Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-08-2013

Las virtudes
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (VII)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


El muro haba cado en 1989. La URSS, la Unin Sovitica, el faro rojo de los pueblos del mundo, la gran sacrificada durante la segunda guerra mundial, pasaba a la historia de los intentos de asaltar los cielos poco despus, apenas dos aos ms tarde. Marx era un perro (definitivamente) muerto; el marxismo una filosofa dogmtica, anticientfica e indocumentada; el comunismo un totalitarismo rebosante de crmenes afn o incluso peor que el nazismo. Su libro negro, sin ninguna pgina en blanco, causaba terror y pavor urbi et orbe. Los intelectuales europeos de izquierda comunista se pasaban en grupos (conmutativos) de 250 a posiciones de derecha conservadora, socialliberalismo o corrientes muy prximas. Algunos incluso, como el ex camarada de izquierda radical Lucio Colletti, a las tenebrosas, oscuras y muy turbulentas aguas del berlusconismo. En Espaa, ex miembros del PCE y de la izquierda comunista, se hacan asesores de dirigentes del PP e incluso tomaban ministerios a su cargo.

Francisco Fernndez Buey, entonces profesor de metodologa en la Facultad de Econmicas de la UB, transitando en una direccin muy otra, escriba un artculo sobre Las virtudes del marxismo" [1], fuera fruto de algunas conferencias anteriores. Tomo pie en esta exposicin en uno de los primeros borradores del trabajo, en una de las conferencias de base.

Seguramente conviene empezar ponindose de acuerdo sobre la acepcin en que hay que usar el trmino "marxismo", sealaba el autor de Marx sin ismos. Exista mucha confusin al respecto y l sospechaba que alguna de las conclusiones que puedan sacarse para el asunto que nos trae aqu depender en gran manera de cmo consideremos lo que ha sido histricamente y lo que es hoy marxismo.

Hace algn tiempo no hubiera hecho falta detenerse en esto, casi todo el mundo pareca tener claro de qu se estaba hablando cuando se hablaba de "marxismo". En aquellos momentos ya no era as. FFB daba dos ejemplos recientes de ello.

El primero: haca un par de meses (pongamos mediados de 1992) El Pas haba dado cuenta del Proyecto de Manifiesto de IC (de la primera IC; poco que ver con la actual) afirmando que, debido a los cambios que se han producido en la Europa del Este durante el ltimo ao, dicho Proyecto renunciaba al marxismo, no era marxista. Cualquier persona medianamente informada que leyera ese papel, sealaba FFB, redactado aada, en su mayor parte por Vctor Ros, discpulo de Manuel Sacristn [se olvidaba de incluir tambin su autora], y lo compare a continuacin con otros documentos anteriores salidos del mismo mbito poltico-cultural (el social-comunista de IU-IC) llegar justamente a una conclusin contraria a la del peridico: el proyecto del Manifiesto era, sin ninguna duda, ms marxista que todos los que le haban precedido. Sin ninguna duda. En qu sentido era ms marxista? En el sentido muy preciso siguiente: aborda los problemas del mundo contemporneo con una ptica que es al mismo tiempo analtica e histrico-dialctica, nada ideolgica, por ms que, como es natural, el papel afirme claramente el punto de vista desde el cual se ha escrito, que es favorable a las gentes socialmente explotadas u oprimidas tanto en el Norte como en el Sur, tanto en el centro del capitalismo organizado y regulado como en su periferia por regular y organizar; por otra parte, se trata, en este caso, de ver las cosas de nuestro mundo con una ptica alejadsima de las euforias infundadas, de los esquemas demasiado simples y de los voluntarismos politicistas que fueron caractersticos de muchos de los documentos del rea comunista escritos en Espaa durante los quince o veinte ltimos aos (para no remontarnos a los fenicios).

