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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-07-2013

Las Fuerzas Armadas ante la III Repblica
T, el ltimo

Antonio Maira
Rebelin


Parece evidente, incluso para los ms desorientados por los medios de comunicacin, los ms fanticos o los ms lerdosi, que la Monarqua est en fase terminal.

La ltima excrecin borbnica ha cumplido con creces las perspectivas que podan deducirse de sus antecedentes histricos generales y de su origen franquista particular; y terminar como sus predecesores: carcomida por la corrupcin, su desprecio al pueblo, la mayesttica presuncin de perpetuidad, el progresivo regodeo en la inviolabilidad constitucional; y el fracaso definitivo de la construccin -por los partidos que han gobernado el Rgimen de la Transicin- de un hermoso relato meditico que se ha venido abajo estrepitosamente.

Del Juan Carlos I salvador de la democracia que cantaban los juglares bien pagados por los partidos rectores y cmplices del cortejo constitucional -despus de un 23-F de sospechossimo tufo monrquico-; hasta la imposibilidad de que cualquier miembro de la familia real pueda salir a la calle sin ser abucheado, han pasado ms de 32 aos.

Dcadas de acumulacin de riqueza, trfico de influencias, creacin de circuitos complejos para el enriquecimiento familiar, mediacin a favor de los poderosos, amistades peligrosas tanto en el interior como en el exteriorii, derroche presupuestario, promocin de la OTAN y de las mltiples alianzas ad hoc creadas para facilitar intervenciones humanitarias (con decenas o centenares de miles de muertos), incitacin a la guerra e, incluso, patrocinio de una especie de subimperialismo trasnacional interpretado como resurreccin del Imperio espaoliii en Amrica Latina.

Mucho lastre para continuar, y mucho posible cargo judicial para dejar la Jefatura del Estado sin morir en la cama con la testa todava coronadaiv.

La carcajada de la Historia: Por qu no te vas?

El tan ignominioso y fatuo Por qu no te callas? que un Borbn restaurado por el franquismo cadavrico -y encendido de vino y rosas-, dirigi colricamente al presidente multielecto venezolano Hugo Chvez se est volviendo contra l en su escenario natural, el Reyno de las Espaas.

El regio mandato a la Amrica de sus antecesores convertido en el segundo gran momento de gloriav del Monarca por la totalidad de los lameculos e integrados de Falsimedia, se ha convertido en la representacin premonitoria de la cada de un Rgimenvi. El hecho denigrante en aquellos momentos-, tiene ahora las caractersticas de una verdadera carcajada de la Historia.

Juan Carlos I ordenaba callar a una Amrica Latina renacida y en proceso de emancipacin, para aportar su respaldo institucional y proteger al neofascista Jos Mara Aznar quien andaba de gira activista por Amrica Latina. El expresidente trabajaba en paralelo con el Gobierno promocionando el buen hacer de las transnacionales espaolas y no espaolas, y negando la autoridad de los nuevos gobiernos populares para alterar sus contratos leoninos. Aznar apoyaba adems la extensin al continente de los tratados de libre comercio (ALCA) apadrinados por Washington, daba cobertura exterior al intervencionismo armado o encubierto- de EE UU; y animaba a las oligarquas dependientes a organizar golpes de estadovii de vieja o nueva factura para que los pueblos volviesen a la obediencia del Imperio y a su diseo de la globalizacin capitalista.

Para que la carcajada resuene ahora con ms estrpito andaba por all como mxima figura del papanatismo andante y parlante, el entonces presidente Zapatero; quien respald el privilegio Real para ordenar silencio en las Cumbres Latinoamericanas, y de paso defendi vehementemente la impunidad de Aznar como ex presidente democrtico de Espaa para violar todas las leyes internacionales y ofender a los gobiernos y a los pueblos hermanos de Amrica Latina.

