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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2013

El proyecto poltico de la Sociedad del Monte Peregrino
Distopa y violencia neoliberal

Pablo Dvalos
Rebelin


A fines de junio de 2013 se reuni en las islas ecuatorianas de Galpagos la Sociedad del Monte Peregrino (The Mont Pelerin Society)1. Con un lan parecido al de una secta y con una tendencia a considerarla como parte de una teora de la conspiracin, es difcil entender lo que pasa en el mundo sin saber qu y cul es el proyecto real de la Sociedad del Monte Peregrino. Su mentor, artfice y creador fue el economista austraco Friedrich Hayek, premio Nobel de economa en 1974 y su Presidente desde su fundacin en el ao 1947 hasta 1964. Esta Sociedad ha sido el centro gravitatorio de toda la gran transformacin neoliberal del mundo desde los aos cuarenta del siglo XX hasta nuestros das.

La Sociedad del Monte Peregrino se constituy la primera semana de abril del ao 1947 en la localidad Mont Plerin, en Suiza, con 38 invitados. Su antecedente ms importante fue el Coloquio Walter Lippman realizado en Pars en 1939. La preocupacin central de este Coloquio fue la crisis del pensamiento liberal ante el avance de las ideas socialistas y los resultados econmicos de la planificacin econmica. En efecto, los liberales se sentan desarmados ante la capacidad analtica y terica que provena desde el discurso del socialismo y la forma por la cual este discurso y su promesa utpica prendan en las organizaciones de trabajadores en prcticamente todo el mundo y conquistaba cada vez ms a los intelectuales, filsofos, periodistas y acadmicos.


La hegemona del discurso socialista y el pathos liberal

Fue esa presin por el socialismo la que oblig a las elites polticas norteamericanas a negociar un nuevo tipo de Estado, aquel del Welfare, con sus trabajadores. Gracias a esa presin poltica, a esa movilizacin social y a ese horizonte de lo humano concebido como un acto de solidaridad, justicia y equidad, y que constaba en la matriz simblica del discurso socialista, empieza en EEUU y tambin en Europa la construccin de algo indito en la historia del capitalismo: el Estado de Bienestar. Roosvelt en Norteamrica y Churchill en el Reino Unido, entre los polticos ms importantes, recogen y aplican lo que pareca una imposibilidad lgica: un Estado de forma liberal pero con contenidos sociales y con elementos de planificacin econmica.

El discurso del socialismo, para esa poca, se haba convertido en un discurso hegemnico. Eran tan fuerte la hegemona del discurso socialista, como lo es ahora la hegemona del discurso liberal, que en ese entonces, el economista liberal Joseph Schumpeter publica en su texto Capitalismo, socialismo y democracia (1942) la admonicin de la autodestruccin inevitable del capitalismo y el advenimiento del socialismo2. En ese tiempo, era, por tanto, casi imposible pensar en un horizonte humano por fuera de la matriz terica y el imaginario simblico del socialismo.

Los liberales se sentan desesperados. Sus remedios para la crisis que haba estallado en EEUU con el crack financiero de 1929, seguan provocando recesin, pobreza, desempleo y, de hecho, fueron el origen para una crisis ms grave y que conducira a la humanidad a una guerra brutal y despiadada. Los mercados no encontraban equilibrio alguno y la sociedad capitalista se hunda en la crisis y la recesin. En ese momento hacan falta respuestas desde la teora econmica que fundamenten la factibilidad del Estado de Bienestar y una planificacin econmica de tipo no socialista.

Ese correlato terico finalmente se produjo en el ao de 1936 cuando el economista ingls John Maynard Keynes publica su libro Teora General de la Ocupacin, el inters y el dinero. Este texto desarma tericamente a los liberales y a toda su doctrina econmica porque demuestra la imposibilidad de construir un Estado de Bienestar que participe activamente en la economa creando las condiciones para el pleno empleo, desde la episteme liberal y su nocin de mercados autorregulados y en equilibrio.

Keynes critica a esa episteme liberal y la demuestra en su inanidad terica. La reduce, como deca el mismo Keynes, a ser un caso particular y excepcional de todas las posibilidades econmicas; empero y lo ms importante, este texto da coherencia terica y base cientfica-positiva a la intervencin del Estado en la economa para la construccin del Estado de Bienestar sin salirse de las coordenadas ms generales del liberalismo. Como ejercicio terico es la propuesta ms audaz y brillante realizada en el terreno de la economa desde David Ricardo y Carlos Marx.

Casi todo el pensamiento econmico, empez a girar sus referencias epistemolgicas hacia el keynesianismo, con la excepcin del reducido y casi desconocido departamento de economa de la universidad de Chicago, que tena a la sazn como personaje fundamental a Henry Calvert Simon, un liberal de la vieja escuela que resista las nuevas corrientes keynesianas.

En Amrica Latina tambin se produjo una reflexin terica interesante que imbricaba en una lectura coherente y de profundidad analtica tanto al keynesianismo como al marxismo, para comprender la situacin concreta de los pases latinoamericanos, esta escuela del pensamiento econmico y social se llamar estructuralismo latinoamericano y dar origen a la Teora de la Dependencia.

Luego de la segunda guerra mundial, con un bloque importante de pases socialistas y con regiones enteras que luchaban contra el colonialismo y por la liberacin nacional y que fundaban su discurso poltico de liberacin nacional en el socialismo, el discurso liberal tena pocas posibilidades.

Es en ese contexto, cuando en 1944 Friedrich Hayek publica un texto con un enorme pathos liberal: El Camino de la Servidumbre. Era la voz de los liberales que sentan que el mundo se hunda a sus pies y que la humanidad estaba cambiando irremisiblemente y alejndose del liberalismo clsico. En el Camino de la Servidumbre, Hayek denostaba contra la planificacin econmica y el Estado de Bienestar y los equiparaba con los totalitarismos que anulan la libertad humana. Hayek se crea el portador de esa llama de la libertad que haba nacido con la burguesa en los siglos XVIII y XIX y que, segn l, estaba muriendo en el siglo XX.


La reinvencin del liberalismo: hacia el neo-liberalismo

Hayek senta que haba que reinventar al liberalismo; que los contenidos con los que haba nacido quiz haban movilizado a la humanidad en el siglo XIX, pero que la coyuntura de mediados del siglo XX ameritaba otro tipo de liberalismo. Hayek estaba consciente de que el discurso socialista haba tocado fibras ntimas de la utopa humana y que la reinvencin del liberalismo no poda olvidar ese hecho. Esa reinvencin del liberalismo quiz tendra que hacer lo mismo, en otro sentido pero esencialmente lo mismo: adherirse a la utopa y transformarla.

Con los pocos liberales declarados que quedaban en la Europa de posguerra, Hayek los convoca en un remoto poblado de Suiza, cerca del lago Gnova, para refundar al discurso liberal. En una primera instancia haba pensado dedicar su coloquio a Alexis de Tocqueville y tambin haba pensado en rendir homenaje a John Edward Acton, as como a John Stuart Mill, segn su criterio, los pensadores liberales ms importantes del siglo XIX, pero el encuentro fue finalmente bautizado con el nombre de la localidad de acogida: Monte Peregrino. Su objetivo central fue combatir tanto al discurso del socialismo cuanto a la propuesta keynesiana que fundamentaba al Estado de Bienestar para lograr el proyecto ms caro del liberalismo: la libertad de mercado, requisito casi ontolgico para la libertad humana.

Para Hayek y los liberales que lo acompaaron en esta primera reunin, los enemigos a derrotar eran los sindicatos, los socialistas, los marxistas, y tambin los partidarios del Estado de Bienestar incluyendo, por supuesto, a los economistas keynesianos. Sin embargo, cmo hacerlo?, cmo devolver al liberalismo su brillo y atraccin original?, si el mundo estaba girando a la izquierda cmo hacer para cambiar de rumbo? cmo convencer a la sociedad de las bondades del mercado cuando ste se haba derrumbado arrastrando tras s a la humanidad en una vorgine de violencia, destruccin y pobreza?

En definitiva, la cuestin de fondo era: cmo y de qu manera reinventar al liberalismo?, sobre todo en una poca que consideraba que la atencin exclusiva al inters individual, como lo propona el discurso liberal clsico, habida cuenta de las tensiones sociales existentes, era casi un acto criminal.

Hayek convoc al profesor Ludwig Von Mises, uno de los representantes ms importantes de lo que se llamara la escuela austraca y mascarn de proa del pensamiento liberal, y tambin convocara a: Wilhem Rpke (Presidente de la Sociedad del Monte Peregrino en 1961-62), Alexander Rstow, Walter Eucken, Maurice Allais, Jacques Rueff, Michael Polanyi, Karl Popper, Raymond Aaron, Milton Friedman (Presidente en 1970-72), Frank Knight, Aaron Director, Albert Hunold, William Rappard, George Stigler (Presidente en 1976-78), Henri de Lovinfosse, Fritz Machlup, John Jewkes (Presidente en 1962-64), Bertrand de Jouvenel, entre otros.

De una u otra manera, la preocupacin de todos ellos era: qu hacer con el liberalismo en un momento en el que era imposible pensar lo social sin el Estado? De hecho, esta discusin estaba en el centro del pensamiento liberal: ste no poda prescindir de un enfoque social, precisamente por ello Rougier haba propuesto un liberalismo constructor, Marlio un liberalismo social, Jacques Rueff , incluso, lleg a proponer un liberalismo de izquierda, Rstov y Rpke propusieron, en cambio, un intervencionismo liberal, es decir, el tiempo histrico demandaba a los liberales un cambio de teoras, conceptos e ideas.

Sin embargo, para Hayek ninguno de esos adjetivos y pronombres asuman el sentido que deba tener el liberalismo en esa coyuntura. Si el liberalismo quera cambiar al mundo, deba transformarse pero permaneciendo fiel a s mismo. En su discurso de apertura de la Sociedad del Monte Peregrino, Hayek expresaba lo siguiente:

La concepcin fundamental que me ha guiado en mis esfuerzos es que los ideales que creo que nos unen y por los cuales no hay otro mejor nombre que liberalismo, a pesar del abuso que se ha hecho de este trmino, deben tener una posibilidad de renacimiento y, en ese sentido, una gran tarea intelectual debe ser llevada a cabo. Esta tarea implica, a la vez, purgar la teora liberal tradicional de ciertos desafortunados sedimentos que le han sido impuestos a lo largo del tiempo, y afrontar ciertos problemas reales que una caricatura de liberalismo ha descuidado y que han aparecido cuando el liberalismo ha sido transformado en una creencia rgida y estacionaria3.

Al no adscribir ningn apellido al discurso liberal, se planteaba una cuestin crucial y era la de poner a tono el discurso liberal con las demandas de responsabilidad social por parte de los Estados y la economa. El reto era pensar al liberalismo desde una perspectiva social, algo que en s mismo desafiaba a la episteme misma del liberalismo porque en su horizonte terico no consta lo social ni como primaca ni como requisito.

Quien habra de resolver este encrucijada sera el liberal alemn Alfred Mller-Armand quien, el mismo ao que se reunan los peregrinos, propuso el concepto de economa social de mercado en un reporte a la Cmara de Comercio e Industria de Nordrhein-Westfalen, y que habra de ser recogido por la Democracia Cristiana y el ministro de economa del Canciller Adenauer, el liberal Erhard y miembro tambin de los peregrinos, como poltica de Estado.

