Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-08-2013

Ms sobre el Manifiesto
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (XXV)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Un fantasma recorre Europa..., as se indic, es el ttulo del sexto captulo de Marx sin ismos [1]. El captulo, tal vez uno de los ms excelentes del libro, presenta como se apunt los siguientes apartados: Un texto excepcional, Un clsico para los de abajo, En la tradicin liberadora, ms all de la utopa, Un texto perturbador, Manifiesto, no catecismo, Dar nombre a las cosas, 1848, Partido, Democracia y revolucin. Se ha comentado el penltimo apartado; me centro ahora en Democracia y revolucin, trminos que algunos, hasta no hace demasiado tiempo, considerbamos un oxmoron cuando una simple una insuperable contradiccin.

La otra gran palabra cuyo significado convena precisar en este contexto, seala FFB, es democracia. Era Marx demcrata? Si lo era, en qu sentido lo era? A estas dos preguntas responde el autor de Por una universidad democrtica en este apartado, el ltimo del captulo.

Sobre este nudo se haba discutido al menos tanto como acerca de las convicciones de Marx sobre el judasmo. No de manera inocente ni polticamente plana. En muchos casos, desde luego, la discusin estaba mediatizada por el significado que nosotros nos hemos acostumbrado a dar a palabras como democracia y demcrata en la segunda mitad del siglo XX (y en lo que llevamos del siglo XXI) y por las declaraciones explcitas de muchos comunistas de este siglo en el sentido de que, socialmente hablando, hay o puede haber otra cosa mejor que la democracia poltica representativa. La dictadura del proletariado por supuesto.

Se deban aclarar, pues, preliminarmente dos cosas. Una, elemental pero muy necesaria: que el concepto de democracia en el lenguaje y la prctica polticas de 1848 (no slo en el lenguaje y la prctica de Marx) tiene muy poco que ver con la concepcin formal y normativa de la democracia imperante en este fin de siglo. Dos: no menos elemental pero conceptualmente ms importante an: la dictadura proletaria, de la que Marx empez a hablar en 1849, no es una forma de estado, ni un rgimen poltico que se oponga a la democracia. Nada de eso. Qu era entonces? La postulacin de una situacin transitoria en un proceso revolucionario inspirada en el modelo jacobino francs.

Lo que entendamos actualmente, de manera habitual, por democracia no exista en 1848 en ningn pas [2]. All donde exista el sufragio, ste no era universal; la eleccin de los representantes de la parte de la ciudadana no era directa; los poderes judicial y legislativo estaban mediatizados por otros poderes materiales; los textos constitucionales no haban sido votados por el pueblo; la alternancia no estaba garantizada. Por lo general, seala FFB, los partidos democrticos y las personas demcratas de la poca se autodefinan as con la consideracin de que en sus pases no haba democracia o los parlamentos y constituciones existentes, bajo la monarqua absoluta o constitucional, no merecan el nombre de democrticos hablando con propiedad. La mayor parte de los demcratas franceses haba compartido con Marx la idea de que la monarqua parlamentaria de Luis Felipe no era una democracia. Del mismo modo, los demcratas alemanes de 1848 haban compartido con Marx la idea de que el sistema representativo al que aspiraba la burguesa alemana no era democrtico. Muchos trabajadores y sufragistas, cartistas o no, haban compartido con Marx la idea de que el sistema parlamentario ingls, al excluir del mecanismo electoral a la clase obrera y a las mujeres, slo poda ser considerado una democracia demediada.

Los partidos y las personas demcratas de la poca compartan, adems, otras dos convicciones: 1) democracia y revolucin eran inseparables, sin revolucin no haba democracia porque en ninguna parte los derechos son otorgados a los de abajo sino que se conquistan, y 2) slo haba tres ejemplos contemporneos en los cuales inspirarse -y an con reservas en esa inspiracin- en asuntos democrticos Suiza, Inglaterra y Estados Unidos.

