Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-08-2013

Ms sobre las virtudes
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (VIII)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Como se seal, FFB hablaba en 1992 de la virtudes del marxismo [1]. Intentaba precisar ahora la naturaleza de la tradicin.

El marxismo haba sido ante todo pensamiento de la liberacin humana, teora de la revolucin social. Como tal, prolongaba y afinaba una tradicin milenaria: como teora de la revolucin social, sita en una fase nueva la vieja lucha de los parias de la tierra por emanciparse en esta tierra.

El marxismo, desde luego, era heredero del Humanismo y de la Ilustracin. Pero tambin, insista FFB, del romanticismo y de la pasin liberadora (prometeica, espartaquista y mnzeriana) de los de abajo, sean stos esclavos, siervos o proletarios industriales. Las dos herencias -la ilustrada y la romntico-revolucionaria- estaban ya en el joven Marx. Con matices y alteraciones, estas dos herencias las reencontramos en el viejo Marx, quien, en los diez ltimos aos de su vida, se vio obligado por las circunstancias a repensar la teora de la historia contenida en el volumen primero de El capital. De hecho, se poda, se puede, hablar de teora -teora!- de la revolucin social justamente en la medida en que el marxismo eleva el antiqusimo sueo de los esclavos, de los siervos y de los proletarios de este mundo tanto en el plano del conocimiento como en el plano de la organizacin, de la prctica organizada. Cmo? En el plano del conocimiento mediante el anlisis de la interaccin de los factores econmicos, sociales y culturales que bajo el capitalismo hacen del hombre una mercanca y contribuyen a su alienacin. En el de la prctica mediante una propuesta especfica de organizacin tendente a transformar la sociedad. El socialismo de raz marxista, escriba el socialista de raz marxista FFB, quera ser expresin de la pasin razonada de los parias de la tierra (Pasin razonada fue expresin de su gusto y de Vctor Ros- hasta el final de sus das).

Unas cuantas tesis caractersticas del marxismo marxiano, relacionadas con su tentativa de sntesis, era bueno de nuevo recordaras para analizar ms tarde si an pueden dar algo de s.

Las tesis:

Aunque el capitalismo ha creado por primera vez en la historia la base tcnica para la liberacin de los seres humanos, por su lgica interna, este sistema amenaza con transformar las fuerzas de produccin en fuerzas de destruccin. La tesis era tambin importante en el marxismo-comunismo del Sacristn tardo y sus tesis sobre una poltica de la ciencia de orientacin socialista.

La segunda concreta ms esta transformacin no deseada de las fuerzas productivas en fuerzas destructivas: el desarrollo del capitalismo, adems de liquidar los ltimos velos del sentimentalismo, mina las fuerzas de toda riqueza, o sea, no slo el trabajo humano sino tambin el medio natural, la naturaleza. [2]

La tercera precisa que la causa principal de esta amenaza la que transforma las fuerzas de produccin en fuerzas destructivas y que mina las fuentes de toda riqueza- es la lgica del beneficio privado, con su tendencia a valorar todo, o casi todo, en dinero. En todo capitalismo, desde sus orgenes, hay una contraposicin entre "racionalidad" econmico-crematstica parcial e irracionalidad socio-econmica global. La mundializacin del capitalismo, su tendencia a convertirse en sistema mundial, poda atenuar la percepcin del carcter parcial de su racionalidad en el centro del mismo sistema, pero no puede anular aquella contraposicin: su irracionalidad resalta tanto ms en la pltora miserable, donde el despilfarro ms absoluto compite con el hambre y la miseria de millones de nios, mujeres y varones [3]

La cuarta tesis deca as: el carcter ambivalente del progreso tcnico se acenta en el capitalismo de tal manera que obnubila la conciencia de los hombres, aliena al trabajador en primera instancia y a toda la especie por derivacin. Era esa obnubilacin la que estaba detrs de la cristalizacin repetitiva de las formas ideolgicas de la cultura burguesa en particular en dos de sus formas: la legitimacin positivista de lo dado, de lo que hay, de lo existente, y la aoranza romntica de un pasado idealizado.