En efecto, el concepto de economa social de mercado permita renovar la nocin de mercado como regulador social tan cara a los liberales, que siempre vieron al mercado como un espacio de libertad y realizacin personal, y que haba sido estigmatizado por los socialistas y los keynesianos. No solo eso, sino que al recuperar el concepto de libre competencia podan adscribirlo a una dimensin de responsabilidad social y ponerlo, de esta manera, a tono con las demandas de la poca. Hayek, a pesar de las reticencias que le provocaba el concepto de social para la economa, lo asumi completa e inmediatamente. La conclusin de los liberales del Monte Peregrino era que si el mercado haba entrado en crisis no se deba a fallas internas sino que haba sido la intervencin del Estado quien haba roto el frgil equilibrio de mercado y, en consecuencia, lo haba llevado a la crisis. Los mercados, no solo que son eficientes en s mismos sino que siempre han sido sociales.

Con la economa social de mercado los liberales del Monte Peregrino haban encontrado el concepto bisagra que les permitira dar el gran giro al discurso liberal y ponerlo a tono con los tiempos que vivan. En consecuencia, el discurso liberal no poda seguir siendo el mismo de aquel del siglo XIX, aunque compartan varios supuestos de base, entre ellos su definicin de libertad humana como libertad de eleccin.


El nacimiento del neoliberalismo

En el Coloquio del Monte Peregrino, los liberales asumen que lo suyo es un liberalismo remozado, renovado, diferente; en definitiva, un nuevo liberalismo o, si se quiere utilizar el prefijo latino, un neo-liberalismo. Este nuevo liberalismo, o neoliberalismo necesitaba, asimismo, de una nueva concepcin del Estado. Si el keynesianismo haba hecho del Estado el punto central de sus polticas de bienestar y pleno empleo, y si los socialistas utilizaban el poder del Estado para la planificacin centralizada, entonces los nuevos liberales o neoliberales, necesitaban responder a la cuestin central del rol del Estado en una sociedad liberal con nfasis social. Un rol que no tendra nada que ver ni con la planificacin ni con el bienestar. Por tanto, desde la economa social de mercado qu rol debe tener el Estado?, qu tipo de Estado puede permitir tanto la libertad humana realizada en el mercado cuanto la intervencin pblica sin atentar a esa libertad fundamental?

ste ser el centro de inters de Hayek y de los peregrinos: la fundamentacin del Estado desde las bases tericas y epistemolgicas de un liberalismo remozado, es decir, el neoliberalismo. Un Estado que permita el desarrollo y la expansin de una economa social de mercado. Por ello Hayek empieza a interesarse en las intersecciones entre el derecho y la economa, es decir, la ley y el mercado.

Para Hayek el Estado debe permitir, vigilar y garantizar la libre competencia en mercados libres y abiertos. La ley debe ser utilizada, por tanto, en funcin de esa garanta y vigilancia de la libre competencia y los mercados libres. Mientras ms libre competencia exista, mejor regulacin social y mejor bienestar social, pueden haber. La ley no debe estar en contra del mercado sino a su servicio. El Estado en s mismo debe ser la garanta de una ley que, a su vez, sea la garanta del mercado.

El Estado, para los neoliberales del Monte Peregrino, no puede ser un Estado de Bienestar, ni un Estado socialista, ni siquiera un Estado de industrializacin, el Estado debe atenerse a respetar las reglas de juego de un mercado libre. El Estado no puede regular al mercado sino crear las reglas de juego para que sean los actores del mercado los que se autorregulen respetando esas reglas. En definitiva, ante el Welfare State del keynesianismo, y la planificacin centralizada de los socialistas, Hayek y los neoliberales van a proponer y a defender el Estado de derecho, es decir, un Estado que no interfiere ni en la economa ni en el mercado sino que los garantiza; el Estado que los neoliberales proponen es el correlato exacto y necesario a la economa social de mercado, esto es, el Estado social de derecho.

Estado social de derecho y economa social de mercado son las improntas de ese nuevo liberalismo que pretende cambiar al mundo destruyendo cualquier posibilidad de un Estado de Bienestar o de un Estado de planificacin centralizada. La batalla, para los peregrinos convertidos ahora en neoliberales, se abre en varios frentes. Tienen ante s un reto enorme: confrontar a los socialistas que cada vez ganaban ms el corazn de las masas, y de los keynesianos que haban conquistado toda la academia econmica no socialista y toda la poltica econmica.


La batalla de las ideas (I): thinks tanks y la construccin de la doxa

Con gran lucidez, Hayek expresa a Antony Fisher, fundador con Oliver Smedley del Institute of Economic Affairs, IEA, y de acuerdo con Audier, que:

(la) influencia decisiva en la gran batalla de las ideas y de la poltica, era ejercida por los intelectuales a quienes Hayek consideraba como vendedores de ideas de segunda mano, por ello propone a Fisher crear una institucin de investigacin cientfica que provea a los intelectuales en las universidades, en las escuelas, y a los periodistas y a las emisiones de radio, los estudios acadmicos ms autorizados concerniendo a la economa de mercado y sus aplicaciones prcticas4.

Con esta propuesta Hayek retoma una nocin desarrollada por Lenin en su libro Qu hacer? de 1903 de que el socialismo tena que ser inoculado a las masas por militantes orgnicos que han sido previamente formados y convencidos de la pertinencia de sus ideas. Hayek, de hecho, haba estudiado seriamente los procesos polticos de los socialistas y haba comprendido el rol fundamental que tiene los intelectuales en una sociedad. Quiz no haya conocido profundamente a Gramsci, pero puede decirse que su intuicin poltica lo acercaba a sus prescripciones.

En 1949, en el segundo encuentro de los miembros de la Sociedad del Monte Peregrino, Hayek presenta un documento con un ttulo extrao para un liberal: Los Intelectuales y el Socialismo. Con este documento, Hayek quera sensibilizar a los peregrinos de la importancia de la evangelizacin liberal no para las masas sino exclusivamente para aquellos que piensan. Hayek cita a Ortega y Gasset y retoma su concepto de masas. Realiza un recorrido de las ideas socialistas y se convence del rol fundamental que tuvieron la educacin y el conocimiento en la propagacin de las ideas del socialismo en las masas realizado por aquello que Lenin denominaba militantes profesionales, y Gramsci intelectuales orgnicos. Para Hayek, e insiste mucho en ello, si haba que cambiar la sociedad no haba que intervenir sobre las masas sino sobre aquellos que piensan. Las masas siempre siguen a aquellos que piensan. Lo que Hayek hace es delinear un programa de accin poltica para la Sociedad del Monte Peregrino. La batalla de las ideas est por comenzar.

Sin embargo, los peregrinos saben que para esa batalla de las ideas necesitan recursos ingentes. El mismo Hayek haba sobrevivido gracias a los aportes de la Fundacin William Volker que haba financiado su estancia en Estados Unidos y su trabajo en la London School of Economics. Asimismo, Ludwig Von Mises, el terico ms importante que a la sazn contaban los neoliberales del Monte Peregrino haba sido financiado por la Fundacin para la educacin en economa.

De hecho, Albert Hunold, el lder del secretariado europeo del Monte Peregrino, aport durante un decenio al financiamiento de la Sociedad del Monte Peregrino a travs de sus mltiples contactos con las corporaciones, bancos y sociedades de negocios. Este liberal, secretario de la Bolsa de Zurich, director desde 1941 a 1945 de la Cmara de Compensacin de la ASB, y director del SIAF (Schweizerisches Institut fr Auslandforschung), establece gracias al SIAF un nexo directo entre los peregrinos y el gran capital bancario, financiero e industrial de Suiza y, posteriormente, de Inglaterra y Francia. Los neoliberales no solo que tienen clara la doctrina sino que saben exactamente quien es el que paga al gaitero, y como deca Paul Sweezy, quien paga al gaitero pide la tonada. La convergencia de las ideas neoliberales con los intereses de las grandes corporaciones, las sociedades de negocios y los bancos se establece desde sus orgenes.

Gracias a este financiamiento y siguiendo al pie de la letra la recomendacin de Hayek de que el evangelio es ms potente cuando lo predican los que saben o aquellos que creen saber, los peregrinos se lanzaron a la conformacin de una extensa red de institutos de investigacin, formacin y educacin en economa liberal.

Este dato es interesante porque el concepto de red de instituciones dedicadas al pensamiento y su difusin ser el eje central de la accin poltica de los peregrinos. De hecho, desde la conformacin del Institute of Economic Affairs, IEA, hacia la enorme constelacin de centros de pensamiento neoliberal del siglo XXI (los denominados think tanks) hay un vasto universo que replica el pensamiento neoliberal hacindose eco de la intuicin de Hayek de que el mejor camino para luchar contra el Estado de Bienestar y el socialismo es convenciendo a los que piensan.

Para inicios del siglo XXI, cuando la hegemona liberal se haba consolidado por todo el planeta, los neoliberales contaban con decenas de think tanks de reputacin mundial y que haban creado sus propias redes internas de think tanks neoliberales literalmente por todo el mundo, haban colonizado toda la currcula de estudios econmicos en casi todas las facultades de economa del mundo, manejaban las editoriales que editaban los textos de economa, derecho, sociologa y ciencias polticas en las principales universidades del planeta, en consecuencia, tenan y ejercan un control directo sobre el index de lo que haba que pensar y cmo haba que hacerlo; adems tenan medios de comunicacin impresos y audiovisuales poderosos y con alcance mundial y haban construido una doxa implacable. La intuicin de Hayek se haba revelado correcta: para cambiar al mundo, primero hay que convencer a los que piensan5.

El siguiente objetivo en la batalla de las ideas de los peregrinos fue desmantelar al pensamiento keynesiano y a toda su propuesta anticrisis. Los peregrinos saban que la confrontacin contra el socialismo implicaba mover recursos importantes porque se trataba, para el capitalismo, de una lucha de sobrevivencia. En esta batalla contra los socialistas y marxistas asumen roles importantes Karl Popper, quien habra de dedicar varios libros en contra del marxismo y del socialismo, por ejemplo: La Sociedad Abierta y sus enemigos (The Open Society and Its Enemies, 1945), o La Miseria del Historicismo (The Poverty of Historicism, 1961 ), incluso en Conjeturas y Refutaciones (Conjectures and Refutations: The Growth of Scientific Knowledge, 1963 ), Popper objeta las posibilidades epistemolgicas y lgicas del pensamiento dialctico. De su parte, Von Mises haba credo demostrar en La Accin Humana (1949), que la planificacin es lgica y conceptualmente imposible6. Raymond Aron, incluso critic duramente al marxismo en su libro El opio de los intelectuales (1955).

Empero, para Hayek la batalla contra el pensamiento de Keynes era ms apremiante y prioritaria porque los gobiernos de los pases liberales ms importantes se haban comprometido con algo que para los neoliberales del Monte Peregrino era una aberracin que nunca deba haber existido: el Estado de Bienestar.

Keynes haba desmantelado los conceptos fuertes de la analtica econmica liberal; haba demostrado que el concepto de equilibrio general desde el cual los liberales miraban no solo al mercado sino a la sociedad y a la historia, strictu sensu, no exista y nunca haba existido. Era un simulacro de la analtica cientfica decimonnica cuyas pretensiones cientficas en la economa eran, en el mejor de los casos, dudosas. Era apenas la invencin de un discurso terico que se haba extraviado en sus propios laberintos. Keynes fue muy duro con los neoliberales. Los tericos clsicos, haba escrito Keynes, se asemejan a los gemetras euclidianos en un mundo no euclidiano que, quienes al descubrir que en la realidad las lneas aparentemente paralelas se encuentran con frecuencia, las critican por no conservarse derechas como nico remedio para los desafortunados tropiezos que ocurren. (Keynes, Teora General, Cap. 2, seccin IV)7.

