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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-07-2013

Reflexiones sobre la situacin de Siria y Egipto
El gran dilema

Uri Avnery
zope.gush-shalom.org

Traducido para Rebelin por LB


Es posible que se les est planteando a ustedes el mismo dilema moral que me surge a m: Qu pensar de Siria? Qu pensar de Egipto?

Veamos primero el caso de Siria.

Cuando todo empez, la eleccin estaba clara para m. Haba un malvado dictador cuya familia haba maltratado a su poblacin durante dcadas. Era una tirana de tintes fascistas. Una pequea minora apoyada en una secta religiosa oprima a la gran mayora. Las crceles estaban llenas de disidentes polticos.

Finalmente el sufrido pueblo se alz. Podra haber alguna duda sobre la obligacin moral de brindarle todo el apoyo posible?

Sin embargo, ms de dos aos despus aqu estoy, lleno de dudas. Ya no es una opcin clara entre blanco y negro, sino entre diferentes tonos de gris o, si tal cosa es posible, entre diferentes tonos de negro.

Se est librando una feroz guerra civil. La miseria de la poblacin es indescriptible. El nmero de muertos aterrador.

A quin apoyar? Envidio a esos que tienen una vara de medir sencilla: la maldad de los estadounidenses. Si los EEUU apoyan a un bando seguro que es el malo. O su reflejo en el espejo: si Rusia apoya a un bando, ese bando debe de ser el malo.

Las grandes potencias tienen sus intereses e intervienen en consecuencia. Pero las races del conflicto son ms profundas, los problemas son ms profundos.

Qu pasar si las fuerzas gubernamentales pierden la guerra y los rebeldes la ganan?

Dado que los rebeldes estn divididos en varias facciones polticas y militares antagnicas y son incapaces de establecer un mando unificado por no hablar de un movimiento poltico unificado-, es muy poco probable que sean capaces de implantar un nuevo orden unificado autnticamente democrtico.

Las probabilidades y posibilidades son varias, y ninguna es muy atractiva.

El Estado sirio podra desmembrarse y cada comunidad religiosa y nacional crear su propio mini-Estado: sunitas, alauitas, kurdos, drusos.

La experiencia demuestra que tales particiones estn casi siempre acompaadas de expulsiones masivas y de masacres, ya que cada comunidad trata de asegurarse de que su adquisicin sea tnicamente "pura". India y Pakistn, Israel y Palestina, Bosnia, Kosovo, slo son algunos ejemplos destacados.

Otra posibilidad es que se establezca alguna modalidad de democracia formal en la que los extremistas islmicos sunitas ganen elecciones justas y limpias celebradas bajo supervisin internacional para luego dedicarse a forjar un rgimen opresivo y religiosamente monoltico.

Un rgimen as probablemente eliminara algunos de los pocos aspectos positivos del gobierno baazista, entre ellos la (relativa) igualdad de las mujeres.

Si el caos y la inseguridad persisten, entonces lo que quede del ejrcito o las fuerzas rebeldes tendrn la tentacin de establecer una especie de rgimen militar abierto o encubierto.

Cmo afecta todo esto a las opciones actuales? Tanto los estadounidenses como los rusos parecen vacilar. Obviamente, no saben qu hacer.

Los estadounidenses se aferran a su palabra mgica democracia escrita en negrita aunque solo sea una democracia formal sin contenido democrtico real. Pero sienten pavor ante la posibilidad de que otro pas caiga "democrticamente" en manos de extremistas islmicos anti-estadounidenses.

Los rusos se enfrentan a un dilema an ms grave. La Siria baazista ha sido su cliente durante generaciones. Su marina tiene una base en Tartus (la nocin misma de base naval tiene para m un extrao aroma a siglo XIX). Pero deben de tener mucho miedo a que el fanatismo islmico se contagie a sus provincias musulmanas cercanas.

Y los israeles? Nuestro gobierno y nuestros servicios de seguridad estn ms perplejos todava. Bombardean depsitos de armas que pueden caer en manos de Hezbollah. Prefieren al diablo conocido a los muchos diablos que no conocen. En general, preferiran que Bashar Assad se mantuviese, pero temen intervenir demasiado abiertamente.

Mientras tanto, partidarios de ambos bandos se precipitan hacia Siria desde todos los rincones del mundo musulmn y ms all.

Resumiendo: una especie de fatalismo se cierne sobre el pas, todo el mundo est esperando a ver lo que sucede en el campo de batalla.

El caso de Egipto es ms desconcertante an.

Quin tiene razn? Quin est equivocado? Quin merece mi apoyo moral?

Por un lado, un presidente elegido democrticamente y su partido religioso, desalojados del poder por un golpe militar (por un putsch, como dicen en Alemania y Suiza.)

Por otro lado, la gente joven, progresista y laica de las ciudades, que inici la revolucin y siente que les ha sido "robada".

En tercer lugar, el ejrcito, que ha permanecido ms o menos en el poder desde el golpe de 1952 contra el orondo rey Farouk y que se resiste a perder sus enormes privilegios polticos y econmicos.

