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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-07-2013

Son los de abajo trabajadores?

Guillem Murcia
Rebelin


En las ltimas semanas ha habido un debate sobre la composicin social de un posible bloque de cambio poltico en Espaa, espoleado por un artculo del profesor de Ciencias Polticas de la Complutense Pablo Iglesias titulado Quines son los de abajo? (1). A este artculo le siguieron varias respuestas, de mayor o menor hostilidad para con el contenido del original.

La tesis del artculo original vena a ser que la clase obrera (que se identifica con trabajadores manuales del sector industrial) ha quedado desestructurada por los cambios operados en el mundo del trabajo y ahora, en vez de una masa compacta, unificada, sindicada y consciente de su potencial, lo que tenemos son una mirada de diferentes tipologas laborales que no tienen un nexo comn entre s por su posicin compartida en el sistema de produccin. Debido a esa falta de nexo comn, el que constituyan una clase es algo que resulta discutible, pero sobre todo, es un motivo para pensar que puedan constituir el grueso del colectivo denominado como los de abajo que supuestamente pueden conducir a un cambio social y poltico.

Si bien el concepto de los de abajo no queda descrito en el artculo, de los grupos que enumera el autor, parece deducirse que la referencia va dirigida a una gran mayora de la sociedad que experimenta las peores consecuencias del capitalismo, y en concreto, del capitalismo en crisis, y que por tanto, debera ser objetivo de la izquierda a la hora de intentar aumentar su fuerza poltica. De ah que, no sin cierta irona, Iglesias comente que es conmovedor ver a la izquierda ms nostlgica llegar al orgasmo, cuando trabajadores sindicados de los astilleros o de la minera defienden con sus familias los puestos de trabajo y a sus comunidades frente a los antidisturbios. Los conceptos de precariedad y pobreza, para el autor, son clave para entender que las tipologas laborales con las que l hace una lista, s que son los de abajo, pero sin embargo no son obreros.

Los problemas con este punto de vista, sin embargo, son varios. En primer lugar, como bien seala una de las crticas al artculo, la precariedad no es un concepto ni novedoso ni que ha afectado a los trabajadores desde hace diez, veinte, o treinta aos(2). Como acertadamente elabora Alfonso Lagos en su artculo crtico con los planteamientos de Daniel Lacalle, la precariedad es algo que existe desde las famosas descripciones de Engels de la clase obrera en Inglaterra del s.XIX y adems transmite fenmenos que son relativos a las condiciones laborales de otros trabajadores (largas jornadas, desproteccin legal, falta de contrato, etc.) y por tanto, diferencias dentro de la misma clase, no con respecto a otra clase social.

La imagen de un ejrcito de hombres con mono azul, clnicos, avanzando entre chispas de la siderrgica con el carnet sindical en la mano, por tanto, es una creacin que viene dada con posterioridad al nacimiento de una clase trabajadora en situacin de absoluta desproteccin legal, alta precariedad y extrema pobreza. Las condiciones que parecen describirse en las tipologas enumeradas por Iglesias ya se han dado en el capitalismo con anterioridad en muchos casos: la migracin no es un fenmeno novedoso, al menos fuera de este pas, y el propio Marx ya trataba el tema (entrecruzado con la cuestin nacional) de la animosidad entre trabajadores ingleses e irlandeses en Inglaterra.

Quizs entonces la cuestin ser semntica, y lo que se pretende transmitir en el artculo sea una divisin entre esos dos grupos: los trabajadores estables y los trabajadores precarios, que ya no se ven identificados con lo que Iglesias denomina unidad simblica de considerarse obreros, con lo cual, parece ser una va para llegar a ellos condenada al fracaso. El problema es que l s que los conceptualiza con una etiqueta, la de los de abajo y afirma que a ellos es a los que hay que dirigirse. Qu conforma como grupo social homogneo a esos los de abajo entonces? En el artculo se citan tres aspectos: que son pueblo, que pagan impuestos y que sacan el pas adelante. El primero y el segundo dependen de apreciaciones altamente subjetivas y de la hegemona de un discurso poltico u otro. Por ejemplo: el discurso neoliberal que actualmente est en boga pretende transmitir la idea de que quien saca al pas adelante son ese concepto nebuloso de los emprendedores. En distinta ubicacin poltica, la extrema derecha nacionalista espaola considera pueblo nicamente a gente con ciertas caractersticas tnicas, dejando fuera a parte de las personas que encajan en algunas de esas tipologas laborales. Y finalmente, pagar impuestos es algo que puede hacer una persona identificada con esas etiquetas, pero tambin un trabajador del sector industrial de los que habla Iglesias, o incluso un gran empresario (hablo en teora, al margen del alto nivel de fraude fiscal que exista en este Espaa).

