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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-07-2013

Revelando la hipocresa de El-Baradei y sus elites liberales
El gran fraude: Reflexiones en torno al golpe militar de Egipto

Esam Al-Amin
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


Cada coup dtat empieza siempre en la historia con un general del ejrcito anunciando el derrocamiento y arresto de quien dirige el pas, la suspensin de la constitucin y la disolucin del poder legislativo. Si el pueblo resiste, se vuelve sangriento. Egipto no es la excepcin.

A medida que el polvo se asienta y la niebla se disipa sobre los sucesos que se despliegan en Egipto, el escenario poltico va aclarndose. Con independencia de cmo uno vista la situacin sobre el terreno, la batalla poltica e ideolgica librada a lo largo de un ao entre los partidos islamistas y sus homlogos liberales y laicos ha quedado decidida por un nico factor decisivo: la intervencin militar de los generales de Egipto en nombre de los ltimos.

Como he defendido en algunos de mis artculos (al igual que otros escritores), no hay duda de que el Presidente Mursi y los Hermanos Musulmanes cometieron errores de clculo y numerosas equivocaciones, sobre todo al ignorar las demandas de muchos de los grupos de jvenes revolucionarios y abandonar a sus antiguos socios de la oposicin. Con frecuencia actuaron de forma ingenua y arrogante. Pero en cualquier sociedad civilizada y democrtica, el precio de la incompetencia o del narcisismo se paga polticamente en las urnas.

Elecciones y obstruccionismo: Tienen importancia las elecciones?

Para frustracin suya, la oposicin liberal y laica fracas una y otra vez a la hora de ganarse la confianza del pueblo cuando el electorado egipcio ejerci su libre voluntad, con decenas de millones de personas acudiendo a votar en seis ocasiones en dos aos. En marzo de 2011, despus de derrocar al rgimen de Mubarak el mes anterior, votaron un referndum que favoreci a los islamistas (77% de los votos), que trazaron el futuro plan de accin poltica. Entre noviembre de 2011 y enero de 2012, votaron a favor de los partidos islamistas por abrumadora mayora en la cmara baja (73%) y en la cmara alta (80%) del parlamento. En junio de 2012 eligieron como presidente, por muy poca diferencia y por primera vez en su historia, al candidato civil de los Hermanos Musulmanes en unas elecciones libres y justas. Finalmente, el pasado diciembre, el pueblo egipcio ratific, con una mayora del 64%, la nueva constitucin del pas. Este verano estaba previsto celebrar nuevas elecciones parlamentarias pero el Tribunal Constitucional Supremo (TCS) nombrado por Mubarak intervino de nuevo invalidando las nuevas leyes electorales.

Desde el punto de vista de los HM y de sus aliados islamistas, el TCS estuvo desempeando un papel obstruccionista durante todo este proceso. En junio de 2012, para su consternacin, el TCS disolvi, por motivos tcnicos, la cmara baja del parlamento a los cuatro meses de haber sido elegida. Tambin pretendi disolver la cmara alta del parlamento as como la Asamblea Constituyente Constitucional (ACC) la entidad encargada de redactar la nueva constitucin- das antes de que finalizara sus trabajos. Esto oblig a Mursi a intervenir y emitir su nefasto decreto constitucional el 22 de noviembre de 2012, a fin de proteger la ACC de la anulacin judicial. Tratando de forzar su colapso, dimitieron en masa todos los miembros laicos de la ACC, aunque se haban acordado con anticipacin su formacin y los parmetros del proceso, como puso de manifiesto un miembro de la oposicin al informar de la operacin en abril de 2012.

Sin embargo, la declaracin de Mursi represent un punto de inflexin que galvaniz a la oposicin, que, como era de prever, le acus de ejercer un poder autoritario. A su vez, Mursi defendi que su decreto era necesario para construir las instituciones democrticas del estado que el TCS estaba desmantelando una a una. Bajo las intensas presiones pblicas, a las tres semanas dio marcha atrs y anul el decreto, pero solo tras asegurar que se sometera a referndum la nueva constitucin.

Despus de una decidida campaa pblica de la oposicin en rechazo de la constitucin, el pueblo la aprob en una proporcin de casi dos a uno. El siguiente paso constitucional habra sido la celebracin de elecciones parlamentarias en seis das. Pero, aunque las leyes electorales eran parecidas a las leyes acordadas por todos los partidos en las elecciones de 2012, la oposicin se quej de que favorecan a los partidos islamistas y amenaz con boicotear las elecciones. A los cuatro meses, el TCS haba rechazado y anulado las elecciones por razones tcnicas, afianzando as an ms la percepcin de los islamistas de que el tribunal nombrado por Mubarak continuaba desbaratando las incipientes instituciones democrticas del pas.

