Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-08-2013

Sobre el Marx sin ismos. ndice y prlogo
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (XVI)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Hasta 1997, Francisco Fernndez Buey, entonces profesor en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, haba publicado los siguientes libros (aparte de ediciones y de presentaciones):

Lenin y su obra. Barcelona, Dopesa, 1977 (segunda edicin: Barcelona, Dopesa, 1978).

Ensayos sobre Gramsci. Barcelona, Editorial Materiales, 1978.

Contribucin a la crtica del marxismo cientificista. Barcelona, Edicions de la Universitat de Barcelona, 1984.

Albert Einstein filsofo de la paz. Valladolid, Publicaciones del Centro de Informacin y Documentacin para la Paz y el Desarme, 1986 [traduccin italiana de Giuliana di Febo: Albert Einstein filosofo della pace, Roma, Gangemi Editore,1989].

La ilusin del mtodo. Ideas para un racionalismo bien temperado. Barcelona, Crtica, 1991 (2 edicin (bolsillo), Barcelona, Crtica, 2004).

Discursos para insumisos discretos. Madrid, Ediciones Libertarias, 1993.

Redes que dan libertad. Introduccin a los nuevos movimientos sociales. Barcelona, Ediciones Paidos, 1994 (1 reimpresin, 1995; 2 edicin, con un prlogo para la nueva edicin, agosto de 1999) [con Jorge Riechmann].

La barbarie. De ellos y de los nuestros. Barcelona, Ediciones Paids, 1995.

La gran perturbacin. Discurso del indio metropolitano. Barcelona, Destino, 1995 (nueva edicin: Barcelona, El Viejo Topo, 2000).

Ni tribunos. Ideas y materiales para un programa eco-socialista. Madrid, Siglo XXI, 1996 [con Jorge Riechmann].

En 1998, public Marx (sin ismos), en Los Libros del Viejo Topo. Una segunda edicin corregida apareci en 1999). Ha sido traducido a varios idiomas. La edicin brasilea de la obra -Marx (sem ismos), Ro de Janeiro, Editora UFR, 2004- fue traducida y presentada por Luiz Srgio Henriques)].

El ndice del libro es el siguiente:

Prlogo.....................................................................

I. Un joven romntico buscando su estilo..............................

II. En la nave de los locos...............................................

III. De la crtica de la religin a la crtica de la poltica...............

IV. Un humanismo crtico pero tambin positivo......................

V. Un nuevo materialismo................................................

VI. Un fantasma recorre Europa... ..................................

VII. Economa y crtica de la cultura burguesa ........................

VIII. Matices, precisiones, sugerencias: una obra abierta.............

Lleva la siguiente dedicatoria: Para Neus, para Eloy. En recuerdo de Manuel Sacristn y Giulia Adinolfi, comunistas, a los que amamos y de los que aprendimos.

Se abre el prlogo del libro recordando que Karl Marx ha sido, sin duda, uno de los faros intelectuales del siglo XX. Muchos trabajadores del mundo llegaron a entender, a travs de su palabra, al menos una parte de sus sufrimientos cotidianos, aquella que tiene que ver con la vida social del asalariado. Muchos obreros, que apenas saban leer, le adoraron. En su nombre, apuntaba el autor, se han hecho casi todas las revoluciones poltico-sociales de nuestro siglo. Y en nombre de su doctrina se haba elevado tambin la barbarie del estalinismo. En contra de la doctrina que se cre en nombre de aquel gran filsofo hegeliano crtico se haban alzado casi todos los movimientos reaccionarios del siglo XX.

