Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-08-2013

Ms sobre el revisionismo
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (IV)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Dnde est el punto, el motivo de objecin en asuntos de revisionismo? Para FFB no puede haber duda en este vrtice: lo que se ha de objetar o criticar no es toda revisin de la obra de Marx por el mero hecho de ser revisin, alteracin, correccin (actitud absolutamente inconsistente con el propio hacer del autor de Das Kapital y con los materiales y procedimientos con los que construy su principal finalidad), sino con la desarticulacin, acadmica o poltica, de los elementos integrantes de la misma y, sustancialmente, la direccin concreta de tal o cual revisin cuando sta elimina, desprecia o despacha sin consideracin aquella intencin emancipatoria y revolucionaria [1]. Este es el kernel del asunto, no la discusin por supuesto de tal o cual tesis marxiana o tal o cual desarrollo. Marx no es ningn Dios y su obra no es ninguna Biblia.

Para FFB una versin actualizada de la afirmacin lukcsiana sobre la ortodoxia y el mtodo debera decir aproximadamente lo siguiente: la renovacin comunista de la tradicin que tiene su origen en Marx, en la medida en que de verdad desee continuar esa tradicin (y no integrarse diramos ahora en variantes ms o menos sofisticadas de la cosmovisin neoliberal), tiene que conservar en su revisin de afirmaciones o tesis particulares la tensin unitaria original entre un filosofar humanista y materialista, la tendencia hacia un conocimiento cientfico-crtico tanto de las relaciones de explotacin como de las alienaciones y falsas consciencias, y la vocacin emancipatoria universalista, la inspiracin revolucionaria. Este enfoque, este concepto de la revisin del pensamiento marxiano, pone el acento en los aspectos que unen a la humanidad sufriente y permite ubicar en el archivo de lo intil y acaso nefasto el ms que peligroso concepto de revisionismo. En la mejor tradicin de Marx: no se sienta encima de l, sino que se basa en su obra.

Los marxismos, advierte FFB, que rompen su vnculo con los movimientos emancipatorios se convierten en uno ms de los sistemas filosficos realmente existente en la civilizacin burguesa. Pierden su sustancia original, pierden propiamente su marxismo. Son otra cosa, no anclan su realidad en la dialctica (abierta) teora-prctica.

Las diferentes funciones poltico-morales de los marxismos existentes y de las distintas consecuencias que en la consciencia de los trabajadores ha tenido la difusin de un marxismo como ideologa estatal y de otro marxismo como elemento terico-prctico de la resistencia obrera en el capitalismo tardo.

Cmo explicar, por otra parte, que la herencia y la vigencia de la obra de Marx, su proyecto emancipatorio, haya quedado limitado a los movimientos que luchan por la liberacin de los pueblos perifricos, y apenas est presente en las luchas populares de los pases del centro del sistema? Cmo explicar la paradoja de que una teora nacida en el centro del Imperio haya tomado cuerpo en pases con circunstancias sociales distintas o bastante distintas?

No hay motivo para la extraeza. PPB recuerda que no es la primera vez en la historia que ocurren cosas de esta naturaleza. No parece que Cristo, recuerda FFB, pensara en Roma cuando predicaba en los desiertos [2].

Cmo concibe FFB los marxismos posteriores a la muerte de Marx, el mismo filsofgo que hizo aquella magnfica declaracin de talante poltico y epistemolgico antidogmtico y antisectario sobre su no marxismo? De la manera siguiente: Si se acepta que lo sustancial del pensamiento y de la obra de Marx es su intencin emancipatoria, si se comparte el carcter abierto, antidogmtico y crtico de la inspiracin original de dicha obra y si se admite la vocacin cientfica lograda de una parte importante de la misma, entonces esos marxismos posteriores a la muerte del revolucionario de Trveris (1883), empezando -remarca FFB- por el propio Engels, no tiene que verse slo como corrientes de interpretacin, distintas y a veces contrapuestas, de lo escrito por el gran clsico sino tambin y sobre todo como desarrollos propios de puntos particulares (filosficos, cientficos o poltico-morales) con relevancia variable pero siempre motivados, en ltima instancia, por el peso de la contrastacin ente el pensamiento y el ideario marxiano y la evolucin histrica real, del modo de producir y de vivir bajo el capitalismo.

