Portada :: Chile :: A 40 aos del golpe de estado
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-07-2013

A Cuarenta Aos: Crnica de un Golpe de Estado (XI)
Signos de una dictadura: Decir. Ver. Hacer

lvaro Cuadra
Rebelin


1.- El lenguaje de la dictadura

Pocas veces se ha advertido cmo una dictadura militar no solo prescribe las conductas de acuerdo a estrictos bandos y decretos donde se juega el control inmediato de las conductas. Esta coercin, mezcla de amenaza y castigo, posee, no obstante un rostro mucho ms sutil que se proyecta en el largo plazo. Se trata de una militarizacin de lo sensible, aquello que atae, precisamente, a qu es lcito decir, qu est permitido ver y, desde luego, qu prcticas son alentadas en detrimento de otras. Dirase que en una dictadura la regimentacin fsica de la poblacin corre paralela con su regimentacin de lo sensible, aquellos modos de significacin que construyen una circunstancia tenida por realidad en un momento dado de la historia.

Lo primero en desparecer es, ciertamente, el carcter mismo de la asonada militar, el asalto ilegal de un poder constituido, mediante la felona y la traicin. El origen de toda dictadura entraa un crimen, sin embargo, es ese crimen y sus secuelas lo que es borrado de inmediato. De este modo, un golpe de estado, con toda su carga vergonzante, es desplazado por una eufema, aquel silencio por miedo a usar palabras inconvenientes. Un golpe de estado ser nominado pronunciamiento militar, trmino con el que se quiere borrar de la memoria lo infamante de la infamia.

Todo decir ser tamizado por un lenguaje, pretendidamente, asptico y neutro, teido de constitucionalismo. No olvidemos que la tarde misma de aquel 11 de septiembre de 1973, el entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia, Enrique Urrutia Manzano, avala por televisin el golpe de estado, afirmando su plena legitimidad conforme a derecho. Este acto inicia un proceso de limpieza e instituye de suyo un orden de lo decible. Notemos que no se trata de una negacin lisa y llana de los acontecimientos sino de una nueva significacin de los mismos. Dirase que si toda realidad se afirma en una ficcin, asistimos al nacimiento de una nueva ficcin hegemnica, segn la cual el crimen ha sido el mal menor ante un peligro inminente, cuyos hroes, desde luego, son los golpistas.

Hasta el presente se discute si acaso los textos escolares deben hablar de gobierno militar o dictadura militar, sealando las fisuras de la ficcin hegemnica construida durante diecisiete aos de dictadura. Lo que pudiera parecer, a primera vista, una discusin bizantina, adquiere su real alcance si lo pensamos como una tensin, una disputa, no resuelta entre distintos modos de significacin de la realidad. Lo decible fue ordenado desde un poder que excluy el disenso. Todo lo que pudiera poner en cuestin el nuevo orden militar fue calificado como un decir impropio, en rigor, un decir subversivo Notemos que la subversin no remite, tan solo al decir poltico sino tambin a los chistes y al humor.

2.- Lo visible, lo invisible

Si la prensa peridica regiment lo decible, no es menos cierto que fue la televisin y sus noticieros los que se encargaron de administrar lo visible y lo invisible. En las noticias de la poca se transmite una imagen de Pinochet como la de un presidente constitucional, asediado por enemigos externos y la complicidad de los malos chilenos. Se trata de una imagen que construye un esquema actancial arquetpico, el que divide el universo entre amigos y enemigos, un universo dual y funcional a un estado de guerra interna.

Lo que llama la atencin es el desplazamiento de un gobierno colectivo, una Junta militar hacia la de un caudillo, el capitn general Augusto Pinochet. La prensa rastrera ensalzar la imagen del nuevo lder, convirtiendo las noticias en espacio propicio para un ejercicio de propaganda, tal como ense Goebbels. La dictadura adquiere as un carcter personalista, una imagen que ordena el mundo poltico en la sociedad chilena y que marcar a una generacin completa.

