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(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-07-2013

Invasores y ocupantes imperialistas en Euskal Herria

Jokin Rodrguez Burgos
Rebelin


Hace unos das se daba a la luz en Rebelin un artculo firmado por Carlos Aznrez, director de Resumen Latinoamericano, titulado Frente al inmovilismo de los invasores, la esperanza est en las calles, artculo aparecido tambin en el peridico de su direccin y en alguna que otra pgina web informativa. Comentar, matizar, rebatir y desmentir algunas de las afirmaciones que en l se vierten es el objeto de esta nota.

Desde luego, el artculo del seor Aznrez es de todo menos sibilino u oscuro; ya en el mismo ttulo nos da una idea clara de por dnde se dirige su pensamiento al utilizar una palabra de resonancias rotundas: invasores. Uno, en su ignorancia, se puede llegar a preguntar legtimamente, quines sern esos invasores?, quines los invadidos?, cundo se produjo la tal invasin?, y lo ms importante cmo es que nadie lo haba advertido salvo el seor Aznrez? Las dos primeras preguntas son rpidamente contestadas, ahora s un poco menos directamente, por el propio texto: los invasores son Espaa y Francia y los invadidos, los vascos y las vascas, es decir lo que l llama Euskal Herria. La respuesta a la tercera cuestin, no obstante, no aparece por ningn lado pero es seguro que el seor Aznrez, como responsable de una ya veterana publicacin peridica, poseer los medios necesarios para proceder a su averiguacin y darnos noticias exactas de tan fabulosa exclusiva, resolviendo as de paso el misterio de la cuarta incgnita. Pero el seor Aznrez no se ha quedado en la mera invasin, sino que aade que Francia y Espaa ocupan, y a la manera imperialista, Euskal Herria, la cual sufre, siguiendo la rica y novedosa terminologa del autor, el yugo espaol y francs, no dejando claro si dicho apero es compartido entre ambos invasores o cada uno de ellos ha uncido su respectiva porcin de vascos (y vascas, por supuesto) de manera autnoma. A pesar de todo ello, no queda demasiado explicitado cul es la precisa naturaleza de esa ocupacin, ni mucho menos en qu consiste el imperialismo franco-espaol, pero lo que s parece es que esa actividad dominadora hispanogala, s que ocupa, si no a Euskal Herria, s al menos al seor Aznrez en redactar soflamas calenturientas ms propias de la Argelia de los aos cincuenta o de la Italia decimonnica que de las provincias vasco navarras de principios del siglo XXI. Todas estas ideas, si se pueden llamar as, sobre los supuestos imperialismos espaol y francs en estos territorios no deberan llamar demasiado la atencin si no fuera porque no es la primera vez que en foros como ste y otros similares son emitidas, y porque en un sector no pequeo de la izquierda abertzale son crecientemente atendidas, sobre todo desde el ltimo y ensimo viraje ideolgico de este movimiento poltico que ha supuesto un nuevo alejamiento del socialismo y un afianzamiento de las posiciones ms puramente nacionalistas.

Para el lector interesado en mis ideas al respecto, contrarias por supuesto a las del seor Aznrez, me remitir a un artculo del que firma ste que estn leyendo, titulado Euskal Herria ante su pasado, y publicado hace unos meses en Kaos en la red en contestacin a otro de Iaki Gil de San Vicente en que expresaba las mismas teoras de manera un tanto ms extensa [1].

Esperando, en todo caso, noticias de la invasin (o invasiones) saltamos desde el ttulo al cuerpo del artculo y nos topamos con otra rotundidad dialctica: Euskal Herria, la nacin de todas y todos los vascos. Es reseable cmo el nacionalismo vasco de izquierdas se suele arrogar la representacin de la opinin de toda la sociedad. Suponiendo, seor Aznrez, y es mucho suponer, que usted pueda darnos una definicin satisfactoria, y tan rotunda al menos como son el resto de sus afirmaciones, de lo que significa el concepto nacin, debo recordarle que, en todo caso, Euskal Herria sera la nacin de los que creen que Euskal Herria es una nacin, los cuales en el conjunto de los territorios que usted, y el nacionalismo, considera como vascos, son una minora, por mucho que intente convencernos y convencerse de lo contrario.