La quinta: el marxismo marxiano postula que, para acabar con la noria de las ideas que representaba esta repeticin exasperante (el adjetivo es de FFB) de positivismo y romanticismo, hay que ir perfilando una nueva cultura alternativa, parte importante de la cual es la crtica de las ideologas, incluyendo la crtica de la poltica. El cambio de sistema que esto supone no requera slo crear un poder nuevo, una nueva forma de dominacin con el signo clasista invertido (la revolucin poltica y social), sino tambin, y sobre todo, perfilar y experimentar, avanzar e inventar hbitos, costumbres y modos de comportamiento alternativos en todos los rdenes de la vida.

Esta transformacin cultural, el punto es importante en el autor de Por una tercera cultura, slo poda llevarse a cabo por contacto o interaccin con las puntas ms elaboradas del saber a las que llamamos ciencias, las cuales son por lo general externas a la subcultura obrera. De ah la necesidad, de nuevo, de una aproximacin histrica entre ciencia y proletariado.

Sealado lo anterior, haba que atender en seguida a una diferenciacin que muchas veces se perda en las discusiones: que marxismo (en tanto que cuerpo terico desarrollado por Marx y otros) y socialismo (en tanto que movimiento u organizacin sociopoltica creada para lograr el fin de la sociedad regulada, de la sociedad de iguales) no son trminos equivalentes. Por qu? Porque el marxismo pretenda ser la ciencia (en sentido amplio, como conocimiento contrastado, riguroso) del socialismo, pretende dar carcter cientfico a la viejsima aspiracin al socialismo, o sea, a la igualacin social y a la sociedad regulada racionalmente, de una parte de la humanidad.

Independientemente de lo que pudiera opinarse ya entonces de esa pretensin, lo cierto es que no todo socialismo (en la medida en que con esta palabra hacemos referencia a un movimiento o a un partido) ha tenido raz marxista. Como era obvio, antes y despus de Marx haba habido otros socialismos. Bastaba con recordar el apartado con el que termina el Manifiesto comunista y la persistencia a lo largo del tiempo de organizaciones socialistas basadas en ideas de Fourier, de Cabet, de Owen, de Saint-Simon, de Babeuf o de Blanqui, por citar slo a otros cuantos clsicos del socialismo. No slo eso: varios socialismos de orientacin religiosa han seguido existiendo en Europa, Amrica, Asia y frica durante la segunda mitad del siglo XIX y lo que llevamos del siglo XX. Y luego, por supuesto, estaba el socialismo (o comunismo) anarquista inspirado por Bakunin y por Kropotkin.

Por otra parte, otro giro de inters, tampoco era el caso de que todo marxista haya sido siempre y necesariamente socialista. Dado que el marxismo se haba presentado a veces como una ciencia en el sentido fuerte de la palabra, se poda aceptar algunos elementos de la aportacin marxiana en el mbito del conocimiento crtico de las realidades econmicas y sociolgicas -as, la concepcin materialista de la historia como hiptesis interpretativa del pasado de los hombres, como teora de la historia- sin aspirar por ello a una sociedad socialista, o sin decidirse a luchar por tal sociedad en el movimiento socialista organizado. El conocimiento de lo que hay no lleva anexo, en general, la pasin por su transformacin.

FFB era consciente que puesto que durante cierto tiempo la vulgata marxista haba predicado la identificacin entre marxismo y socialismo, y como el abandono formal del marxismo por parte de muchos partidos socialistas haba dado lugar a apasionadas controversias, no sola aceptarse con facilidad la posibilidad de diferenciacin. Sin embargo, aada,. sta no es una conjetura inventada, sino una realidad: ya en las ltimas dcadas del siglo pasado exista un marxismo llamado "de ctedra" con tal orientacin; y ciertas variantes del "marxismo analtico" actual podran ser consideradas en los mismos trminos.