Extraos compaeros de cama: La irracional trinidad de los Emiratos del Golfo, los fulul y la oposicin laica de Egipto

El 22 de abril de 2011, el Prncipe Heredero de los Emiratos rabes Unidos (EAU), Mohammed Bin Zayid, hizo que sus jefes de inteligencia y seguridad se reunieran con el rey Abdullah de Arabia Saud y sus altos funcionarios de seguridad para discutir las ramificaciones de la Primavera rabe. Bin Zayid advirti que a menos que los pases del Consejo de Cooperacin del Golfo (CCG) desarrollaran una poltica proactiva para prevenir la oleada de levantamientos populares que barran el Mundo rabe en ese momento, ninguno de los monarcas de la regin iba a sobrevivir. Tres semanas despus, en una cumbre urgente convocada en Riad, hizo llegar el mismo mensaje a todos los jefes de estado del CCG. Aunque Qatar se qued indiferente ante su mensaje, los otros cinco pases se mostraron receptivos. A Bin Zayid y al prncipe Bandar Bin Sultan, el jefe de la inteligencia saud, se les encarg de la elaboracin de un plan eficaz para contrarrestar el fenmeno de la Primavera rabe en la regin. Posteriormente, el rey Abdullah solicit y recibi la ayuda del rey Abdullah II de Jordania, quien se uni a estos esfuerzos mientras se exclua a Qatar de todas las futuras reuniones.

Durante dcadas, los EAU estuvieron muy prximos a Mubarak y sus compinches. Miles de millones de dlares de las fortunas conseguidas saqueando el pas acabaron depositados en bancos de Abu Dabi y Dubai. Tras el derrocamiento de Mubarak, docenas de corruptos empresarios y funcionarios de la seguridad salieron calladamente de Egipto y se instalaron en los EAU. Cuando el ltimo primer ministro de Mubarak, Ahmed Shafiq, perdi las elecciones presidenciales frente a Mursi en junio de 2012, tambin se traslad a los EAU. En el otoo de 2012, estaba claro que los EAU albergaban toda una red de personajes que tramaban el derrocamiento de Mursi y los HM.

A las pocas semanas de la formacin del nuevo gobierno, el 21 de agosto de 2012, el defensor de Shafiq y portavoz de su partido poltico, Mohammad Abu Hamid, anunci quince demandas que culminaban en el objetivo de derrocar a los Hermanos Musulmanes o gobierno Ijwan. Advirti contra la ijwanizacin del estado, i.e. los nombramientos de miembros de los HM para puestos estatales clave, culpndoles de la carencia de servicios bsicos para el pueblo. Abu Hamid convoc tambin posteriores protestas masivas en la Plaza Tahrir mientras acusaba a Mursi de hacerse con el poder, de imponer una dictadura e interferir judicialmente mucho antes de que el presidente emitiera su desventurado decreto constitucional tres meses despus. Exigi adems la prohibicin de los HM y su filial poltica, as como el arresto de sus dirigentes, a quienes acus de traicin. Todas sus demandas se convertiran posteriormente en los puntos de conversacin de todos los partidos de la oposicin y los medios de comunicacin anti-Mursi.

Aunque Mursi tom las riendas de los poderes del pas y a primeros de agosto pudo forzar el retiro de los ms altos generales del ejrcito, su autoridad era endeble. En vez de purgar de los centros de poder a los elementos ms enquistados en ellos de la poca de Mubarak, es decir, el ejrcito, los servicios de inteligencia, el aparato de seguridad y la polica, crey ingenuamente que podra apaciguarlos. Se confi creyendo que se haba ganado su lealtad. En realidad, esas agencias, junto con el poder judicial, los medios de comunicacin pblicos y privados laicos, as como la mayor parte de la burocracia, representaban los intereses del estado profundo, una red de corrupcin e intereses especiales que se mantena atrincherada desde haca dcadas en las instituciones estatales.

Una forma de corrupcin que prolifer durante los das de Mubarak consisti en contentar a segmentos fundamentales de la sociedad como el poder judicial o la polica, mediante la distribucin, por ejemplo, de inmensas parcelas de tierra a precios enormemente rebajados, que a su vez los vendan a la gente a millones de libras egipcias. Por ejemplo, cuando Shafiq estuvo a cargo de la Asociacin de Pilotos Militares en la dcada de los noventa, vendi a los hijos de Mubarak alrededor de 40.000 acres de tierra de primera calidad en el Delta del Nilo a un dlar el acre, cuando el precio del acre estaba en aquel momento en decenas de miles de libras. Esta venta fue consiguientemente denominada, una vez denunciada el ao pasado, el Escndalo de las Tierras de los Pilotos, siendo Shafiq acusado de malversacin de fondos y corrupcin poltica en relacin con el mismo. Pero a pesar de las abrumadoras pruebas en sentido contrario, el corrupto sistema judicial haba absuelto de cualquier delito a Shafiq a primeros de ao.

