Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-08-2013

Jenny Marx, Karl Marx
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (XIX)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Sera un error construir a partir de las desgracias por las que Marx tuvo que pasar en la dcada de los cincuenta y de su resistencia moral algo as como una hagiografa, una leyenda dorada como la que suele trazarse de esos santos a los que, como deca Unamuno, para mayor edificacin, se les presenta abstenindose de mamar los viernes, ya desde su primera infancia

Manuel Sacristn (1975)


Un joven romntico buscando su estilo es el ttulo del primer captulo del Marx sin ismos [1]. Una introduccin biogrfica. Pero eso s, singular, con detalles desconocidos, con gusto, bien escrita, poniendo nfasis en la relacin entre Karl y Jenny Marx, Jenny von Westphalen. FFB fue uno de los -no numerosos- marxistas que destac este nudo esencial de la vida del revolucionario de Trveris.

El comps inicial del captulo: Karl Marx naci, en 1818, en Trveris (Trier), una pequea villa de Renania de origen romano que histricamente haba sido puente entre las culturas alemana y francesa. El ao en que naci Marx la poblacin de Trveris apenas llegaba a los doce mil habitantes. La familia de Marx era hebrea, rabnica por ambas ramas: el abuelo paterno haba sido rabino en la ciudad; el abuelo materno lo fue en Holanda. Su padre, Hirschel Marx, fue un jurista ilustrado que ejerca un cargo pblico de cierta importancia en representacin de sus colegas ante los tribunales; se haba convertido al protestantismo en 1817 e hizo bautizar a los hijos por la Iglesia Evanglica en 1824. Hirschel Marx era un ilustrado a la alemana: se consideraba kantiano y admirador de Voltaire, de Diderot, de Rousseau y de Lessing; la madre de Karl, Henriette Pressburg, holandesa de origen, no lleg nunca a aclimatarse del todo en Alemania aunque se bautiz tambin, siguiendo al marido, por conveniencias familiares [] Tampoco se puede decir que Karl Marx haya sido un nio precoz. Pas los exmenes en el colegio con suficiencia, pero sin destacar gran cosa. En la enseanza secundaria, que sigui en el Instituto Friedrich Wilhelm de Trveris durante los aos 1830-1835, recibi una slida educacin de orientacin humanista. Fue el octavo de una clase de treinta y dos alumnos: bueno en lenguas clsicas, regular en religin, flojo en matemticas y bastante flojo en historia. Sus profesores dejaron dicho de l que era estudioso, agudo y muy apasionado tanto en el hacer como en el escribir. Quienes le conocieron elogiaron sus redacciones sobre temas literarios y su capacidad en la comprensin de lenguas clsicas, aunque el director del Instituto consider que los escritos del adolescente Karl Marx en alemn acusaban una exagerada bsqueda de la expresin inslita y pintoresca. Sus condiscpulos de entonces le han recordado por la facilidad que tena para inventar historias, por sus dotes de polemista y por el mpetu con que trataba de imponer a los dems las opiniones propias. Parece que sus aficiones de adolescente eran sobre todo la poesa y la redaccin de libelos. Tena la pluma fcil pero enrevesada. En 1835, al acabar los estudios preuniversitarios, aquel joven escriba, en las entonces acostumbradas, casi obligadas, reflexiones sobre la eleccin de carrera, estas palabras: La carrera que hay que elegir es aquella que nos proporcione la mayor dignidad posible y nos ofrezca el ms amplio campo para actuar en beneficio de la humanidad y que nos permita acercarnos a la perfeccin, meta general para alcanzar la cual todo lo dems son medios. [...] Pues quien crea slo para s mismo tal vez puede convertirse en un clebre doctor, en un gran sabio o en un excelente poeta, pero no llegar a ser un hombre completo y verdaderamente grande.

No est mal el texto joven-marxiano. Tampoco est nada mal el comentario de FFB: Como todas las redacciones escolares de este tipo tampoco sta [Escritos de juventud, 1982, 1, 1-4] tiene por qu ser considerada particularmente original. Lo ms probable es que Karl Marx haya dicho en ella lo que sus profesores esperaban que dijera. Es natural que en un Instituto en el que, por lo que sabemos, predominaba el talante liberal, y con un padre como el que Karl tena, la declaracin de intenciones del chico cobrara resonancias del Emilio de Rousseau. De todas formas, los bigrafos han credo ver en esta redaccin escolar el bosquejo adolescente de un tema que tuvo memorable expresin en el Hyperin de Hlderlin, y que ste comparti con el Goethe de Wilhelm Meister y con el Schiller de la Educacin esttica, a saber: la aspiracin a la plenitud del desarrollo humano, a la superacin de los lmites impuestos por aquella divisin del trabajo sin la cual ninguna sociedad moderna puede funcionar; un tema que, sin duda, estaba en el ambiente de la Alemania de entonces, pero que ocupara ya permanentemente a Marx desde los Manuscritos de Pars de 1844. No se fuerza nada la exgesis si se aade que esta aspiracin a la plenitud del desarrollo humano omnilateral tiene relacin directa tambin con la primera formulacin marxiana, todava potico-imaginativa, de la idea de reificacin o alienacin.