Si las caractersticas no sirven para extraer a un grupo social concreto de esa lista de distintas tipologas, tampoco queda claro el por qu deberan reconocerse unos a otros como similares bajo una etiqueta como los de abajo, porque, siguiendo la misma lgica que distingue entre unos trabajadores con ms seguridad y otros con mayor precariedad, la misma gradacin se podra aplicar a todas las etiquetas que menciona el autor, estableciendo distintos subgrupos entre ellos en funcin de sus condiciones laborales en un momento concreto dado y afirmando que no todos pueden ser reducidos a la misma etiqueta de los de abajo.

En resumen, la conceptualizacin de los trabajadores como nicamente obreros del sector industrial sindicados es extremadamente restringida e imprecisa. Pero es que adems, ubicar como los de abajo a toda una serie de diferentes categoras que guardan la misma diferencia con esos obreros del sector industrial sindicados que pueden guardar entre s, tampoco parece que elabore un esquema social claro y que permita dirigir un mensaje unificado al colectivo, lo cual parece que era el propsito inicial del artculo de Iglesias. Se podra entender que toda esa mirada de categoras que el autor incluye como el grupo de los de abajo, no dejan de ser estratificaciones, o distintos niveles, en mayor vulnerabilidad y precariedad o menos, del grupo de aquellas personas que trabajan para vivir y no son grandes empresarios. Es decir, de los trabajadores.

El debate no es nuevo, y ya se ha dado en otro momento y otros lugares. Un ejemplo histrico es el comentario del recientemente fallecido historiador marxista Eric Hobsbawm, que desde las pginas de Marxism Today hablaba de los cambios en la clase trabajadora britnica que limitaban su capacidad para superar el capitalismo. En concreto, en The forward march of labour halted, Hobsbawm dedicaba algunas lneas a preocupaciones que, en 1982, ya se parecan en muchos casos a aquellas que esboza Iglesias en su artculo, incluyendo la estratificacin dentro de los trabajadores, o la falta de militancia sindical, impedimentos para desarrollar una conciencia de clase que por tanto, poda darse como, si no muerta, seriamente debilitada u obsoleta (3). El guante al desafo de estas ideas lo recogera el tambin recientemente fallecido Chris Harman, en un artculo titulado The working class after the recession. Ah haca notar que, incluso aunque la conciencia de clase pudiese experimentar altibajos y obstculos en periodos temporales determinados, aquello en lo que era necesario fijarse era en la potencialidad de desarrollo de esta misma conciencia entre la clase trabajadora (4). Potencialidad como capacidad poltica de esta clase, determinada a su vez por su posicin objetiva en el sistema de produccin.

Por este motivo, hay que determinar cul es el propsito que el anlisis de esta heterogeneidad entre el pueblo o la clase trabajadora tiene. Si se trata de analizar la estratificacin entre la poblacin trabajadora y los posibles conflictos o lmites de actuacin conjunta que impone esa estratificacin, entonces parece pertinente entrar a determinar qu se entiende por una clase social. Sera recomendable determinar tanto ese significado, como el de clase trabajadora o precariedad y comprobar hasta qu punto son tiles para describir una realidad social determinada. Pero si el propsito es generar una etiqueta que sirva para dirigirse y crear solidaridad entre todas las personas trabajadoras (de nuevo, en sentido amplio) que ahora mismo padecen un empobrecimiento o empeoramiento de sus condiciones materiales de vida debido a la desigualdad que se halla en auge durante esta crisis, no acaba de quedar clase el por qu ese trmino de los de abajo debe ser contrapuesto al de trabajadores. Es decir, debemos diferenciar si queremos realizar un anlisis o generar conciencia colectiva y poltica (o de clase, si uno quiere emplear la terminologa clsica). Ambas prcticas pueden estar relacionadas o retroalimentarse, pero no deberan confundirse.

Si entendemos que la estructura productiva se cambia mediante un empobrecimiento de la mayora que opera en favor de una minora, como puede ser el caso de la reforma laboral, esto supone un ataque a las condiciones de vida de aquellos que deben trabajar para vivir, que sern los damnificados por esa actuacin poltica. La cuestin no es que la reforma vaya a afectar por igual a todo tipo de trabajadores. De igual forma que podemos admitir que a un nivel de anlisis existe estratificacin, tambin podemos evaluar en ese mismo plano los efectos diversos que puede tener la crisis o las reformas laborales para con distintos colectivos dentro de una etiqueta amplia como trabajadores. Pero a nivel de prctica poltica, y de generar una identificacin colectiva mayoritaria, parece ms frtil utilizar trminos cuanto ms inclusivos, mejor. Porque de lo contrario, podemos caminar la senda de la disensin entre trabajadores que, an vindose perjudicados por un empeoramiento de sus condiciones laborales, dejan de percibirse como grupo perjudicado colectivamente, porque unos lo han sido ms y otros lo han sido menos. De ah, debates alrededor de presuntos privilegios de funcionarios, o directamente de trabajadores fijos que conducen a un divide et impera.