Pero no todo va a ser discrepar del seor Aznrez. Coincido con l en que a los presos vascos se les debe respetar cuantos derechos la legislacin nacional e internacional reconoce. No por el hecho de ser vascos, por cierto, sino por el hecho de ser personas. Y no slo a los presos que la izquierda abertzale suele llamar vascos, los que ellos consideran que estn encarcelados a causa del conflicto poltico, sino tambin a aquellos olvidados por la izquierda abertzale cuando utilizan estos trminos, que no son sino los vascos y navarros que han tenido la desgracia de caer en manos de la justicia cometiendo un delito sin tener un fin poltico (al menos en la direccin que al nacionalismo izquierdista le conviene) que al parecer lo justificara. Esos, seor Aznrez, tambin son presos vascos y navarros. Y he aqu seor Aznrez, una manera torticera de utilizar el lenguaje, otra ms, al objeto de presentar al lector una visin distorsionada e incompleta de la realidad, en este caso para identificar, nuevamente, vasco con independentista. Pero volviendo al fondo del asunto, dentro de esos derechos, cmo no, est el de cumplir la pena en el centro ms cercano posible al domicilio habitual del reo, derecho que les ha de ser reconocido merced a la legislacin internacional que el Estado espaol ha suscrito y aceptado, legislacin basada en una cierta tica cuyo eje fundamental gira en torno al respeto a los derechos humanos; derechos, por cierto, que la mayora de esos presos vascos ha violentado gravemente o ha contribuido directa o indirectamente a violentar, cosa que el seor Aznrez y el discurso habitual de la izquierda abertzale suelen ocultar interesadamente.

El uso retorcido del lenguaje no se limita slo a mostrar conscientemente una imagen ms que falsa y deformada de la realidad, sino que nos ensea cmo de manera inconsciente se muestra la propia izquierda abertzale ante los dems, desvelando las claves ocultas de su ideologa, la cual se ha ido alejando inexorablemente del socialismo, para acercarse a sus races aejamente nacionalistas, es decir liberales, y por tanto burguesas. As, la utilizacin de alguna expresin nos puede ayudar en ocasiones a conectar esa oculta ideologa burguesa con la que ostentan los campeones de la misma, el gobierno de los EE.UU. (estos s, imperialistas de verdad), maestros e impulsores del actual lenguaje colateral [2], cuando leemos en el artculo de marras, y en boca de un familiar de uno de los presos vascos, que stos son luchadores por la libertad, curiosamente sta la misma expresin utilizada por aqullos que apoyaban y armaban a los freedom fighters que combatan a las tropas soviticas y al gobierno socialista de Afganistn, los que luego seran los tristemente clebres talibanes. No se les ocurre decir, por ejemplo, que son combatientes del socialismo, o hroes de la clase trabajadora, o de la hermandad de los pueblos. No, son luchadores de la libertad, el fantasma predilecto del burgus. Yo, por mi parte, no voy a negar que ni unos ni otros fueran y son luchadores de la libertad, pero eso s, no de la libertad de la sociedad vasca o afgana en general, ni mucho menos de sus clases trabajadoras, sino de la suya particular, en esto caso de los independentistas concretamente. De nuevo el seor Aznrez y los nacionalistas de izquierdas, pretenden presentarse ante todos, pero sobre todo ante s mismos, como portavoces y representantes de los intereses de toda la comunidad, cuando lo cierto es que no se representan ms que a s mismos. Pero claro, cuando se presupone la existencia de una nacin se ha de defender que sta ha de tener una voluntad propia y nica, voluntad interpretada y representada, claro est, por los que han descubierto precisamente esa nacin.