De forma lenta pero segura, los residuos del rgimen Mubarak y los corruptos empresarios relacionados con ellos, mejor conocidos como los fulul, se reagruparon y unieron en torno a los elementos del estado profundo. Mientras tanto, la oposicin laica, que estaba completamente desperdigada, form por primera vez un movimiento unido denominado Frente de Salvacin Nacional (FSN) despus de que Mursi emitiera su decreto a finales de noviembre. El FSN Inclua a la mayora de los candidatos presidenciales fallidos y a varias docenas de partidos laicos, quienes, a pesar de haberse unido, no recibieron ms que el 25% de los votos en las elecciones parlamentarias. Sus dirigentes incluan a Amr Musa, Hamdein Sabahi, Elsayid AlBadawi, Mohammad Abul Ghar y el multimillonario Naguib Sawiris. El FSN escogi al ex director de la AIEA, Mohammed ElBaradei, como portavoz.

En noviembre de 2012, el prncipe Bandar present dos detallados planes a los estadounidenses a travs de la CIA. El Plan A consista en un complot para derrocar rpidamente a Mursi a primeros de diciembre, mientras el Plan B era un plan a largo plazo que implicaba dos vas. Una de las vas consista en una serie de protestas desestabilizadoras que culminaran con el derrocamiento de Mursi, mientras que la otra inclua la unin de la oposicin para formar una coalicin que derrotara a los HM en las urnas si fallaba la primera va. Aunque la CIA conoca perfectamente el plan ni lo apoy ni lo rechaz porque la administracin Obama, jugando a ambas bandas, tambin estaba intentando dialogar con el gobierno de Mursi.

El plan para derrocar a los HM se elabor alrededor de una trama para asesinar a Mursi en su residencia el 5 de diciembre. Sin embargo, un leal guardia presidencial de nivel medio lo revel horas antes de que se produjera. Con ayuda de los HM, Mursi pudo desbaratar el complot, aunque se neg a revelarlo o discutirlo en pblico.

En marzo de 2013, el lder del FSN, ElBaradei, se reuni con Shafiq y Bin Zayid en los EAU. Todos acordaron que la nica va para desalojar a Mursi y a los HM del poder era socavando su gobierno y la estabilidad del pas a nivel interno y convenciendo a los gobiernos occidentales, especialmente a EEUU, Reino Unido, Francia y Alemania, para que apoyaran un golpe militar. Segn un reciente informe del Wall Street Journal, se celebraron una serie de encuentros en el Club de Oficiales de la Marina entre altos oficiales militares, representantes de los fulul, incluido el abogado del multimillonario y compinche de Mubarak Ahmed Ezz, el arquitecto de las fraudulentas elecciones parlamentarias de 2010, y los dirigentes de la oposicin, incluido ElBaradei. Segn esta informacin, que no fue rechazada ni negada por ninguna de las partes, los generales del ejrcito le dijeron a la oposicin que no intervendran para derrocar a Mursi a menos que millones de personas tomaran las calles de su lado.

La trama se complica

Aunque la oposicin estaba enviando mensajes confusos acerca de si participar o no en las prximas elecciones parlamentarias, los HM y sus aliados islamistas estaban preparndose para las inminentes protestas. Mientras tanto, muchos de los jvenes y grupos revolucionarios, que encabezaron el levantamiento en 2011 se sentan frustrados ante el escenario poltico: Un rgimen que ignoraba sus demandas y una oposicin ineficaz inclinada al obstruccionismo. De repente, un nuevo movimiento de jvenes irrumpi en escena a finales de abril de 2013. Sus lderes, anteriormente desconocidos, lo denominaban Tamarrud o Rebelin. La razn aducida para el lanzamiento del movimiento fue recoger quince millones de firmas de la gente, un milln ms de lo que Mursi haba recibido en su candidatura a la presidencia, para exigir elecciones presidenciales anticipadas.

Los grupos de la oposicin apoyaron de inmediato a Tamarrud y prometieron ayudarles a conseguir su objetivo. El multimillonario empresario y severo crtico de los HM, Sawiris, afirm a primeros de julio que haba donado millones de dlares al grupo para publicidad y apoyo. Adems, la maquinaria del ex Partido Democrtico Nacional (PDN), el partido poltico de Mubarak, funcionaba a toda marcha, mientras muchos de sus antiguos funcionarios se ponan al frente de los esfuerzos para proporcionar recursos y recoger firmas por todo Egipto. Mientras tanto, los medios de comunicacin privados empezaron una feroz campaa de difamacin contra Mursi y los HM. Durante varios meses, alrededor de una docena de canales por satlite se dedicaron a demonizar a Mursi y su grupo. Se les acus de todos los delitos y se les culp de todos los problemas a que se enfrentaba el pas. En ocasiones, incluso los medios pblicos, que se supona eran neutrales, se unieron a esta campaa. Adems, el canal panrabe por satlite Al-Arabiya, financiado por los saudes y que tiene su sede en los EAU, se uni a la campaa promocionando ansiosa y repetidamente las actividades de Tamarrud y apoyando a las figuras de la oposicin. En una ocasin, se grab inadvertidamente a un famoso presentador mientras sostena un papel con las respuestas a sus preguntas cuando estaba entrevistando a un portavoz de Tamarrud.

