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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2013

Mercosur, Unasur y la indecisin del Brasil

Atilio A. Boron
Rebelin


Las ltimas semanas fueron prdigas en acontecimientos reveladores de los alcances de la contraofensiva desplegada por Washington a los efectos de dinamitar los diversos procesos integracionistas en marcha en Latinoamrica. Hoy por hoy el Mercosur y la Unasur son los blancos ms obvios, pero la CELAC est tambin en la mira y en cuanto demuestre una mayor gravitacin en los asuntos del hemisferio ser tambin ella objeto de los ms encarnizados ataques. Una de las armas ms recientemente pergeadas por la Casa Blanca ha sido la Alianza del Pacfico, engendro tpico de la superpotencia para movilizar a sus peones al sur del Ro Bravo y utilizarlos como eficaces caballos de Troya para cumplir con los designios del imperio. Otra alianza, la mal nacida segn el insigne historiador y periodista argentino Gregorio Selser, la invent a comienzos de los sesentas del siglo pasado John F. Kennedy para destruir a la Revolucin Cubana. Aquella, la Alianza para el Progreso, que en su momento dio pbulo a algunos pesimistas pronsticos entre las fuerzas anti-imperialistas, fracas estrepitosamente. La actual no parece destinada a correr mejor suerte. Pero derrotarla exigir, al igual que ocurriera con su predecesora, de toda la firmeza e inteligencia de los movimientos sociales, las fuerzas polticas y los gobiernos opuestos en diversos grados, como es evidente al observar el panorama regional- al imperialismo. Flaquezas y debilidades polticas y organizativas unidas a la credulidad ante las promesas de la Casa Blanca, o las absurdas ilusiones provocadas por los cantos de sirena de Washington, sealaran el camino de una fenomenal derrota para los pueblos de Nuestra Amrica.

En este sentido resulta ms que preocupante la crnica indecisin de Brasilia en relacin al papel que debe jugar en los proyectos integracionistas en curso en Nuestra Amrica. Y esto por una razn bien fcil de comprender. Henry Kissinger, que a su condicin de connotado criminal de guerra une la de ser un fino analista de la escena internacional, lo puso de manifiesto cuando satisfecho con el realineamiento de la dictadura militar brasilea luego del derrocamiento de Joao Goulart acu una frase que hizo historia. Sentenci que hacia donde se incline Brasil se inclinar Amrica Latina. Esto ya no es tan cierto hoy, porque la marejada bolivariana ha cambiado el mapa sociopoltico regional para bien, pero aun as la gravitacin de Brasil en el plano hemisfrico sigue siendo muy importante. Si su gobierno impulsara con resolucin los diversos procesos integracionistas (Mercosur, Unasur, CELAC) otra sera su historia. Pero Washington ha venido trabajando desde hace tiempo sobre la dirigencia poltica, diplomtica y militar del Brasil para que modere su intervencin en esos procesos, y se ha anotado algunos xitos considerables. Por ejemplo, explotando la ingenua credulidad de Itamaraty cuando desde Estados Unidos se les dice que va a garantizar para Brasil un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, mientras la India y Pakistn, (dos potencias atmicas) o Indonesia (la mayor nacin musulmana del mundo) y Egipto, Nigeria (el pas ms poblado de frica) y Japn y Alemania, sin ir ms lejos, tendran que conformarse con mantener su status actual de transitorios miembros de ese organismo. Pero otra hiptesis dice que tal vez no se trate slo de ingenuidad, porque la opcin de asociarse ntimamente a Washington seduce a muchos en Brasilia. Prueba de ello es que pocos das despus de asumir su cargo el actual canciller de Dilma Rousseff, Antonio Patriota, otorg un extenso reportaje a Paulo Cesar Pereira, de la revista Veja.