Es decir: etiquetas como los de abajo, la mayora social, el pueblo, o cualquier otra que se quiera utilizar pueden ser perfectamente tiles, pero la contraposicin principal debera ejercerse contra aquella exigua minora que se est beneficiando de una crisis que padecemos la gran mayora: grandes riquezas y empresarios o banqueros. No de quienes por distintos motivos, parecen mostrar mayor capacidad en capear el temporal, porque en ltima instancia, esa mayor capacidad puede ser algo nicamente pasajero y depende de la actuacin colectiva de todos aquellos que no formamos parte de la minora. Y cuando uno mira el trasfondo de esas etiquetas, tiles en la propaganda, parece que no deja de haber una composicin de clase (en sentido amplio, si se quiere). De ah que, como bien seala Nega en su rplica al artculo, el papel de la PAH en la actual crisis econmica sea esperanzador y muy positivo. La PAH realiza una prctica poltica y de movilizacin que contribuye a evitar o desactivar la posible fragmentacin dentro del sujeto colectivo de los trabajadores que supone esa estratificacin (o cualquier otra, como por ejemplo podra ser la del origen nacional dentro de ste) y queda perfectamente descrito en palabras de Albert Jimnez al afirmar:

[]las exigencias formuladas por la PAH no se superponen estrictamente con las de ningn sector especfico de la clase trabajadora (evitando as entrar en conflictos dentro de la propia clase -por edades, sectores productivos, condiciones de empleo, etc.-) y, a diferencia de las demandas sindicales, no se centran exclusivamente en los sectores productivos de la poblacin, sino que plantean un cambio estructural para todas las clases populares (trabajadores fijos, s, pero tambin temporales, precarios, desempleados, jubilados, estudiantes, etc.), consiguiendo solventar as una contradiccin potencialmente muy daina y representando a una misma vez un inters especfico y general.(5).

Aos despus de la polmica entre Hobsbawm y Harman, con motivo de las movilizaciones estudiantiles contra el recientemente electo gobierno conservador en el Reino Unido, hubo un cruce de artculos entre dos figuras de la izquierda britnica, Laurie Penny y Alex Callinicos. Aunque la temtica no giraba alrededor del tema de la composicin de la clase trabajadora britnica y su capacidad poltica, s que tena una cierta reminiscencia al intercambio Hobsbawm-Harman (sin intencin de menospreciar al historiador), al contraponer una presunta novedad organizativa con viejas formas en la izquierda. De un lado, Penny, criticaba el faccionalismo estratgico en la misma, afirmando que las protestas estudiantiles inspiradas en los principios del situacionismo y las tcticas guerrilleras eran una muestra de que haban entendido los principios de la solidaridad, en particular oposicin a actuaciones en partidos o sindicatos, o a la anacrnica nocin de unidad ideolgica que preconiza el Socialist Worker Party(6).

Callinicos, miembro del partido citado y por tanto compaero del fallecido Harman, se encarg de calmar los nimos y poner los pies en la Tierra, advirtiendo contra el hecho de que la ilusin de un nuevo movimiento parezca dejar obsoleta cualquier teora o experiencia pasada. En su opinin, poner en contexto histrico las protestas estudiantiles ayudaba a ver que no dejaban de encarnar formas tradicionales de accin colectiva. Con cambios, con nuevas herramientas de comunicacin, pero en esencia, manteniendo una confrontacin en las calles, real y visible, no tan diferente de cientos de protestas anteriores. Y lo ms importante: Callinicos reconoca la velocidad y el dinamismo de nuevos tipos de movilizaciones (en su respuesta, en concreto, las protestas estudiantiles), pero recalcaba que el poder de accin colectiva segua residiendo en los trabajadores (7).

Esa firmeza en no dejarse arrastrar por vaivenes e intentar mantener, pacientemente, un anlisis y prctica poltica en el tiempo parece similar a la de su compaero de partido. Harman, en el artculo citado anteriormente, afirmaba, de una forma que parece casi una advertencia:

La historia de la clase trabajadora es una historia de cambio continuo, ya que la acumulacin de capital lleva al crecimiento de nuevas industrias y la disminucin de otras.