Tambin Marx haba expresado estas convicciones. En 1847, por ejemplo, haba alabado la democracia suiza al tiempo que llamaba la atencin acerca de los peligros por los que sta estaba pasando. En 1848, discutiendo con burcratas prusianos y liberales alemanes que despus de la revolucin defendan una democracia restringida, haba sealado las diferencias de esta propuesta, tpicamente alemana, con la monarqua parlamentaria inglesa y con la federacin de estados unidos de Norteamrica. Pero, ah empezaban las diferencias con los demcratas que slo eran liberales, ya antes de 1847 Marx haba llamado la atencin acerca de los lmites de estas otras democracias (particularmente la inglesa y la norteamericana) en el plano social. As, en 1848, insistira en esa misma lnea polemizando con los liberales alemanes que ponan como modelo la democracia belga de la que l mismo, siendo refugiado poltico, haba sido expulsado [OME 10, 194].

La conviccin de que democracia y revolucin eran inseparables y la observacin-creencia de que las democracias entonces realmente existentes presentaban algo ms que un dficit en la cuestin social, apuntaba FFB, llev a Marx a una conclusin que le alejaba definitivamente del liberalismo poltico del momento. La conclusin marxiana:

En el futuro, slo la participacin directa del proletariado en los asuntos polticos (directa!), sta por va revolucionaria, poda garantizar realmente la democracia. Tal conclusin, aade el autor de Nuestro Marx, admita matices: siendo la democracia el gobierno del pueblo y siendo el proletariado la mayora del pueblo en aquellos lugares en los que, como Inglaterra, ya se haba consumado la revolucin burguesa, se poda prever algo as como una consolidacin/ampliacin de la democracia por va relativamente pacfica, a travs de la universalizacin del sufragio. En cambio, donde el proletariado no era todava mayora y adems reinaba el absolutismo poltico, la democracia tendra que ser conquistada por va revolucionaria por el proletariado (en alianza con la burguesa). Habra otras precisiones que hacer. La ms importante en este contexto era que al calibrar la importancia del proletariado, tanto por el nmero como por su funcin en la sociedad, Marx haba deducido-inferido que, en general, la conquista de la democracia empezaba a identificarse con la configuracin del proletariado como clase social y con la conquista del poder poltico por esa clase.. Ni ms ni menos

Por eso, sealaba FFB, en el Manifiesto se identifica la elevacin del proletariado a clase dominante con la conquista de la democracia [OME 9, 156]. La tesis la ha desarrollado con rigor y documentacin Joaqun Miras entre nosotros. Si nos regimos por el lenguaje de hoy en da, sostena FFB, habra que decir que las medidas que Marx propuso para caracterizar la conquista de la democracia son de dos tipos: profundizadoras de anteriores conquistas de la revolucin francesa unas (educacin general pblica y gratuita, imposicin progresiva, limitacin del derecho de herencia) y socializadoras otras (estatalizacin de la banca, del crdito y de los transportes, nacionalizacin de las fbricas). Medidas propias, resuma FFB, de lo que actualmente llamamos un estado social de derecho unas y propias de lo que sera un estado socialista otras. Si se prefiere otro lenguaje, sostena tambin FFB, tambin se podra decir que ste era un programa democrtico radical, el propio de la extrema izquierda poltica del momento. Pero lo esencial no es eso.

Lo esencial en este nudo es que el Manifiesto no deca nada o casi nada acerca de la forma poltica de esa democracia. Slo hablaba de que para conquistar la democracia hara falta la revolucin y algunas intervenciones despticas. Ninguna de las medidas que se proponen en el Manifiesto tiene nada que ver con la organizacin poltica del Estado; son medidas de tipo econmico-social, y, por consiguiente, slo polticas en sentido derivado. La comparacin de las diez medidas propuestas en el Manifiesto con las 17 reivindicaciones de la Liga, contenidas en un documento firmado por K. Marx, F. Engels, K. Schapper, H. Bauer, J. Moll y W. Wolff, al comienzo de la revolucin del 1848 [OME 9, 225-227] era instructiva. Varios estudiosos haban escrito que aquellas medidas y estas reivindicaciones eran prcticamente las mismas, pero el lector atento FFB lo era desde luego- se da cuenta en seguida de que eso es inexacto. Las dos diferencias ms significativas: se refieren al derecho de herencia y a la justificacin de la necesidad de un banco estatal. Ya no se hablaba de abolir sino de restringir el derecho de herencia; y se especificaba, por otra parte, que la nacionalizacin de la banca no slo tiene como objetivo minar la dominacin de los grandes financieros sino vincular tambin a la revolucin los intereses de los burgueses conservadores.