No solo ello, sino que Keynes haba realizado una verdadera revolucin coperniciana en la economa cuando logra que la teora monetaria, que haba sido desdeada por toda la escuela econmica clsica, finalmente se articule de forma coherente y metodolgicamente sustentada al interior del corpus analtico de la economa, por vez primera, al menos en el siglo XX.


La batalla de las ideas (II): Friedman vs Keynes

Quiz este punto haya que sealarlo con ms precisin porque fue el campo de batalla ms importante de los neoliberales del Monte Peregrino y cuyas repercusiones polticas tienden a ser muy acotadas en funcin de estrictas y limitadas cuestiones pertenecientes al exclusivo mundo acadmico, empero las repercusiones sociales y polticas son enormes, de hecho, ah subyace una de las causas de la crisis econmica del capitalismo en la primera dcada del siglo XXI. La discusin entre Keynes y los keynesianos contra los neoliberales, y entre ellos Friedman, pudo aparecer como un debate acadmico pero, en realidad, fue una disputa poltica cuyas consecuencias fueron trascendentes para el capitalismo como sistema-mundo.

Para la teora econmica clsica, entendiendo por ella a toda la teora econmica que va desde David Ricardo, James Mill y que contina con los economistas ingleses Marshall, Edgeworth y A. Cecil Pigou, con el italiano Pareto, con el francs Walras y que, adems, forma parte del ncleo duro del pensamiento neoliberal, el dinero nunca ha sido importante para comprender los procesos reales al interior de la economa. De hecho, ellos distinguen entre un sector real y un sector monetario8. El dinero se convierte en una especie de velo que hay que descorrer para comprender a la economa en su esencia real y verdadera.

El concepto del velo monetario proviene de David Ricardo y contagi a toda la comprensin de la economa, tanto en su vertiente liberal cuanto en la versin marxista; uno de los pocos economistas decimonnicos que se opusieron a esta versin monetaria de David Ricardo fue el sacerdote y economista Thomas R. Malthus. Empero de ello, y por diferentes razones, no pudo articular una teora coherente de cmo integrar al dinero al interior de un marco analtico en la economa.

Para David Ricardo, la escasez, a la que consideraba un fenmeno natural, haca que los recursos bsicos de una economa, en la ocurrencia, tierra, trabajo y capital, deban ser utilizados al mximo, por ello su uso y rendimiento eran independientes de la existencia de la moneda. La moneda nada poda hacer en contra del fenmeno natural de la escasez. No poda ni alterarla ni evitarla. De hecho, la emisin monetaria lo nico que poda provocar, segn Ricardo, era inflacin de los precios y no cambiaba para nada la dotacin inicial de recursos escasos. Esa emisin monetaria quiz podra alterar la economa en el corto plazo pero nunca en el largo plazo. Esta referencia de David Ricardo al largo plazo como una imposibilidad humana de alterar de cualquier manera la restriccin natural de la escasez de recursos, sera ironizada por Keynes cuando ste deca que, en el largo plazo, todos estaremos muertos.

A esta teora que neutraliza la capacidad de la moneda para alterar la escasez de recursos se la conoce con el nombre de teora cuantitativa de la moneda y es uno de los conceptos centrales en la episteme neoliberal. Para los neoliberales, esta teora cuantitativa de la moneda les permite asumir la inflacin de precios como un fenmeno estrictamente monetario y, con ello, oscurecen todos los conflictos polticos y redistributivos que se suscitan alrededor de la inflacin.

Si el dinero es exgeno a la economa, es decir, es un velo en donde la emisin monetaria siempre produce inflacin, tal como lo predican los neoliberales, entonces los equilibrios de los flujos de dinero que no generen inflacin tendrn que ser definidos al interior del mercado de dinero, en donde hay una oferta de fondos que se mueve de acuerdo a la retribucin que se realice a esos ahorradores por la va de la tasa de inters.

Si esa retribucin es conveniente, entonces se motiva a los ahorradores a que ahorren porque esos recursos sern posteriormente utilizados para la inversin. Nace, en consecuencia, una de las ideas fuertes de la economa liberal y que tiene la fuerza del dogma: la relacin ahorro/inversin. Si no hay ahorro no hay inversin. Si no hay inversin no hay empleo. Si no hay inversin tampoco hay crecimiento econmico, y esta inversin siempre depende de los niveles de ahorro al interior de una economa. El mecanismo que media entre esas dos dinmicas del ahorro y la inversin es la tasa de inters, y el locus en el que se producen y realizan es el mercado bancario y financiero.

En otras palabras, si se suscribe el concepto de que la moneda siempre crea inflacin, que es la consecuencia natural de la teora cuantitativa de la moneda, entonces tendremos que dejar que el mercado monetario sea manejado exclusivamente por los bancos privados, porque ellos lo manejaran como se lo hace con todo recurso escaso: utilizndolo de manera eficiente para lograr su mximo rendimiento. Interferir en este mercado bancario podra distorsionar el frgil equilibrio que sostiene el nivel de ahorro con las demandas de inversin.

Empero, y si el dinero no es exgeno como lo pretenden los economistas clsicos y los neoliberales? Es decir, qu pasa si el dinero no es neutral?, si la teora cuantitativa de la moneda de los neoliberales no es correcta, entonces cules seran sus consecuencias? qu sucede si una economa decide imprimir dinero para resolver los problemas de crisis y recesin? Es verdad que esa emisin monetaria provocara inflacin de precios? Qu consecuencias polticas y econmicas implica preguntarse por el rol social y econmico de la moneda? Es real que existe una relacin entre los niveles de ahorro y la inversin?

Keynes demostrar que el concepto ahorro-inversin, as como el concepto de equilibrio general son una falacia de la economa liberal, son un invento terico que poco tiene que ver con la realidad; tambin demostrar que, en situaciones de insuficiencia de demanda efectiva, la mejor poltica para sacar a un pas de la crisis es, precisamente, con emisin monetaria, una emisin que en este caso poco tiene que ver con la inflacin.

Si la nocin ahorro-inversin es una falacia, entonces el dinero debe formar parte de una poltica pblica, en la ocurrencia, la poltica monetaria, porque es desde esta poltica monetaria que debe pensarse a la inversin, y no desde el ahorro. En consecuencia, el dinero debe abandonar el locus del mercado bancario y financiero privado, y trasladarse hacia el Estado y la poltica monetaria. El dinero debe tener una funcin social y, para ello, debe formar parte de una poltica estatal no de un manejo privado.

En efecto, gracias a Keynes es posible definir una poltica monetaria por fuera de los intereses de los bancos privados. Las consecuencias prcticas del pensamiento keynesiano eran y son enormes. Significaban todo un desafo para los bancos privados quienes se haban acostumbrado a manejar la tasa de inters, y las decisiones de arbitraje en el mercado financiero como asuntos propios. Si el dinero de alguna manera configura las relaciones de poder al interior del capitalismo, entonces la propuesta keynesiana cambiaba radicalmente las coordenadas de esas relaciones de poder. Al demostrar que el concepto ahorro-inversin es una falacia, Keynes crea las condiciones de posibilidad para que la sociedad recupere la moneda y articule una poltica monetaria por fuera de los intereses de los bancos y los banqueros.

De hecho, eso fue lo que sucedi en la construccin del Welfare State y la poltica monetaria de la reactivacin econmica. En ese proceso de reactivacin, la capacidad de asignar liquidez a la economa no estuvo en los bancos sino en el Estado por la va de la poltica monetaria y el dficit fiscal. En un Estado de Bienestar el objetivo fundamental es crear las condiciones para el pleno empleo y la poltica monetaria es un instrumento cuyas funciones son asignadas desde una lgica de lo pblico y lo social. Fue por ello que la poltica monetaria pudo contener la crisis y financiar el crecimiento econmico de aquello que en Europa se conoce como los treinta gloriosos, es decir, el periodo de la ltima posguerra hasta la crisis de Bretton Woods a inicios de los aos setenta del siglo XX.

La poltica monetaria y el pensamiento keynesiano tambin implicaban una reflexin ms coherente de la inflacin, al comprenderla no como un fenmeno estrictamente econmico y monetario sino, bsicamente, como un fenmeno poltico y redistributivo. De hecho, la inflacin solo en ltima instancia es un fenmeno econmico, la inflacin monetaria, en lo fundamental, es un fenmeno poltico y hace referencia al conflicto de intereses redistributivos al interior de una sociedad.

Los neoliberales del Monte Peregrino saban a lo que se estaban enfrentando cuando decidieron oponerse a la teora monetaria de Keynes. Saban que sus propios conceptos era insuficientes y que tenan no solo que desmontar el complejo y fino anlisis keynesiano sino tambin la poltica monetaria que le era correlativa. En este momento, la iniciativa en la batalla de las ideas pasa de Hayek y los neoliberales europeos hacia Friedman, Director, Stigler, y los neoliberales norteamericanos. El texto fundacional de esta disputa lo escribe Milton Friedman en 1956: La teora cuantitativa de la moneda: una nueva visin (The Quantity Theory of Money: A restatemen, 1956)9.

En la batalla de las ideas, los peregrinos asumen como prioridad fundamental la desarticulacin de la propuesta keynesiana de su visin monetaria. Para los neoliberales se trataba de restaurar el credo original de la relacin ahorro-inversin y la relacin entre emisin monetaria e inflacin. No se trataban de cuestiones tericas y acadmicas, en realidad, estaba en juego el capitalismo en s mismo y sus posibilidades futuras.

Esa batalla en contra del pensamiento monetario de Keynes y sus partidarios se dio en los aos cincuenta y sesenta del siglo XX. En esa batalla, los keynesianos siempre estuvieron solos, los marxistas jams los acompaaron a pesar de que estaba en juego el capitalismo y su futuro. Los neoliberales del Monte Peregrino dieron esa batalla en varios frentes: el acadmico, el frente meditico, el poltico, el institucional.

La crisis econmica de los aos setenta que produjo un fenmeno relativamente novedoso en el capitalismo, aquel de la inflacin con recesin, signific el inicio del fin de los keynesianos. Para fines de los aos setenta, con el ascenso al poder de Thatcher en Inglaterra y Reagan en EEUU, los neoliberales haban triunfado en casi todas las lneas.

En la dcada de los ochenta los neoliberales del Monte Peregrino estuvieron en la lnea del frente para gestionar la crisis de la deuda externa de los pases latinoamericanos. Fueron ellos los que estuvieron detrs de los tecncratas del FMI y del Banco Mundial, estableciendo los marcos tericos y normativos para manejar la crisis de la deuda externa y las duras medidas de ajuste econmico.

Para los aos noventa su triunfo era total. A nadie se le ocurra siquiera pensar que el concepto ahorro-inversin era una falacia, y todo el mundo daba por hecho que toda emisin monetaria sin fundamento siempre provocaba inflacin. La doxa de la disciplina fiscal, la eficacia de los mercados privados, la desregulacin, la apertura y la seguridad jurdica a las inversiones se convirtieron en un consenso que John Williamson lo sistematizar en clara referencia al locus del poder, precisamente, como el Consenso de Washington. Los neoliberales, con Friedman a la cabeza, haban triunfado.