Quines son los verdaderos demcratas? Los Hermanos Musulmanes electos, cuyo carcter mismo es antidemocrtico? Los revolucionarios, que no tienen reparos en utilizar un golpe militar para conseguir la democracia que desean? El ejrcito, que abri fuego contra los manifestantes?

Bueno, depende de lo que uno entienda por democracia.

De nio fui testigo ocular del ascenso democrtico al poder del partido nazi, que proclam abiertamente que abolira la democracia una vez elegido. Hitler estaba tan obsesionado con la idea de obtener el poder por medios democrticos que sus adversarios dentro de su propio partido le llamaban en broma "Adolf Lgalit".

Resulta casi banal afirmar que la democracia significa mucho ms que elecciones y el gobierno de la mayora. La democracia se basa en un conjunto de valores y de cosas prcticas como el sentido de pertenencia, la igualdad civil, el liberalismo, la tolerancia, el juego limpio, la posibilidad de que la minora de hoy pueda convertirse en la mayora de maana, y mucho ms.

En cierto modo, la democracia es un ideal platnico: ningn pas del mundo es una democracia perfecta (desde luego, no el mo). Una constitucin democrtica puede no significar nada. En tiempos se deca que la constitucin sovitica de 1936 promulgada por Stalin era la ms democrtica del mundo. Garantizaba, por ejemplo, el derecho de todas las repblicas de la Unin Sovitica a separarse a voluntad (pero por alguna razn nunca ninguna lo intent).

Cuando Muhammad Morsi fue elegido democrticamente presidente de Egipto, me alegr. Me gustaba el tipo. Albergu la esperanza de que demostrara que un islamismo moderado y moderno puede convertirse en una fuerza democrtica. Parece que me equivoqu.

Ninguna religin -y desde luego ninguna religin monotesta- puede ser verdaderamente democrtica, pues defiende una verdad absoluta y niega todas las dems. En la religin occidental eso est atenuado por la divisin del trabajo entre Dios y Csar, as como por la reduccin actual del cristianismo a un mero culto educado. Los evanglicos estadounidenses estn tratando de hacer retroceder el reloj.

En las religiones semticas no puede haber separacin entre religin y Estado. Tanto el judasmo como el Islam fundamentan el Estado en la ley religiosa (Halah y Sharia, respectivamente).

Hasta ahora la mayora secular en Israel ha logrado mantener una democracia que funciona razonablemente (dentro del propio Israel, claro, no en los territorios palestinos ocupados, donde prevalece lo opuesto a la democracia). El sionismo fue, al menos parcialmente, una reforma religiosa. Sin embargo, las leyes israeles que afectan al estatus personal son puramente religiosas, como lo son tambin muchas otras leyes. En estos momentos los elementos derechistas estn promoviendo la judaizacin del Estado.

En el Islam no ha habido reforma. Los musulmanes piadosos y sus partidos quieren basar la ley en la Sharia (de hecho, la palabra Sharia significa ley). El ejemplo de Morsi demuestra que incluso un lder islmico moderado es incapaz de soportar la presin para crear un rgimen basado en la Sharia.

Los revolucionarios parecen ser ms democrticos pero mucho menos eficaces. La democracia exige la formacin de partidos polticos que pueden llegar al poder mediante e elecciones. Los jvenes idealistas laicos de Egipto -y de casi todos los dems pases- han sido incapaces de conseguirlo. Han esperado a que el ejrcito les proporcionara la democracia.

Obviamente, tal cosa es un oximoron. El ejrcito cualquier ejrcito es la anttesis de la democracia. Un ejrcito es por fuerza una organizacin autoritaria y jerrquica. Un soldado, desde el cabo hasta el comandante en jefe, est entrenado para obedecer y mandar. No es un terreno muy propicio que digamos para que florezcan las virtudes democrticas.

Un ejrcito puede obedecer a un gobierno democrtico. Pero un ejrcito no puede dirigir un gobierno. Casi todas las dictaduras militares han sido absolutamente incompetentes. Al fin y al cabo, un militar es experto en una sola profesin (matar a gente, dira un cnico). No es un experto en nada ms.

Al contrario que Siria, Egipto posee un fuerte sentido de cohesin y unidad, una lealtad a una idea comn de Egipto forjada a lo largo de miles de aos. O la ha tenido hasta la semana pasada, cuando el ejrcito abri fuego contra los islamistas. Es posible que ese suceso haya sido un punto de inflexin histrico. Confo en que no.

Espero que el impacto producido por ese acontecimiento haga recobrar el buen juicio a todos los egipcios, excepto naturalmente a los chalados de todas las facciones. El ejemplo de Siria y el Lbano debera hacerles recular ante el abismo.

Dentro de cien aos -cuando algunos de nosotros puede que ya no estemos por aqu- los historiadores tal vez interpreten estos hechos como los dolores de parto de un nuevo mundo rabe, igual que las guerras de religin de la Europa del siglo XVII o que la guerra civil estadounidense de hace 150 aos.

Como diran los propios rabes: Inshallah!

Ojal!

Fuente: http://zope.gush-shalom.org/home/en/channels/avnery/1373636731/



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