Sorprendentemente, no slo los HM estaban poco preparados para afrontar esta guerra propagandstica sino que, adems, en detrimento suyo, no se la tomaron en serio. Incluso cuando sus aliados islamistas advirtieron a los dirigentes de los HM sobre el potencial derrocamiento latente una semana antes de que Mursi fuera derribado, contestaron despectivamente que ellos (la oposicin) haban celebrado anteriormente veinticinco intiles manifestaciones y esta iba a ser tan slo la veintisis.

Hay dos razones importantes por las que Mursi y los HM no se preocuparon acerca de las inminentes manifestaciones. En primer lugar, el jefe del ejrcito, el general Abdel Fatah Sisi, haba asegurado repetidamente a Mursi que el ejrcito no iba a derrocar al gobierno y que se mantendra leal al proceso democrtico. Incluso cuando Sisi emiti un llamamiento al compromiso una semana antes del fatdico da del 30 de junio, dijo al presidente que no tena nada de lo que preocuparse y que haba tenido que lanzar esa advertencia para apaciguar a algunos de los generales de su ejrcito. En segundo lugar, la embajadora de EEUU, Anne Patterson, haba asegurado con frecuencia a Mursi y los HM que EEUU no iba a apoyar ninguna actuacin del ejrcito para destituir a un presidente democrticamente elegido.

Mientras tanto, ElBaradei estaba totalmente entregado a contactar con los lderes mundiales para convencerles de que la nica solucin para Egipto era la destitucin y derrocamiento de Mursi. A primeros de julio, admiti orgullosamente: Habl con los dos (Obama y Kerry) extensamente y trat de convencerles de la necesidad de destituir a Mursi.

Adems, los dirigentes de Arabia Saud, los EAU y Kuwait presionaron a EEUU para que apoyara la inminente intervencin militar en Egipto. Irnicamente, durante mayo y junio, los dirigentes occidentales, incluidos Obama y Kerry, presionaron a Mursi y a los lderes de los HM para que nombrara como primer ministro a ElBaradei mientras ste postulaba el derrocamiento de Mursi.

Como parte de la campaa de demonizacin para convencer a Occidente de que la popularidad de los HM, se encarg al Arab American Institute (AAI), en Washington DC, que llevara a cabo una encuesta acerca de la menguante popularidad de Mursi y los HM. El presidente del AAI y lacayo de los EAU, James Zogby, convoc una conferencia de prensa el 28 de junio para anunciar que Mursi encabeza un gobierno minoritario que a nivel del pueblo slo cuenta con el apoyo de su propio partido, y que los egipcios han perdido su confianza en el presidente Mursi y en la capacidad de los HM para gobernar. Adems predijo que millones de egipcios iban a manifestarse en las calles contra Mursi y el gobierno de los HM. Nadie en la conferencia de prensa se molest en preguntar quin haba realmente encargado y pagado la investigacin que afirmaba haber encuestado a ms de cinco mil personas por todo Egipto.

Deshaciendo las mentiras:

Todas las democracias lo hacen: EEUU, Francia, Argentina, Brasil...

A mediados de junio, la campaa estaba en pleno vigor. Muchos profesores de ciencias polticas e intelectuales de la oposicin, incluido Wahid Abdelmayid y Hasan Nafah, as como profesores de derecho constitucional, como Nur Farahat y Husam Isa, estaban defendiendo en varios canales de televisin que el llamamiento para celebrar elecciones presidenciales anticipadas no solo era un mecanismo aceptable de que se dispone en todas las democracias, sino que se haba utilizado muchas veces antes. Como ejemplos, citaron la dimisin de Nixon en 1974, la de Charles de Gaulle de Francia en 1969, la de Ral Alfonsn de Argentina en 1989 y la de Fernando Color de Mello de Brasil en 1992.