Lo que pasaba tal vez era que en ese proyecto de Manifiesto no apareca ni una sola vez (o muy pocas veces) el trmino "marxismo", ni haba tampoco en l la habitual profesin de fe marxista al menos de forma explcita. Esto haba podido despistar incluso a personas que se crean marxistas. Pero lo que contaba en su opinin era que el Manifiesto de IC quiere inspirarse en un marxismo laico, abierto, veraz y autocrtico. Su marxismo de siempre. La ancdota tena su sustancia: una paradoja muy habitual en los ltimos tiempos es sta: por una parte se atribuye al marxismo, a todo marxismo, un ritualismo poco menos que clerical o religioso, y luego, por otra parte, cuando los mismos que hacen esta atribucin se encuentran con un texto laico afirman que tal texto, por definicin, no es marxista. [2]

El segundo ejemplo, que pona de manifiesto que la ignorancia acerca de qu hay que entender por marxismo no es slo cosa de periodistas con prisa, o de personas que no tienen ganas de complicarse la vida con cuestiones que consideran pasadas de moda. Aurelio Arteta haba dejado bien claro hace unos meses en la seccin de opinin de El Pas (el 14 de noviembre de 1991) que el ministro de economa [Solchaga tal vez] de un gobierno hegemonizado por un partido que se segua llamando "socialista" no tena ni idea de la distincin que Marx haba establecido entre socialismo y comunismo; ignorancia sta que tena alguna relevancia cuando de lo que se trataba era de discutir acerca de lo que se ha hundido en la URSS y en otros pases de la Europa oriental, intentando explicar desde ah, en el marco conceptual de la tradicin socialista, los motivos de este fracaso, o de esta derrota, que est afectando a tanta gente.

Ms all de los ejemplos: la confusin en torno al trmino "marxismo" no era slo responsabilidad de periodistas ni tampoco slo responsabilidad de ministros. no me duelen prendas al recordar, como he hecho, que tal vez la responsabilidad principal por la perversin del trmino "marxismo" tengamos que atriburnosla autocrticamente los propios marxistas que durante algn tiempo dimos demasiadas cosas por sabidas o supuestas. Aqu, en Nueva York y en Mosc.

FFB recordaba que en otro momento de crisis del marxismo, Bertolt Brecht escribi una de aquellas agudezas de Pero Grullo que hacen pensar a los que tienen ganas y tiempo para ello. Haba dicho: "Lo que ha hecho del marxismo algo tan desconocido es la enorme cantidad de obras que se han escrito en vano sobre el asunto". Y haba aadido: "Lo que hace falta es recuperar su eminente talante crtico original". FFB tambin estaba convencido de ello.

Debamos intentar, pues, ponernos de acuerdo sobre qu entender por marxismo, e intentmoslo tratando de respetar al mismo tiempo un par de preocupaciones compartidas por la gran mayora de las personas que se han ocupado de este asunto con distancia crtica, independientemente de que fueran marxistas o no.

Primera preocupacin: no haba que quedarse en discusiones nominalistas, en discusiones sobre palabras, en estos tiempos difciles en los que los principales conceptos de la teora de la liberacin tienen que ser repensados.

Segunda preocupacin: que al tener tanto que ver las grandes palabras con las creencias fuertemente arraigadas entre los partidarios de la emancipacin, y estas creencias con el tipo de identidad cultural que configura una tradicin (como la socialista marxista), no era bueno dejar que estas palabras se prostituyeran, las prostituyeran, para lanzarlas despus por la borda y quin sabe si acabar diciendo con una nueva palabra, unas cuantas dcadas despus, algo muy parecido a lo que se quiso decir con la antigua palabra.

Ruta sealada: frente a las persistentes aoranzas habra que evitar echar mano de la vieja palabra cuando faltaran el concepto y las ideas. Frente a las inevitables "moderneces" habra que recordar que en nuestro mundo de hoy la prdida de la palabra equivale a lo que para los indios americanos era la prdida de sus dioses si los marxistas y los que fueron marxistas estn, estamos, nepantla, como aquellos indios que haban perdido a sus dioses, los dems, los que no siendo ni habiendo sido marxistas se declaran partidarios de la emancipacin humana, y siguen luchando contra las alienaciones derivadas de la desigualdad social, no deberan mostrarse tampoco demasiado seguros. Sobre todo, anunciaba FFB con una pituitaria en plena forma, en la vieja Europa. Aada: podra ser que el final de aquella utopa racional trajera desgracias inesperadas para las gentes que creen en la razn.

