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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-07-2013

Apuntes y pinceladas sobre Egipto

Txente Rekondo
Rebelin


Los recientes acontecimientos en Egipto, y el futuro que el desarrollo de los mismos pueda deparar en aqul pas, en la regin y en el mundo, son objeto de numerosos anlisis y debates. En torno a ello se aaden estas pinceladas y estos breves apuntes.

La situacin en Egipto era la suma, entre otras cosas, de una crisis social, una bancarrota econmica y una enorme inestabilidad poltica. Por un lado, los conflictos sociales permanentes, una nueva ola de movimientos de protesta, un estado ingobernable, y una crisis econmica estructural, unido todo ello a una alianza de todas las fuerzas excepto los Hermanos Musulmanes.

Y por otro lado, encontramos los errores estratgicos y de clculo de Morsi y su partido poltico, sobre todo de cara al poder que todava conservan los sectores del llamado antiguo rgimen; la incapacidad del hasta ahora presidente por hacer frente a los retos y las situaciones citadas anteriormente; y las consecuencias de la grave situacin econmica (el rechazo a las condiciones del FMI).

Curiosas teoras estn apareciendo en las ltimas semanas. Cada vez son ms las voces interesadas en justificar la actuacin militar en Egipto que evitan presentar la situacin como un golpe de estado por parte de los militares. Unido a ello encontramos esos anlisis que apuntan que la democracia no son slo las elecciones, y que por ello se puede justificar y aplaudir este tipo de actuaciones, e incluso hay quien no vera con malos ojos una repeticin similar en otros lugares (Tnez, Turquaincluso Venezuela).

Al hilo de ese tipo de actuaciones, consciente o no, se manda un claro mensaje a otros actores que miran con regocijo la situacin. Y no son otros que los movimientos jihadistas transnacionales que una y otra vez han sealado la imposibilidad de que el islamismo poltico acceda al gobierno por las urnas, y que este tipo de actuaciones parece reforzar sus tesis.

En este contexto vuelve a aparecer adems una figura institucional cada vez ms utilizada por todo el mundo, los llamados gobiernos tecncratas. La frmula ideal para instalar en el mismo a figuras que de otra forma no cuentan con el respaldo en las urnas (Grecia e Italia son casos cercanos, e incluso el propio ElBaradei en Egipto).

El escenario local de Egipto nos retrata a la mayor parte de los protagonistas. La extraa alianza que se ha formado estas semanas no ha tardado en agrietarse. El nico nexo de unin posible era todos contra Morsi y los Hermanos Musulmanes, y de esa forma encontramos en torno a la misma pancarta a los mximos representantes de la minora copta y al seikh de al-Azar, a las fuerzas opositoras laicas y liberales y a buena parte de los salafistas, a movimientos como Tamarrod y a los falul, y sobre todo a los pilares del rgimen de Mubarak, polica, judicatura, militares y lites empresariales.

En este maremgnum de siglas e intereses, tan contradictorios y opuestos en el fondo, los verdaderos vencedores han sido los salafistas y los partidarios del antiguo rgimen. Los primeros con sus maniobras y sus alianzas (tanto con sectores militares como con Arabia Saud, sobre todo) saben que esta situacin juega en su favor, ya que buena parte de sus expectativas para ganar ms apoyos (era la segunda fuerza parlamentaria) pueden provenir de los sectores que en su da apoyaron a los Hermanos Musulmanes. Y los segundos porque pueden volver a controlar las riendas del pas, sin un desgaste manifiesto, y situando en los puestos claves a figuras proclives a sus intereses.

Y sobre todo el ejrcito, ese actor que ha dirigido y dirige el pas durante dcadas, y que ha ido tejiendo en todos estos aos una red de intereses econmicos, polticos y sociales, que siempre estar dispuesto a defender a cualquier costa.

Los perdedores de esta historia son las fuerzas agrupadas en torno al movimiento Tamarrod y los Hermanos Musulmanes. El movimiento popular que se ha ido generando ha carecido de estructura y experiencia y ha acabado cayendo en una especie de trampa de manera inconsciente. De lo contrario, si lo ha hecho de forma consciente, sera preocupante pensar que esos aplausos al ejrcito golpista vayan acompaados de la amnesia que supone olvidar las muertes, detenciones, desapariciones, torturas, test de virginidad que han protagonizado esos militares. O del papel que en los ltimos aos ha desempeado la polica egipcia, brutal y corrupta donde las haya; e incluso que hayan pasado por alto las polticas liberalizadoras-privatizadoras de los sectores econmicos que se sustentaron en el rgimen de Mubarak.