La deshonestidad intelectual de estas elites liberales es apabullante, ya que ninguno de los ejemplos citados contena realmente un llamamiento a celebrar elecciones presidenciales anticipadas y menos an a destituir a travs de un golpe militar a un presidente democrticamente elegido. Nixon dimiti de la presidencia la vspera de su destitucin por el Congreso. Gerald Ford, su vicepresidente, fue investido como presidente. No hubo elecciones anticipadas. De Gaulle dimiti voluntariamente de la presidencia despus de ms de diez aos en el poder tras prometer que se retirara si el pueblo no apoyaba sus reformas en el Senado y los gobiernos locales. Cuando el pueblo rechaz su referndum, mantuvo su promesa aunque no estaba obligado a hacerlo constitucionalmente. Despus de seis aos en el poder, Alfonsn ni siquiera figuraba en las listas electorales de las elecciones presidenciales de 1989. Sin embargo, en el verano de 1989 se celebraron simultneamente elecciones parlamentarias y presidenciales. Se supona que la nueva presidencia se inaugurara cinco meses despus, pero cuando el candidato de su partido fue derrotado por la oposicin, Alfonsn renunci con prontitud para permitir que el nuevo presidente de la oposicin asumiera el poder. Nada de elecciones anticipadas. Tras dos aos en el poder, De Mello fue destituido por la asamblea legislativa por corrupcin a travs de un procedimiento constitucional y dimiti. El hecho de que ningn mecanismo constitucional en el mundo permita la destitucin mediante protestas populares no molest a esas personalidades liberales que intentaban que el ejrcito les quitara de encima a un presidente libremente elegido sin que les importara el peligroso precedente que se estableca.

El conocido escritor Alaa Al-Aswani no slo citaba como vlidos algunos de los anteriores ejemplos para destituir y derrocar a Mursi, sino que no perdi ni un minuto ni capt la irona cuando colm de elogios al ejrcito antes de terminar su columna semanal con esta habitual declaracin: La democracia es la solucin. Es verdad que algunas democracias tienen un mecanismo constitucional para destituir a un jefe de estado. Aunque ese mecanismo no existe para el caso del presidente de EEUU, muchas constituciones de varios de sus estados permiten que se destituya a sus gobernadores. En 2003, el pueblo de California retir al gobernador Gray Davis. Pero esa destitucin no fue consecuencia de las protestas en la calle ni de la intervencin de la Guardia Nacional. Sino que fue un proceso constitucional que implic la firma y autentificacin de millones de peticiones ante el Tribunal Supremo Estatal, que autoriz el proceso de destitucin. Aunque la constitucin egipcia de 2012 permite que el parlamento destituya al presidente, ese acto no tuvo lugar.

Basta ya!: Hay que acabar con los cortes de electricidad y la escasez de combustible

Durante todo el mes de junio el ataque de los medios contra el gobierno de Mursi no slo continu culpndole de todos los males que afligan a la sociedad egipcia, sino que tambin se intensific al agravarse tres problemas importantes: el deterioro de la seguridad, los frecuentes sabotajes de la energa elctrica que duraban horas y afectaban no slo a las zonas residenciales sino tambin a las industriales, y las carencias de combustible, que provocaban largas colas en las gasolineras.

Egipto tiene 2.480 gasolineras, de las cuales 400 son de propiedad estatal. Las otras dos mil son de propiedad privada, de magnates empresariales que consiguieron sus licencias durante la era de Mubarak porque estaban muy cerca del rgimen y se les consideraba muy leales al mismo. El gobierno de Mursi afirm que cada gasolinera haba recibido su cuota y que no haba razn para la escasez. De hecho, pocos das antes de que le destituyeran, Mursi advirti a los propietarios de las gasolineras que iba a revocarles las licencias si no suministraban el fuel a sus clientes. Jalid Al-Shami, un joven activista que estuvo con la oposicin hasta el golpe militar, revel la trama cuando anunci en pblico que el puado de propietarios de las gasolineras privadas conspiraban para crear una crisis de combustible para impulsar el descontento pblico contra Mursi. La mejor prueba de que el problema de la carencia de combustible se haba fabricado es que se evapor de la maana a la noche. Desde el momento en que Mursi fue destituido, se acab la escasez de combustible.

En cuanto al deterioro de la seguridad y de los cortes de electricidad, la conspiracin era ms profunda. La polica, que se neg a proteger barriadas enteras durante el gobierno de Mursi, ha regresado de nuevo con toda su fuerza. Los delincuentes y matones que aterrorizaban a la gente en las calles estn de nuevo bajo el control del mismo aparato de seguridad de la era Mubarak, excepto en las zonas donde se manifiestan los seguidores de Mursi. Los apagones de electricidad, que duraban horas cada da en casi todas las barriadas, han desaparecido de la noche a la maana. El misterio de la solucin de estos dos inextricables problemas se descubri esta semana. De los treinta y cinco miembros del gabinete elegidos por el ejrcito, ocho permanecieron en sus puestos, incluido el Ministro del Interior, a cargo de la polica, y el Ministro de Electricidad. Es de suponer que los primeros ministros en ser relevados de su cargo por el gobierno post-golpe seran aquellos de los que la gente se quejaba ms por su incompetencia. La oposicin que peda la destitucin de esos ministros estaba ahora aclamndoles y celebrando su permanencia. En resumen, muchos funcionarios pblicos que profesaron lealtad al desventurado presidente estuvieron todo el tiempo socavando su gobierno, mientras la oposicin le acusaba de atestar el gobierno con leales a los HM.