Lo que no se ve, aquello que no est permitido ser visto, lo invisible, es, justamente, la violenta represin del menor atisbo de oposicin. No se v los allanamientos ni las torturas a las que son sometidos los malos chilenos, tampoco los asesinatos en medio de la noche. Solo el rumor restituye de odas los siniestros episodios cotidianos. Lo visible transmite una mirada alegre y optimista de un pas en paz y en progreso gracias al general en el poder. Todo ello aderezado por una acentuacin del entertainment en la parrilla televisiva y una hiperblica presencia del ftbol.

Es importante sealar que si bien la llegada de la Concertacin fue una transicin negociada y, en extremo, condicionada, no es menos cierto que se trat de una profunda transformacin de lo sensible. Por primera vez, despus de muchos aos, nuevos rostros, nuevos paisajes, nuevos temas, ocupaban el espacio de la vida diaria. Se puede afirmar que los lmites de lo decible y lo visible fueron conmovidos aunque, habra que consignar, esto no signific una ampliacin de los lmites de lo factible. Paradojalmente, el nuevo espacio del decir y de lo visible fue ocupado, principalmente, por la expansin simblica del consumo y no por una escena de disenso. Tras diecisiete aos de dictadura, la sociedad chilena redefine los trminos de un consenso que atiende a una sensorialidad publicitaria y cosmopolita en que la nocin misma de democracia se mercantiliza, transformando ciudadanos en consumidores.

A excepcin de ciertas marcas polticas duras, de carcter extra parlamentario, la corriente principal fue ocupada por una escena de consenso. Sern los spots y los escaparates los que derramarn, como Warhol, polvo de diamante sobre las cabezas de millones de chilenos. De este modo, el glamour logra opacar toda posibilidad de memoria y, en el lmite, oculta las restricciones del hacer. La sociedad chilena sigue el rutilante camino de una democracia de baja intensidad, otra forma de decir, un pinochetismo sin la imagen omnipresente del dictador, pero con las mismas reglas del juego.

3.- Lo sensible poltico

Cuando en una sociedad se instala una unidad primordial entre las palabras y las cosas que refiere, cuando se asume un consenso en cuanto a las percepciones y sus significaciones, estamos ante un sentido comn As, en el Chile de hoy se admiten nociones que estn reidas con cualquier tica cvica y, sin embargo, se han naturalizado sin que a nadie se le ocurra tomar una distancia crtica. A nadie llama a escndalo una forma poltica escasamente democrtica, tan clasista como excluyente. A nadie llama a escndalo que en cada ciudad se practique una celosa ecologa de clases que separa a ricos y pobres, que lo mismo acontezca en relacin a la educacin o a la salud.

Lo mismo ocurre con temas tan sensibles como los derechos humanos y el estado de impunidad de muchos civiles y uniformados que participaron de hechos deleznables. La gran mayora de la sociedad chilena sigue sumida en los cnones de un sentido comn que no alcanza a dimensionar el ultraje de que ha sido objeto. A pesar de casi dos dcadas del retorno a la democracia, no se ha sedimentado en nuestro pas una genuina escena de disenso, aquella que ponga en cuestin las percepciones y sus significaciones, nica manera de pensar otra sociedad posible. Se trata, por cierto, de un problema cultural que est determinando el horizonte poltico de lo concebible.

En esta escena, nada tiene de extrao que lo poltico haya devenido una farsa, un espectculo, a ratos grotesco, que excluye el disenso. De este modo, asistimos, cada tanto, a eventos electorales en que cada cual vota, pero no elige. La constitucin vigente delimita los posibles del hacer, acotando toda posibilidad otra de concebir el presente histrico. En este estado de cosas, el cambio es percibido por el sentido comn como infraccin o amenaza, cuando no como un delirio provocado por el opio. Lo que advertimos como conservadurismo duro o, en trminos institucionales, como una democracia oligrquica, no es otra cosa que un mundo en que una ficcin hegemnica asentada en lo sensible poltico, percepciones, significaciones, nos impide pensar. La dictadura chilena no solo nos leg una constitucin que cristaliza un orden social sino que, sobre todo, nos impuso lmites sensibles que, hasta hoy, impiden el hacer.

- El autor es investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS.



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