Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-08-2013

Mundo, lucha de clases y marxismos contra corriente
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (XV)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Cuando la gente se da cuenta de estas cosas (de la insuficiencia del mercado, de los lmites de la democracia mercantil y oligrquica) deja de ser razonable en el sentido anteriormente dicho y apela a otra razn. Si, adems, son tiempos de vacas flacas, y los hombres y las mujeres razonables moran en pases en los que mueren miles de nios al da, en los que se esclaviza a otros, se prostituye a muchos y se tortura al que protesta, entonces (y no es sta la nica situacin de injusticia posible en el mundo de hoy) la anterior evidencia histrica se hace menos evidente y el gradualismo propuesto para las actuaciones menos razonable. Se puede acaso graduar la satisfaccin de las necesidades bsicas, elementales, cuando la gente est a un tris de morirse de hambre? Y por qu sigue conmoviendo y emocionando tanto a las buenas gentes, igual en el Norte que en el Sur, el espritu de la rebelin, las viejas historias de los hombres y de las mujeres que se alzaron y se alzan contra la desigualdad intolerable?

As escriba FFB a principios de los aos noventa, mucho antes de nuestra actual crisis [1]. No se poda negar a Marx y a algunos marxistas (a Rosa Luxemburg, a Gramsci, a Lukcs, a Korsch, por no hablar de Brecht y de Benjamin, tan lcidos en su diagnstico), el haber apuntado unas cuantas cosas serias sobre esta seria cosa que es la actitud de los hombres y de las mujeres ante la lucha de clases. Lo que era evidencia histrica y conclusin razonable para unos acababa resultando un hiriente insulto para otros. A qu se deba?

Se deba a que, nos gustara o no, exista en el Planeta algo as como eso a lo que se ha llamado -a veces tambin con un poco de petulancia, todo hay que decirlo- lucha de clases a nivel mundial. Cuando Marx y Engels escribieron el Manifiesto, el mundo incluso para unos alemanes que se queran internacionalistas- era Europa y poco ms. Ahora ya era otra cosa: el mundo son los cinco continentes: vemos en directo -y hasta podramos vivirlo, si adems de ser razonables nos hubiera sido dada la gracia de los sentimientos humanitarios y de la coherencia entre el decir y el hacer- el hambre, la tortura, la desigualdad social, la miseria material y psquica en frica, en Asia, en Amrica Latina Y, por supuesto, en los suburbios de las principales ciudades de Europa, de los EEUU de Norteamrica, del Japn. La situacin no ha cambiado sustantivamente, o cuanto menos no la hecho en los ltimos escenarios indicados.

No pocas personas sensatas y razonables del Norte, prosigue FFB, se hacan la ilusin de que los males del Sur nada tenan que ver con nosotros, con nuestro mercado, con nuestra democracia mercantil. Concluan, desde esa ilusin, desde esa ideologa-falsa-consciencia, que nuestro mercado y nuestra democracia mercantil no slo no son responsables de tanta miseria y de tanta muerte, sino todo lo contrario- que evitan la miseria y la muerte all donde se instalan. Pero no haca falta ser historiadores ni grandes analistas, bastaba con fijarse un poco ms en las tragedias del mundo que en los conceptos de democracia y mercado ahistricamente formulados, para darse cuenta de que las rapias de nuestros antepasados colonizadores, las constricciones impuestas por el Banco Mundial y los beneficios de las multinacionales con sede en EEUU, Japn y la CEE (nuestra actual UE por as decir), tienen tanta relacin con la miseria del Sur y con su crisis ecolgica como la explosin demogrfica que se est viviendo en aquellos pases.. Segn FFB, la desigualdad social existente en la Europa del XIX hizo nacer el marxismo. La tremenda desigualdad mundial existente ahora har nacer otro intento de juntar la explicacin del mal social con la exigencia de cambiar el mundo de base. No parece que anduviera muy equivocado FFB tambin en este nudo [2].