Ms adelante, Aznrez nos dice que a pesar del aluvin de votos (aluvin en algunos sitios, dira yo, pero esa es otra cuestin), y de cierta legalidad inestable, la paz no est a la vuelta de la esquina. De nuevo la eleccin de los trminos traiciona a Aznrez pues, igual que le ocurre al autor de estas lneas, a muchos lectores probablemente la utilizacin del trmino paz les retrotraer a viejas pocas pasadas en que nos queran dar de matute, utilizando esta misma palabra, la idea de victoria, ya que en mi opinin, ste es el concepto que subliminalmente quiere endosarnos el seor Aznrez. Lo que verdaderamente piensa o siente es que la victoria, es decir la independencia, no est a la vuelta de la esquina. Y no es casualidad que los nacionalistas vascos de izquierdas coincidan en esta manera de utilizar el lenguaje (como en otros puntos de su aparataje ideolgico) con los nacionalistas espaoles de derechas. No en vano el nacionalismo vasco, como el cataln, no es sino un reflejo del nacionalismo espaol, hijo histrico de la burguesa y, por tanto del capitalismo, pero esa es materia para otro artculo; aqu quede constancia slo de otra conexin entre izquierda abertzale e ideologa burguesa.

Pero Aznrez no slo tergiversa y deforma sino que tambin engaa (o se engaa, que quiz sea peor, para l, por supuesto) cuando afirma que la ikurria como en tiempos del dictador Franco hoy est prohibida por el gobierno local de Unin del Pueblo Navarro (UPN). No obstante, como sabe o puede comprobar cualquiera que visite Navarra y su capital, se puede ver ikurrias en balcones, bares, camisetas, pegatinas, etc. sin que ninguna autoridad moleste a aquellos que las exhiben o las portan; en algunas localidades de la provincia incluso no es raro verla ondear en edificios pblicos, sobre todo en algn que otro municipio gobernado por la izquierda abertzale. Por otro lado, si fuera cierto que estuviera prohibida no seran los gobiernos locales los competentes para llevar a cabo tan radical medida. Pero lo que tiene lugar en Navarra, seor Aznrez, y usted debe o debera saberlo como responsable de un medio de comunicacin, no es la prohibicin de una bandera, si no otras cosas muy distintas. Y son, por un lado, la reglamentacin legal de los smbolos representativos de la Comunidad Foral que deben ser exhibidos en los edificios oficiales, smbolos entre los que no se encuentra la ensea de la Comunidad Autnoma Vasca, por lo que no cabe su izado en este tipo de sedes; y por otro, el rechazo que provoca en buena parte de la poblacin navarra la exhibicin de un smbolo que considera no slo ajeno a ella sino muestra del irrespeto que blanden los nacionalistas vascos hacia los de su regin y por tanto hacia su identidad. Aun as, la ikurria es ms que tolerada (y aun respetada) por una gran parte de la sociedad navarra. El seor Aznrez sabe, o por su profesin debera saber, que en la Comunidad Foral rige la Ley de smbolos de Navarra, en cuyo prembulo, que por cierto destila mayor respeto y comprensin polticos hacia los proyectos contrarios que las soflamas de ciertos propagandistas de la izquierda abertzale, se dice lo siguiente: Las regulaciones legales anteriores sobre esta materia en Navarra no han contenido los elementos jurdicos necesarios como para que los poderes pblicos pudieran ejercer con eficacia la correccin de las numerosas irregularidades que frente a su fondo doctrinal se han producido y se siguen produciendo en Ayuntamientos donde slo ondea la bandera oficial de la Comunidad Autnoma del Pas Vasco, como nica ensea, o donde ondea la bandera de la Comunidad Autnoma del Pas Vasco en unin de las de Espaa y de Navarra, cuando es obvio que Navarra no forma parte de dicha Comunidad Autnoma. La presencia del smbolo autnomo vasco ondeando puede suponer dar una imagen distorsionada de una realidad institucional inexistente. Distorsin que suele ser uno de los instrumentos predilectos de la izquierda abertzale, aado yo y repito. La norma citada dice en su artculo 6.2 que El uso pblico de la bandera de Navarra como distintivo de edificio o sede administrativa excluye el uso conjunto y simultneo de cualquier otra con ella, salvo la de Espaa, la de Europa, y la oficial en cada una de las Entidades Locales de Navarra, cuando ello proceda legalmente (). Es decir seor Aznrez, y a riesgo de parecer reiterativo, lo nico que dicta la ley es que en los edificios o sedes administrativos no se ha de exhibir la ikurria, pues no representa a la Comunidad Foral de Navarra. Eso s, en el artculo 8.3, la ley llega a permitir el uso de cualquier bandera de otra comunidad autnoma, sin excluir de ese uso a la ikurria por supuesto, cuando extraordinariamente sea un acto de cortesa con autoridades de dicha Comunidad invitadas oficialmente por la autoridad competente del territorio anfitrin o en celebraciones ocasionales de hermanamiento entre entidades locales [3]. En la ley navarra, por tanto, no aparece interdiccin alguna del uso de la ikurria fuera de las sedes administrativas, siendo as la afirmacin del seor Aznrez una simple falsedad. S es interesante recordar que esta misma ley es reiteradamente incumplida por alguna que otra corporacin municipal gobernada por la izquierda abertzale, sin que parezca que el famoso yugo espaol, aunque en este caso debiera decirse yugo navarro, haga su aparicin por ningn sitio.