La diferencia ms importante estaba en todo caso en lo que el documento en cuestin aada a lo dicho en el Manifiesto: el nuevo documento s especificaba algo en el plano poltico y sobre la organizacin del Estado:

En primer lugar propugnaba que Alemania fuera una repblica nica e indivisible

En segundo lugar, exiga el derecho a voto y a ser elegido para todos los mayores de 21 aos.

En tercer lugar reivindicaba que el principal aparato estatal, el ejrcito, fuera popular y el servicio regular en l compatible con la produccin.

En cuarto lugar propona la remuneracin de los representantes populares con la intencin de que los obreros pudieran entrar en el parlamento.

En quinto lugar estableca la gratuidad de la justicia

En sexto lugar propugnaba la igualacin de los sueldos de los funcionarios del Estado

En sptimo y ltimo lugar proclamaba la total separacin de Iglesia y Estado, de modo que los sacerdotes de las distintas confesiones fueran remunerados opcional y voluntariamente por la comunidad a la que pertenecieran.

Tal era la democracia, concluye FFB, que quera Marx, como comunista, en 1848. En lo que haba escrito durante los avatares de ese ao y el siguiente no ha aadido nada sustancial en lo referente al contenido socioeconmico de la democracia. Pero, en cambio, s haba precisado todava algunas cosas ms en el plano poltico. Estas por ejemplo: se ha ratificado en la defensa de la libertad de prensa frente a la censura encubierta o indirecta [OME 10, 114]; ha defendido la constitucin, frente a las interpretaciones restrictivas de la misma, como una consecuencia del movimiento revolucionario; y ha perfilado su opcin republicana criticando tambin la monarqua constitucional. En este caso, adems, apuntaba FFB, con la gracia del lenguaje espico que requeran las circunstancias [OME 10, 320]:

Los reyes constitucionales son irresponsables, con la condicin de no merecer la confianza... en el sentido constitucional, naturalmente. Sus acciones, sus palabras sus gestos no les pertenecen a ellos mismos, sino a los ministros responsables. [...] Despus de haber creado el mundo y los reyes por la Gracia de Dios, ste dej la industria menor en manos de los hombres. Las armas, inclusive, y los uniformes de teniente se fabrican de manera profana, y el modo de fabricacin profano no crea a partir de la nada, como la industria celestial. Requiere materia prima, instrumentos de labor y salario, cosas todas ellas que se renen bajo el sencillo nombre de costos de produccin. El estado se procura estos costos de produccin mediante los impuestos, y stos se producen mediante el trabajo nacional. Por lo tanto, en el sentido econmico sigue siendo un enigma cmo rey alguno pueda darle nada a pueblo alguno. El rey slo puede dar lo que se le da a l. Eso, en el sentido econmico. Pero los reyes constitucionales surgen precisamente en el instante en que se est hallando el rastro de estos secretos econmicos. Por eso, los primeros motivos precipitantes de la cada de los reyes por la Gracia de Dios fueron siempre... cuestiones impositivas . [...] Seguid, por ejemplo, la historia inglesa a partir del siglo XI y podris calcular con bastante exactitud cuntos crneos partidos y cuantas libras esterlinas cost cada privilegio constitucional.

Siguiendo en el plano poltico, y definindose en el debate del momento sobre las dimensiones territoriales y la forma de estado que ms convena a Alemania, Marx haba ido madurado su argumentacin contraria al federalismo. Haba subrayado las diferencias de partida (histrico-culturales) entre Alemania y los Estados Unidos de Norteamrica y se haba manifestado a favor de un estado republicano unitario aduciendo, de un lado, motivos econmicos y geopolticos pero rechazando, por otra parte, el nacionalismo patritico de los partidarios de la Gran Alemania. En su crtica de la solucin federal para el estado alemn, seala FFB, haba tres aspectos que vala la pena considerar. El primero era el jacobinismo de Marx (que quedar patente tambin en su concepcin de la inevitabilidad del terror en la primera fase de la revolucin). El segundo, era la rusofobia (compartida, por cierto, por la mayora de los demcratas europeos contemporneos suyos): la defensa del estado unitario alemn la hizo Marx en nombre de la democracia y la civilizacin europeas contra la barbarie que representaba el absolutismo zarista (Marx era en esto un discpulo de Michelet). Y el tercero, la importancia concedida a la comparacin Europa-Estados Unidos de Amrica: Marx pens que el equivalente del federalismo norteamericano slo poda ser una Europa federal y que para llegar a eso antes haba que crear estados unitarios donde no existan (Alemania e Italia).