Juego de Nmeros: Si dices una mentira lo suficientemente fuerte y durante el tiempo necesario, la gente la creer finalmente

En la segunda semana de junio, Tamarrud anunciaba que haba recogido ms de diez millones de firmas en seis semanas. Tan slo diez das despus, la cifra haba aumentado a veintids millones de firmas. Poco despus, el portavoz de Tamarrud, Mahmud Badr, anunci que el objetivo de la demostracin del 30 de junio haba cambiado. Ya no se pedan elecciones presidenciales anticipadas sino que se exiga la destitucin de Mursi, sustituyndole por el presidente del TCS, la anulacin de la constitucin, la prohibicin de los HM y el arresto y procesamiento de sus dirigentes. Durante los das siguientes, los medios siguieron batiendo tambores hasta que lleg la fatdica jornada.

El 30 de junio, todos los actores conocan bien su papel. A media tarde, Tamarrud anunci que el nmero de personas en la calle superaba los 10 millones. Pronto, la cifra se convirti en 14, despus en 17 y despus en 22. Finalmente, los medios afirmaron que las manifestaciones del 30 de junio por todo Egipto eran las mayores de la historia de la humanidad, con hasta 33 millones de personas en las calles. Los aviones militares volaban en formacin por los cielos entreteniendo a las muchedumbres sobre la Plaza Tahrir, lanzando banderas egipcias y agua embotellada y trazando corazones como muestra de amor y afecto a los manifestantes. El ejrcito proporcion incluso un helicptero a Jalid Yusef, un famoso director de cine conocido por su apoyo a la oposicin y hostilidad a los HM. Yusef haba grabado a las muchedumbres y producido una pelcula que se mostr de inmediato no slo en cada cadena de televisin anti-Mursi en Egipto sino tambin por la televisin estatal. En cuestin de horas, todos los medios de comunicacin afirmaban que la cifra de manifestantes era de decenas de millones y que solo en la Plaza Tahrir haba entre cinco y ocho millones. El da del golpe hubo fuegos artificiales, espectculos de lser y todo tipo de celebraciones a gran escala.

Como he sostenido con anterioridad, no hay duda de que haba un inmenso clamor pblico e indignacin contra Mursi y los HM. Pero, fueron tan altas las cifras de manifestantes como se afirm? En octubre de 1995, cientos de miles descendieron en la National Mall en Washington DC en lo que se denomin la Marcha de un Milln de Personas, que llenaron toda la zona. Los organizadores afirmaron haber conseguido el milln mientras que la polica de Park DC estimaba que la muchedumbre se compona de 400.000 personas. La zona del National Mall es de unos 146 acres (1 acre = 4.047 m2). Por tanto, hubo entre 2.750 personas (estimacin de la polica) a 6.750 (estimacin de los organizadores). Es decir, que hubo entre 0,7 y 1,7 personas por metro cuadrado.

En cambio, el rea de la Plaza Tahrir es de 12,3 acres. Como demuestra de forma concluyente Amjad Almonser, ingeniero de comunicaciones y experto en Google Earth: incluso si se hubieran incluido todas las calles adyacentes a la Plaza Tahrir, el rea no excedera de 25 acres. Incluso contando 4 personas por metro cuadrado y se eliminaran docenas de los edificios de los alrededores, no habra ms de 400.000 personas ese da. Si nos creyramos la cifra de 5-6 millones propagada por los partidarios del golpe militar (5-6 personas por pie cuadrado), se produce una clara imposibilidad fsica. Incluso aunque un milln hubiera ocupado cada pulgada de Tahrir y todas las calles adyacentes, hubieran sido 10 personas por metro cuadrado, otra cosa imposible. Incluso la BBC cuestion finalmente esas infladas cifras.

Por tanto, en el mejor de los casos haba menos de medio milln de personas en la Plaza Tahrir en el momento lgido de la manifestacin y probablemente una cifra similar por todo Egipto. Por tanto, la voluntad del electorado egipcio se sacrific cuando uno o dos millones de personas estuvieron protestando durante un da o dos.