Aquella escena polifnica de la diplomacia espaola, termin en una fuga en estampida del Borbnviii hacia los terrenos familiares de una impunidad e inviolabilidad que no reconoca nadie en aquella asamblea de dignatarios electos. En estos momentos, en el estado espaol, el pueblo le ha dado la vuelta a aqul desmn borbnico: de la gloria meditica e indigna del Por qu no te callas?, a la demanda a voz en grito de Por qu no te vas?ix

Acalorado y dando trompicones como en la Cumbre de Chile, Juan Carlos I de Borbn est a punto de hacer las maletas y salir del pas toda prisa, como su abuelo.

La defensa de la Monarqua

Buena parte de la oligarqua econmica que nos gobierna est utilizando a la monarqua como amortiguador social, consciente de que Juan Carlos I ser el ltimo de los Borbones, y que la abdicacin en su primognito no evitar el desplome.

Es cuestin de tiempo y el tiempo con la poltica econmica de recortes, liquidacin de los derechos de los trabajadores y privatizaciones-, permite un gigantesco trasvase de riqueza de las clases populares y las antiguas clases medias, ahora proletarizadas, a los sectores ms poderosos de la oligarqua financiera e industrial. Enormes masas de poblacin que constituyen buena parte de tres generaciones: jvenes, parados de larga duracin y jubilados, estn siendo empobrecidas y marginadas. Se les ha negado un futuro digno. La succin de capitales hacia la pequea cspide de la pirmide social est terminando con el ahorro familiar y con las posibilidades de sostenimiento que tenan hasta ahora una parte de los parados. Las mujeres estn sufriendo una terrible explotacin.

El estado de la Transicin, an carcomido por la falta de legitimidad y por una corrupcin interiorizada como mecanismo natural de funcionamiento del sistema, sigue siendo un magnfico negocio.

La crisis catastrfica del capitalismo globalizado, incontrolable, est actuando como una mquina de concentracin de riqueza, despojo de los ms dbiles y crecimiento de la desigualdad, la pobreza y la marginacin de generaciones enteras de la poblacin.

La clave de bveda del Rgimen de la Transicin es la Monarqua y su conexin constitucional y de fidelidad- con las FF.AA.

Al mismo tiempo, la Monarqua es, con el conjunto de la clase poltica, la institucin ms degradada ante los ciudadanos y ciudadanas. La imagen del Rey y de su familia constituye una absoluta vergenza pas en el exterior y un absoluto bochorno en el interior.

La progresiva revuelta popular

La respuesta popular contra la crisis y, fundamentalmente, contra las terribles consecuencias de la misma y las polticas de los sucesivos gobiernos, ha pasado de la perplejidad y el miedo, hasta la resistencia activa.

De la ocupacin de las plazas pblicas y las protestas masivas en la calle, hasta los repetidos intentos de bloquear y denunciar en sus propias sedes a los distintos poderes pblicos. La invasin de las sedes parlamentarias y plenos municipales, las protestas sectoriales organizadas y progresivamente conectadas (las famosas mareas); los escraches a polticos, jueces y banqueros, se han convertido en hechos cotidianos. Con ello se denuncia el expolio de lo pblico, la absoluta falta de humanidad de los gobernantes, su subordinacin absoluta a la oligarqua econmica, el enriquecimiento ilcito y escandaloso de unos y otros, las medidas legislativas impopulares, y el desprecio de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) cuando esta se produce con apoyo masivo como en el caso de las hipotecas.

En este ascenso vertiginoso de la movilizacin y organizacin populares se han bloqueado y ocupado temporalmente las entidades bancarias que han saqueado a los pequeos ahorradores, se han ocupado fincas en Andaluca y se han realizado actos simblicos de ocupacin de locales de las grandes transnacionalesx. Ha habido, por fin, actos de defensa de los barrios ante las entradas de la polica.

La represin

La represin del Rgimen de la Transicin brutal en momentos especficos, y ante los sectores ms combativos-, ha desarrollado mtodos de control masivo de la poblacin. Las detenciones arbitrarias algunas de muy larga duracin-, los cacheos y fichajes de los ciudadanos en manifestaciones y asambleas, las amenazas a los dirigentes que alimentan las movilizaciones, las enormes multas, predicen la preparacin de mecanismos de represin masivos si el movimiento popular sigue avanzando en organizacin, movilizacin y determinacin en las protestas.