Por su parte, la derrota de los Hermanos Musulmanes abre todo un abanico de dudas sobre el futuro de esa formacin. Probablemente, el carcter pragmtico de las ltimas dcadas as lo sugiere, buscarn una reforzamiento de sus fuerzas y apoyos (usando los mtodos del pasado a travs de sus redes sociales y asistenciales), acompaado de un cierto victimismo (en ocasiones real, detenciones y muertes de sus seguidores) y una posicin de fuerza inicial, tal vez para reentrar en el panorama institucional de nuevo en una situacin ms favorable.

El panorama internacional tambin tiene su peso en esta coyuntura. La triple alianza que forman EEUU, Israel y Arabia Saud puede salir reforzada de la crisis actual. Desde Washington no se ha sabido, o no se ha podido, manejar la situacin desde el principio y su postura ha generado an ms rechazo entre la poblacin local, mientras que en Tel Aviv miran con cautela el desarrollo de todo esto, conscientes de que necesitan un gobierno colaborador en Egipto pero temerosos de que su apoyo pblico al golpe genere reacciones contrarias a sus intereses.

Y la que mejor sale parada es la monarqua de los al Saud, que cortocircuita el acercamiento de Egipto e Irn; cierra la puerta a la experiencia contagiosa de los Hermanos Musulmanes, y sobre todo puede recuperar su centralidad en la regin.

Los que peor parados salen de toda esta situacin son Turqua y Qatar. Desde Ankara se ha rechazado el golpe y se ve con preocupacin la posibilidad de una repeticin, muy remota todava, de la misma jugada en su pas. Por su parte, Qatar ha visto debilitada su tendencia ascendente en la regin en detrimento de sus vecinos saudes.

Irn, si bien ha podido debilitarse en esta nueva coyuntura tambin puede aprovecharla en beneficio propio. Sobre todo en Siria (el apoyo de Morsi a los rebeldes jihadistas no cay bien en Tehern), tal vez recupere tambin su relacin con Hamas (el movimiento palestino puede ser una vez ms la vctima colateral), y el fracaso de Qatar junto al rechazo hacia la poltica cada vez ms evidente de doble rasero de EEUU juegan a su favor.

Distorsiones, mitos e hipocresa sobrevuelan el actual panorama egipcio. Durante estas semanas se ha puesto en marcha una campaa de acoso uy derribo contra Morsi, apoyada en buena mediada en sus propios errores, pero acompaada en todo momento de una serie de distorsiones interesadas. Difcilmente se han podido recolectar 22 millones de firmas contra su mandato (fueron 25 millones los que participaron en las ultimas elecciones presidenciales), la campaa meditica de los medios privados (en manos de sectores pro Mubarak) ha presentado a Morsi como una figura en manos de potencias extranjeras.

Y en este contexto tampoco han faltado los mitos que se repiten sin cesar en torno a las protestas de 2011 y la cada de Mubarak. Como apunta un analista local, Mubarak no fue derrocado por las protestas, fueron los militares los que le depusieron (descontentos con las ansias sucesorias del dictador), ni tampoco fue una revolucin, tal vez un primer paso en esa direccin, pero la intervencin del ejrcito desactiv dicha potencialidad, y tampoco supuso una victoria para los manifestantes de Tahir, ms all de la plaza exista otra realidad que en las urnas se demostr superior.

La hipocresa de algunos protagonistas es por ltimo otra caracterstica de la situacin vivida. Los que acusaban a Morsi y los HM de atacar la libertad de expresin aplauden el cierre de medios y la detencin de periodistas; los supuestos defensores de la va electoral apoyan el golpe militar; los que clamaban contra el FMI y EEUU nombran como portavoz a ElBaradei.

Como apuntaba un antiguo preso poltico durante el rgimen de Mubarak, esos sectores son conscientes que no pueden ganar una eleccin abierta (presidenciales, parlamentarias o de otro tipo), y se suben en el gobierno de la parte posterior de los tanques llamado por las manifestaciones populares, y se han unido en una plataforma en la que ni ellos mismo creen, pero estn dispuestos a aprovecharse de ella.

Mientras se suceden las teoras y las apuestas sobre la posibilidad de una guerra civil o sobre supuestos paralelismos en otros lugares, los problemas polticos, sociales y econmicos en Egipto persisten o se agravany casi nadie quiere hablar del eslogan inicial, pan, libertad y justicia social.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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