Pueden guardar un secreto? Los medios anti-Mursi se lo explicarn con todo detalle

Incluso antes de que un solo manifestante llegara a Tahrir, Okaz, un diario saud public con anticipacin los detalles del escenario que se desarroll tres das despus cuando el ejrcito tom el poder. Al da siguiente, Al-Ahram, un peridico oficial y el de ms amplia difusin en Egipto, llevaba el titular O dimite o ser derrocado. Esta noticia anunciaba con escalofriante detalle cmo iban a desarrollarse los acontecimientos, incluido el ultimtum de los militares, el derrocamiento de Mursi, el arresto de los dirigentes de los HM y la suspensin de la constitucin. Cuando caa la noche del 3 de julio, el general Sisi anunci la destitucin de Mursi, la suspensin de la constitucin y el comienzo de una hoja de ruta poltica. Era exactamente la misma hoja de ruta que el presidente Mursi haba anunciado con anterioridad y que la oposicin rechaz. La nica diferencia era su derrocamiento.

Los estadounidenses muestran sus cartas

A lo largo de la crisis, la embajadora estadounidense Patterson desempe el papel de defensa del proceso democrtico y el imperio de la ley. Cuando el general Sisi emiti su ultimtum al presidente el 1 de julio, la administracin de EEUU mostr sus verdaderas cartas cuando la Asesora de Seguridad Nacional, Susan Rice, le dijo al asesor para poltica exterior de Mursi, Esam al-Haddad, que todo haba terminado: o Mursi dimita o le derrocaran. Aconsej que dimitiera, algo que Mursi rechaz terminantemente.

Una vez que Rice habl del inminente golpe, Mursi grab un discurso de 22 minutos por telfono inteligente prometiendo no renunciar ni someterse al inminente golpe. Su ayudante envi rpidamente por correo electrnico el improvisado discurso a sus seguidores. Una hora despus estaba bajo vigilancia y no se le ha visto ni odo desde entonces.

Mientras tanto, el Secretario de Defensa Chuck Hagel habl con el lder del golpe, el general Sisi, al menos en cinco ocasiones durante la crisis. La aconsej que anunciara que se celebraran elecciones tan pronto como fuera posible, Adems, asegur a Sisi que su administracin mantendra su ayuda militar. A los pocos das, el Vicesecretario de Estado William Burns fue a Egipto y se reuni con los responsables del golpe y sus facilitadores civiles. Mientras estuvo en El Cairo ignor todos los hechos relativos al derrocamiento de un presidente elegido. En resumen, el mensaje trataba de apoyar el golpe y sus consecuencias, por ello afirm: EEUU se ha comprometido firmemente a ayudar a Egipto para que triunfe en esta segunda oportunidad y se haga realidad la promesa de la revolucin.

Ya en marzo de 2012, Burns se reuni con el Gua General de los HM, Mohammad Badie, y su adjunto, Jairat Al-Shater. Ofreci que si los HM mantenan el tratado de paz con Israel, EEUU se prestara a ayudarles a conseguir 20.000 millones de dlares de los pases del CCG para superar la crisis de la economa egipcia. Pero Arabia Saud, los EAU y Kuwait declinaron ofrecer ninguna ayuda real mientras Mursi estuviera en el poder. Sin embargo, a los dos das del golpe militar, la promesa de Burns se cumpli, pero a favor de los autores del golpe. Los dirigentes de los tres pases felicitaron al general Sisi (no al presidente-ttere instalado por el ejrcito) por destituir a Mursi y prometieron enviar como regalo un paquete de ayuda de 12.000 millones de dlares para ayudar a estabilizar la economa.

Adems, Burns le prometi al lder del golpe que la ayuda militar estadounidense iba a continuar y que el estancado prstamo del FMI, que llevaba retenido ms de dos aos, sera aprobado con prontitud. Al rechazar llamar golpe de estado del ejrcito al derrocamiento de un presidente libremente elegido, la administracin de EEUU demostr, una vez ms, que la retrica y los altos ideales se sacrifican en el altar de inapropiados intereses nacionales a corto plazo.

Quiz una medida para valorar las ramificaciones regionales de los ltimos acontecimientos es la reaccin de Israel y los palestinos. Cuando Mubarak fue destituido el 11 de febrero de 2011, los palestinos estallaron en jbilo y bailaron por las calles, mientras Israel pareca estar de luto. Pero cuando Mursi fue derrocado por el ejrcito el 3 de julio, los papeles se cambiaron.

Recuerdan los derechos humanos? Libertad de expresin? Libertad de reunin?