Un ejemplo de ello: el marxismo sin ismo del autor de Por una tercera cultura.

Qu era en opinin de FFB lo ms vivo del pensamiento de Marx en el primer centenario de su fallecimiento? Lo siguiente

PS: En la Carta de la Redaccin de mientras tanto de 1983 (nm. 16-17, pp. 6-7), redactada por Sacristn pero fruto de una discusin colectiva se sealaba:

Cuando, a finales de los aos setenta del siglo pasado, Marx relativiza los resultados de su investigacin, admita que eran posibles desarrollos comunistas que no pasaran por el modo de produccin capitalista, que fueran, por as decirlo, para-capitalistas; la indeterminacin en que estamos hoy respecto de un camino comunista es propia, en cambio, de una situacin que se podra llamar post-capitalista, si por capitalismo se entiende la que conoci Marx; no porque estemos ms all del capitalismo, sino porque nos encontramos ya ante la urgente necesidad de resolver problemas de los que Marx haba pensado que no seran abordables sino despus del capitalismo. El ms importante de esos problemas previstos por Marx es el ecolgico, desde sus aspectos relacionados con la agricultura hasta el motivado por las megalpolis. A Marx la solucin de esos problemas le pareca cosa del futuro socialista. Difcilmente habra podido imaginar que el crecimiento de las fuerzas productivo-destructivas iba a plantear esos problemas, y con urgencia, antes de que se vislumbrara un cambio revolucionario de la vida cotidiana, ni siquiera de la mera poltica. Aunque el principal, se no es el nico terreno de revisin necesaria de las previsiones de Marx, de sus certezas o de sus confianzas. Hay muchos otros, empezando por la misma expresin verbal de las ideas ms elementales del pensamiento comunista. La nica explicacin del mantenimiento de una jerga metafsica de finales del siglo XVIII y principios del XIX para hablar de comunismo es la eficacia emocional de las frmulas rituales (por lo que hace al pueblo fiel) y la utilidad de su dominio para escalar en la carrera acadmica o poltica (por lo que hace a los clrigos).

Cuando se pensaba como pensamos en el colectivo de mientras tanto - que el valor principal y ms duradero de la obra de Marx era su condicin de eslabn de la tradicin revolucionaria, revisar crticamente esa obra quiere decir intentar mantener o recomponer su eficacia de programa comunista. Trabajar la obra de Marx separndola de la intencin comunista de su autor no tiene sentido marxista, aunque pueda tenerlo poltico-conservador o acadmico. Separar de aquella intencin motivos que no se sostienen bien cientficamente, o que son ya inaplicables a una realidad cambiada, es seguir la tradicin de Marx: eso mismo intent l con autores como Owen o Fourier.

Tampoco este paso de Sacristn, de 1977 (A propsito del eurocomunismo,PM III, p. 201-202) est alejado de las posiciones de FFB:

El revisionismo al que Berstein dio forma en otra situacin de la sociedad europea (no sin analogas con sta) presenta muchas cosas en comn con la prctica de los partidos comunistas europeos contemporneos. Para empezar, unas races de clase bastante parecidas; el progresivo paso de la hegemona dentro del partido a equipos dominantes pequeo-burgueses de profesionales (no de intelectuales puros o tericos, como en los partidos extremistas), con retroceso de la fuerza obrera en la direccin poltica (pese a ser mayoritaria en la organizacin, a diferencia de lo que ocurre en la mayora de los partidos comunistas minoritarios), es tan evidente en los partidos eurocomunistas como lo fue en la socialdemocracia del cambio de siglo. Luego tienen en comn una buena y sensata percepcin de la realidad. Luego, muy en relacin con la raz de clase de los equipos dirigentes, la concepcin positivista de la realidad como sustancialmente inmutable. Por ltimo, un politicismo desenfrenado en el que confluyen el juicio positivista sobre la inmutable realidad y la jactancia vanidosa del pequeo burgus, particularmente del intelectual sin pasin por las ideas. La orientacin general de un comunismo marxista tiene que consistir hoy en la reafirmacin de la voluntad revolucionaria (sin la cual no sera una orientacin comunista) y el intento de conocer con honradez cientfica la situacin (sin lo cual no sera una orientacin marxista).