Jenny von Westphalen hace acto de presencia. Del modo siguiente: Algunos bigrafos han exagerado este episodio de la vida de Marx refirindose a los prejuicios de la poca ante la unin de una aristcrata (fsica e intelectualmente encantadora, segn todos los testimonios) y un plebeyo (que, no era agraciado, tena cuatro aos menos que la novia y, para colmo, era de origen judo). Pero aunque hubo, desde luego, dificultades, stas no fueron tantas, ni tan agudas y singulares como quiere la leyenda: la posicin social de los Marx no era precisamente la propia de plebeyos, sino relativamente distinguida en la pequea Trveris; y, por otra parte, todo indica que el joven Marx tuvo una buena relacin con Ludwig von Westphalen, el padre de Jenny, al que en 1841 dedicara su tesis doctoral. Marx habl siempre del padre de Jenny con cordialidad y afecto y en una ocasin le calific por escrito de paternal amigo. La verdad es que el joven Marx universitario admiraba en el padre de Jenny su cultura clsica, su amor al progreso y su idealismo esplendoroso y convincente. Fue Ludwig von Westphalen, el cual saba griego y latn, hablaba ingls y conoca el espaol y el italiano, quien propuso a Marx algunas de sus principales lecturas literarias en las lenguas originales: Homero y los trgicos griegos, Dante, Shakespeare y Cervantes; autores, todos ellos, abundantemente citados todava en sus obras de madurez. Es posible, adems, que la conversacin con este hombre, de ideas saintsimonianas, haya significado para el joven Marx la primera noticia de ideas vagamente socialistas. En cualquier caso, no hay documentos para argumentar que aquella simpata de Karl Marx por su suegro no haya sido recproca; los hay, en cambio, que atestiguan una buena y persistente relacin de amistad entre Hirschel Marx y Ludwig von Westphalen.

Y entonces? Lo siguiente: De modo que el obstculo principal en el inicio de aquella relacin amorosa no parece haber sido la existencia de prejuicios raciales en la familia Von Westphalen sino ms bien ciertas discrepancias poltico-religiosas de orden ms general con el hermanastro de Jenny, Ferdinand von Westphalen (convertido en cabeza de familia despus de la muerte de Ludwig) unidas a diferencias de opinin sobre cuestiones domsticas con repercusin econmica para el futuro de las familias respectivas, diferencias aducidas, por cierto, tanto por parte de la madre de Jenny, Karoline Heubel, como por parte de la madre de Karl despus de la muerte de su marido. El propio Karl Marx, ya viejo, quiso quitar importancia a los supuestos prejuicios familiares que, segn se deca, dificultaron la relacin con Jenny en los aos de juventud. Cuando en 1881 Charles Longuet, su yerno, public en el peridico parisino Justice una necrolgica de Jenny von Westphalen en la que contaba que sta tuvo que superar los prejuicios raciales para casarse con el hijo de un abogado judo, Marx replic: Esa historia es una pura invencin. No hubo prejuicios que superar. Fuera cierta o no la historia, se entiende la contundencia marxiana.

FFB vuelve al poco sobre la relacin entre aquellos dos revolucionarios alemanes, fuertemente comprometidos: Pero la pasin intelectual le resultaba al joven estudiante berlins insatisfactoria. A ella se superpone constantemente la pasin amorosa alimentada, como suele ocurrir, por las reticencias familiares y por la distancia de la persona amada. Poco despus de llegar a Berlin, todava en 1836, el joven Karl escribe sobre el descubrimiento de un mundo nuevo: el mundo del amor. Y cuando Jenny von Westphalen, enamorada pero discreta, le prohbe, en tono corts y educado, que contine una correspondencia que la hace llorar ms de una vez, Marx describe el propio estado de nimo hablando de ebriedad nostlgica y ve su alma llena de fantasmas. Eran seguramente los fantasmas de un nuevo romanticismo en el que la aoranza interior y la nostalgia, confesadas al padre, contrastan con la expresin grandilocuente de los sentimientos en uno de los poemas dedicados a la amada: Arrogante, con flameantes vestiduras,/ el corazn transfigurado por la luz,/ orgulloso, abandono obligaciones y ataduras,/ piso firme por anchas salas,/ revelo ante tu semblante el dolor/ y los sueos se convierten en el rbol de la vida.

