Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-08-2013

Religin y poltica
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (XXI)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


De la critica de la religin a la crtica de la poltica es el ttulo del tercer captulo del Marx sin ismos [1]. Est estructurado en los siguientes apartados: En Pars [] el escrito marxiano ms representativo del perodo de Pars, el que ms relevancia iba a tener en este siglo XX y el que inaugura el inters de Marx por cuestiones econmicas, tampoco lleg a ver la luz entonces. Ni entonces ni en vida de Marx. Se qued en forma manuscrita. Ese texto, tambin incompleto, se conoce, desde su publicacin en 1932, con el nombre de Manuscritos econmico-filosficos o Manuscritos de Pars-, La cuestin juda, Emancipacin poltica y emancipacin humana Lo ms relevante de la argumentacin de Marx en este punto es la distincin que establece entre emancipacin poltica y emancipacin humana. La emancipacin poltica es, en lo sustancial, emancipacin del Estado respecto de la religin, o, mejor an, de las religiones. La emancipacin humana es liberacin del hombre de las alienaciones derivadas del modo de vida de la sociedad burguesa, en particular respecto de la doble moral, en lo pblico y en lo privado, como burgus y como ciudadano, que caracteriza la existencia de las personas en el Estado poltico-, Superar el enfoque teolgico-religioso El hilo conductor de la argumentacin de Marx es tratar de superar el enfoque slo teolgico-religioso, aunque ilustrado, de la cuestin juda. Pues, en su opinin, este enfoque repite en una forma slo aparentemente nueva el viejo escrpulo que en el siglo XVIII se manifest, sobre todo en Alemania, en la pregunta acerca de quin tiene mejor perspectiva de salvacin: si el judo o el cristiano-, Judaizacin de la sociedad cristiano-burguesa Con esta propuesta empieza la segunda parte de su ensayo Vistas as las cosas, el judasmo pierde su especificidad religiosa para convertirse en la imagen, en la metfora, e incluso el paradigma, de la cultura o civilizacin burguesa. El judasmo alcanza su apogeo, segn Marx, con la maduracin de la sociedad burguesa. Pero como la sociedad burguesa ha madurado precisamente en el seno del mundo cristiano, judasmo y cristianismo se convierten, en ltima instancia, en dos caras de la misma moneda-, Fue Marx antisemita?, De la crtica de la religin a la crtica de la poltica estatal y Ensear al pueblo a espantarse de s mismo para darle coraje.

Me detengo brevemente en el penltimo de estos apartados: Fue Marx antisemita?.

Atendiendo a la dureza de los adjetivos con los que Marx juzgaba en su escrito el judasmo prctico, seala FFB, est ms que justificada la pregunta acerca de si el revolucionario de Trevris fue o no un antisemita. La pregunta haba hecho correr ros de tinta, sobre todo desde los aos treinta del siglo XX.. No era fcil contestarla con ecuanimidad cuando, como sola ocurrir, se tiene la mente dividida entre la valoracin de lo que Marx dijo y escribi y el horror en que deriv el antisemitismo de la poca del nacional-socialismo. Pero, aun as, seala el autor de Marx sin ismos, se poda y se deba intentar dar a la pregunta una respuesta plausible. Su respuesta era la siguiente: Marx fue, efectivamente, antisemita aunque no en la acepcin que este trmino ha adquirido desde 1930. La respuesta no pretenda obviar, por otra parte, las responsabilidades morales, prcticas, de marxistas, o de personas que se han inspirado en la obra de Marx, en el crecimiento del antisemitismo en Alemania y el mundo desde los aos treinta. No, en absoluto. Slo sostiene que sta era otra cuestin, distinta de la que aqu se plantea, y que tiene que ser analizada con cuidado en otro marco, en otro contexto histrico.