El triunfo neoliberal

Fue una sorda y dura batalla que se dio en espacios acadmicos y universitarios, en especial en los departamentos de economa. El mascarn de proa de esa batalla de las ideas fue el departamento de econmicas de la Universidad de Chicago, a la sazn dirigido por Milton Friedman. Se dio como una batalla acadmica, adquiri tonos profesorales, fue escrita en una jerga incomprensible para aquellos que no pertenecan al cenculo, implic la movilizacin de recursos y la adopcin, especialmente por parte de los neoliberales, de estrategias muchas de ellas espurias y truculentas, como la grosera manipulacin de los datos hecho por Friedman en su historia monetaria de EEUU (A Monetary History of the United States, 1867-1960)10, pero fue, en lo fundamental, una batalla poltica. No estaba en juego una determinada teora, o un axioma econmico o una frmula matemtica que describa cierto comportamiento econmico; en realidad, fue una lucha poltica sobre el sentido que deba adquirir el Estado, y la poltica econmica, en especial, la poltica monetaria.

La academia fue una de las fronteras de una lucha ms profunda y ms vasta que atravesaba al sistema-mundo capitalista y que tena que ver con la rearticulacin de relaciones de poder al interior del capitalismo en donde estaba emergiendo con una fuerza impresionante, un capital financiero desregulado a partir de la crisis del sistema de Bretton Woods y la conformacin de los euromercados de capitales. Ese capitalismo financiero necesitaba de forma desesperada un marco terico que lo legitime y avale. Los neoliberales cumplieron a la perfeccin ese requerimiento.

La disputa acadmica luego se traducira en disputa poltica, sobre todo en Inglaterra, cuando los obreros ingleses se opusieron a las polticas de privatizacin y desregulacin de Thatcher y sus consejeros neoliberales, y realizaron huelgas y movilizaciones que, finalmente, fueron derrotadas.

Los neoliberales conquistaron la academia, y tambin las instituciones financieras internacionales. Los marcos tericos que los neoliberales desarrollaron durante la batalla de las ideas, fueron tambin el marco terico de instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y ms tarde el sistema de Naciones Unidas, en especial su programa para el desarrollo, PNUD y casi todos los programas de la cooperacin internacional al desarrollo que, en realidad, son el nombre corts y elegante para el neocolonialismo.

Para los aos noventa, los neoliberales del Monte Peregrino podan saborear su victoria en todo el frente de la batalla de las ideas. Los keynesianos haban sido derrotados en todas las lneas. Los pocos que sobrevivan haban adscrito al credo neoliberal y trataban de sobrevivir mezclando algo de Keynes con la ortodoxia dominante (se denominarn poskeynesianos, pero nada tienen que ver con la propuesta original keynesiana).

Los marxistas tambin haban desaparecido del escenario, sobre todo por el hecho de que los marxistas nunca consideraron una alianza terica con el pensamiento keynesiano, de tal manera que los neoliberales pudieron derrotarlos uno tras otro. Instituciones que antao fueron ncleos duros de un pensamiento anti-neoliberal, como la Universidad de Cambridge en Inglaterra, convergieron a la doxa dominante; incluso una institucin importante a nivel latinoamericano como la Comisin Econmica para Amrica Latina, CEPAL, que critic duramente a los neoliberales, ya para los aos noventa procesaba en su episteme todo el ADN neoliberal.

La globalizacin de la economa permiti a los peregrinos entrar en la epifana de su proyecto histrico. Pocas veces un conjunto de ideas tan restringidas haban conquistado tanto espacio y haban permitido la acumulacin de tanto poder en tan pocas manos. Los peregrinos estaban dando forma al mundo que emerga en la globalizacin, como un alfarero a su barro. No haba institucin de importancia global que no haya sido colonizada por los peregrinos y su episteme. Desde el sistema de Naciones Unidas, hasta el Foro de Davos, pasando por la Comisin Europea, el Banco Central Europeo, o la OCDE, o el G-8, G-20, o como quiera llamrselos, todos ellos fueron inscritos en el radar de los peregrinos y fueron colonizados por stos.


Cul es ahora el proyecto poltico del neoliberalismo?

Si la batalla de las ideas finalmente fue ganada por los neoliberales del Monte Peregrino, y el mundo entero articula su prosa y su lgica, entonces cul es ahora la razn de su proyecto? Si los marxistas, segn los peregrinos, no constituyen ningn peligro real al sistema y los pocos keynesianos que quedan en el mejor de los casos solamente hacen historia del pensamiento econmico, entonces, puede decirse que la Sociedad del Monte Peregrino cumpli con su misin histrica y que debera pensar en su disolucin? El hecho de que en su momento de creacin en 1947 haya tenido 38 miembros activos y que para el ao 2013 sean ms de mil adherentes orgnicos significa que los peregrinos piensan en cualquier cosa menos en su disolucin, en consecuencia: Cul es ahora el peligro ms importante que han identificado los peregrinos y que hace que sean ms activos que antes? cul es el proyecto poltico de la Sociedad del Monte Peregrino? Qu o quienes estn en su radar? Hacia dnde apunta el sentido de su distopa?

Para comprender esa distopa del neoliberalismo del Monte Peregrino quiz sea necesario un ejercicio de hermenutica poltica que integre en una sola interpretacin hechos aparentemente aislados pero que configuraran, al parecer, los lineamientos de lo que sera la hoja de ruta de los peregrinos hacia el futuro.

Propongo, en ese sentido, integrar tres acontecimientos importantes generados desde la dinmica de los peregrinos, aunque aparentemente aislados y desconectados entre s, pero que pueden servir para comprender la dimensin de su propuesta distpica.

El primero de ellos hace referencia a una frase expresada por Margaret Thatcher cuando fue Primera Ministra de Inglaterra; su expresin fue: la sociedad no existe y que descifra la intencin de los neoliberales de vaciar la poltica y provocar su virtual desaparicin. Un segundo hecho est en la eleccin del economista norteamericano Gary Becker como Presidente de la Sociedad del Monte Peregrino en el ao de 1990-1992. Gary Becker representa el punto ms alto de las teoras de la conducta del consumidor y del capital humano. Un tercer hecho es la entrega de premios Nobel de economa a los neoinstitucionalistas como Douglass North, Oliver Williamson, y Elinor Ostrom, entre otros11.

Si estos hechos permiten esa interpretacin poltica del proyecto actual de los neoliberales del Monte Peregrino, puede asumirse que ste tendra, al menos, tres vectores bsicos: un vector poltico que plantea, de forma paradjica pero real, el vaciamiento de la poltica; un vector biopoltico inscrito en sus prescripciones normativas sobre el capital humano y la neuroeconoma, y una pretensin civilizatoria en la cual las corporaciones y el capital financiero son el centro de gravedad del tejido institucional de las sociedades y la construccin de la pax mercatoria como proyecto poltico imperial del capital financiero-especulativo.


1. El vaciamiento de la poltica

La gestin de la crisis de la deuda externa en Amrica Latina en la dcada de los ochenta les ense a los peregrinos el rol heurstico que tiene la crisis12. Para imponer las duras medidas de ajuste que provocaron el mayor retroceso econmico y social en toda Amrica Latina en todo el siglo XX, los neoliberales ubicaron los lmites exactos del discurso econmico neoliberal como discurso de poder. Los neoliberales del Monte Peregrino, para construir los ejes bsicos de su proyecto: la economa social de mercado y el Estado social de derecho, comprendieron que necesitaban de la democracia liberal para su legitimidad.

La adhesin de los neoliberales a las dictaduras militares del cono sur de Amrica Latina, implicaron un fuerte desgaste poltico para Hayek y Friedman. Su apoyo a los regmenes genocidas de Pinochet y Videla en Chile y Argentina, respectivamente, provocaron escozor entre los mismos miembros del Monte Peregrino. Si Hayek haba escrito sobre la libertad humana, y haba contado con el apoyo de los liberales ms reputados de Europa y de EEUU en esta cruzada, su apoyo a esas dictaduras creaban un expediente de una dudosa eticidad que, incluso, poda ser utilizada para cuestionar al proyecto global de los neoliberales.

Para ellos, la transformacin neoliberal del mundo tena que ser una tarea tanto tica como democrtica, al menos en las apariencias. La crisis de la deuda externa en Amrica Latina se present como el expediente ideal para provocar las transformaciones neoliberales necesarias al interior de un contexto democrtico. Sin la existencia de esa crisis era muy difcil que las sociedades latinoamericanas resignen la prdida de una institucionalidad y una poltica pblica que haba costado mucho construirla y cuyas duras consecuencias sociales eran evidentes.

En efecto, las polticas de ajuste que los neoliberales impusieron desde el FMI y que devastaron la regin durante la dcada de los ochenta y noventa, se impusieron en un contexto de elecciones, sistemas de partidos, controles electorales y sistemas polticos democrticos. La democracia electoral, representativa y liberal demostr ser el mejor dispositivo para encubrir y consolidar la transformacin neoliberal13.

El discurso poltico liberal perdi toda relacin con el poder y se convirti en una especie de cobertura y legitimidad al verdadero discurso de poder: el discurso econmico neoliberal. Las verdaderas transformaciones sociales las hacan el FMI, el World Bank, el BID, no los sistemas polticos latinoamericanos y menos an la sociedad latinoamericana y sus organizaciones sociales.

Cuando la sociedad reclamaba democracia, participacin, y manifestaba su repudio y rechazo a las duras polticas neoliberales, stos acudan inmediatamente al expediente de la crisis y sus discursos disciplinarios, entre ellos el discurso de la gobernabilidad. Para disciplinar a la sociedad al interior de las coordenadas del neoliberalismo y su proyecto poltico, la crisis se haba revelado la mejor tabula rasa sobre la cual inscribir los designios neoliberales.

La conversin del discurso econmico neoliberal como discurso de poder, vaci al discurso poltico de toda posibilidad de transformar la realidad y la sociedad, y procesar el conflicto de forma trascendente y democrtica. El discurso poltico liberal cedi todas las posibilidades tericas y normativas al discurso tecnocrtico neoliberal; se enred en su propia fenomenologa y nunca comprendi que se estaba convirtiendo en un simulacro de s mismo: una sombra que encubra al poder. Las prioridades neoliberales se impusieron por encima de cualquier consideracin democrtica o social, su discurso se sobrepuso a cualquier prescripcin democrtica. Fue un discurso autoritario, antidemocrtico, tecnocrtico, excluyente, estratgico, que cre una cesura entre la praxis del poder y los discursos que lo legitimaban.

Esta conformacin del discurso econmico neoliberal como discurso de poder implic el vaciamiento de la poltica y su virtual desaparicin. Fue por ello que, en Amrica Latina, los movimientos sociales confrontaron y resistieron al neoliberalismo por fuera de los sistemas polticos y los sistemas de representacin poltica. Los movimientos sociales latinoamericanos comprendieron que la verdadera poltica se jugaba en otros espacios, no en aquellos definidos por el discurso oficial del liberalismo.

Sin embargo, el manejo de la crisis de la deuda externa latinoamericana y la forma por la cual el FMI pudo transformar la regin e integrarla a los nuevos circuitos y nuevas lgicas que provenan desde el capital financiero, crearon, para los neoliberales del Monte Peregrino y sus corifeos, una especie de heurstica: para transformar polticamente una sociedad, la mejor forma de hacerlo es evitando la poltica. El eptome de este proceso puede apreciarse en la forma por la cual los peregrinos contribuyeron al desmantelamiento del Estado de Bienestar en EEUU y en Europa.