El instrumental cientfico y tcnico para este nuevo inicio empezaba a estar a punto. Qu nombre se pondr al nuevo intento? Se seguir llamando a esto marxismo? Nuestros jvenes, sealaba FFB, la llamaban insumisin, y desobediencia civil al espritu de la rebelin que est en los prolegmenos de la nueva tentativa. Los campesinos latinoamericanos llaman a la nueva cosa (hbrido de marxismo crtico y de cristianismo inspirado en el Sermn de la Montaa) teologa de la liberacin. Nombres tal vez parciales y, probablemente, prematuros. No importaba, Lo que importa es el concepto, lo que importa es que tambin ahora hay argumentos a favor de un punto de vista que no sea slo y dogmticamente liberal..

Ese era el punto.

Liberales lo ramos todos de salida, al menos aqu, en Europa, comentaba entre parntesis el autor. De hecho, el mismo Marx tambin lo era de joven [3]. Tambin Dostoievski lo que no fue bice para un clarividente anlisis de la paradoja de un liberalismo que conduce al nihilismo en la generacin siguiente. Y Chernichenski [4]. Luego, con el tiempo y los aos, apuntaba FFB, unos liberales prefieren el autoritarismo del dspota bondadoso (como los liberales de la Trilateral y no pocos de los cientficos liberales que se han planteado en serio la interrelacin de los problemas econmico-sociales con los problemas ecolgicos de este final de siglo) y otros liberales, FFB toma para si mismo el concepto, preferimos el igualitarismo social radical, la superacin de la forma actual, capitalista, de la divisin social fija del trabajo. O tendrn que seguir haciendo siempre los mismos, y los hijos de los mismos, las tareas de mantenimiento y limpieza de nuestra pocilga?.

No, por supuesto que no. Por eso haba que ser algo ms que liberales. Es posible que esta diferencia de criterio entre slo liberales y algo ms que liberales (libertarios, socialistas, comunistas) no exista ya cuando la llamada democracia del mercado haya logrado dar de comer a los hambrientos y de beber a los sedientos del mundo entero, de nuestro mundo. Pero mientras tanto, mientras en el mundo existan ms desigualdades e injusticias que las que est dispuesta a admitir la filosofa liberal dominante, es de esperar, es de desear, que los desposedos, adems de interpretar este mundo, sigan pensando en la necesidad de cambiarlo de base, de raz. La desesperacin tampoco era, tampoco es un humanismo rebelde.

Para contestar a la pregunta sobre si se seguir llamando marxista en los prximos tiempos la racionalizacin de la pasin de los insumisos y desobedientes que conserven la identidad emancipatoria anticapitalista convena detenerse a estimar que haban dado de s los marxismos durante la ltima dcada, la dcada de los ochenta, y si, mientras tanto, haban aparecido en el horizonte otros paradigmas alternativos que cumplan ya o puedan cumplir el papel educador y liberador que el marxismo ha tenido durante un siglo. [5]

FFB apuntaba dos consideraciones al respecto.

Una: el marxismo, los marxismos, no ha(n) desaparecido de la vida cientfico-acadmica en este final de siglo. En relacin con esto hay que preguntarse si realmente, como ha escrito Francisco lvarez, se trata de un programa terico degenerativo, que ha dado ya todo lo que tena que dar s. FA parece salvar exclusivamente algunos desarrollos recientes del marxismo analtico, en particular aquellos que se basan en una revisin a la Roemer de la teora de la explotacin. En principio, la idea de FA le pareca muy restrictiva. Para mantener eso hay que pasar por alto la produccin de los historiadores durante la ltima dcada, que es notable (y en varios aspectos ms apreciable que la de los marxistas generalmente llamados analticos): E. Hobsbawm, E.P. Thompson, Ste Croix, Ch. Hill, P. Vilar y tantos otros.

En todo caso, prosegua FFB, se podra aceptar una objecin as y continuar manteniendo que el programa terico marxista era ya degenerativo porque slo vala para explicar el pasado y no consegua decir nada de inters sobre el presente (flojera en el anlisis econmico, sociolgico, cultural, poltico, etc.). Se podra mantener alguna variante de la idea que ya tuvo Benedetto Croce a finales del siglo pasado, una idea que, en cierto modo, han repetido ms tarde Kolakowski y Duverger: el materialismo histrico, conveniente corregido su determinismo, an sera til como hiptesis de trabajo en el mbito de la historiografa.