El Gobierno del PP, con la mnima presin o con la colaboracin expresa del otro pie del bipartidismo, el PSOE, est activando, desde los ministerios del Interior y de Justicia, una verdadera estructura represiva: cambios en el Cdigo Penal con agravacin de condenas, cumplimiento del mximo legal de las mismas, procedimientos para activar la condena perpetua revisable, desactivacin de los procedimientos de recurso ante las sentencias consideradas arbitrarias por el elevado coste de las mismas, cambio en la estructura del Poder Judicial, limitacin drstica en el ejercicio de la accin popular.

En lo que se refiere a la impunidad en casos de brutalidad policial extrema, desproporcionada y arbitraria, la polica mantiene el secreto sobre los agentes implicados y sobre las sanciones recibidas. A pesar de las posibilidades tecnolgicas para la vigilancia de los espacios abiertos y cerrados tampoco se aplican los mtodos recomendados por las organizaciones de dd.hh. para garantizar a los ciudadanos contra el uso de la tortura.

La crisis poltica y el proceso constituyente

La caracterstica principal del Rgimen poltico es su absoluta rigidez constitucional.

En una monarqua parlamentaria, sin elecciones a la Jefatura del estado, con un sistema invariable de partidos (vinculados a la banca y a sectores muy poderosos de la oligarqua), una ley electoral que prima a las listas ms votadas, sin ms participacin ciudadana que el hecho de votar, y con un sistema meditico a su servicio, es muy difcil encontrar los mecanismos de ruptura que permitan el inicio de un proceso constituyente. Sin embargo, no es, ni mucho menos, imposible.

Las dos primeras Republicas llegaron de manera poco previsible. La II Repblica a travs de unas intrascendentes elecciones municipales. El sistema constitucional en cuanto a la estructura general de poder era muy similar al nuestro.

La Constitucin espaola es extremadamente rgida, de casi imposible transformacin si no es con el consenso previo de los dos grandes partidos que se turnan en el gobierno.

La oligarqua econmica ha hecho sin embargo un dramtico y completo cambio constitucional al establecer como norma de ese rango el equilibrio presupuestario lo cual ha pulverizado todo el conjunto de derechos declarados en la constitucin, y cuestionado todo el sistema de servicios y de propiedad pblica.

El pueblo espaol despreciado por el Rgimen oligrquico de la Transicin- no ha sido consultado. Ha sido un verdadero golpe de estado institucional.

El Eje de resistencia del Estado de la Transicin

Es tal la potencia, la extensin, y la persistencia de las protestas populares, y tan abrumadoras las previsiones en relacin con evolucin de la crisis como factor de exclusin social y del crecimiento del sufrimiento humano, que el consorcio Gobierno-Oposicin se est apoyando en las instituciones y en su cuerpo legal para garantizar la supervivencia del Rgimen.

Las luchas sociales van, sin embargo, en aumento. Tambin crece la conciencia colectiva, de pertenencia a las clases explotadas que hacen converger las luchas de los trabajadores, de los sectores medios precarizados y, especialmente de los trabajadores jvenes de distinta cualificacin.

Cada vez ms las movilizaciones sociales levantan la bandera de la Repblica. Cada vez ms la exigencia de un proceso constituyente se plantea como el inicio de la solucin a los problemas de este pas, que no puede provenir de los responsables del desastre econmico, de la corrupcin, de la ms absoluta degeneracin de la democracia, y de la construccin y articulacin de un poder econmico-poltico de carcter absoluto y desptico.

El Rgimen resistir apoyado en los recursos institucionales y represivos de su estado.

La gran pregunta de las organizaciones sociales y polticas emergentes, de los sectores en lucha, de los que pretenden un mundo nuevo, es: cul va a ser el papel de las FF.AA y Fuerzas de Seguridad del Estado en la defensa de un Rgimen de esta naturaleza?