Los peregrinos saban que la desarticulacin del Estado de Bienestar no puede darse desde la poltica. De hecho, en su arrogancia lo intentaron cuando quisieron aprobar la Constitucin de la Unin Europea mediante referndums y fueron derrotados. Tambin fueron derrotados cuando se hicieron pblicos los documentos del Acuerdo Multilateral de Inversiones, AMI, que implicaban un reconocimiento de soberana poltica a las corporaciones transnacionales.

Por ello, los neoliberales del Monte Peregrino han acudido al expediente que mejor manejan: la imposicin dictatorial de sus prescripciones desde la episteme neoliberal, es decir, la conversin del discurso econmico neoliberal como discurso de poder. En la gestin de la crisis econmica de los pases europeos, para los peregrinos no est en juego la restauracin de los equilibrios macroeconmicos, ni el crecimiento, ni el desarrollo, sino la desarticulacin del Estado de Bienestar.

Ellos saben que el desmantelamiento del Estado de Bienestar, al que siempre consideraron una aberracin de la historia, es una tarea poltica que no puede ser resuelta con medios polticos, sino desde el poder, y el discurso econmico neoliberal de los peregrinos es un discurso de poder. En el proyecto actual de los peregrinos una de sus prioridades es la implosin del Estado de Bienestar y el mejor dispositivo que han encontrado para esta tarea es la crisis como heurstica del miedo y como dispositivo de poder.

Por ello, las multitudinarias manifestaciones de la sociedad europea en contra de la gestin de la crisis europea no han afectado al proyecto real de los peregrinos, porque estas manifestaciones populares, con lo radical que pueda parecer su discurso, en realidad, se inscriben al interior de las coordenadas del liberalismo. Son manifestaciones sociales ya disciplinadas dentro del esquema liberal. Al no desbordarlo, simplemente lo ratifican y avalan. A diferencia de los movimientos sociales latinoamericanos que desbordaron al sistema poltico y ubicaron la confrontacin con el neoliberalismo fuera de sus coordenadas, las movilizaciones europeas constan al interior de las fronteras del sistema poltico liberal.

De hecho, la gran mayora de esos manifestantes cuya indignacin contra el sistema y el poder es patente, en las prximas elecciones votarn por partidos polticos que, en su gran mayora, seguirn las prescripciones de los peregrinos. Para los neoliberales del Monte Peregrino, las manifestaciones europeas y sus indignados, en el fondo, son irrelevantes e intrascendentes porque no ponen en riesgo los ncleos fundamentales de su proyecto poltico.

El vaciamiento de la poltica, por tanto, significa la conversin del discurso econmico como discurso de poder y la creacin de condiciones de posibilidad para que la poltica se defina y estructure de forma real desde el mercado y que el espacio de la poltica, en trminos liberales, sea intrascendente porque las decisiones polticas reales ya han sido asumidas y adoptadas, precisamente, desde las lgicas del mercado. El Estado es Estado de derecho porque transfiere capacidad poltica y soberana poltica al mercado y, a su interior, a las corporaciones y al capital financiero; por ello, aunque los indignados europeos se manifiesten contra la crisis y sus lites polticas, paradjicamente defendern a muerte al Estado de derecho.

No obstante, sobre esas condiciones de posibilidad de la poltica es necesario situar e identificar al sujeto que acta y sobre el que se impone ese discurso de poder. El neoliberalismo construye ese sujeto. Lo moldea. Lo define. Lo estructura en sus coordenadas de control, disciplina, dominacin. El sujeto que el neoliberalismo necesita es el homo economicus de la teora clsica pero no en su trama metodolgica, como fue la propuesta original, sino como condicin biolgica de la psiquis humana. Los neoliberales del Monte Peregrino saben que su proyecto histrico no debe ser cuestionado como existencia fctica de la poltica y de la historia, por ello ahora ellos consideran que debe estar presente a nivel molecular en el sentido ms literal del trmino, es decir, como procesos neuro-econmicos del crtex cerebral homo economicus. El neoliberalismo pasa de una visin poltica hacia una deriva biopoltica14.


2. La deriva biopoltica

El concepto de biopoltica fue propuesto por el filsofo francs, Michel Foucault para comprender la densidad y complejidad del nazismo. El filsofo francs se preguntaba:

cmo es posible que un poder poltico mate, reclame la muerte, la demande, haga matar, d la orden de hacerlo, exponga a la muerte no solo a sus enemigos sino aun a sus propios ciudadanos? cmo puede dejar morir ese poder que tiene por objetivo esencial de hacer vivir? Cmo ejercer el poder de la muerte, cmo ejercer la funcin de muerte, en un sistema centrado en el biopoder?15.

Para Michel Foucault, en el nazismo aparecen de forma evidente las contradicciones de una de las tecnologas de poder ms importantes: el biopoder, o la biopoltica, en efecto:

el objetivo del rgimen nazi no es sencillamente la destruccin de otras razas. ste es uno de los aspectos del proyecto; el otro consiste en exponer a su propia raza al peligro absoluto y universal de la muerte En la sociedad nazi tenemos, por tanto, algo que, de todas maneras, es extraordinario: es una sociedad que generaliz de manera absoluta el biopoder pero que, al mismo tiempo, generaliz el derecho soberano de matar.16

La cuestin es cmo un sistema que elabor un complejo modelo de controlar la vida a travs de diversas tecnologas de poder pudo tambin elaborar un perverso y extenso sistema de muerte. La categora de biopoltica se inscribe en los intersticios de esta cuestin: toda poltica que administra la vida, termina tambin administrando la muerte. Toda biopoltica tiene su contraparte en una tanatopoltica. Entre la vida y la muerte median las prescripciones del poder Cules son los criterios que permiten esa administracin y esas tecnologas de poder que administran la vida en las sociedades modernas? Cul es el criterio de verdad que permite instaurar lmites precisos en esas polticas de la vida? El filsofo francs propone comprender las claves de la biopoltica en el estudio del liberalismo:

Pero me parece que el anlisis de la biopoltica slo puede hacerse cuando se ha comprendido el rgimen general de esa razn gubernamental de la que les hablo, ese rgimen general que podemos llamar cuestin de la verdad, primeramente de la verdad econmica dentro de la razn gubernamental; y por ende, si se comprende con claridad de qu se trata en ese rgimen que es el liberalismo, opuesto a la razn de Estado una vez que se sepa qu es ese rgimen gubernamental denominado liberalismo, se podr, me parece, captar qu es la biopoltica 17.

El liberalismo, en consecuencia, es algo ms que una doctrina sobre la forma por la cual se estructura y define el Estado y la poltica moderna. Es tambin el locus que permite crear un rgimen de verdad para administrar la vida, a travs de diferentes regmenes de verdad. Con Foucault se ampla el horizonte terico para la comprensin del discurso liberal, pero desde algo que puede adscribirse a una hermenutica de la sospecha.

Esta sospecha se ve avalada por la forma por la cual el neoliberalismo crea sus supuestos de base: (i) la sociedad, como dira Castoriadis: como autocreacin que se despliega como historia18, no existe; lo que existe son seres humanos concretos con intereses individualizados y que buscan maximizar su propio inters; (ii) esos seres humanos concretos pueden ser comprendidos bajo el argumento terico del homo economicus, es decir, individuos racionales, autnomos y egostas; (iii) los comportamientos del homo economicus pueden ser identificados como patrones conductuales que tienen una base neurobiolgica especfica.

Si el comportamiento del homo economicus es el supuesto de base del neoliberalismo, entonces, para comprender la historia y la sociedad los criterios fundamentales ni son histricos ni son sociales son, en ltima instancia, biolgicos. Si son biolgicos quiere decir que son naturales. De esta forma, la explicacin ltima de lo social como hecho y problema est dada desde el bos. La economa abandona el campo de lo social para entrar en la esfera de la naturaleza.

El concepto de biopoltica permite identificar la transicin hecha por los neoliberales de un concepto creado para describir, como decan los economistas liberales clsicos, caeteris paribus, el comportamiento de la demanda del consumidor, esto es, un concepto terico y con un rol epistemolgico definido, hacia un concepto estrictamente natural y biolgico, al interior de una teora del comportamiento humano (behaviour), de tal manera que la condicin de homo economicus deja de ser una hiptesis terica para convertirse en una conducta humana que puede ser medida empricamente a travs del seguimiento de los procesos neuronales en algo denominado como neuroeconoma.

Est en juego una cesura radical: aquella que separa a los seres humanos de su propia sociedad. Al separarlos de su sociedad los confronta contra ella. En ese enfrentamiento la lgica de la individualidad se convierte en lgica de sobrevivencia. El egosmo es estratgico porque fundamenta el hecho social sin crear a la sociedad. La sociedad, en el liberalismo, desaparece. Si la sociedad desaparece tambin lo hace la historia. El homo economicus es ahistrico y asocial. Al no pertenecer a la historia su tiempo se desvanece. Su principio de realidad siempre es contingente y por ello es predictible. Cuando se junta a sus semejantes no crea la sociedad sino la masa. En economa su comportamiento se agrega. Como masas o como agregados macroeconmicos, la poltica, finalmente, desaparece.

En esa sociedad de individuos egostas, stos se ven obligados a crear un rgimen de verdad en el cual ellos se asumen estratgicamente. En el capitalismo ese rgimen de verdad est en la economa, y la economa encuentra su razn de ser en la mercanca. Al actuar de esa manera, los individuos se mimetizan en el universo de mercancas convirtindose tambin en mercancas. Un anlisis que, por lo dems, fue ya denunciado por el joven Marx en su teora de la alienacin. De esta manera, el concepto de capital humano del arsenal terico de los neoliberales del Monte Peregrino constaba ya in nuce en las crticas a la economa poltica realizadas por el joven Marx.

La teora del capital humano de Gary Becker, prominente miembro de la Sociedad del Monte Peregrino, es uno de los acontecimientos ms importantes en la trayectoria poltica de los peregrinos. Es el eptome de sus teoras de la conducta del homo economicus. Para Becker, todo lo humano, como por ejemplo, el matrimonio, la fertilidad de la mujer, el cuidado materno a los hijos, las decisiones de optar por una carrera universitaria, la seguridad social, el crimen, etc., pueden caber dentro del clculo econmico del capital humano. Para comprender las lgicas del comportamiento, los neoliberales del Monte Peregrino toman como un dato de base la nocin de Becker del capital humano y apuestan a un enfoque interdisciplinario que comprende la etnologa, las ciencias polticas, la antropologa, la psicologa y, por supuesto, las neuro-ciencias, para crear ese rgimen de verdad sobre el capital humano.

De esta manera, el discurso de la economa pasa del plano social al plano biolgico-natural. La economa, en la deriva biopoltica, ya no describe dinmicas sociales sino procesos biolgicos. Si toda la conducta humana es previsible dentro de las coordenadas del comportamiento supuestamente estratgico, utilitario y egosta del homo economicus, entonces la comprensin de sus procesos biolgicos ms ntimos puede convertirse en la clave para comprender la sociedad y la historia.

El paso de la historia a la biologa da cuenta de la distopa neoliberal y su violencia. Si la historia la crean los hombres, escriba alguna vez Marx, entonces ellos pueden transformarla. Para los neoliberales, ese horizonte humano de creacin y recreacin de sus propias condiciones sociales de existencia, simplemente desaparece de forma radical. La economa es un puro dato biolgico que no se discute. Es un fenmeno natural que no se cuestiona. La microeconoma fundamenta la macroeconoma, y la microeconoma tiene en su base a la teora del comportamiento y sta, a su vez, tiene como base la psicologa, la antropologa, la etnologa, entre otras disciplinas, que se fundamentan, en ltima instancia, en el reconocimiento de los procesos neuronales del crtex cerebral del homo economicus.