El siglo acababa. Prcticamente, salvadas las excepciones conocidas, toda forma de poder que haba navegado durante estos ltimos cien aos bajo la bandera del comunismo haba muerto ya. No sabemos todava lo que darn de s las "revoluciones pasivas" de este final del siglo XX, que han nacido del temor al espectro del comunismo y del horror que produjo la conversin de la doctrina comunista en Templo. Sera presuntuoso anticipar lo que se dir en el siglo XXI sobre esta parte de la historia del siglo XX.. Una cosa pareca segura en todo caso: en el siglo XXI, cuando se lea a Marx, se le leer como se lee a un clsico. A veces se dice: los clsicos no envejecen. Pero eso es una impertinencia: los clsicos tambin envejecen. Aunque, ciertamente, de otra manera. Qu era entonces un clsico? Un clsico es un autor cuya obra, al cabo del tiempo, ha envejecido bien (incluso a pesar de sus devotos, de los templos levantados en su nombre o de los embalsamamientos acadmicos). Marx, para FFB, era un clsico, un clsico interdisciplinario, un clsico de la filosofa mundanizada, del periodismo fuerte, de la historiografa con ideas, de la sociologa crtica, de la teora poltica con punto de vista. Y, sobre todo, un clsico de la economa que no se quiere slo crematstica. Su amigo y compaero Sacristn se haba expresado en 1983 en trminos similares:

[] Por un lado, est claro que Marx es un clsico, un autor que no se puede borrar. Por otra parte, es un pensador que tiene su fecha: no se puede ser un clsico sin que los aos hayan decantado esta condicin. Luego, tambin me parece claro que la obra de Marx es compleja, muy rica y que en ella el aspecto cientfico slo representa una parte porque, adems, hay elementos de filosofa, tica y poltica. (...) Adems, su enfoque totalizador, lo que con lxico hegeliano se llamara dialctico, ha hecho poca en las ciencias sociales y est tan vivo como el primer da. Por ltimo, la visin general de la evolucin de la sociedad que haca Marx est siendo suficientemente corroborada, en mi opinin, por lo que estamos viviendo: aunque ahora aparecen datos nuevos que Marx no poda ni imaginar, particularmente por lo que hace al crecimiento de ciertas fuerza productivas y destructivas .

Contra lo que se deca a veces, no fue Marx quien haba exaltado el papel esencial de lo econmico en el mundo moderno: Marx se limit a tomar nota de lo que estaba ocurriendo bajo sus ojos en el capitalismo del siglo XIX. Fue l quien escribi que haba que rebelarse contra las determinaciones de lo econmico. Fue l quien llam la atencin de los contemporneos sobre las alienaciones implicadas en la mercantilizacin de todo lo humano. Leen a Marx al revs quienes reducen sus obras a determinismo econmico. De la misma forma que leyeron Maquiavelo al revs quienes slo vieron en su obra desprecio de la tica en favor de la razn de Estado. Tambn Sacristn haba insistido en este nudo en su artculo sobre Materialismo para la enciclopedia Larousse de 1967:

El materialismo histrico es pues una concepcin metacientfica de la historia, basada esencialmente en la decisin metodolgica (metacientfica) que atribuye a la economa un papel fundamental en el conocimiento histrico y a lo econmico una funcin anloga en la vida histrica. Pero la doctrina se completa subrayando que el papel bsico de lo econmico es bsico tambin en el sentido de no integral: es tambin meramente bsico. Con esto el materialismo histrico se distingue del economicismo, reduccin de todos los fenmenos a economa. Segn el materialismo histrico han de admitirse como formaciones reales histricas todas aquellas que, naciendo de la base econmica, cristalizan luego a otros niveles o con otras cualidades. Un ejemplo destacado de estas formaciones o fuerzas es la consciencia de la clase obrera, que con su accin puede intervenir decisivamente no ya en la vida histrica en general, sino incluso en el fundamento econmico de sta, alterando, por ejemplo, la tasa del beneficio. Con ese reconocimiento de las formaciones y fuerzas que, aunque de gnesis econmica, se despliegan sin embargo en otros planos, el materialismo histrico es manifiestamente un materialismo dialctico, o sea, no mecanicista, no reductivo...