El repaso de la produccin de los marxistas durante la dcada de los ochenta obligaba a ampliar esta opinin generalmente aceptada, por lo menos en algunos campos. sin duda, en el de la antropologa; sin duda tambin en el de la crtica de la cultura, la historia del arte y la crtica artstica (Berger, Williams, Jameson, Mller). No est claro, sin embargo, que haya que considerar degenerativo el programa terico en economa (en un sentido amplio) y en sociologa (tambin en un sentido amplio). En estos campos lo que ha ocurrido es que la especializacin ha desplazado los temas ms generales, socioeconmicos y sociohistricos, del marxismo clsico. Esos temas solan encontrar su lugar en aquellos momentos en los estudios interdisciplinarios, globalistas y prospectivos.

En cualquier caso, conclua FFB esta primera consideracin, el ndice de autores marxistas interesantes y renovadores en el campo de las ciencias sociales sigue siendo notable.

La segunda consideracin tena que plantearse el asunto de si, en las ltimas dcadas, haba surgido algn paradigma alternativo que ocupara el lugar que ocup el marxismo durante dcadas.

La primera parte de esta consideracin obligaba a medirse con el punto de vista segn el cual tal cosa no haba ocurrido ni tena por qu ocurrir: la posmodernidad es consciente de la imposibilidad terica de una cosmovisin como la que represent el marxismo clsico. La perspectiva posmodernista vena a decir que no debemos aspirar a un pensamiento fuerte en el sentido de globalizador y con la pretensin de contribuir a transformar el mundo. Lo sensato era conformarse con un pensamiento fragmentario, dbil, minimalista, provisional y siempre revisable. Tal argumentacin se basaba mayormente en la crtica a contrario: a partir precisamente, de las consecuencias negativas del marxismo durante un siglo (dogmatismo, totalitarismo, escolasticismo, teologismo, etc).

FFB reconoca que la argumentacin crtica del posmodernismo tena fundamento, era atendible. La pregunta que de todas formas haba que hacerse era esta: por qu, ms all del diletantismo, se sigue considerando hoy en da como una necesidad algn tipo de enfoque globalizador que permita atender tericamente a los grandes problemas de la humanidad que estn lugar a los grandes conflictos del final de siglo? No significa esa aoranza el reconocimiento de que, a pesar de todo, hace falta algo ms que el solo anlisis? No quiere decir eso que necesitamos otra vez fundir la inspiracin de la Ilustracin con la del romanticismo?

Si se admita esta consideracin, que haba sido defendida entre otros por Edgar Morin, acaso no vale la pena seguir plantendose si realmente ha nacido ya otro paradigma de esas caractersticas que supere o deje atrs al viejo paradigma marxista, que haga anacrnica la afirmacin de Jean Paul Sartre sobre el marxismo como insuperable horizonte terico de nuestro tiempo? Se deca a veces que ese nuevo paradigma era el de la complejidad. Se deca, principalmente, en base a consideraciones metodolgicas y epistemolgicas. En cambio, conclua FFB, basndose en consideraciones ms bien prcticas, o atendiendo a la gravedad que ha cobrado en los ltimos tiempos la crisis medioambiental, otros autores postulan que el paradigma ecologista ha sustituido efectivamente lo que represent el marxismo decimonnico en la medida en que el gran problema de nuestro tiempo es encontrar un tipo de economa ecolgicamente mantenible.

FFB apuntaba que se tendra que discutir tales puntos de vista (l, como es sabido, abono todo lo que pudo el paradigma ecologista desde un punto de vista marxista-comunista) aunque l no entr en materia en aquel momento, en aquel trabajo sobre las virtudes del marxismo.

Pocos aos ms tarde, Francisco Fernndez Buey nos regalaba su Marx. Un Marx sin ismos por supuesto.