La intervencin sobre esos procesos neuronales puede dar cuenta y explicacin de fenmenos que antes se consideraban sociales como aquellos del desarrollo econmico, el crecimiento, la distribucin de la renta, la divisin internacional del trabajo, etc. La explicacin de las diferencias entre las economas, por ejemplo los EEUU y los pases pobres, no est en las relaciones de poder, ni en el mercado mundial y sus asimetras, sino en que las poblaciones de los pases y regiones pobres tienen insuficientemente desarrollado su crtex cerebral, lo que explica su tendencia a la violencia, la debilidad de sus instituciones, su poco respeto a los contratos, etc. En consecuencia, los neoliberales del Monte Peregrino consideran que ahora su tarea es ms ardua, ms compleja y ms vasta que su disputa con el keynesianismo y con el marxismo, porque ahora tienen que crear las condiciones de posibilidad para que los seres humanos puedan adscribir a la verdad del mercado y el inters egosta del clculo racional en sus procesos biolgicos-neuronales.

Para lograrlo, los neoliberales del Monte Peregrino asumen que el liberalismo debe crear un rgimen poltico sobre la vida, vale decir, un rgimen biopoltico. Este rgimen biopoltico traza una frontera entre lo racional y aquello que an no lo es en el campo de lo humano. Lo racional, obviamente, adscribe a sus propias prescripciones19. La poltica neoliberal debe ampliar la esfera de la racionalidad humana. Esa racionalidad humana, que comprende a su interior a la libertad como neurobiologa, se expresa en el mercado. Las sociedades de libre mercado, o como las llama Douglass North, sociedades de acceso abierto dan cuenta de un largo proceso evolutivo que se expresa en un comportamiento estratgico ms coherente y avanzado. No es gratuito el hecho de que los peregrinos hayan escogido el concepto de evolucin para su encuentro de junio de 2013. De esta manera, no cabe oponerse al mercado y sus designios, porque implicara desafiar a la naturaleza. Los criterios de demarcacin entre lo racional, que es lo que ontolgicamente tiene derecho a la existencia, y aquello que no lo es, pertenecen ahora al campo de la biologa.

Es curioso, pero en el testimonio de Primo Levi y su paso por el campo de exterminio nazi de Auschwitz, le llamaba la atencin que quienes hacan la seleccin entre los prisioneros que iban a los hornos crematorios de forma directa, y aquellos que entraban a trabajar en el Lager, no eran ni los militares ni los oficiales de las SS, eran los mdicos20; a la larga, fue ese saber mdico el que sustent el discurso de la supremaca de la raza en la locura del III Reich. Si Foucault llega a la biopoltica es porque uno de sus primeros trabajos crticos fue, precisamente, la deconstruccin del saber mdico como un discurso de poder.

En la deriva biopoltica del neoliberalismo, son tambin aquellos que utilizan criterios biolgicos los que trazan la frontera de lo humano y de lo racional. El problema es que toda frontera a nivel biolgico pierde de vista lo humano y lo convierte en bos. Como bos lo humano pierde toda consistencia ontolgica. Es materia que puede ser desechada, neutralizada, controlada, intervenida. Puede entrar en el campo de la profilaxis, como en el caso de la Shoah y ni siquiera suscitar ningn escrpulo moral, como cuenta Primo Levi en su testimonio, porque la administracin de la vida genera su contraparte en la administracin de la muerte.

Quiz sin proponrselo, pero al ingresar al territorio de la biopoltica los neoliberales del Monte Peregrino estn provocando una cesura radical en lo humano al degradarlo a su condicin primaria de bos. Lo humano es mucho ms que el comportamiento y, en definitiva, ste nada tiene que ver con las prescripciones liberales del egosmo y el clculo estratgico. Mas, el neoliberalismo ha perdido la brjula de lo humano y ha ingresado en el tenebroso laberinto de la biopoltica y la tanatopoltica.

De alguna manera, el marxismo y el keynesianismo haban obligado a los neoliberales del Monte Peregrino a asumir un debate con contenidos histricos, polticos y sociales. Al desaparecer estos discursos los neoliberales del Monte Peregrino sienten que no tienen ninguna responsabilidad para asumir ese debate y optan por una hermenutica de su propia episteme. Pero esa episteme parte de una apora radical: aquella de considerar al ser humano como ser egosta y, en consecuencia, por fuera de todo marco social e histrico. Un ser humano que ha perdido todo contacto con su propia sociedad y que acta en funcin propia es ms una aberracin de la historia que una constatacin terica. Al concentrarse en ese sujeto individualizado y egosta a fortiori, no quieren comprender que esta hiptesis de base fue solamente un recurso metodolgico para sustentar y comprender la demanda del consumidor en la economa clsica del siglo XIX. Para los neoliberales del siglo XXI, esa hiptesis de base pierde su contexto inicial y se transforma en proyecto poltico. En ese proyecto, los neoliberales del Monte Peregrino representan un peligro para la humanidad, porque su deriva biopoltica, en ltima instancia, puede convertirse en una deriva fascista.


3. La distopa final: la pax mercatoria

Entre el vaciamiento de la poltica y la deriva biopoltica del homo economicus se sita una reflexin a la que los neoliberales del Monte Peregrino le dan mucha importancia porque les otorga una proyeccin histrica y civilizatoria desde la cual establecen un sentido de largo plazo para su proyecto poltico. En ese horizonte civilizatorio los neoliberales encuentran tambin una justificacin tica para su proyecto. Esta reflexin establece las condiciones de posibilidad para una comprensin de la historia y de la sociedad desde los marcos tericos bsicos del neoliberalismo. Se trata de la teora liberal de las instituciones que en el caso de la economa neoliberal se denomina neoinstitucionalismo econmico, y ah constan nombres importantes de la sociedad del Monte Peregrino como J. Buchanan, G. Tullock y G. Stigler. En la actualidad, los tericos ms importantes del institucionalismo econmico son Douglass North, Oliver Williamson, Elinor Ostrom, entre otros.

El institucionalismo liberal ha creado el umbral histrico y la textura social necesaria para el despliegue de la racionalidad y la accin estratgica del homo economicus. En esta propuesta, la condicin de homo economicus es la base para todo comportamiento humano independientemente de sus particularidades identitarias o culturales. Todo ser humano debe ser asumido, desde el neoliberalismo, como capital humano y, en consecuencia, su accin humana como la denominaba Von Mises, siempre es y ser estratgica. A esta accin humana estratgica e instrumental, la teora liberal de las instituciones, cuando el homo economicus acta en ese umbral histrico y social, la denomina accin colectiva21. En consecuencia, la accin colectiva no significa una posicin crtica de los individuos ante su propia historia y su capacidad de interpretarla y transformarla, sino ms bien la actualizacin de intereses estratgicos individuales que convergen y que, de esta manera refuerzan la visin del capital humano como capital social.

En esta reflexin ya no constan, ni siquiera como residuo, las preocupaciones fundamentales de los liberales de mediados del siglo XX, es decir, aquella disputa acre y dura contra los marxistas o contra los keynesianos que les obligaba a los neoliberales a otorgar un sustento terico y filosfico ms acotado a la realidad social e histrica.

En la actual teora liberal de las instituciones, los neoliberales incluso se dan el lujo de reconocer ciertos aportes de Marx a quien reconocen sus preocupaciones por la historia. Empero de ello, las referencias a Marx que hacen algunos de los neoliberales de la escuela del neoinstitucionalismo econmico, Douglass North entre ellos, no debe llamar a engao. Es una referencia hecha para legitimar sus propias interpretaciones sobre la historia. En efecto, Louis Althusser deca que Marx habra abierto, para las ciencias, el continente de la historia, as como Tales de Mileto habra abierto el continente de las matemticas22. Para la teora institucional del neoliberalismo se trata de hacer precisamente lo contrario: cerrar de forma definitiva la historia23.

Sin embargo, crear una textura social para el homo economicus es una tarea compleja para los neoliberales, porque ellos parten del supuesto de que la sociedad no existe. La teora liberal de las instituciones, en consecuencia, debe crear algo que para los neoliberales parece una contradiccin en los trminos: un soporte social e histrico para una categora de base, en la ocurrencia el homo economicus, que no se reconoce a s mismo ni como social ni como histrico. Por ello, una de las tareas claves de la teora liberal de las instituciones es limpiar a stas de todo residuo social y de toda referencia histrica.

Ahora bien, la discusin sobre las instituciones y su entramado social y humano siempre ha estado atravesada por esas consideraciones de tipo social e histrico. Es virtualmente imposible pensar a las instituciones por fuera de la sociedad y de la historia. Castoriadis, por ejemplo, un pensador de orgenes marxistas y crtico al liberalismo, escriba que el hombre slo existe en la sociedad y por la sociedad y la sociedad es siempre histrica24.

Ese carcter histrico para los seres humanos formaba parte tambin de la comprensin de sus marcos institucionales. Las instituciones eran la forma de crear ese complejo plexo social en el cual los hombres se interrelacionaban y creaban el hecho social, como lo indica Castoriadis:

aqu la palabra institucin est empleada en su sentido ms amplio y radical pues significa normas, valores, lenguaje, herramientas, procedimientos y mtodos de hacer frente a las cosas y de hacer cosas y, desde luego, el individuo mismo Cmo se imponen las instituciones? mediante la adhesin, el apoyo, el consenso, la legitimidad, la creencia. Pero en ltima instancia lo hacen mediante la formacin (elaboracin) de la materia prima humana en individuo social, en el cual se incorporan tanto las instituciones mismas como los mecanismos de la perpetuacin de tales instituciones.25

Los individuos siempre son individuos sociales, nunca son tomos fragmentados de su propia sociedad, como los describe la teora liberal de las instituciones, porque lo humano en cuanto humano solamente puede nacer y realizarse desde lo social, y lo social hace y conforma a lo humano y, en consecuencia, a las instituciones que son, por supuesto, construcciones humanas. Todos somos, escribe Castoriadis, fragmentos ambulantes de la institucin de nuestra sociedad, fragmentos complementarios26. Las instituciones son sociales porque nos permiten interrelacionarnos con el mundo, interpretarlo y tambin interpelarlo. Toda institucin, escribe Castoriadis, es un sistema de interpretacin del mundo. La identidad de una sociedad no es otra cosa que ese sistema de interpretacin de cada sociedad27. La institucin fundamenta, en consecuencia, el hecho social, y tambin la capacidad de comprender ese hecho social como conjuntos de cdigos de interpretacin de la realidad.

Para los liberales la cuestin, no obstante, es cmo desgarrar al tejido social para fragmentar la conexin de lo humano con lo social, es decir, de los seres humanos consigo mismos. Si el vaciamiento de la poltica crea un discurso de poder por fuera de la poltica, entonces, y dentro de la misma lgica neoliberal, la teora de las instituciones del liberalismo tiene que crear una sociedad por fuera del hecho social y en contra de ste. Para ser coherentes con la visin estratgica del homo economicus, la teora social del liberalismo debe estar lo ms alejada posible de una comprensin holstica y compleja del hecho social.

Cmo fundamentar, entonces, al hecho social sin apelar a la sociedad? Cmo pensar a las instituciones por fuera de todo marco y referencia social? Qu instituciones son las ms convenientes para la accin estratgica del homo economicus? La respuesta consta ya en la pregunta: si el comportamiento estratgico del homo economicus se manifiesta en el mercado, entonces las instituciones deben constar, registrarse y explicarse desde esa clave mercantil. Hay que recordar que la nocin de sociedad se subsume ya al interior del concepto economa social de mercado. Por lo tanto y de la misma forma, el concepto de institucin debe tambin subsumirse a la nocin de Estado social de derecho. Estos dos conceptos, hay que remarcarlo, conforman las coordenadas epistemolgicas bsicas del neoliberalismo.