La aproximacin crtica es de FFB, esta nota sobre el socialismo de ctedra es de Sacristn [4]:

Socialismo de ctedra o socialismo de estado son denominaciones que se aplican a varios intelectuales reformistas alemanes de la segunda mitad del siglo pasado (Lujo Brentano, Gustav Kohn, Adolf Held, Heinrich Kerner, etc) entre los que no faltaron cientficos importantes (Adolph Wagner, Gustav Schmoller, Werner Sombart). Algunos de estos autores destacados y un nmero considerable de seguidores fundaron en 1872 la Asociacin de Poltica Social (Verein fr Sozialpolitik). La denominacin, en alguna medida irnica, de socialistas de ctedra alude a la profesin acadmica de todos sus miembros influyentes, y tambin a la distanciacin del socialismo obrero militante. El nombre socialismo de estado se refiere a la concepcin de varios de estos autores segn la cual es un fuerte estado tradicional (en el caso alemn, el estado del Kaiser y Bismarck) el que tiene que realizar las estatizaciones que para ellos son sinnimas de socialismo. El reconocimiento del estado tradicional como dirigente de la evolucin hacia el socialismo as entendido, por medio de reformas, exclua todo protagonismo de los trabajadores e implicaba el freno a la lucha de clase de stos.

Deba reconocerse, eso s, que esa no haba sido una actitud muy extendida en la historia contempornea del marxismo y del socialismo, pero era tericamente posible; y se trata, adems, de una posibilidad tanto ms atendible a medida que algunas ideas bsicas del materialismo histrico, de la concepcin materialista y dialctica de la historia, han ido pasando a los programas de enseanza secundaria y superior de muchos pases del mundo actual. En la misma senda: haba que recordar que se poda ser eclogo sin aceptar la forma dominante que ha tomado el ecologismo poltico contemporneo? No se poda ser telogo sin ser miembro activo de una iglesia o partidario de alguna de las religiones que han tomado forma institucional a lo largo de la historia?

En cualquier caso, en opinin de FFB (est escribiendo en 1993, 1994) y por lo que haca al pasado reciente puede decirse sin exageracin que la referencia al marxismo es obligada para entender lo que ha sido la lucha por la emancipacin de los trabajadores en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX, as como, ms en general, la lucha por la liberacin en casi todo el mundo durante el siglo XX. El que los sujetos activos de esas luchas hubieran sido derrotados, hubieran fracasado o, en algn caso (que no son todos los casos), hubieran conducido a sus pueblos a situaciones lamentables no era razn suficiente para echar todo marxismo al basurero de la historia. No.

Por qu? Porque no slo es social y moralmente valioso lo que triunfa. A veces lo social y moralmente valioso es lo que cae derrotado y queda como un cabo suelto o perdido en la historia de la humanidad. Fracasar mejor es el ttulo del ltimo libro de Jorge Riechmann, amigo y compaero de Francisco Fernndez Buey.

Notas:

[1] mientras tanto n 52, noviembre / diciembre de 1992, pp. 57-64. Reproducido en Realidad, revista de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Centroamericana Jos Simen Caas, San Salvador (El Salvador), n 37, enero-febrero de 1994, pp. 135-143.

[2] En sus apuntes escriba FFB: Atencin: para matizar estos dos puntos y no quedarse en un enfoque slo "romntico" de la crtica marxiana del capitalismo, referencia al nmero monogrfico de Rinascita/Il Contemporaneo conmemorativo del centenario de la muerte de Marx y C. Napoleoni,"Il posto di Marx nella storia del pensiero economico", en PE, enero del 92. Referencia tambin a Cohen, La teora de la historia en Marx, para la caracterizacin de algunas tesis bsicas.

[3] Tambin en nota complementaria comentaba FFB: Argumentar sobre la base de dos hechos recientes: la destruccin de una parte del armamento salido del belicismo de los aos ochenta, con un coste tremendo para las economas de todos los pases del planeta, y el caos econmico-monetario que ha seguido el triunfo planetario del individualismo liberal, a la anarqua de la economa capitalista en el mbito mundial, nada ms derrumbarse el otro mundo, el mundo de la planificacin, que haca de contrapeso a las barbaridades del capitalismo financiero especulativo.

[4] Es una nota de traductor, en su versin castellana del libro II de El Capital (OME-42, p. 5, nota 1).

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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