Se poda concluir, por tanto, en este contexto, que lo que diferenciaba a Marx de los demcratas liberales contemporneos suyos eran dos cosas: 1) la primaca que Marx daba al contenido social de la democracia y 2) su insistencia en la necesidad del despotismo y de la violencia en la conquista de la misma. Esta diferencia se haca mayor cuando se pasa de considerar el qu de la democracia a considerar el cmo. Lo que haca problemtica la concepcin marxiana de la democracia ya entonces es precisamente ese cmo, apuntaba FFB.

Sobre el cmo (acerca, pues, de la posibilidad de consolidacin de las conquistas revolucionarias), Marx haba escrito mucho en aquellos meses y haba consolidado su pensamiento de una forma casi definitiva. Tanto como para atreverse a declarar lo siguiente, ampliamente conocido y citado, en carta, ya en 1852:

No es mrito mo el haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni el haber descubierto la lucha entre las clases. La novedad que yo he aadido ha sido demostrar: 1 que la existencia de las clases est vinculada a ciertas luchas definidas, histricas, vinculadas al desarrollo de la produccin; 2 que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado; 3 que esta dictadura es slo el perodo de transicin hacia la supresin de todas las clases y hacia una sociedad sin clases.

Hoy en da, apuntaba FFB, cuando uno llega ah cierra el libro. Se pregunta, acaso, a lo sumo, cmo pudo un hombre inteligente, culto e informado tratar de hacer compatibles los dos conceptos contradictorios por antonomasia de la teora poltica: dictadura y democracia. Intentemos, pues, prosigue FFB; al llegar aqu aquella forma de captatio benevolentiae que propuso el poeta Brecht en los versos de Techo para una noche (No cierres todava el libro / t que lo ests leyendo). Haba que intentar leer a este Marx con el mismo criterio histrico-crtico y la misma distancia con la que se lea las pginas (tremendas, adjetivaba FFB) de El prncipe de Maquiavelo al tiempo que nos preguntamos por qu este patriota republicano, culto y renacentista, derrotado adems en la vida poltica, da tales consejos a un prncipe. Lorenzo de Mdicis ya no exista; el fantasma del comunismo pareca entonces haberse evaporado. Se impona el intento. Tambin en este caso, aada FFB, se trata de palabras de un derrotado en las luchas polticas de su tiempo..

La pregunta formulada por FFB: por qu un hombre que defiende la democracia poltica y social, que en lo filosfico se considera un humanista, que se ha manifestado a favor del sufragio universal, que ha combatido las limitaciones a la libertad de prensa en varias circunstancias, que ha criticado con palabras dursimas el burocratismo estatalista, que quiere una repblica constitucional para Alemania, propugna al mismo tiempo una dictadura?. Cmo poda superarse esa aparente contradiccin? La respuesta de FFB:

En 1848-1849 Marx no empleaba ese trmino para caracterizar un rgimen poltico determinado. FFB precisaba un poco ms: el trmino dictadura apareca en los artculos y documentos de la Nueva Gaceta Renana cuando Marx perciba que la contrarrevolucin avanza, que la libertad de prensa vuelve a ser limitada, aunque de otra manera, que las medidas impositivas que se estn proponiendo dejan en pie muchas de las anteriores relaciones feudales, que los demcratas con quienes ha estado trabajando vacilan y que la burguesa de su pas deja que el poder del monarca an impere por encima de la voluntad expresada en las asambleas populares. En esa situacin, cuando Marx es consciente de que el doble poder que caracteriza las fases revolucionarias se estanca en Alemania, que el gobierno legalmente establecido detiene a los dirigentes de los trabajadores y se imponen cambios que dejan en pie muchas cosas esenciales del antiguo rgimen y se desva la atencin del pueblo con proclamas patriticas que incitan a la guerra contra las nacionalidades que quieren liberarse mientras se secretea diplomticamente con el absolutismo ruso, entonces, y slo entonces, sostiene analticamente FFB, l mismo vuelve sobre los acontecimientos de la revolucin francesa de 1789-1793 y compara: la alianza para hacer la revolucin democrtica con la clase que est propiciando todo eso deja de parecerle factible. Ya no. Lo dicho y defendido en el Manifiesto tiene que corregirse. Escribe Marx ahora: En Alemania la burguesa se humilla para que no triunfe el pueblo. En toda la historia no se exhibe cosa ms ignominiosamente lamentable que la actuacin de la burguesa alemana.