La primera pregunta que le formulara el periodista fue la siguiente: En todos sus aos como diplomtico profesional, qu imagen se form de Estados Unidos? La respuesta fue asombrosa, sobre todo por provenir de un hombre que se supone debe defender el inters nacional brasileo y, a travs de las instituciones como el Mercosur, la Unasur y la CELAC, participar activamente en promover la autodeterminacin de los pases de los pases del rea: Es difcil hablar de manera objetiva porque tengo una involucracin emocional (sic!) con los Estados Unidos a travs de mi familia, de mi mujer y de su familia. Existen aspectos de la sociedad americana que admiro mucho. 1

Lo razonable hubiera sido que se le pidiera de inmediato la renuncia por incompatibilidad emocional para el ejercicio de su cargo, para decirlo con delicadeza, cosa que no ocurri. Por qu? Porque es obvio que coexisten en el gobierno brasileo dos tendencias: una, moderadamente latinoamericanista, que prosper como nunca antes bajo el gobierno de Lula; y otra que cree que el esplendor futuro del Brasil pasa por una ntima asociacin con Estados Unidos y, en parte, con Europa, y que recomienda olvidarse de sus revoltosos vecinos. Esta corriente todava no llega a ser hegemnica al interior del Palacio del Planalto pero sin duda que hoy da encuentra odos mucho ms receptivos que antes.

Este cambio en la relacin de fuerzas entre ambas tendencias sali a luz en numerosas ocasiones en los ltimos das. Pese a ser uno de los pases espiados por Estados Unidos, y a que Brasilia dijera que el hecho era extremadamente grave tras cartn se hizo pblico que no se le asignara asilo poltico a Edward Snowden, quien denunci la gravsima ofensa inferida al gigante sudamericano. Otro: la muy lenta reaccin de la presidenta brasilea ante el secuestro del que fuera vctima Evo Morales la semana pasada: si los presidentes de Cuba, Ecuador, Venezuela y Argentina (amn del Secretario General de la Unasur, Al Rodrguez) se tardaron apenas unos pocos minutos luego de conocida la noticia para expresar su repudio a lo ocurrido y su solidaridad con el presidente boliviano, Rousseff necesit casi quince horas para hacerlo. Despus, inclusive, de las duras declaraciones del mismsimo Secretario General de la OEA, cuya condena se conoci casi en coincidencia con la de los primeros. Conflictos y tironeos al interior del gobierno que aduciendo un inverosmil pretexto (las masivas protestas populares de los das anteriores, ya por entonces apagadas) impidieron que la mandataria brasilea no asistiera al encuentro de presidentes que tuvo lugar en Cochabamba, una ciudad localizada a escasas dos horas y media de vuelo desde Brasilia, debilitando el impacto global de esa reunin y, en el plano objetivo, coordinndose con la estrategia de los gobiernos de la Alianza del Pacfico que, como lo sugiriera el presidente Rafael Correa, bloquearon lo que debi haber sido una cumbre extraordinaria de presidentes de la Unasur.

Para una Amrica Latina emancipada de los grilletes neocoloniales es decisivo contar con Brasil. Pero ello no ser posible sino a cuentagotas mientras no se resuelva a favor de Amrica Latina el conflicto entre aquellos dos proyectos en pugna. Esto no slo convierte a Brasil en un actor vacilante en iniciativas como el Mercosur o la Unasur, lo que incide negativamente sobre su gravitacin internacional, sino que lo conduce a una peligrosa parlisis en cruciales cuestiones de orden domstico. Por ejemplo, a no poder resolver desde el 2009 dnde adquirir los 36 aviones caza que necesita para controlar su inmenso territorio, y muy especialmente la gran cuenca amaznica y sub-amaznica, a pesar del riesgo que implica dilatar la adquisicin de las aeronaves aptas para tan delicada tarea. Una parte del alto mando y la burocracia poltica y diplomtica se inclina por un re-equipamiento con aviones estadounidenses, mientras que otra propone adquirirlos en Suecia, Francia o Rusia. Ni siquiera Lula pudo zanjar la discusin.