PS: Un paso de un artculo de Sacristn de 1968 que no le pas por alto a FFB -Corrientes principales del pensamiento filosfico (Papeles de filosofa, Icaria, Barcelona, pp. 393-394- era muy apreciado por el autor de Politica:

La clasificacin de las ideas de los filsofos en ismos -como los tres que van a considerarse seguidamente- no puede contar nunca con el aplauso de los autores as clasificados. No es, ciertamente, un procedimiento que pueda dar en general razn de lo que ms debe importar al autor filosfico: por muy dentro que se encuentre de una tradicin, el filsofo digno de ese nombre escribe precisamente para alterarla en mayor o menor medida, para aadirle temtica, o para rectificar puntos del mtodo en ella, o para someter a examen crtico su modo de validez, su capacidad de evolucionar, etc. De no ser as, no habra nunca produccin filosfica que no fuera meramente histrico-didctica [la cursiva que acaso FFB hubiera suscrito es ma].

Notas:

[1] mientras tanto n 52, noviembre/diciembre de 1992, pp. 57-64. Reproducido en Realidad, revista de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Centroamericana Jos Simen Caas, San Salvador (El Salvador), n 37, enero-febrero de 1994, pp. 135-143.

[2] Entre parntesis sealaba FFB: Sobre este punto hay que atender a lo escrito por Inmanuel Wallerstein en The Capitalist World-Economy, Cambridge University Press, l979, y en obras posteriores. Particularmente interesante para la argumentacin aqu es el artculo titulado "Marx and History:Fruitful and Unfruitful Enphases", en Thesis Eleven,n 8, l984, pgs. 92-101. FFB reproduca esta cita Wallerstein:

"Desde l945 se produjo en el campo marxista una retirada tan desordenada como imprevista (motivada por la observacin de lo que estaba ocurriendo en los pases industrializados) respecto de una de las intuiciones ms agudas que Marx haya tenido nunca, la del aumento de la polarizacin entre clases. Tratndose del largo plazo Marx era mucho ms hbil de lo que suele reconocrsele. Se da el caso de que la polarizacin entre las clases sociales es una hiptesis histricamente correcta, lo cual se puede demostrar empricamente siempre que se use como parmetro la nica entidad que realmente cuenta para el capitalismo: La economa-mundo capitalista. Durante cuatro siglos ha habido en el seno de esta entidad una polarizacin que no es slo relativa sino absoluta".

Wallerstein se refera, prosegua FFB, luego brevemente a la forma de calcular la distribucin de la riqueza en el sistema-mundo y la duracin de la vida, para concluir:

"Si se pudieran obtener cifras comparativas, calculadas para el largo plazo y en mbito de la economa-mundo, creo que stas demostraran claramente que durante los ltimos cuatrocientos aos ha habido una significativa polarizacin material en el seno de la economa-mundo capitalista. Para decirlo an con ms claridad: mantengo que la gran mayora (todava rural) de la poblacin de la economa-mundo trabaja hoy a un ritmo ms duro, durante ms tiempo y con una compensacin menor que hace cuatrocientos aos".

[3] De nuevo entre parntesis, sealaba FFB: Wallerstein, en el artculo sobre Marx y la historia que se ha citado hace un momento, replantea el viejo debate sobre los dos Marx en unos trminos que me parecen muy apropiados en la situacin de ahora. Contrapone a un Marx que se rebela contra el pensamiento liberal burgus (con su antropologa fundada en el concepto de naturaleza humana, sus imperativos categricos kantianos, su confianza en el lento pero inevitable mejoramiento de la condicin humana y su preocupacin por el individuo a la bsqueda de la libertad) a otro Marx que acept el universalismo al aceptar la idea de una inevitable marcha de la historia hacia el progreso, un segundo Marx ms aceptable para los liberales. Wallerstein prefiere el Marx "fastidioso" de la polarizacin social, el Marx que no tuvo dificultad en mostrar cmo los liberales abandonaban sus principios cada vez que vean amenazado el propio orden social, el Marx que record a los liberales sus propias palabras, que llev la lgica del liberalismo a sus consecuencias ltimas y que, con ello, hizo digerir a los liberales la misma medicina que ellos prescribieron a los otros: ms libertad, ms igualdad, ms fraternidad.

[4] Fue traductor de J. S. Mill al ruso, seala FFB. Y tantos otros, pero crtico observador de lo pronto que degener el liberalismo en Europa y en Rusia.

[5] Entre parntesis, anotaba el autor: a partir de este punto 23 introducir "marxismos contra la corriente".

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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