La comparacin entre las revoluciones de Francia y Alemania haba reafirmado, desde noviembre de 1848, el jacobinismo de Marx. Marx piensa en Robespierre y en Marat. En un primer momento, prosigue FFB, dictadura es, en ese contexto, un trmino situacionista cuya connotacin principal sera la siguiente: necesidad de la violencia revolucionaria, en Alemania, para resolver una situacin de doble poder que se estanca y que est paralizando la revolucin democrtica. Pero Marx, a continuacin, generaliza y vincula esta idea a otra que le ha estado rondando por la cabeza desde unos aos atrs: la de revolucin permanente.

En una primera acepcin, este concepto dice: si la revolucin se para, se pierde; su contenido social decae y la contrarrevolucin se impone. En una segunda, el concepto, tal como fue formulado por Marx entonces, se poda expresar esquemticamente as: para que la revolucin democrtica se imponga tiene que hacerse social, ampliar su contenido socializador, duplicarse, hacerse doble, y para eso el espritu revolucionario tiene que permanecer.

En ese punto el pensamiento de Marx volva a enlazar con el jacobinismo francs para generalizar ya con toda contundencia [OME 10, 345-348]. FFB citaba este texto marxiano:

Las carniceras sin resultado que se han producido desde los das de junio y octubre, el aburrido festn de sacrificios que se ha desarrollado desde febrero y marzo, el canibalismo de la propia contrarrevolucin, convencer a los pueblos de que slo hay un medio para abreviar, simplificar y concentrar los criminales estertores agnicos de la antigua sociedad y los sangrientos dolores de parto de la nueva sociedad: el terrorismo revolucionario.

A los pueblos, en general, era mucho decir, mucho generalizar, comentaba FFB. El propio Marx ira introduciendo muchos matices sobre el significado del terrorismo, sobre la violencia poltica, sobre la posibilidad de llegar al socialismo en determinados pases, en los que el proletariado era mayora, a travs del sufragio universal. El activista socialista no demediado aada:

No ser yo, cmodamente instalado aqu, delante del ordenador, y en una Europa capaz de tolerar lo intolerable mientras denigra a Robespierre y a Marat y vuelve a ensalzar a reyes y monarcas absolutos, quien enmiende la plana a Marx diciendo cmo hay que comportarse, alternativamente, en situaciones de doble poder, cuando revolucin y contrarrevolucin se entrelazan y uno no es all mero observador. Lo que s dir es que la lectura del Manifiesto comunista y del conjunto de artculos escritos para la Nueva Gaceta Renana invalida todas las interpretaciones de Marx que hacen de l slo un cientfico social y todas las interpretaciones de Marx que hacen de l slo un filsofo. Por lo dems, cuando Marx escriba estas cosas, algunas de ellas tremendas, desde luego, ya no era un joven: era un hombre de treinta aos, con dos hijos, responsabilidades familiares e intelectualmente muy formado.

Si lo que dijo e hizo haba sido un pecado, no era un pecado de juventud precisamente, conclua el profesor de filosofa poltica de la Universidad (pblica) Pompeu Fabra.

Tocaba ahora hablar de economa y de crtica de la cultura.

Notas:

[1] FFB, Marx sin ismos. El Viejo Topo, Barcelona, 1998, pp. 145-170.

[2] Escribe FFB entre parntesis: A saber: sufragio universal, divisin de poderes, existencia de un parlamento, existencia de una carta constitucional mayoritariamente aprobada y alternancia en la gobernacin. No es una definicin maximalista como es obvio.

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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