Cuando los congregados oradores tras el general Sisi, dirigidos por ElBaradei, el Gran Imn de Al-Azhar y el Papa copto acabaron de bendecir el golpe militar, las fuerzas de seguridad actuaron con toda firmeza mientras cientos de seguidores de los HM, incluidos altos dirigentes, eran acorralados con la endeble acusacin de instigar la violencia. Sus activos se congelaron y se incautaron sus edificios. Mursi era detenido mientras los fiscales de la era Mubarak amenazaban con acusarle de haber escapado de la prisin el 27 de enero de 2011, cuando fue ilegalmente arrestado por los agentes de la seguridad de Mubarak en los primeros das de la revolucin de 2011. Sorprendentemente, los fiscales anunciaron tambin que iban a investigar al presidente por contactar y comunicarse con elementos extranjeros, como los dirigentes occidentales, durante su mandato. Ms de una docena de medios de comunicacin pro-Mursi, incluidos cadenas de televisin, pginas de Internet y peridicos fueron asaltados y cerrados. El 8 de julio, el ejrcito asesin a ms de 80 manifestantes partidarios de Mursi e hiri a ms de mil cuando se encontraban rezando y protestando pacficamente frente al Club de la Guardia Presidencial, donde se crea que Mursi se encontraba detenido. Hasta ahora, ms de 270 personas han muerto y varios miles han resultado heridas por la actuacin del ejrcito y las fuerzas de seguridad por todo Egipto.

A pesar de las abrumadoras pruebas en sentido contrario, el ejrcito afirm que sus soldados haban sido atacados. Las elites liberales y los defensores de los derechos humanos, as como los voceros de los medios, se hicieron eco de esas afirmaciones del ejrcito y culparon a los manifestantes por situarse cerca de una instalacin militar. Pero el Club de la Guardia Presidencial no tiene tal carcter. Aunque es propiedad de los guardias del presidente, es un club deportivo y social, donde los oficiales y sus familias acuden con fines recreativos. Desde el golpe militar, el pueblo egipcio se ha visto sometido a una propaganda militar que no se vea desde la poca de Nasser. Aunque Mursi no cerr un solo medio de comunicacin a pesar de la campaa de demonizacin en su contra, todos los canales y pginas en Internet a su favor han sido cerrados o restringidos severamente.

Doble rasero: No al decreto de Mursi y al cambio de fiscal. Pero s al de los militares

La oposicin liberal estaba indignada y pis el acelerador cuando Mursi hizo su declaracin constitucional de noviembre de 2012 y destituy al corrupto fiscal general nombrado por Mubarak, una demanda importante de los grupos de jvenes y revolucionarios. A pesar de sus buenas intenciones de acelerar el establecimiento de las instituciones democrticas que haba desmantelado el TCS, Mursi fue acusado de autoritarismo y mano dura. Sin embargo, la mayora de los liberales y laicos alabaron, poco despus del golpe, el decreto del presidente-ttere instalado por los militares. En un artculo posterior abordar los detalles de este decreto, pero baste decir que otorgaba a un presidente elegido por los militares unos poderes que Mursi, el presidente democrticamente elegido, no tena, ya que la constitucin de 2012 transfera muchos de sus poderes al primer ministro. Adems, la oposicin liberal se alborot mucho cuando Mursi nombr unilateralmente a un fiscal general de incuestionable integridad, hasta el punto que jueces y fiscales corruptos le acosaron y rodearon su despacho durante das exigiendo su renuncia. Sin embargo, cuando un nuevo fiscal fue tambin unilateralmente nombrado por el nuevo presidente interino, ni un solo juez, fiscal o lderes de la oposicin tuvo nada que objetar. Una vez asumi su cargo, lo primero que hizo el nuevo fiscal general fue congelar los activos de los dirigentes islamistas y ordenar su arresto.

Si camina como un pato, y hace cuac como un pato, no deberan llamarlo pollo

ElBaradei, que no fue elegido para nada, es ahora vicepresidente de Egipto, mientras Mursi, que fue libre y democrticamente elegido por el electorado egipcio, se halla detenido y en paradero desconocido. Ambas situaciones han estado determinadas por la voluntad de los generales del ejrcito y fueron celebradas por sus facilitadores civiles. El nivel de engao y mentira demostrado por las elites liberales y laicas egipcias es asombroso. Durante aos, lanzaron pullas a los islamistas para que respetaran los principios democrticos, el imperio de la ley y se sometieran a la voluntad del pueblo. Y les advirtieron contra las dictaduras, los gobiernos militares o el sacrificio de los principios democrticos, de los derechos humanos, las libertades personales y la proteccin de las minoras. Creer en los principios democrticos, en los derechos humanos y el imperio de la ley es un compromiso de por vida. Uno no puede decir: Solo voy a respetar esos valores los lunes, martes y mircoles. El resto de la semana, voy a mirar para otro lado. Eso se llama hipocresa.

Esam Al-Amin es un escritor y periodista independiente experto en temas de Oriente Medio y de poltica exterior estadounidense que colabora en diversas pginas de Internet. Puede contactarse con l en [email protected] Su ltimo libro es The Arab Awakening Unveiled: Understanding Transformations and Revolutions in the Middle East.

Fuente original: http://www.counterpunch.org/2013/07/19/the-grand-scam-spinning-egypts-military-coup/




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