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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2013

Asamblea Constituyente, puerta a la libertad

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


La izquierda y la derecha unidas/ jams sern vencidas.
Nicanor Parra

Casi un cuarto de siglo de retraso tiene la convocatoria a una Asamblea Constituyente que permita a los chilenos decidir libremente el destino de la nacin, y as poner fin al periodo de dominacin oligrquica que abri el golpe de Estado de septiembre de 1973 y que no ha terminado. Esta deuda, que mantiene en interdiccin la soberana popular, reduciendo los derechos del ciudadano a una mnima expresin, es todava ms antigua si tomamos como referencia los compromisos que en los aos 80 asumieron todos los partidos polticos, desde liberales de derecha hasta el MIR, pasando por la Democracia Cristiana y los partidos Socialista, Comunista, Radical, etc. Asimismo estn las declaraciones pro Constituyente de figuras destacadas de esas colectividades, como Eduardo Frei Montalva, Patricio Aylwin, Ricardo Lagos, Ricardo Nez, Hugo Zepeda, etc.(1)

Para los aos 80 -incluso se registraron opiniones tempranas en los 70-, todos los sectores polticos que se agrupan hoy en la Concertacin de Partidos por la Democracia, ms la corriente liberal que tiene domicilio en Renovacin Nacional -y por supuesto el Partido Comunista-, coincidan en que al recuperar Chile el Estado de derecho se crearan las condiciones necesarias para el ms pronto funcionamiento de las instituciones democrticas, particularmente mediante la convocatoria a una Asamblea Constituyente integrada por las distintas corrientes de opinin y la adopcin de un sistema electoral que garantice la libre, informada y autntica expresin de la voluntad ciudadana (declaracin de marzo de 1983).

No obstante, la Concertacin lleg al gobierno en 1990 y permaneci 21 aos en La Moneda, disfrutando de las delicias del poder sin hacer nunca amago de convocar a la Constituyente. Ms bien por el contrario; los dirigentes de esa coalicin -que busca retornar al gobierno este ao- se convirtieron en ardientes enemigos de la Asamblea Constituyente como legtima va de retorno a una democracia construida por voluntad libremente expresada de los ciudadanos. La excusa para este viraje es el temor de apelar a la soberana del pueblo en cada una de las etapas del proceso constituyente (plebiscito de la convocatoria, eleccin de los diputados a la Constituyente y la aprobacin -o rechazo- de la nueva Constitucin), lo cual pondra en peligro la gobernabilidad. En buenas cuentas, una defensa cerrada del statu quo cuyos fundamentos fueron diseados por la extrema derecha poltica y empresarial asociada a la corrupta dictadura militar.

La aspiracin de contar -por primera vez en la historia de Chile- con una Constitucin generada con participacin directa de los ciudadanos, ha sido estigmatizada por politiquillos con nfulas de repblicos. En medio de aplausos de la derecha, han calificado esa solucin cvica a la crisis institucional en marcha como fumar opio. En agosto del ao pasado, bajo presin de la movilizacin estudiantil, personeros concertacionistas como el senador Ignacio Walker, presidente de la DC, y el ex presidente de la Repblica Ricardo Lagos, admitieron la posibilidad de convocar a una Asamblea Constituyente. Pero retrocedieron casi de inmediato, ante la airada reaccin de El Mercurio -que los condenaba al ostracismo publicitario-. El socialdemcrata Lagos lleg al extremo de asegurar que si la UDI aceptaba reformar el sistema electoral binominal se acab la discusin de la Asamblea Constituyente!.(2) El demcratacristiano Walker, a su vez, se disculp por su hereja y asegur que la Constituyente era slo una posibilidad terica.

Por su parte el Partido Comunista, que ha cerrado filas con la Concertacin en el pacto Nueva Mayora, tambin le saca ahora el cuerpo a la Asamblea Constituyente. En su reemplazo propone una asamblea ciudadana que elabore un pre-proyecto de Constitucin. Algo as como al de por ver. En cuanto a la candidata Michelle Bachelet, ha manifestado que hay que cambiar la Constitucin por vas institucionales, negndose a mencionar la Asamblea Constituyente.

La Constitucin dictatorial no consulta el plebiscito y por tanto, respetar el espritu y letra de su articulado lleva a un callejn sin salida, que es lo que se propusieron los redactores de este cepo antidemocrtico. A lo sumo permite reformas superficiales, como las de 2005, que se cocinaran en una comisin bicameral de los mismos que cierran el paso a la Asamblea Constituyente. Se ha sugerido que la llave que franqueara el paso a esa frmula elitista sera una reforma del binominal, aumentando el nmero de senadores y diputados para dejar contentos a todos los partidos. En los hechos se ha conformado un frente anticonstituyente de los dos bloques autodenominados de centroderecha y centroizquierda que se alternan en el gobierno. Se ha consumado lo que anticip la irona del poeta de Las Cruces, la unidad de derecha e izquierda.

Es difcil encontrar otro espectculo poltico tan bochornoso como el que estn dando los partidos democrticos de Chile. En nombre de la gobernabilidad se han puesto de acuerdo para impedir la libre expresin de la voluntad del pueblo. En el colmo del descaro piden respetar la institucionalidad de una Constitucin ilegtima de origen. Su abolicin mediante una Asamblea Constituyente debi ser el primer paso del primer gobierno despus de la dictadura militar. Era -y es- la nica manera democrtica de poner fin al periodo de dominacin oligrquica que se abri el 73. Temer a una presunta ingobernabilidad porque se convoca al pueblo al ms autntico proceso democrtico que es una Asamblea Constituyente, significa aceptar que los chilenos somos incapaces de determinar el rumbo poltico, social y econmico del pas que en forma libre e informada decidamos.
Los partidos polticos parecen ignorar que impedir la Constituyente, obstruyendo el cauce pacfico y democrtico de los anhelos ciudadanos, es mucho ms peligroso para la gobernabilidad que llamar a la Constituyente. La paciencia de los pueblos -y el de Chile no es una excepcin- tiene un lmite. Lo que se est exigiendo es reconocer -despus de 40 aos- que la soberana reside en el pueblo y que es hora de poner fin al periodo que abri el zarpazo oligrquico y del imperialismo en 1973.

Mientras los partidos continan eludiendo este deber fundamental, los intereses que gobiernan en forma ilegtima nuestra nacin aumentan su voracidad. La banca, por ejemplo, confiesa una ganancia de 1.392 millones de dlares en el periodo enero-mayo. En otro plano, el consorcio anglo-australiano BHP Billiton -que explota la minera Escondida- aventaja largamente la produccin y utilidades de Codelco, haciendo sal y agua la nacionalizacin del cobre, mxima conquista popular de los aos 70. Los grandes intereses financieros que se han adueado de Chile saben que no les queda mucho tiempo. Porque el pueblo -en definitiva- impondr su voluntad soberana, rescatando las instituciones y polticas pblicas de su pas.


(1) Para una informacin ms detallada, consultar el excelente trabajo de investigacin del periodista Patricio Segura Ortiz, Los aos en que la elite poltica s crea en la Asamblea Constituyente, en Le Monde Diplomatique, edicin chilena, N 141, junio de 2013.
(2) El Mercurio, 28 de agosto 2012 (C 2).

Editorial Punto Final, edicin N 785, 12 de julio, 2013

www.puntofinal.cl



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