Durante los ltimos meses se han hecho pblicas diversas manifestaciones militares que plantean la fidelidad al Rey, Jefe Supremo de las FF.AA, y el papel propio que a las rdenes de la Corona, les ha reservado la Constitucin.

Alguno de ellos ha manifestado la existencia de un patriotismo militar que est por encima de cualquier Constitucin y, por supuesto, de cualquier reclamo de soberana popularxi. Otra vez, en la medida en que se desarrollan los conflictos sociales, los militares hacen ruido de sables en defensa de su sistema de valores, distinto y superior a los del pueblo. Ante un necesario cambio de Rgimen algunos mandos han iniciado su guerra preventiva particular tratando de aterrorizar a la poblacin. La disuasin es el primer escaln, tal como han aprendido de los manuales estratgicos y de su prctica intervencionista en la conformacin del Rgimen vigente.

Desde la posicin de los militares que nos sentimos parte del pueblo en el que reside la soberana, se plantea pues, en primer lugar y de manera urgente, la necesidad de neutralizar esa posibilidad de intervencin militar cuando la revuelta popular resulte irresistible.

Las Fuerzas Armadas con el pueblo o contra el pueblo? sa es la cuestin como lo fue hace exactamente 77 aos.

Cdiz 17 de julio de 2013

Antonio Maira. Capitn de Fragata jubilado. Analista poltico en medios alternativos.

Contacto: [email protected]

Notas:

i El Pas por ejemplo- combina cal y arena de manera casi estrambtica. Hace pocos das presentaba una de sus secciones especiales sobre el tema de la Constitucin, bajo el ttulo de regeneracin como si estuvisemos en una situacin similar a la de 1898. El peridico global en espaol promova la reforma constitucional cuyo estudio est realizando el Instituto de Estudios Polticos y Constitucionales con la conformidad del PP y del PSOE. La batuta del equipo regeneracionista que trabaja en ese viejo centro franquista es manejada por su presidente Benigno Pends Garca, miembro del primero de esos partidos y del instrumento poltico de Aznar: la FAES.

En estos momentos, una parte importante del ncleo central del bipartito PP-PSOE y, desde luego, la derecha neofascista del PP, despus de evaluar la posibilidad de abdicacin o de sucesin forzada entre bastidores, en la persona de Felipe de Borbn, est haciendo mritos para situarse, si es preciso y a su debido tiempo, dentro de una III Repblica que la movilizacin y creciente rebelin de las grandes mayoras populares hacen inevitable. El Borbn borboneado podra ser el ttulo del prximo e inmediato captulo bufo de nuestra historia.

ii https://www.youtube.com/watch?v=uNpHgO8icWQ

iii En realidad, un imperialismo de segundo orden subordinado a los Estados Unidos.

iv Como hace meses le exiga casi como insoslayable obligacin dinstica-, la muy sabida Sofa de Grecia, consorte de mucha experiencia familiar en regmenes neofascistas derribados y referndums que sealaban el exilio imperativo para monarquas antipopulares. Sofa sabe que no hay trmino medio: resistir o resistir: su primognito, Felipe, que comparte abucheos con el resto de la familia, no podr aguantar la embestida en estos momentos en los que el rechazo de la monarqua crece vertiginosamente.

v El primero fue, como ya he dicho, la historia oficial del 23-F.

vi https://www.youtube.com/watch?v=Q8LjERqsXhM

vii Es muy conocida la intervencin directa de Aznar en el golpe del 11 de abril de 2011, as como su apoyo a los golpes institucionales de Honduras y Paraguay.

viii https://www.youtube.com/watch?v=lSpYhpekNaE

ix https://www.youtube.com/watch?v=quf8AjhX0gs

x El SAT en Andaluca ha recuperado algunas fincas de grandes terratenientes u ocupadas por el Ejrcito para sus yeguadas-, que haban sido entregadas a los jornaleros por la reforma agraria de la II Repblica y devueltas a sus propietarios tras el golpe militar fascista del 18 de julio de 1936.

xi http://www.rebelion.org/noticia.php?id=167107

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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