Esta absurda parlisis se destrabara fcilmente si los involucrados en la toma de decisin se formularan una simple pregunta: cuntas bases militares tienen en la regin cada uno de los pases que nos ofertan sus aviones para vigilar nuestro territorio? Si lo hicieran la respuesta sera la siguiente: Rusia y Suecia no tienen ni una; Francia tiene una base aeroespacial en la Guayana francesa, administrada conjuntamente con la OTAN y con presencia de personal militar estadounidense; y Estados Unidos tiene, en cambio, 76 bases militares en la regin, un puado de ellas alquiladas a -o co-administradas con- terceros pases como el Reino Unido, Francia y Holanda. Algn burcrata de Itamaraty o algn militar brasileo entrenado en West Point podra aducir que esas se encuentran en pases lejanos, que estn en el Caribe y que tienen como misin vigilar a la Venezuela bolivariana. Pero se equivocan: la dura realidad es que mientras sta es acechada por 13 bases militares norteamericanas instaladas en sus pases limtrofes, Brasil se encuentra literalmente rodeado por 23, que se convierten en 25 si sumamos las dos bases britnicas de ultramar con que cuenta Estados Unidos va la OTAN- en el Atlntico ecuatorial y meridional, en las Islas Ascensin y Malvinas respectivamente. De pura casualidad los grandes yacimientos submarinos de petrleo de Brasil en encuentran aproximadamente a mitad camino entre ambas instalaciones militares. 2

Ante esta inapelable evidencia, cmo es posible que an se est dudando a quin no comprarle los aviones que el Brasil necesita? La nica hiptesis realista de conflicto que tiene ese pas (y toda Amrica Latina, digmoslo de paso) es con Estados Unidos. En esta parte del mundo hay algunos que pronostican que el enfrentamiento ser con China, vida por acceder a los inmensos recursos naturales de la regin. Pero mientras China invade la regin con un sinnmero de supermercados Washington, lo hace con toda la fuerza de su fenomenal msculo militar, pero rodeando principalmente a Brasil. Y, por si hiciera falta George W. Bush reactiv tambin la Cuarta Flota (en otras de esas grandes casualidades de la historia!) justo pocas semanas despus que el presidente Lula anunciara el descubrimiento del gran yacimiento de petrleo en el litoral paulista. Pese a ello persiste la lamentable indefinicin de Brasilia. O es que ignoran sus dirigentes las enseanzas de la historia? No saban que John Quincy Adams, el sexto presidente del pas del Norte, dijo que Estados Unidos no tiene amistades permanentes, sino intereses permanentes? Desconocen los funcionarios a cargo de estos temas que ni bien el presidente Hugo Chvez comenz a tener sus primeros diferendos con Washington la Casa Blanca dispuso el embargo a todo envo de partes, repuestos y renovados sistemas de aeronavegacin y combate para la flota de los F-16 que tena Venezuela, misma que por eso mismo qued inutilizada y tuvo que ser reemplazada? No hace falta demasiada inteligencia para imaginar lo que podra ocurrir en el para nada improbable caso de que se produjera un serio diferendo entre Brasil y Estados Unidos por la disputa del acceso a, por ejemplo, algunos minerales estratgicos que se encuentran en la Amazona; o al petrleo del pre-sal; o, el escenario del caso peor, si Brasilia decidiera no acompaar a Washington en una aventura militar encaminada producir un cambio de rgimen en algn pas de Amrica Latina y el Caribe, replicando el modelo utilizado en Libia o el que se est empleando a sangre y fuego en Siria.

En ese caso, la represalia que merecera el aliado desleal, en ese hipottico caso el Brasil, que renuncia a cumplir con sus compromisos sera la misma que se le aplicara a Chvez, y Brasil quedara indefenso. Ojal que estas duras realidades pudieran comenzar a discutirse pblicamente y que esa gran nacin sudamericana pueda comenzar a discernir con claridad donde estn sus amigos y quines son sus enemigos, por ms que hoy se disfracen con una piel de oveja. Esto podra poner trmino a sus crnicas vacilaciones. Ojal que la reunin de hoy del Mercosur en Montevideo y la prxima de la Unasur puedan convertirse en las ocasiones propicias para esta reorientacin de la poltica exterior del Brasil.

* Una versin reducida de esta nota se publica en Pgina/12 de Buenos Aires  

Notas:

1 Ver la entrevista completa en http://www.politicaexterna.com/17260/entrevista-de-antonio-patriota-para-a-veja#ixzz2YlP9rhdn

2 Sobre este tema ver el imprescindible estudio de Telma Luzzani, Territorios Vigilados. Como opera la red de bases militares norteamericanas en Sudamrica (Buenos Aires: Debate, 2012). El tema tambin se examina en nuestro Amrica Latina en la Geopoltica del Imperialismo (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2012)



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