Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-08-2013

Sobre el balance del comunismo
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (XI)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


No era verdad que el comunismo marxista hubiera pasado por el mundo sin dejar otras huellas que las del caballo de Atila. No todo lo que l hizo tena que ir a parar al basurero de la historia como quieren ahora los dogmticos del neoliberalismo y como parecen empezar a aceptar en el centro del Imperio muchos de los letratenientes que en otros tiempos vieron en el marxismo la ciencia social por excelencia [1].

Slo una visin muy unilateral y netamente interesada de lo que haba sido la historia de la humanidad en los ltimos cien aos poda defender una idea de estas caractersticas

Dos nudos, sostena FFB, haban hecho plausible en Europa una presentacin tan sesgada de esta historia: 1. La derrota que haba significado para las fuerzas partidarias de la emancipacin social el final del primer intento (URSS) de construccin del socialismo. 2. La monocorde presentacin de la tragedia del movimiento comunista europeo como una cadena sin fin de errores y crmenes en la que el contexto histrico desaparece por completo.

La mayora de las reconstrucciones de la historia del movimiento y de los partidos comunistas que se haban ido imponiendo durante la dcada de los ochenta y principios de los noventa del siglo XX eran, sin ms, una inversin de la unilateral e ingenua historia ortodoxa construida en los aos anteriores a iniciativa de los propios protagonistas. La autocrtica estaba muy presente. Si el rasgo caracterstico de la hagiografa estalinista fue justificarlo todo aludiendo al poder y a la maldad del adversario capitalista, con lo que varias generaciones de comunistas se taparon, nos tapamos [insisto: nos tapamos, el que suscribe-acompaa incluido], los ojos y los odos ante cuasi evidencias, lo que entonces defina al enfoque de la pseudohistoriografa que se estaba imponiendo era volver el calcetn del revs: donde, segn la hagiografa estalinista, estaban la maldad y la fuerza bruta de un adversario poderoso ahora no hay apenas nada. Se presentaba la historia del socialismo realmente existente, del socialismo realmente resistente, como si movimiento y partidos hubieran luchado contra fantasmas que nunca llegaron a existir o contra molinos de viento inventados por la mente calenturienta de los comunistas, por la otra maldad.

De este modo, prosegua FFB, lo que de hecho haba sido una tragedia de gentes con ideales, gentes que "no pudieron ser amistosos" [Brecht], gentes que tuvieron que "dormir entre asesinos" [Brecht: A los por nacer, uno de los poemas preferidos tambin por Sacristn] en los tiempos sombros del fascismo y del nacionalsocialismo, historia que se contaba ya entonces sobre un trasfondo vaporoso en el que la otra parte, el adversario de ayer, queda completamente difuminado y las "frentes lisas" de los insensibles de ayer elevadas al rango la inteligencia. Como si, conclua irritado FFB, la cobarda de entonces hubiera sido precisamente superior capacidad de previsin.

Lo que ms impresionaba de la forma en que los vencedores trataban de reconstruir la historia del socialismo marxista es que se pudiera presentar sta como un encadenamiento de crmenes y errores sustancialmente motivados por una supuesta visin conspirativa de la historia cuando ya entonces, con aos de retraso, se iban confirmando una tras otra las sospechas que ayer se tenan sobre la intervencin de los servicios de inteligencia de la OTAN en todos aquellos pases del mundo en los que algn da hubo la oportunidad de que la izquierda marxista llegara al gobierno gracias a los votos de la mayora de la poblacin. Jean Ziegler haba contado parte de esta historia siniestra para algunos de los pases del llamado "tercer mundo". Las revelaciones recientes (FFB no conoca entonces las informaciones posteriores claro est) sobre la intervencin de los servicios secretos en Italia desde 1960 hasta 1980 superan ya lo que muchos habamos sospechado en polmica con lo que aqu, entre nosotros, criticaban ingenuamente el "estalinismo" del PCI en los das del "caso Moro".

Fuimos ingenuos, absolutamente ingenuos. Fue peor, mucho peor de lo que pensbamos y denuncibamos.

Para FFB todava estaba por hacer una historia alternativa y distanciada de lo que haba sido el socialismo como poder y el socialismo como resistencia a la barbarie durante este siglo. Doble perspectiva. Una historia, sugera el lector de Gamoneda, cuyo concepto regulador tena que ser la idea que haba inspirado a Brecht su poema A los por nacer, una historia en la cual se de cuenta, desde su trasfondo histrico, de las razones por las cuales algunos, siendo como eran buena gente, "no pudieron ser amistosos", "miraron con impaciencia la naturaleza", "hicieron el amor sin atencin" y "vivieron entre asesinos".

Esbozos nacionales de esa historia existan ya en Italia, en Francia, en Inglaterra, en Alemania, gracias al esfuerzo de institutos y fundaciones vinculados a partidos, sindicatos y particulares que no han credo nunca ni en las vidas de santos ni en la generalizacin de la criminalidad sin causas sociales. Cuando esta historia alternativa pueda hacerse [2], se comprender con el equilibrio necesario por qu surgi y tuvo tanto xito el estalinismo y qu signific realmente en la URSS y fuera de la URSS, por qu naci la NEP [la nueva poltica econmica defendida, entre otros, por Lenin y Bujarin] y por qu aquella misma NEP con la que tantos estuvieron de acuerdo no pudo dar ms de s. Tambin por qu tuvo que firmarse el pacto germano-sovitico y por qu pudo producirse una situacin como la de Stalingrado, y tambin por qu aquel final tremendo de la guerra de Espaa y por qu la segunda guerra mundial. Acontecimientos, todos ellos, que eran parte de la historia reciente del socialismo marxista y, a la ve,z parte de la historia de la Europa contempornea, historia en la que otras fuerzas sociales y polticas callaron en los momentos decisivos en los que tantos y tantos comunistas y socialistas eran asesinados, torturados, encarcelados y vejados por el mero hecho de serlo, de decirlo o de escribirlo. Y eso en Italia, en Espaa, en la Francia de Vichy, en la Alemania de Hitler, en el Portugal de Salazar, en la Grecia monrquica y republicana, y en tantos y tantos lugares de la Europa central y occidental.