Marx no caba en ninguno de los cajones en que se ha dividido el saber universitario en este fin de siglo. Pero estaba siempre ah, al fondo, como el clsico con el que haba que dialogar y discutir cada vez que se abre uno de estos cajones del saber clasificado: economa, sociologa, historia, filosofa. No era poco. Cuando uno entraba en la biblioteca de Marx la imagen con la que sala era es la de que all haba vivido y trabajado un "hombre del Renacimiento". Tal es la diversidad de temas y asuntos que le interesaron. Y eso que lo que l llamaba "la ciencia", su investigacin socioeconmica de las leyes o tendencias del desarrollo del capitalismo, la hizo, casi toda, en una biblioteca que no era la suya: la del Museo Britnico (Tampoco est Francisco Fernndez Buey alejado de esta imagen de hombre, de ser humano renacentista).

Una obra que no caba en los cajones clasificatorios de nuestros saberes acadmicos era siempre una obra incmoda y problemtica. Ante ella caban dos actitudes tan tpicas como socorridas: una es la de los devotos. Consiste en proclamar que el Verdadero y Autntico Saber es, contra las clasificaciones establecidas por la Academia, el de Nuestro Hroe. La otra actitud consiste en agarrarse a los cajones y despreciar el saber incmodo, como diciendo: si alguien no ha sido filsofo profesional, ni economista matemtico, ni socilogo del ramo, ni historiador de archivos, ni neutral teorizador de lo poltico, es que no es nada, o casi nada. La primera actitud convierte al clsico en un santo de los que ya en su tierna infancia se abstenan de mamar los primeros viernes (aunque fuera un santo laico). La segunda actitud no es mejor: ningunea al clsico y recomienda a los jvenes que no pierdan el tiempo leyndolo (aunque luego stos acaben revisitndolo casi a escondidas). Ninguna de estas dos opciones fue la opcin del marxismo sin ismos de Francisco Fernndez Buey.

PS. Una posicin no muy distanciada de lo ltimo nudo apuntado por FFB puede verse tambin en la presentacin que Manuel Sacristn escribi para su Antologa de Gramsci:

El criterio en que se basaba la antologa, sealaba el autor de Panfletos y materiales, era la intencin de presentar al lector una imagen concreta -puesto que no puede ser completa- de la obra de Antonio Gramsci, entendiendo por obra lo producido y lo actuado, el fruto del poien y el del prttein. Esa intencin no se inspiraba principalmente en el deseo de reconstruir la individualidad de Gramsci sino en la necesidad de pasar por encima de las clasificaciones acadmicas tradicionales cuando se quiere entender el pensamiento revolucionario. Para que haya pensamiento revolucionario, sostena Sacristn, tena que haber ruptura con la estructuracin del pensamiento culturalmente consagrado. Y para que el pensamiento revolucionario pudiera lograrse, esa ruptura tiene que responder a la naturaleza de las cosas, no ser veleidad de decadente harto de ciencia aprovechada, pero no entendida.

Y aada:

Del mismo modo que Marx no ha sido ni economista, ni historiador, ni filsofo, ni organizador, aunque aspectos de su obra se puedan catalogar acadmicamente como economa, historia, filosofa, organizacin poltico-social, as tampoco es Gramsci un crtico literario, un crtico de la cultura, un filsofo o un terico poltico. Y del mismo modo que para la obra de Marx es posible indicar un principio unitario -aquella unin del movimiento obrero con la ciencia- que reduce las divisiones especiales a la funcin de meras perspectivas de anlisis provisional, as tambin ofrece explcitamente la obra de Gramsci el criterio con el cual acercarse a la obra ntegra para entenderla: es la nocin de prctica, integradora de todos los planos del pensamiento y de todos los planos de la conducta. En el caso de Gramsci la conveniencia de acentuar la unidad prctica de la obra parece obvia, porque las publicaciones antolgicas en lengua castellana no se han beneficiado casi hasta ahora de la disponibilidad, desde hace aos, de numerosos escritos polticos juveniles en los que se manifiesta inequvocamente la raz de todo el hacer de Gramsci.

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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