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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2013

El pacto lulista en cuestin?

Ariel Goldstein
Rebelin


Las multitudinarias protestas en Brasil han alterado lo que pareca hasta hace poco una estable organizacin del escenario poltico brasileo y han sumado el desafo de desentraar las caractersticas de estas movilizaciones, as como sus implicancias para el futuro. Analistas y manifestantes han enumerado importantes aspectos, como la histrica desigualdad estructural del pas vecino, as como los dficit en educacin, salud y transporte que se padecen en las principales metrpolis, que ofician como epicentro de las protestas. Sin duda, estamos en presencia de una ampliacin de los horizontes democrticos, en un pas que se caracteriza por escasas movilizaciones ciudadanas. La pregunta que resuena es, por qu ahora? Las seales previas no parecan indicarlo: Dilma tena la mayor intencin de voto en encuestas que haya tenido un presidente a ms de un ao de elecciones desde la redemocratizacin brasilea.

Hay datos relevantes que permitiran sostener la tesis de que las protestas van dirigidas principalmente contra la clase poltica y la corrupcin, que exhibi un nuevo rostro de despilfarro ante los ojos de los manifestantes con los preparativos para el Mundial 2014. Cuatro elementos nos permiten identificar el latente rechazo a la clase poltica presente entre los manifestantes: a) el rechazo a la participacin partidaria o identificaciones polticas en las movilizaciones (todos unidos bajo la bandera brasilea), b) el origen de la movilizacin: espontnea y convocada por el Movimiento Passe Livre a travs de las redes sociales, c) el ataque de los manifestantes contra las sedes de intendencias (San Pablo) y otras instituciones pblicas como el Palacio de Itamaraty en Brasilia.

Quienes protagonizan las movilizaciones no son exactamente los ms desposedos, sino sectores medios y medios bajos que han sufrido abusos de la vida cotidiana, indignados por la represin y la violencia policial desatada contra los manifestantes de las primeras movilizaciones. El objeto del odio es la clase poltica brasilea, y ya vena siendo estimulado desde el mensalo en 2005, que result la peor crisis del gobierno Lula. Este escndalo, donde se acus a los parlamentarios de la base aliada del gobierno de haber recibido propinas para votar con el PT, produjo un alejamiento de importantes sectores medios indignados con las acusaciones de corrupcin, e hizo perder al PT el aura que posea como partido incorruptible, representante de la tica en la poltica frente a la putrefaccin del resto del sistema partidario. El juzgamiento de este escndalo en 2012 reaviv el efecto de rechazo hacia la clase poltica y hacia el Congreso, ambos hace tiempo presentan bajos ndices de credibilidad ciudadana. Segn dos encuestas realizadas a los manifestantes y divulgadas por Datafolha, lo que podra oficiar como un cuarto elemento, (d) los manifestantes mencionaban como segunda causa de la protesta, detrs del aumento de transporte pblico, a la corrupcin de los polticos, as como elegiran en su mayora como presidente a Joaquin Barbosa: presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), que juzg a la cpula petista acusada del mensalo.

A su vez, este tipo de identificacin de los manifestantes es incentivado por los medios de comunicacin, que dirigen el sentido de las protestas contra la clase poltica al denunciar su corrupcin. A travs de este procedimiento, vuelven a restaurar su legitimidad ante la sociedad brasilea como agentes fiscalizadores de la poltica, atribucin que los medios comenzaron a representar desde el impeachment al expresidente Collor de Melo en 1992.

Hay, como seal el psicoanalista Tales AbSaber en Folha de S. Paulo, un agotamiento del pacto social lulista a partir de estas movilizaciones? El pacto social lulista se constituy como una composicin desde arriba que recuperaba la centralidad del populismo en la poltica brasilea -segn Andr Singer-, el cual mejor sustancialmente (aunque de forma gradual y conservadora) la vida de los sectores populares, por medio de programas sociales como Bolsa Famlia, Minha Casa, Minha Vida, entre otros, que garantizaban un crculo keynesiano de consumo, inversin y fortalecimiento del mercado interno por incremento de la capacidad adquisitiva de los sectores populares. De all la apelacin de Lula al consumo de los ciudadanos frente a la crisis internacional de 2008-2009 como forma de sobrellevarla.

Ahora bien, el pacto se sostiene tambin con el apoyo de sindicalistas que manejan fondos de pensin, la parte burocratizada de la clase poltica y especialmente del PMDB, un partido que se beneficia de la continuidad del statu-quo y del esquema poltico de intercambios parlamentarios que incluyen fondos de origen oscuro. El pacto social lulista tambin cuenta con el apoyo de las corporaciones empresariales y las financieras, que como dijo Lula, han ganado como nunca antes en Brasil, a partir de tasas de inters favorables a la especulacin, as como una poltica de atraccin de inversiones externas. El lulismo, si bien no representa un proyecto de mera reproduccin del capitalismo financiero por su afn desarrollista, s resulta un reformismo dbil, como seala Andr Singer.

Es por ello que estas movilizaciones podran estar originadas por una percepcin que viene sostenida desde hace tiempo, la de que el gobierno brasileo no se diferencia en nada de todo aquello que ya estaba ah, es decir, la vieja clase poltica. En este pacto social lulista, la clase media ocupa un lugar secundario y aquellos que la representaban histricamente (PSDB), han perdido competitividad electoral de forma significativa en los ltimos 10 aos. Tres elecciones presidenciales perdidas (2002, 2006, 2010) y la incapacidad de Acio Neves, candidato para 2014 del PSDB, para constituir una alternativa real de poder al gobierno de Dilma. El descontento de estos sectores, fogoneado por el moralismo de los medios de comunicacin, encuentra escasos canales para su expresin poltica en el sistema de representacin formal.

A pesar del importante crujido, para agotar el pacto social lulista es necesario ms que una movilizacin amplia y heterognea, es preciso una propuesta alternativa de poder capaz de traducir sus aspiraciones en el sistema poltico. Como es sabido, la relacin entre la sociedad y los partidos polticos es cambiante y no se traduce con flexibilidad de un espacio al otro. Deberemos observar esas transiciones con atencin en los prximos meses para saber si el cimbronazo de estas protestas es capaz de alterar de forma estructural lo que pareca hasta hace pocas semanas una firme organizacin del escenario poltico-electoral brasileo. Segn Garca Linera, vice-presidente boliviano, a toda movilizacin sucede un momento de delegacin. Podr el momento de la delegacin traducirse en una incorporacin al sistema poltico de las demandas expuestas en las movilizaciones horizontales? Dilma deber dialogar con los sectores protagonistas para ver si su fuerza partidaria, ganando el apoyo social, es capaz de absorber de forma sistmica los reclamos esgrimidos, realizando las reformas necesarias e imposibilitando as que puedan ser apropiadas por proyectos adversarios.

Ariel Goldstein. Socologo (UBA). Becario Conicet en el Instituto de Estudios de Amrica Latina y el Caribe.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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