[] As que por ejemplo, cuando Engels escribi Las condiciones de la clase trabajadora en Inglaterra en 1844, se refera mayoritariamente a los trabajadores del sector textil. Setenta aos ms tarde, cualquiera que hablase del ncleo de la clase trabajadora, lo haca refirindose a los trabajadores en la industria pesada que tenan ese rol en Glasgow, Belfast, Sheffield y el noroeste de Inglaterra. Hacia finales de los aos 30, el crecimiento estaba desplazndose de nuevo, a los motores y la ingeniera de luz y a las West Midlands y Londres

Cuando cualquiera de estos cambios toma lugar, siempre hay aquellos que, fijndose exclusivamente en los viejos patrones de organizacin industrial, son incapaces de entenderlo en trminos de clase. As, muchos cartistas no fueron capaces de entender los cambios que tuvieron lugar en la economa britnica entre 1850 y 1870, y se reencontraron con la poltica de la clase dominante, acomodndose con el liberalismo gladstoniano. Casi un siglo despus, en el cnit del crecimiento de la ingeniera ligera y el empleo en la industria del motor semi-cualificados a finales de los aos 50, se puso en boga el punto de vista de que la clase trabajadora en estas industrias se haba aburguesado.

Hoy en da en Gran Bretaa estamos viviendo otro de estos cambios, que se ve alimentado por los efectos de la recesin. De nuevo, se nos presentan teoras que afirman que la clase trabajadora o su poder, se han acabado. [] la conciencia de una clase siempre est en movimiento, cambiando mucho ms rpidamente que las estructuras objetivas de la sociedad. Cada pequea victoria da a la gente nueva confianza y capacidad de comprensin; cada pequea derrota contribuye a un grado de desmoralizacin, desesperanza y aceptacin del status quo. [.]; hay periodos en que la inercia se pierde y las derrotas se acumulan, rompiendo el sentido de identidad de clase incluso en algunos de sus sectores con mayor vigor.(4).

Y as, aunque las nuevas apariencias, la forma actual que toman de los trabajadores pueda parecer totalmente distinta de aquella que se ha dado con anterioridad, resulta importante escarbar ms all de la superficie y determinar hasta qu punto esa diferencia acaba siendo relevante. Hasta qu punto es sustancial como para poder quebrar el colectivo como clase, o simplemente supone una diferencia que puede ser salvable con nuevas herramientas discursivas o un nfasis en cuestiones que sirvan de vnculo comn. El quid entonces, no est en rechazar que existen distintos colectivos o grupos dentro de aquello que podemos evocar con el trmino de trabajadores, ni en negar que existen distintos conflictos o luchas que pueden servir de pabelln de batalla que renan a su alrededor a sectores de la poblacin, realizando reclamaciones sectoriales o parciales. Sino ms bien en observar que todos esos colectivos, y todas esas diferentes luchas, acaban teniendo un nexo comn subyacente que las agrupa: engloban a personas que pertenecen a un grupo mayoritario en la poblacin, al pueblo, si se quiere. Porque si tomamos como vlida la idea de Iglesias de que los trabajadores encarnaban la identificacin del pueblo a ojos de socialistas, anarquistas y comunistas, tendremos que preguntarnos: acaso la mayor parte del pueblo hoy en da, no sigue siendo gente que trabaja para vivir? Tienen sus ahorros en parasos fiscales, o estn preocupados por los efectos del paro, las hipotecas, los EREs, el descuelgue de los convenios colectivos, o el no llegar a fin de mes, en ellos, o al menos en familiares o amigos cercanos? Idean, conforman un lobby para proponer, o directamente aplican, esas famosas medidas de austeridad? O por el contrario las sufren, bien en sus carnes, bien en la de gente prxima? Incidir en que la lnea que divide a la sociedad est entre el primer grupo y el segundo, y no entre unos tipos de trabajadores y otros, es lo que compone un terreno frtil de respuesta social ante la crisis.

Bibliografa:

(1) Iglesias P. Quines son los de abajo? 2013; Available at: http://blogs.publico.es/pablo-iglesias/291/quienes-son-los-de-abajo/, 2013.

(2) Nega. La clase obrera hoy: canis e informticos (Respuesta a Pablo Iglesias). 2013; Available at: http://www.kaosenlared.net/colaboradores/item/63046-la-clase-obrera-hoy-canis-e-inform%C3%A1ticos-respuesta-a-pablo-iglesias.html, 2013.

(3) Hobsbawm EJ, Jacques M, Mulhern F. The forward march of labour halted? : Verso; 1981.

(4) Harman C. The Working Class After the Recession. International Socialism 1986;2(33).

(5) Jimnez A. La PAH o el sueo de Gramsci. 2013; Available at: http://rotekeil.com/2013/04/12/la-pah-o-el-sueno-de-gramsci/. Accessed 7-13, 2013.

(6) Red P. Out with the old politics. The Guardian 2010 24-12-2010;2013.

(7) Callinicos A. Student demonstrators can't do it on their own. The Guardian 2010 26-12-2010.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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