Y en cuanto al supuesto apoyo por parte del pblico congregado en la plaza del ayuntamiento pamplons el da del chupinazo al despliegue de la ensea vasca, nadie podr negar que hubo un grupo de presentes que lo apoy, as como nadie tampoco podr negar que hubo otro grupo que manifest su rechazo, como ocurre, por otra parte, casi todos los aos, puesto que todo el que quiso pudo comprobar a travs de la televisin cmo se form una tremenda trifulca en la misma plaza en la que mediante el dialctico uso de los puos, cada grupo expres sus puntos de vista. Pero de esto, claro, el director de Resumen Latinoamericano no tuvo noticia, y si la tuvo, se la calla. Cierto que alguien puede pensar que aquellos que protestaron por la exhibicin ostentosa de la ikurria eran invasores imperialistas espaoles disfrazados de sanfermineros. Todo podra ser, no lo niego [4].

Y, para ir terminando, ms all del tiempo y energa que uno gasta en intentar desactivar estas triquiuelas dialcticas, he de expresar mi sorpresa por la acogida acrtica de cierta clase de artculos faltos de cualquier rigor, cuando no resueltamente peregrinos o mentirosos (como es el caso que nos ocupa), si proceden de la izquierda abertzale, (la cual parece tener una cierta aureola de infalibilidad y carisma con la que fascina y enmudece a buena parte de la izquierda espaola), y cuyo nico, si no objeto s resultado, es fomentar por un lado la desinformacin en general y por otro la desconfianza y el resentimiento entre los pueblos de Espaa. En este sentido Rebelin debera ser algo ms exigente a la hora de aceptar ciertos trabajos, por mucho renombre y solera que parezca exhibir el autor de los mismos.

Una precisin filolgica para terminar, seor Aznrez: Aske gunea no significa en vascuence muros populares, sino espacio (o territorio, o rea) libre. Muros populares se dira herri hormak o herri harresiak, salvo mejor opinin.

Notas:

[1] http://www.kaosenlared.net/especiales/e/asambleas-de-parados/item/49962-euskal-herria-ante-su-pasado.html

[2]
Para profundizar en este concepto ver VV.AA.: Lenguaje colateral: claves para justificar una guerra. Pginas de espuma, Madrid, 2003.

[3] Ver Boletn Oficial de Navarra de 11 de abril de 2003 y BOE de 20 de mayo de 2003.

[4]
Para ver imgenes del enfrentamiento: http://www.rtve.es/noticias/20130706/despliegue-gran-ikurrina-retrasa-chupinazo-sanfermines-2013/707400.shtml.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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