Jenny, desde luego, tuvo su innegable influencia en asuntos centrales. As lo explica FFB en reflexin singular: Si hemos de juzgar por algunos testimonios de los interesados, las reservas de Jenny von Westphalen sobre el estilo literario del joven Marx algo debieron influir en la posterior correccin de la prosa de ste. Jenny, que sera luego copista de varias de las obras de su marido y oidora paciente de las poesas del ya maduro Heine en Pars, recriminaba as al joven esposo: Por favor, no escribas en tan amargo e irritado estilo. Escribe llanamente y de modo preciso, con gracia y con humor. Por favor, corazn mo, deja que la pluma corra por las pginas, y aun si en ocasiones tropieza y desafina y repite frases, ah estarn, con todo, tus pensamientos, enhiestos como granaderos de la vieja guardia, resueltos y bravos [...] Qu importa si su uniforme cuelga con desalio y no est bien abrochado? Mira qu elegantes parecen los uniformes sueltos, ligeros, de los soldados franceses. Piensa en nuestros rebuscados prusianos. No te da eso escalofros? Deja que los participios corran y pon las palabras donde quieran ir. Semejante tropa no debe marchar con demasiada regularidad. Jenny estaba apuntando ah una de las debilidades de la obra de Marx (y no slo en los aos de juventud): su constante dificultad para la expresin franca y equilibrada de los sentimientos, la falta de educacin sentimental. A pesar del inters que ello puede tener, puesto que Marx ha buscado siempre una forma artstica para sus ideas, no se ha hecho todava, que yo sepa, una comparacin entre el estilo del joven Marx y el de Jenny von Westphalen. Cierto es que tampoco han quedado muchos escritos de la Jenny de esta poca (ni de los aos siguientes), pero lo que ha quedado es suficiente para llamar la atencin acerca del profundo contraste existente entre la redaccin sencilla, meridiana, con deliciosos toques de humor e irona, de ella y la forma crispada, altisonante y muchas veces amarga, de l. Comprese, por ejemplo, el tono de los poemas anteriores con estas palabras de Jenny von Westphalen escritas unos pocos aos despus de recibir aqullos: Aunque en la ltima conferencia entre las dos grandes potencias no se haya estipulado nada al respecto y ningn acuerdo haya sido tomado en lo que respecta al asunto de la apertura de una correspondencia, y aunque, por consiguiente, no existe ningn medio para forzarla, la pequea aristcrata de cabellos mal rizados se siente interiormente impulsada a iniciar la danza de los sentimientos de amor y reconocimiento ms profundos, de los ms ntimos a tu consideracin, mi querido, mi bueno, mi nico pequeo hombre de mi corazn. Pienso que t no has sido jams tan amante, tan dulce, tan afectuoso; y, sin embargo, cada vez que me dejabas quedaba desalentada porque hubiese querido que regresaras de nuevo para decirte una vez ms cunto te amo, cunto te amo verdaderamente. La ltima vez partiste triunfante y no s cunto le cost a mi corazn aquel momento en que ya no te vi ante m en carne y hueso, sino slo ante mi alma tu imagen fiel, tan limpia, con toda su angelical dulzura, con su bondad, con la nobleza de su amor y el resplandor de su espritu. Si estuvieras aqu, mi Karlenchen querido, cun dispuesta a la felicidad encontraras a tu valerosa mujercita! Si por lo que fuera tuvieras alguna queja de m yo no tomara contra ti medidas disciplinarias, posara mi cabeza con paciencia sobre tu corazn ofrecindosela al joven villano. Quin? Cmo? Luz, qu luz? Recuerdas todava nuestra conversacin al caer la noche, las seales que intercambibamos, las horas en que dormitbamos juntos? Mi querido corazn, qu bondadoso eres, cunto me quieres, qu complaciente eres y qu contento te siento! Qu brillante es tu imagen, victoriosa ante m, y cmo aspira mi corazn constantemente tu presencia, cmo se estremece por ti en el placer y en el xtasis, cmo te sigue, temeroso, en tus caminos!..!