Era un anacronismo sin fundamento la afirmacin de Dagobert D. Runes, editor de un Diccionario de Filosofa muy apreciado por l mismo y tambin por Manuel Sacristn (este ltimo coordin su traduccin castellana e incluy unas 20 voces y aadidos propios) que todava pudiera leerse en la 4 edicin de la traduccin norteamericana de La cuestin juda (New York, Philosophical Library, 1960) que el sangriento sueo de Marx de lograr un mundo sin judos est detrs de las prcticas terroristas de Torquemada y Tito, de Hitler, de Kruschef y de Mao Ts Tung. Nada menos. Ese anacronismo meta demasiadas cosas en el mismo saco: 1. La historia del prejuicio antijudo era, como se sabe,, muy anterior a Marx y a los marxismos; en la poca moderna, el antijudasmo ha estado muy extendido en el seno del movimiento obrero y popular, tanto en la Europa occidental como de la Europa oriental, antes, durante y despus de Marx: Fourier, Blanqui y Bakunin, para mencionar tres nombres habitualmente vinculados a corrientes diferentes del movimiento obrero moderno, han compartido el prejuicio antijudo desde puntos de vista que no se dejan reducir en absoluto ni al de Marx, ni al de Torquemada en el siglo XVI, ni al de Hitler en el siglo XX.

La historiografa de las ltimas dcadas haba puesto de manifiesto que el trmino antisemitismo no haba sido utilizado en Europa antes de 1880, o sea, como era evidente, bastante despus de que Marx escribiera la Judenfrage y, adems, sin relacin con ella. Era cierto que haba habido a lo largo de la historia un hilo rojo que correlaciona el prejuicio antijudo, la crtica moral-cristiana de la usura, casi siempre identificada con el judasmo prctico, y la crtica moderna anticapitalista que tiende a identificar judasmo y dominacin del capital financiero a travs de las instituciones bancarias. Pero, matizaba FFB, si no se quera caer en la selva de los tpicos, invirtiendo por retorsin la persistencia del viejo prejuicio, haba que distinguir entre las diversas formas histricas del mismo, formas que haban acentuado alternativamente la diferencia religiosa, la diferencia cultural, los aspectos socioeconmicos y el tema de la sangre.

Para argumentar con precisin y ecuanimidad la respuesta que se propona convena advertir, adems, que quedarse en lo que Marx deca en la Judenfrage era muy insuficiente, y que mezclar lo que se dice en este escrito con otras declaraciones de Marx a propsito de los judos descontextualizamente, sin mencin de fechas y momentos, no pasara de ser una contribucin ms a la filosofa periodstica de la historia que se ha ido imponiendo en estos ltimos aos. A propsito de Zur Judenfrage se haban escrito cosas inexactas, que tenan poco que ver con el escrito marxiano y que se demoraban a veces en aspectos psicolgicos o en la consideracin de lo que pensaban a este respecto amigos, compaeros y correligionarios de Marx. Convena atenerse a lo que haba sido su propia posicin. Lo ms adecuado era seguir los resultados de una lnea de investigacin historiogrfica que combinaba espritu crtico, buena filologa y mtodo comparativo. Con matices, y con algunas diferencias que no son ahora del caso, eso es lo que han hecho Maximilien Rubel, Helmut Hirsch y Roman Rosdolsky, los cuales dialogan en esto con historiadores de la cuestin como Salomon F. Bloom, E. Silberner y Werner Blumenberg.

Era cierto que Marx haba manifestado en varias ocasiones su repugnancia hacia la creencia israelita, antes y despus de escribir la Judenfrage. Una de esas veces, recordaba FFB, haba sido precisamente pocos meses antes de ponerse a escribir sobre la cuestin juda, en una carta a Ruge. Pero esta carta que era, efectivamente, un documento capital para conocer la actitud de Marx y que estaba en la base de su posterior ensayo, contina diciendo que l mismo, Marx, est dispuesto a redactar una peticin a la Dieta renana en favor de los judos por sugerencia del presidente de la comunidad de Kreuznach. Lo hizo realmente? No estaba claro. Estaba clara, sin embargo, su motivacin en aquel caso: no iba a hacerlo por simpata hacia los judos del lugar ni tampoco porque creyera particularmente justa la peticin, sino para echar arena en las ruedas del carro del estado cristiano, porque cada peticin en este sentido rechazada por el Estado -son sus palabras- hace aumentar la indignacin y suscita protestas.