La teora liberal de las instituciones se inscribe, en consecuencia, en lnea directa con estos conceptos, pero fundamentalmente con el concepto de Estado social de derecho que haba sido fundamentado por Hayek, el facttum de la Sociedad del Monte Peregrino. Para Hayek, recordmoslo, el Estado debe ser el garante de la libertad de mercado, en consecuencia, debe establecer las reglas de juego que permitan a los actores de este mercado maximizar su utilidad. Para la teora liberal de las instituciones, stas tambin sern las reglas de juego de la sociedad. De hecho, esto es exactamente lo que hace Douglass North cuando define a las instituciones como reglas de juego28. El mismo North sita a este concepto reglas de juego al interior de la matriz terica de otro de los referentes fundamentales de los peregrinos, Von Mises, y su teora de la praxeologa o accin humana. Para North, las reglas de juego son parte de la praxeologa o, si se quiere, de la accin humana, por ello, esas reglas de juego aparecen como limitaciones ideadas por el hombre que dan forma a la interaccin humana.

Ahora bien, en esta nocin de reglas de juego desaparece, de entrada, el hecho social como algo ms que la convergencia de intereses individuales y toda la complejidad humana se reduce a procesos de intercambio humano como interaccin humana. La interaccin humana lo abarca todo: la economa, la poltica, el derecho, la cultura, etc. El locus de esa interaccin humana, por supuesto, es el mercado.

El mercado, de esta forma, se convierte en el Ser-en-cuanto-Ser del hecho social, es decir, gracias a la teora del institucionalismo liberal, el mercado adquiere una consistencia ontolgica, porque expresa un concepto tambin ontolgico: la accin humana. Por ello, es desde el locus del mercado y de su lgica que puede ser comprendido y explicado el cambio institucional: El cambio institucional conforma el modo en que las sociedades evolucionan a lo largo del tiempo, por lo cual es clave para entender el cambio histrico29, la cuestin es que el motor del cambio institucional no hace referencia a ningn proceso histrico, a ninguna conflictividad social, incluso a ningn cambio tecnolgico, para North y los institucionalistas neoliberales, el cambio institucional se produce por cambios en los precios relativos y este cambio siempre es incremental, nunca es discontinuo, es decir, las revoluciones sociales son apenas episodios pasajeros de eventos ms consistentes y aparentemente reales que son los cambios en precios relativos de una estructura social determinada. El mercado, con la teora neoliberal de las instituciones, adquiere tambin proporciones taumatrgicas.

El cambio institucional de la teora neoliberal del institucionalismo es un cambio histrico sin historia y sin sociedad. Es la referencia al puro inters egosta y estratgico del clculo entre costos y beneficios, como racionalidad de la historia. Pero esta apelacin a la comprensin de las instituciones como un conjunto de reglas de juego inscritas dentro del comportamiento estratgico humano, tiene una proyeccin y una consecuencia prctica cuando estas reglas de juego se definen y estructuran al interior de los derechos de propiedad.

Ah subyace el verdadero leit motiv de la teora neoliberal de las instituciones. Segn los neoliberales, los derechos de propiedad permiten disminuir los costos de transaccin y generan cambios en los precios relativos que son los que provocan, a su vez, cambios institucionales y, por tanto, cambios histricos.

Como puede apreciarse, la teora de la historia de los neoliberales, tiene un andn de llegada en el lobby de las grandes corporaciones transnacionales, los actores polticos por excelencia de la teora de los derechos de propiedad. Con la clarificacin de los derechos de propiedad que se establecen en los instrumentos jurdicos supranacionales de los tratados internacionales de proteccin a las inversiones y de libre comercio, se cierra el crculo del Estado social de Derecho.

Pero el proyecto poltico de los neoliberales va ms all de reconocer los derechos de propiedad de las grandes corporaciones y su rol demirgico de la historia. En realidad, los neoliberales del Monte Peregrino pretenden realizar una relectura de toda la historia humana desde la visin institucional de las reglas de juego y los derechos de propiedad. En esta reinterpretacin de la historia humana, sobre todo en la lnea interpretativa de Douglass North, toda la historia humana puede ser leda como un intento desesperado por construir una sociedad de reglas abiertas y transparentes de mercado, es decir el reconocimiento de los derechos de propiedad, en algo que ahora denominaramos como seguridad jurdica en sociedades de acceso abierto. No solo que, segn los neoliberales, con la sociedad liberal hemos llegado al fin de la historia, sino que el capitalismo es la teleologa misma de la historia. Con la versin institucional del neoliberalismo stos han enmendado la plana al determinismo de los marxistas; y cuando los neoliberales dice toda la historia humana hay que leerla en el sentido ms literal del trmino.

En efecto, para Douglass North, John Wallis y Barry Weingast, la humanidad ha conocido en toda su historia tres rdenes sociales bsicos: un orden de predacin (foraging order), un orden social de acceso limitado o Estado natural (limited access order or natural state), y un orden social de acceso abierto (Estado liberal), (open access orders)30. Ahora bien, toda taxonoma, como sabemos, es sospechosa porque detrs de ella subyace una forma de comprensin establecida por circunstancias histricas especficas y relaciones de poder determinadas31. Toda clasificacin est hecha desde una perspectiva histrica hecha para reforzar al poder dominante en ese periodo concreto. El subttulo del texto de North, Wallis y Weingast, da cuenta, precisamente, de esa arrogancia del poder neoliberal: Un cuadro conceptual para interpretar la historia de la humanidad (A Conceptual Framework for Interpreting Recorded Human History).

Cabe preguntarse por qu los neoliberales han tomado esa deriva teleolgica y determinista? qu propuesta real subyace en los intersticios de esa hermenutica? Qu consecuencias prcticas y concretas implican estas consideraciones tericas?

Pienso que la visin histrica de los neoliberales y que se expresa en su teora del institucionalismo, es complementaria con su deriva biopoltica y su pretensin de vaciamiento de la poltica, porque pretende otorgar un sustrato civilizatorio al mundo que est emergiendo y conformndose desde la globalizacin.

En la deriva biopoltica, el plexo social se difumina en consumidores convertidos y sometidos a la biopoltica del capital humano que actan en espacios colonizados desde el fetichismo mercantil y que Marc Aug ha bautizado como No-Lugares32. En esos No-Lugares, la biopoltica del capital humano sanciona y disciplina a los disidentes excluyndolos del mercado, esa exclusin es ontolgica, porque para el capitalismo, el ser en cuanto ser encuentra expresin y existencia desde el mercado. Es violenta porque aquellos que han sido excluidos del mercado son sancionados con la invisibilizacin ontolgica: su existencia no es reconocida como tal. Desde esa invisibilizacin ontolgica puede operar el recurso de la tanatopoltica, es decir, la capacidad de sancionar y administrar polticamente la muerte. La figura del terrorista no es sino una de las formas de la tanatopoltica.

El concepto de reglas de juego conduce directamente a los derechos de propiedad y stos a la Organizacin Mundial de Comercio, OMC, a los tratados de libre comercio y de proteccin recproca a las inversiones y de ah a los tribunales internacionales de conciliacin y arbitraje. En ese trnsito, las corporaciones transnacionales se han convertido en inversionistas y han adquirido un soporte jurdico indito: aquel que las reconoce como sujetos de soberana poltica.

En la teleologa del mercado, de acuerdo al proyecto poltico de los neoliberales, el orden y la paz social mundial solo pueden garantizarse desde el reconocimiento explcito desde el Estado-nacin a las corporaciones transnacionales como sujetos de derecho transnacional, con una capacidad de soberana poltica que ni siquiera tienen esos Estados-Nacin. Esa capacidad poltica transferida a las corporaciones puede dar cohesin y coherencia al que considero el proyecto ms importante de los neoliberales del Monte Peregrino y su distopa final: la pax mercatoria.

La globalizacin es una expresin de esa pax mercatoria. Esta pax mercatoria es la adscripcin de los neoliberales al proyecto kantiano de la paz perpetua, y una referencia histrica al imperio romano y su pax romana. La pax mercatoria es la regulacin poltica del sistema-mundo capitalista desde el mercado mundial y en donde las nociones de regulacin de la paz mundial y, por consiguiente, de la guerra, pasan por el filtro de las corporaciones transnacionales convertidas en sujetos polticos.

La pax mercatoria es la clausura definitiva de la historia en el pliegue del neoliberalismo. Es la distopa que cierra la sociedad entre la biopoltica y la tanatopoltica. Para los neoliberales del Monte Peregrino, nunca como ahora su proyecto poltico debe ser ms pregnante y prioritario. Nunca como ahora el neoliberalismo ha tomado un cariz tan vasto y civilizatorio; y precisamente por ello, el neoliberalismo y su proyecto poltico se convierten en el peligro ms importante para toda convivencia humana pacfica y ecolgicamente responsable.

Toda resistencia al neoliberalismo se convierte, en consecuencia, en resistencia a la conversin del mundo entero en un No-Lugar, en resistencia a la colonizacin de la vida humana en los regmenes de biopoder y sus regmenes de verdad, en resistencia al proyecto autoritario de la pax mercatoria.

Esa resistencia tiene que recuperar la poltica para devolver a la sociedad el sentido de su historia. Tiene que oponerse al vaciamiento de la poltica y rebasar los marcos liberales de la poltica y pensar que la democracia es un campo de disputas que ahora ha sido colonizado y secuestrado por la episteme de los neoliberales del Monte Peregrino. Esa recuperacin de la democracia solo puede darse recuperando aquello que los antiguos griegos denominaban el gora, los indgenas andino-amaznicos denominan comunidad y que ahora se est forjando en las calles y plazas de todo el mundo.


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Notas:

1 El encuentro se realiz la ltima semana de junio de 2013, en las instalaciones del Galapagos Academic Institute of Arts and Sciences (GAIAS), en las Islas Galpagos, de la Universidad privada ecuatoriana San Francisco de Quito (USFQ). El eje temtico de la reunin fue: Evolucin, ciencias humanas y libertad (Evolution, the human sciences and liberty).

2 Puede sobrevivir el capitalismo? No; no creo que pueda Schumpeter, J.: Capitalismo, socialismo, democracia, Ed. Orbis, Espaa, 1983, pp. 95.

3 Hayek, F.: Discurso de apertura del Coloquio en Monte Peregrino, citado por Audier, Serge: Noliberalisme(s) Une archologie intelectuelle. Grasset, Pars, 2012, pp. 234. Traduccin propia.