FFB concluye este punto: Es difcil decidir acerca de qu motivo influy ms en la renuncia del joven Marx a la poesa romntica: si las consideraciones crticas del padre, que pagaba los estudios, las reticencias de Jenny von Westphalen sobre el estilo del amado o la desilusin del interesado respecto del propio talento en este mbito (como sugiere Mehring). Probablemente las tres cosas influyeron. Pero lo cierto es que, aunque todava en 1841 Marx hizo publicar un par de sus poemas juveniles en la revista Atheneum de Berln, y a pesar de sus relaciones con algunos de los grandes poetas alemanes de la poca, desde 1839 sus intereses intelectuales iban a centrarse sobre todo en la filosofa y el periodismo poltico. Mijail Lifschitz, que estudi con detenimiento la evolucin de las ideas de Marx sobre arte y literatura, tiende a quitar importancia en esto a las vivencias personales y considera que el alejamiento de Marx del romanticismo literario fue la expresin de un proceso intelectual ms amplio al que no habra sido ajena la aproximacin a la filosofa hegeliana y, en particular, la lectura marxiana de la Esttica de Hegel con su teora del ocaso inevitable del arte en la sociedad de la poca moderna. Puede ser. Pero al estimar los motivos del alejamiento de Marx del movimiento romntico propiamente dicho hay que tener en cuenta, adems, la decepcin (que l comparti con los jvenes hegelianos) ante el romanticismo coronado representado desde 1840 en Alemania por Federico Guillermo IV. Pues, en efecto, poco a poco el romanticismo oficial alemn fue perdiendo el inicial impulso crtico y rebelde para identificarse con la defensa del Estado cristiano en Prusia ms all de las esperanzas constitucionales.

El captulo sigue en la misma senda, por la misma fuerza intelectual, con el mismo rigor, con la misma energa politica. No veo mejor forma de finalizar este breve aproximacin que la de recomendar su lectura completa -no se pierdan este Marx sin ismos- y reproducir esta carta de Jenny Marx a Engels, entonces en Manchester, escrita en Londres, en los alrededores del 17 de enero de 1870. Es la gran Jenny quien escribe:

Querido seor Engels:

Raras veces quiz ha venido un hamper so propos [1] como el de ayer. La caja fue abierta y los cincuenta esbeltos hombrecillos quedaron parados, en fila, en la cocina, cuando llegaron el Dr. Allen y su ayudante, un joven doctor escocs, para operar al pobre Moro, de manera que, inmediatamente despus de la operacin, el Moro y sus dos esculapios pudieron fortalecerse con el exquisito Braunenberger.

La historia esta vez fue, de nuevo, muy mala. Desde hace ocho das habamos empleado todos los medios; compresas, albahaca, etc, etc, que muchas veces haban ayudado. Todo fue un vano. El absceso creca constantemente, los dolores se hicieron intolerables y no se haba producido ninguna abertura o suturacin. Fue necesario cortar; entonces el Moro se decidi finalmente a dar el paso inevitable, llamar a un mdico. Experiment gran alivio despus de la profunda incisin y, aunque hoy a la maana, no est libre de dolores, en general est muchsimo mejor y espero que dentro de unos pocos das estar curado.

Pero ahora debo revelar, en contra de l, un registro formal de pecados. Desde que regres de Alemania, sobre todo despus de la campaa de Hannver, se senta indispuesto, tosa permanentemente y, en lugar de cuidarse, empez a estudiar ruso a toda costa; sala poco, coma de modo irregular y slo mostr el carbunco debajo del brazo despus que ste ya estaba muy hinchado y endurecido. Cuntas veces, mi querido seor Engels, he deseado calladamente, desde hace aos, que usted estuviera aqu! Muchas cosas seran diferentes. Ahora espero que esta ltima experiencia le sirva de escarmiento.

Por favor, seor Engels, no haga ninguna alusin a esto en sus cartas. En este momento l se irrita con facilidad y se enojara mucho conmigo. Pero, para mi desahogo, necesitaba abrir mi corazn a usted porque me siento impotente para cambiar en algo su modo de vida. Quiz se pueda arreglar con Gumpert para que hable en serio con l, cuando vuelva a Manchester. Es todava el nico mdico en el que deposita confianza. En nuestra casa reina ahora un desprecio general hacia toda medicina y hacia todos los mdicos; y, sin embargo, sigue siendo un mal necesario; sin ellos uno no se podra curar.

Qu me dice del segundo regalo de Ao Nuevo que Laura nos ha hecho [2]? Espero que el ritmo veloz se detenga; si no, pronto podr cantar 1, 2, 3, 4, 5,--6-- -- -- 10 little nigger-boys! [3]

Notas carta: [1] Un envo aqu, a tiempo. [2] Vase apndice, carta 9. (MEW, pgs. 707/708). [3] Diez pequeos negritos!

Nota:

[1] FFB, Marx sin ismos. El Viejo Topo, Barcelona, 1998, pp. 25-48.

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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