Tambin en la URSS con la excusa de la lucha por el poder.

FFB conclua este punto de la forma siguiente:

La principal equivocacin de todos los marxismos habidos hasta aquel momento haba sido esta: pensar que las revoluciones ocurridas desde 1917 han sido debidas a la capacidad cientfico-analtica de la teora aplicada a situaciones concretas por marxistas ortodoxos, respetuosos con los textos de Marx. La verdad histrica era lo contrario:

El marxismo que haba ayudado a hacer la revolucin en Rusia, en China, en Cuba, en Vietnam, en Argelia no haba sido tanto la ciencia inaugurada por Marx como su inspiracin poltico-moral. Pruebas de ello: el marxismo "cientfico" del primer volumen de El capital se convirti pronto en teora de la burguesa, precisamente all donde iba a hacerse la primera revolucin. La razn es ahora muy obvia: la teora de la transicin del feudalismo al capitalismo contenida en el primer volumen de El capital serva para justificar en Rusia la necesidad del capitalismo como progreso frente al absolutismo zarista y a la persistencia de la servidumbre. De este modo, los idelogos de la burguesa rusa culta se quedaron con el esquema cientfico-filosfico de El capital mientras que los revolucionarios (sobre todo los populistas de los aos setenta y ochenta del siglo XIX) se fijaron particularmente en la intencin moral, en la voluntad emancipatoria del marxismo para una situacin particularmente atrasada y, por tanto, muy difcil, lo que les oblig a aadir fuertes dosis de voluntarismo a un concepto elaborado por Marx pensando sobre todo en pases como Inglaterra, Francia y Alemania donde la industria haba alcanzado ya un amplio desarrollo.

No era extrao que el propio Marx hubiera dudado tanto a la hora de contestar a la revolucionaria populista Vera Zassulich: el dilema que sta le plante (si crea posible el paso directo desde la vieja y atrasada pero en tantos sentidos solidaria comuna rural a alguna forma de comunismo) fue y ha seguido siendo el gran problema de las revoluciones realmente existentes hasta ahora [3]. Algo parecido haba que decir acerca de la relacin entre el marxismo y la revolucin china: el marxismo de Mao tena en realidad muy poco que ver con el marxismo de Marx y difera tambin del marxismo de los principales tericos rusos de los aos veinte y treinta. Bastaba con ir a las fuentes de la polmica entre Mao, Stalin, Trotski y Bujrin para darse cuenta en seguida de dnde estaban las diferencias: en general, los rusos pretendan explicar la historia de China desde los comienzos de este siglo con el mismo esquema leninista de las etapas de la revolucin rusa inspirado en el anlisis marxista de las etapas de la revolucin francesa. Pero si ya hubo que retorcer las cosas -no siempre reconocindolo de manera explcita- al pasar del cuento de Pars al de Mosc y San Petersburgo, result ms que evidente que el cuento de Pars no poda hablar tambin de Pekn.

Una vez ms, conclua FFB, el esquema se haba enfrentado con la vida misma. En general los rusos se haban quedado con el esquema mientras que Mao retorci por segunda vez la concepcin histrico-dialctica de Marx para meter en ella la historia social, militar y poltica de un pas, el suyo, sobre el que Marx en su tiempo apenas poda saber gran cosa. Tuvo xito en la empresa como es sabido.

FFB finalizaba este apartado con un interrogante cuya respuesta no pareca muy difcil: Y qu decir del castrismo y del guevarismo en la revolucin cubana si no que fueron un nuevo retorcimiento de las ideas del viejo Marx para meterlas ahora en el marco de la lucha de los pueblos coloniales subdesarrollados, tan lejos ya del hogar clsico del capitalismo y de aquella Europa industrializada en la que pensaban los primeros internacionalistas?.

Las revoluciones bolivarianas de estos ltimos aos permiten ampliar la misma pregunta.

Notas:

[1] mientras tanto n 52, noviembre/diciembre de 1992, pp. 57-64. Reproducido en Realidad, revista de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Centroamericana Jos Simen Caas, San Salvador (El Salvador), n 37, enero-febrero de 1994, pp. 135-143.

[2] FFB aada en nota: la apertura de los archivos moscovitas de la III Internacional ser sin duda un buen empujn a este respecto.

[3] Escriba FFB entre parntesis: Sera interesante estudiar en este contexto si la idea dialctica del comunismo moderno como "negacin de la negacin", como sobrealzamiento del viejo comunismo primitivo luego de que la historia de la humanidad hubiera superado el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo, surge como mero desarrollo terico, en abstracto, de la concepcin dialctica de la historia universal, o si aparece ms bien como generalizacin plausible del caso ruso, que, obviamente, se sale del esquema contenido en el volumen primero de El capital.

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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