4 Audier, op. cit., pp. 330.

5 Entre los think tanks ms importantes de los neoliberales pueden mencionarse los siguientes: La Atlas Economic Research Foundation fundada por Antony Fisher, el Acton Institute for the Study of Religion and Liberty, The Adam Smith Institute, la Agencia Interamericana de Prensa Econmica, el American Enterprise Institute (AEI), la Association pour les Liberts Economiques et le Progrs Social (ALEPS), el Atlantic Institute for Market Studies (AIMS), el Carl Menger Institut, el Cato Institute, el Center for Private Conservation, el Center for Social and Economic Research (CASE), el Centre for Civil Society, el Centre for the New Europe (CNE), el Centre International dtudes pour la Rnovation du Libralisme, el Centre Jouffroy pour la Rflexion Montaire, el Centre dtudes du Dveloppement International et des Mouvements conomiques et Sociaux (CEDIMES), el Centre for the Independent Studies (CIS), el Centro de Divulgacin del Conocimiento Econmico (CEDICE), el Centro de Estudio sobre la Libertad (CESL), Centro de Estudios Econmicos (CEES), Centro de Estudios Pblicos, Centro de Estudios de la Realidad Econmica y Social (CERES), Centro de Investigaciones sobre la Libre Empresa (CISLE), Centro Einaudi, Chang-hua Institution for Economic Research (CIER), el Claremont Institute, el Competitive Enterprise Institute (CEI), la Foundation for Economic Education (FEE), la Fundacin Francisco Marroqun, el Fraser Institute, la Heritage Foundation, el Institute conomique de Pars, Institut Universitaire des Hautes tudes Internationales, Institute of Economic Affairs (IEA), Instituto Libertad y Democracia, James Madison Institute (JMI), International Policy Network (IPN), Sociedad para el Estudio de la Accin Humana (SEAH), Timbro Free Market Institute, etc. Cfr. Dieter Plehwe and Bernhard Walpen, Between network and complex organization: The Making of Neoliberal Knowledge and Hegemony, en el sitio web: http://www.forba.at/data/downloads/file/300-Plehwe-Walpen.pdf (visita de junio 2013). Puede verse, para el caso de Amrica Latina, el estudio de Daniel Mato: Think Tanks, fundaciones, y profesionales en la promocin de ideas (neo)liberales en Amrica Latina. En: Alejandro Grimson (comp.): Cultura y Neoliberalismo. CLACSO, Buenos Aires, 2007.

6 La falacia de que un orden racional en la gestin econmica es posible dentro de una sociedad basada en la propiedad pblica de los medios de produccin tiene su origen en la errnea teora del valor formulada por los economistas clsicos, as como a la tenaz incapacidad de muchos economistas modernos para captar el teorema fundamental de la teora subjetiva y comprender hasta las ltimas consecuencias que del mismo se derivan. Von Mises, Ludwig: La Accin Humana. Tratado de Economa. Unin Editorial. 8va. Edicin. Espaa, pp. 250.

7 Keynes, J.M.: Teora General de la ocupacin, el inters y el dinero. FCE, Mxico, 1992, pp. 26

8 Hay que advertir que esta visin es tambin compartida por Marx y los marxistas. En efecto, para Marx, la teora de la plusvala demostraba los niveles de explotacin a la fuerza de trabajo y la emisin monetaria tampoco poda alterar esa explotacin a los trabajadores, a pesar del hecho de que en el tomo II del Capital, y que sera editado por F. Engels, Marx analiza al capitalismo desde el denominado capital dinero pero como una forma fenomnica del proceso de produccin de plusvala.

9 En realidad, las preocupaciones por un reestablecimiento de la teora cuantitativa de la moneda forman parte de las preocupaciones originales de Friedman; de hecho, en uno de sus primeros estudios de 1936: Marginal Utility of Money and Elasticities of Demand, establece ya lo que sera su marco conceptual y epistemolgico: la moneda como parte de fenmenos naturales y positivos de la economa y la sociedad y, por tanto, neutral. Esta preocupacin sobre la moneda y la teora cuantitativa se expresa tambin en su estudio de 1942: The Inflationary Gap: II. Discussion of the Inflationary Gap, y en 1952 publicara: Price, Income, and Monetary Changes in Three Wartime Periods; sin embargo, es en el texto de 1956 cuando Friedman logra convertir, por vez primera para los neoliberales, a la teora cuantitativa de la moneda como teora de la demanda monetaria y con ello abre una grieta en el edificio terico keynesiano desde el cual filtrar una serie de crticas y cuestionamientos a Keynes desde la episteme neoliberal.

10 Para una crtica a la manipulacin de los datos y al uso metodolgicamente abusivo de la econometra por parte de los neoliberales, en especial la particular lectura que hace Friedman sobre la crisis americana de 1929 y la poltica monetaria de la crisis, puede verse: Meghnad Desai: El Monetarismo a prueba. FCE, Mxico, 1989. Esa tendencia a manipular de forma grosera y arbitraria los datos en funcin de la doxa, y que puede decirse que tiene en Milton Friedman su base fundacional, tuvo en el ao 2013 una confirmacin en las crticas realizadas al texto de Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, profesores de Harvard y, en el caso de Rogoff, tecncrata del FMI, que estableca en su paper: Crecimiento en una poca de deuda que elevados niveles de deuda pblica, generalmente del 90% o superiores con relacin a la produccin nacional (PIB) se asociaban con ndices de crecimiento considerablemente ms bajos. Varios estudios demostraron que Rogoff y Reinhart haban manipulado los datos con el objetivo de apoyar acadmicamente a las prescripciones del FMI, del Banco Central Europeo, y la Comisin Europea para otorgar una base mnima de sustento terico a las polticas de ajuste macrofiscal y austeridad que estaban imponiendo en varios pases europeos, Para la crtica y demostracin de los errores de Rogoff y Reinhart, ver: Thomas Herndon, Michael Ash y Robert Pollin: Does High Public Debt Consistently Stifle Economic Growth? A Critique of Reinhart and Rogof, en el sitio web:

http://www.peri.umass.edu/fileadmin/pdf/working_papers/working_papers_301-350/WP322.pdf (visita de junio de 2013). Para el paper de Rogoff y Reinhart ver su texto Growth in Time of Debt en el link :

http://scholar.harvard.edu/files/rogoff/files/growth_in_time_debt_aer.pdf (visita de junio de 2013).

11 Strictu sensu, el premio Nobel en economa no existe, es un invento del Banco Central de Suecia y ha sido denunciado por varios miembros de la familia Nobel como una alteracin y distorsin a la memoria de Alfred Nobel. Los peregrinos han colonizado tambin este espacio y, de hecho, lo controlan. Es casi imposible ganar este premio sin el aval y consentimiento de los peregrinos. Los peregrinos colonizaron este premio porque les permita dar un lustre acadmico y cientfico a su proyecto poltico y sus propuestas tericas en su batalla de las ideas.

12 Quiz uno de los mejores textos para comprender ese rol heurstico de la crisis dentro del proyecto poltico de los neoliberales, sea el libro de Naomi Klein: La Doctrina del Shock. El Auge del Capitalismo del Desastre. Ed. Paids, Espaa, 2007.

13 La democracia nunca es un cascarn vaco, sino un continente que vale en funcin de ciertos contenidos, adverta en esa poca el pensador ecuatoriano Agustn Cueva. Para comprender a las democracias neoliberales que procesaban el ajuste macrofiscal del FMI, Cueva propuso el concepto de democracias restringidas. Cfr. Cueva, Agustn: Las democracias restringidas de Amrica Latina. Elementos para una reflexin crtica. Ed. Planeta, Quito, 1988.

14 En el meeting de junio de 2013, de los 21 conferencistas del MPS (Mont Peregrin Society), apenas tres de ellos eran economistas, cinco eran antroplogos, con nfasis especial en estudios del comportamiento, seis de ellos especialistas en neurociencias, tres politlogos, un mdico, un etnlogo. Todos ellos, de una u otra forma, convergan en un anlisis de comportamiento psicolgico con bases neuronales y fisiolgicas como condicin de posibilidad para comprender a las sociedades libres y occidentales; de hecho, uno de los ponentes, Joaqun Fuster, present una ponencia con el nombre de: The Neurobiology of Liberty (La Neurobiologa de la Libertad). Cfr.

https://www.dropbox.com/sh/fgplt8p8qazo3gd/2I8xG5Xu1M/fuster.pdf , (visita de junio de 2013).

15 Foucault Michel: Defender la sociedad: Curso en el Collge de France (1975-1976), FCE, Buenos Aires, 2001, pp. 230

16 Ibid, pp. 234

17 Foucault, Michel: Nacimiento de la biopoltica: Curso en el Collge de France 1978-1979, FCE, Buenos Aires, 2008, pp. 41.

18 Castoriadis, Cornelius: Los dominios del hombre. Las encrucijadas del laberinto. Gedisa Editorial, Espaa, 2005, pp. 73.

19 Lo racional, para los neoliberales, comprende tambin conductas consideradas no racionales, como por ejemplo, el altruismo, la solidaridad. Es decir, para los neoliberales, el clculo econmico comprende toda racionalidad que no sea aleatoria con respecto a la realidad. Ver: Becker, Gary: Irrational Behavior and Economic Theory. En: The Essence of Becker, Standford University, 1995, pp. 18-35.

20 Cfr. Primo Levi: Si, esto es un hombre. En: Triloga de Auschwitz. Ed. Ocano, Espaa, 2005

21 Esta accin estratgica del homo economicus tiene tambin su propia elaboracin terica al interior de la teora liberal de las instituciones, se la considera como accin colectiva y forma parte de las teoras de la accin del funcionalismo anglosajn. La accin colectiva le permite a los liberales un giro sociolgico importante para comprender a la sociedad sin apelar a las nociones de conflicto y de lucha de clases que haban caracterizado a la sociologa crtica.

22 Las ciencias que conocemos estn instaladas sobre algunos grandes continentes. Dos continentes se haban abierto al conocimiento cientfico antes de Marx: el continente-Matemticas y el continente-Fsica. El primero a travs de los griegos (Tales), y el segundo gracias a Galileo. Marx abri al conocimiento cientfico un tercer continente: el continente-Historia. Althusser, Louis: Escritos I. La filosofa: arma de la revolucin. Ediciones Contacto, Colombia, 1971, pp. 17.

23 La pretensin del liberalismo de clausurar la historia de forma definitiva es una constante desde sus inicios. Ya en el siglo XIX el filsofo alemn J. G. F. Hegel haba propuesto el concepto de fin de la historia en su historia del desarrollo de la Idea Absoluta que l identificaba con el Estado moderno. El filsofo francs A. Kojve tambin retoma las propuestas del fin de la historia que provenan de Hegel y las transmite a su alumno Francis Fukuyama, de hecho esta propuesta ser recogida por el politlogo americano, Francis Fukuyama, y tecncrata del think tank del Pentgono, la Rand Corporation, quien escribir un libro sobre ello: El Fin de la Historia y el ltimo Hombre, Ed. Planeta, Barcelona-Espaa, 1992.

24 Castoriadis, op. cit., pp. 66.

25 Castoriadis, op. cit., pp. 66-67, cursivas mas.

26 Ibid, pp. 68.

27 Ibidem.

28 Las instituciones son las reglas del juego en una sociedad o, ms formalmente, son las limitaciones ideadas por el hombre que dan forma a la interaccin humana. Por consiguiente, estructuran incentivos en el intercambio humano, sea poltico, social o econmico. North, Douglass: Instituciones, cambio institucional y desempeo econmico. FCE, Mxico, 2006, pp. 13.

29 North, Douglass, op. cit. P. 13.

30 Cfr. Douglass North, John Joseph Wallis y Barry R. Weingast: Violence and Social Orders. A Conceptual Framework for Interpreting Recorded Human History. Cambridge University Press, New York, 2009.

31 Para una crtica de las taxonomas como epistemes sociales determinadas, puede verse: Michel Foucault: Las Palabras y las Cosas. Una arqueologa de las Ciencias Humanas. Mxico, Siglo XXI Ed., 1981.

32 Cfr. Aug, Marc: Los No-Lugares espacios del anonimato. Una antropologa de la sobremodernidad. Gedisa editorial. Barcelona-Espaa, 2000.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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