Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-08-2013

Sobre tradiciones emancipatorias
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (XII)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Cuando un movimiento de emancipacin se considera a s mismo como una tradicin ideal, prosegua FFB sealando en su trabajo sobre las virtudes del marxismo [1], era natural que pusiera preferentemente el acento en la continuidad ms que en la diversidad y en la ruptura de los esquemas anteriores. Era parte de su fuerza. Al hacer la historia del socialismo durante el siglo XX era difcil soslayar la presencia de la fuerza de la creencia hecha tradicin: han sido muchos millones de personas en Europa, Asia, frica y Amrica los que pensaron que el socialismo de raz marxista iba a ser la solucin a sus problemas y a sus desgracias. Despreciar ese hecho, esa consideracin, era una pedantera de especuladores acrticos que luego suelen atormentarse con retorcidas preguntas acerca del retorno de los fundamentalismos o hacer la vista gorda sobre las constantes muestras de adulacin y culto a la personalidad que se repiten en el marco de la propia subcultura.

Qu tipo de tradicin era el socialismo marxista? El socialismo marxista se haba considerado como una tradicin ideal, como el receptculo de un conjunto de creencias sobre la sociedad hecha fuerza social en una forma-partido alternativa, en contraste con la sociedad existente (fuera sta la democracia indirecta pero representativa propia del capitalismo europeo en los momentos de vacas gordas o la tirana nazi-fascista o el despotismo oriental o las distintas dictaduras latinoamericanas o la todava informe organizacin social que marca el paso de las tribus en tantos lugares de frica).

( Aos despus, 2002 o 2003, no puedo precisar ms, visit un da a FFB en su despacho de la UPF. Le llev escrito el siguiente texto de Sacristn que haba localizado no haca mucho en sus apuntes crticos sobre un artculo de Lucio Colletti: No se debe ser marxista (Marx); lo nico que tiene inters es decidir si se mueve uno, o no, dentro de una tradicin que intenta avanzar, por la cresta, entre el valle del deseo y el de la realidad, en busca de un mar en el que ambos confluyan. Para ti Paco, le dije. Nunca se me borrar la cara del autor de Marx sin ismos (recurdese la dedicatoria de su ensayo) mientras lea el aforismo).

Porque se haba considerado durante dcadas como una tradicin ideal, haba preferido ir uniendo por guiones cada uno de los nuevos retorcimientos de la doctrina inicial que iban apareciendo a lo largo de la historia: marxismo-leninismo-pensamiento Mao Ts Tung, marxismo-leninismo-guevarismo-castrismo, marxismo-leninismo-stalinismo o marxismo-leninismo-gramscismo. Segn los casos, los momentos histricos, las revoluciones y las nacionalidades.

Lo que el uso generalizado de los guiones reconoca, desde el punto de vista de la consideracin racional de la cosa era, precisamente (el punto no se le escapaba a FFB en absoluto), la existencia de diferencias, de discontinuidades, entre las ideas y opiniones de Marx y las de Lenin, Gramsci, Ho, Mao, Guevara o Castro por ejemplo. Pero, por otra parte, paradjicamente si se quiere (en paradoja significativa politicamente) ese mismo uso habitual ha funcionado durante dcadas como un smbolo de la continuidad en el marco de unas mismas creencias, como un smbolo utilizado para ocultar a los simples el lado de la discontinuidad, de las diferencias. No era ninguna casualidad el que esta forma de enfrentarse con los sucesivos retorcimientos revisiones es palabra tambin del autor- del marxismo de Marx se hubiera mantenido intacta hasta que se produjo el cisma chino-sovitico, momento en el cual no poda dejarse ya sin problematizar diferencias culturales que eran muy obvias pero que haban quedado subsumidas por la prioridad concedida al elemento de la continuidad.

Haba sido Palmiro Togliatti (admirado por l, como lo haba sido por su maestro y amigo) quien propuso en Europa acabar con la vieja costumbre de silenciar los retorcimientos inevitables bajo el guin de turno. Desde luego: la vieja costumbre no desapareci por completo: como suele ocurrir en estos casos, lo que en principio fue una prctica nacida del hacer de la necesidad virtud se convirti, despus de su denuncia por el nuevo marxismo laico togliatiano, en simple defensa del dogma. En cualquier caso, es tesis y creencia mantenida por el traductor de Valentino Gerratana, que no haba duda alguna de que haba sido el policentrismo togliattiano, su idea de la unidad en la diversidad, lo que haba abierto el camino a una concepcin laica de la tradicin, de la tradicin socialista no entregada ni demediada.

Podra decirse, pues, posegua FFB, que los marxismos del siglo XX, nacidos en la cuna de las revoluciones rusa, china, vietnamita y cubana, haban sido en gran medida recubrimientos ideolgicos de una prctica en verdad revolucionaria o, tambin, el autor insisti en este nudo en otras intervenciones posteriores, criaturas hbridas concebidas por el maridaje entre algn tipo de marxismo y algn tipo de pensamiento de liberacin nacional ms o menos consolidado ya anteriormente. [2]

Una cosa as se poda prever por otra parte. El FFB metodlogo que no haca mucho haba publicado La ilusin del mtodo (1991), un libro que sigue creciendo con el transcurso del tiempo- la ciencia social slo podr ser parcialmente predictiva en situaciones en las que se supone que han de intervenir colectivos muy amplios, multitudes. La grandeza del marxismo resida, era su tesis ya comentada, en haber juntado en un mismo corpus la intencin, la vocacin de hacer ciencia en serio y la inspiracin moral-poltica del espritu de la rebelin y de liberacin de los de abajo. Lenin, que de todos los marxistas que haban encabezado o dirigido revoluciones, era el que mejor haba conocido la obra de Marx haba tenido que hacer grandes equilibrios para explicar con categoras marxianas lo que estaba pasando y lo que iba a pasar en Rusia. Ejemplos de estos equilibrios: el concepto leninista de revolucin democrtico-burguesa hecha por el proletariado industrial e, igualmente, su concepto de dictadura democrtica del proletariado y del campesinado. Hbridos as, sealaba FFB, no hubieran cabido probablemente en la cabeza de Marx. La realidad rusa era tan ocenica que tampoco caba en los marcos de una filosofa. Ni siquiera en los de una filosofa tan omnicomprensiva como estaba siendo la marxista.

Del mismo modo, Mao, para poder llevar a trmino la revolucin en un pas enorme como China, tuvo que fabricar una teora de las contradicciones que, afirmaba FFB a calzn bajado, con toda seguridad tiene mucho ms que ver con el pensamiento filosfico chino tradicional que con la inversin marxiana de la dialctica hegeliana. Igual en el caso de Fidel Castro, quien empieza siendo un demcrata revolucionario-liberador en lnea De Las Casas-Mart para hacerse marxista-leninista por necesidades econmico-polticas de la isla de Cuba. Sin haber ledo antes El capital, desde luego, y conociendo muy poco probablemente la obra de Lenin.

Notas:

[1] mientras tanto n 52, noviembre/diciembre de 1992, pp. 57-64. Reproducido en Realidad, revista de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Centroamericana Jos Simen Caas, San Salvador (El Salvador), n 37, enero-febrero de 1994, pp. 135-143.

[2] Entre parntesis, apuntaba brillantemente FFB: Sin forzar histricamente las cosas as puede interpretarse el leninismo -hbrido de marxismo y populismo-, el maosmo -hbrido de marxismo y senyuseismo- y el castrismo -hbrido de marxismo y martinismo-. Etc..

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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