Lo primero que haca falta para articular esa orientacin era una consciencia autocrtica del fracaso o el error de las previsiones de 1917-1919 e incluso de la literalidad de la perspectiva marxiana. Hay que saber y reconocer, con la libertad de vanidades y dogmatismos imprescindibles para pensar cientficamente, que las condiciones materiales contempladas en el esquema marxista, desde el siglo XIX, como presupuestos de la revolucin proletaria se cumplieron hace ya mucho tiempo, y que por ese lado no hay que esperar nada, ninguna etapa que an hubiera que cubrir por causas objetivas o materiales. Las condiciones materiales presupuestas por la tradicin marxista se han realizado con una abundancia que Marx no haba ni imaginado; la sociedad annima o el capital por acciones que segn Marx muta en comunismo, se ha quedado hasta anticuado, y, sin embargo, no ha habido revolucin social. Con eso no queda ya ni sombra de apoyo para un marxismo mecanicista que, ciertamente, slo se puede imputar a Marx en los momentos en que algn descubrimiento le deslumbra o en los que l tambin da una cabezada, pero que, no menos ciertamente, es elemento de mucho peso en la tradicin del movimiento (y en el ideologismo de varios grupos). Superar el mecanicismo, tan fuera de lugar cuando no hay ya mecnica alguna cuyos efectos esperar, es una condicin necesaria para reconstruir cientficamente la perspectiva revolucionaria, para distinguir verazmente entre conocimiento y voluntad, entre lo que hay y lo que el movimiento quiere que haya.

Teniendo en cuenta el desarrollo de las fuerzas productivas y dada la presente articulacin de las relaciones de produccin, la idea de que el movimiento proceda llevado necesariamente por una corriente entrecortada a ciertos niveles determinados, como por un ro con esclusas, es un mito cientfico que se tiene que sustituir por la visin de un movimiento situado en un terreno del que conoce algo e ignora mucho; un movimiento que se dispone racionalmente ante los obstculos, aprovechando al mximo lo que conoce y sin confundirlo nunca, naturalsticamente, con lo que quiere; y as sabe que slo tiene sentido porque busca una meta revolucionaria, el comunismo. Desde el punto de vista de la razn de ser, el movimiento no era nada, la meta lo era todo. Antonio Gramsci (al que tan ingenuamente manipulan hoy) expres algo parecido diciendo que no interesa montar en la imaginacin detalladas construcciones especulativas, como los revolucionarios utpicos, ni menos encerrarse en el forcejeo cotidiano por objetivos ineludibles e importantes, pero insuficientes, al modo de los reformistas, sino que se trata de trabajar por la realizacin de un principio tico-jurdico, el principio de la sociedad emancipada. La sujecin positivista a la sociedad presente, adobada a lo sumo con la teora de etapas y gradualidades en una fantasiosa va de reformas, es tan acientfica como la prescripcin por los utpicos de la forma de frer huevos en la sociedad emancipada.

Notas:

[1] Paco Fernndez Buey, Nuestro Marx. Mientras tanto, 16-17, agosto-noviembre de 1983, pp. 57-80.

[2] El paralelismo no es marginal. Para FFB, desde el punto de vista de las prcticas polticas inspiradas o que dicen inspirarse en la obra de Marx, el destino del marxismo ha sido similar al del cristianismo. De la misma manera que hubo y hay un cristianismo institucional y aliado de los poderes dominantes, justificador de la explotacin y de la opresin, y un cristianismo que reitera la inspiracin igualitarista original (las teologas de la liberacin a las que el autor se mantuvo siempre tan atento y prximo), as tambin hay ya desde hace tiempo un marxismo vinculado a la dominacin social y un marxismo que se repropone la inspiracin revolucionaria, comunista, ambos introducidos en mayor o menor medida como parte notable de las culturas de los pueblos y sealadamente de la subcultura obrera de los mismos.

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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