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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-07-2013

Todos los libros, el fuego

Beln Gopegui
Atlntica XXI


Visito al fantasma por rachas. Porque la vida del otro lado hay que pararla a veces. Entonces voy al mundo de quienes, se dice, no existen, expresin carente de sentido pues si los personajes no existieran tampoco existiran los pensamientos. Sin confusiones: existen a su modo.

-Qu tal el da?

-Com con X, di unas clases. El autobs cada vez tarda ms en llegar, nevaba.

Y no decir: Al salir del trabajo, viaj en tren con el profesor Barrow, le persegua un espa de Ixania, le dimos esquinazo. Luego nos alojaron en un hotel decadente, el ruido de tuberas no nos dejaba dormir.

No lo dices, pero lo haces: viajis en ese tren, logris sorprender al hombre que esperaba agazapado, y no obstante luego os descubren, temis por vuestra vida, os presionan, pensis un plan. Son cosas que pasan cuando lees, cuando fuera se oye la lluvia y dentro los ruidos son ms bajos, como si todo tuviera silenciador. Pasan en secreto.

Antes me preocupaba ms desatender unos minutos lo de afuera. Ahora la mayora no est casi nunca a lo que est. Gentes que viven, vivimos, y pasan, pasamos, cada vez ms tiempo al otro lado. A veces quedo con mis semejantes y me parecen menos reales que cuando leo sus frases en la pantalla, y si les pienso lo primero que me viene a la cabeza no es su cara ni su cuerpo sino su avatar. A veces me pregunto si los animales, los dems animales, imaginan, si el elefante cuando mira puede ver algo distinto de lo que est viendo. Pueden representarse un futuro que no sea repeticin de lo vivido? Para leer y escribir hay que imaginar lo que no sabes si pasar nunca. Un pie en el suelo y otro fuera, las manos en el teclado y la cabeza en Italia, en Nairobi o en Mosc. En la habitacin, un radiador y fro, en el teclado, lluvia tropical. Antes, prcticamente solo mediante la lectura nos alejbamos: mientras el trayecto en metro se repeta, en el libro nuestras capacidades eran puestas a prueba, atravesados nuestros cuerpos por esa tensin que no da miedo, por esa msica del habla capaz de producir espacio transitable. Ahora las novelas son un ala ms de la nube, un departamento y no el ms amplio. Las horas se pasan en amplias naves heladas llenas de servidores, o en el viaje de ida y vuelta a los satlites. Una mano en el teclado, la otra a treinta y seis mil kilmetros de la tierra. La cara aqu y la voz tan lejos.

Hoy he vuelto a ver al chino que cada tarde se sienta en un saliente de la pared de la frutera. A las cinco de la tarde, a las siete, hasta las nueve de la noche, hora en que cierran, el chino, sin abrigo, con un pantaln bien planchado, camisa y un jersey fino aunque haga fro, sostiene el smartphone, teclea, lee, teclea. Antes de los bits la vida ocurra ms a menudo en la materia, pero los fantasmas siempre estuvieron. El contacto directo qu es? Cuando toco una piel con los dedos tambin toco una expectativa.

El fantasma no sabe de la materia sino de su descripcin. No sabe de las personas sino de los personajes, me espera en las historias, va conmigo. Hay que continuar, no puedo continuar, hay que decir palabras mientras las haya, hay que decirlas hasta que me encuentren, hasta el momento en que me digan -extraa pena, extraa falta- hay que continuar, quizs est ya hecho, quizs ya me han dicho, quizs me han llevado hasta el umbral de mi historia, ante la puerta que se abre ante mi historia; me extraara si se abriera. Es Foucault en El orden del discurso, las frases no terminan de organizarse racionalmente y sin embargo entran en sintona con nuestro receptor pues captamos una sensacin pensada, un pensamiento sentido y lo reconocemos.

Visito a mi fantasma. A menudo, s, pienso que no son tiempos para la lrica ni para la novela ni para los fantasmas. La realidad espera fuera, hay que acudir pues se cae el porvenir, pero as es como crecemos, el texto en la mirada y en las neuronas, sucesos invisibles. Le visito por rachas, sabe que no debe retenerme demasiado, sabe que ah fuera se lucha: todo lo que hay en la cabeza, ciudades, muebles, pjaros, la risa y la bravura, tiene su peso, deja su huella, dice el fantasma y se viene a la calle conmigo.

Fuente: http://www.atlanticaxxii.com/1704/belen-gopegui-todos-los-libros-el-fuego


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