Qu era entonces el marxismo en aquellos momentos para FFB? No haba novedades, era su Marx de 1983. A los efectos de la discusin que ahora importa se puede empezar describiendo el marxismo de Marx como un cuerpo terico unitario conformado al menos por: l) un filosofar asistemtico, polmico, de raz humanista y materialista y, en tal sentido, crtico (crtico no slo de la especulacin apriorista, sino tambin de las ideologas, de la falsa conciencia); 2) un anlisis econmico-sociolgico e histrico del modo de producir y de algunos rasgos sustanciales de las principales formas de vida en el capitalismo; y 3) una teora de la revolucin centrada en la idea de que los grupos sociales no renuncian gratuitamente a sus privilegios, pero centrada tambin en la estimacin de los factores que juegan, o pueden jugar, a favor del trnsito de la sociedad capitalista a la sociedad comunista, y orientada, la teora, por una eleccin de valores entre los cuales los ms salientes son: la emancipacin del gnero humano, la igualdad social y el desarrollo omnilateral de las capacidades sentimentales y racionales del ser humano.

Casi al pie de la letra, lo mismo que en 1983.

Si uno se atena a lo que haba sido la historia de la filosofa, de la economa y de la teora poltica a lo largo del siglo XIX poda concluir con razn que, tomados por separado, cada uno de estos rasgos o caractersticas del marxismo tiene antecedentes conocidos. Y no era cosa de negar tampoco que, en esa historia, haba habido filsofos materialistas ms sistemticos e incluso ms interesantes que Marx, economistas que haba sido ms precisos en la conceptualizacin y que estaban mejor preparados que el clsico para el clculo formal, y, por si faltara algo, tericos de la poltica e historiadores ms cultos e igual de agudos que Marx. A esto se le puede llamar servilismo al clsico o cultivo talmdico de una tradicin?.

La verdadera novedad que aportaba el marxismo a la historia del pensamiento (y no slo del pensamiento) era precisamente la ocurrencia consistente en juntar el anlisis econmico-sociolgico con un filosofar a la vez dialctico (lo que en este contexto se puede traducir por: histrico concreto), inmanentista (o sea, materialista), y puesto, adems, al servicio de los explotados y oprimidos del mundo. Se trata de una forma de ver las cosas (la misma naturaleza, el individuo humano, la sociedad) que pretenda hacer compatibles la crtica radical de lo existente bajo el capitalismo (crtica, en particular, de las ideologas de las clases sociales dominantes), con la intencin cientfica y con la afirmacin explcita de los valores morales de partida, o sea, del ideal que puso en marcha tanto la crtica como la aspiracin al conocimiento racional de lo que hay socialmente. Fue esto, esta ocurrencia notable, lo que haba dado al marxismo la fuerza de una creencia para sectores muy amplios de las poblaciones europeas durante dcadas.

Este rasgo diferenciador del marxismo (vocacin cientfica y globalizadora mediada por la crtica) fue realmente un logro histrico o ms bien slo una sana intencin? Tal vocacin constitua o no una temeridad desde los puntos de vista epistemolgico o metodolgico y poltico-moral? FFB respondera ms tarde a esas preguntas. Intentaba precisar a continuacin un poco ms acerca de la verdadera sustancia del marxismo.

Notas:

[1] mientras tanto n 52, noviembre / diciembre de 1992, pp. 57-64. Reproducido en Realidad, revista de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Centroamericana Jos Simen Caas, San Salvador (El Salvador), n 37, enero-febrero de 1994, pp. 135-143.

[2] Prediccin con exactitud pasmosa, FFB aada: Claro que para ser justos con los medios de comunicacin en este punto hay que decir que la prisa con que en ellos, en los medios de comunicacin de masas, se buscan soluciones, y la impaciencia con que para ellos se exigen titulares llamativos, son cosas que no afectan slo al marxismo; estn determinando tambin la reduccin a naderas de otras concepciones sociopolticas (empezando por el liberalismo clsico) cuya formulacin precisa cost mucho esfuerzo a la humanidad. La destruccin de la lgica del discurso escrito y su sustitucin por la incoherencia fragmentaria de una cultura de la imagen todava en paales son, como se sabe, sntomas de los tiempos. Mal de muchos es consuelo de tontos. No obstante lo cual, criticar el mal de muchos a tiempo puede ser sano para la mayora laica, con independencia de su jerarqua de valores.

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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