violacion-de-los-acuerdos-de-paz

Saiz, Eva. (2013), Un ao de frgil tregua entre las maras de El Salvador, http://internacional.elpais.com/internacional/2013/03/30/actualidad/1364603022_621509.html

Villalobos, Joaqun. (2013), Un pas atrapado por oligarcas y maras,  http://internacional.elpais.com/internacional/2013/04/21/actualidad/1366557567_333965.html

Ramsey, Geoffrey. (2012), Las maras de El Salvador buscan ser actores polticos  http://es.insightcrime.org/investigaciones/las-maras-de-el-salvador-buscan-ser-actores-politicos

R. Alfaro, Mauricio. (2009), El FMLN visto desde los acuerdos de paz de 1992 hasta su victoria electoral, http://alainet.org/active/32375&lang=es

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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