Esta visin instrumental de una causa que debemos considerar justa -se trataba de la lucha en favor de los derechos de una minora acosada- estaba en lnea con la visin muy esquemtica e injusta que Marx haba tenido del pueblo judo. En 1843 Marx se niega a reconocer la especificidad del pueblo judo, su particularidad diferenciada en la sociedad alemana, y luego identifica abruptamente su historia con la historia del dinero y de la mercantilizacin general de la sociedad capitalista. Este desprecio, apuntaba FFB, fue en aumento con los aos. En El capital Marx ha comparado a los usureros judos con los dioses de Epicuro que habitan en los intersticios del universo. Por si fuera poco, la correspondencia privada de Marx con Engels y con otras personas estaba plagada de expresiones despectivas hacia los judos que ponan de manifiesto la persistencia del prejuicio.

As, en 1864, ilustraba FFB, en carta a Engels, Marx calificaba a Ferdinard Lassalle de itzig, haciendo suyo uno de los trminos ms despreciativos de los que se empleaban en la Alemania de entonces para calificar a los judos. Tampoco se poda negar que en ocasiones Marx haba defendido reivindicaciones y pensamientos de judos concretos, pero esto lo hizo casi siempre condicionndolo a la reinvindicacin ms general de una humanidad libre. Por ejemplo, en el marco de la Declaracin francesa de los Derechos del Hombre (en 1843), o, de igual modo, en el marco del establecimiento de una sociedad alternativa, comunista, en la que el problema habra de quedar, por hiptesis, subsumido. En la medida en que Marx consideraba que la emancipacin de los judos es parte, y slo parte, de la ms general emancipacin humana, la cuestin juda especfica, histrica, se dilua y el tratamiento poltico, concreto, racional, del asunto queda velado por la afirmacin, varias veces repetida, de aquel sentimiento de repugnancia ante la usura, el chalaneo y el mercantilismo.

Empero, sealaba FFB, hoy ya sabamos qque la subsuncin de un problema sociocultural especfico, el que fuera, muy concreto, en el marco ms general de la realizacin de los Derechos del Hombre o de la Sociedad desalienada no resolva el asunto: lo dejaba abierto. Y lo que era peor: lo deja abierto como herida que unos, la minora, seguirn sintiendo en carne propia, y otros, la mayora, tendern a ignorar o a negar. Esa ignorancia tiende a coincidir, anotaba FFB, con prejuicios muy extendidos por abajo, en la base de la sociedad, de modo que, finalmente, la identificacin, ms o menos inconsciente, de anticapitalismo y antisemitismo puede operar en un sentido directamente contrario al de la emancipacin buscada del gnero humano. La transformacin de la repugnancia frente a lo judo en una forma de antisemitismo larvado era ya muy patente en revistas obreras europeas de las dcadas que siguieron a la publicacin de Zur Judenfrage. Roman Rosdolsky lo haba visto muy bien al acuar, a propsito del antisemitismo de la Nueva Gaceta Renana, un rtulo ajustado: la enfermedad infantil del movimiento obrero.

En efecto, al fijarse exclusivamente en un aspecto la realidad profana del judasmo contemporneo, apuntaba FFB, es decir, en el importante nmero de judos entonces relacionados con el comercio, la banca y la industria, una parte del movimiento obrero moderno, en Alemania, y en Francia, en Rusia, y en Espaa, una parte de ese movimiento, haba hecho suyo un precipitado argumento inductivo parte por todo- para identificar judasmo y capitalismo. Marx no fue ajeno a esta precipitacin, que comparti adems con Fourier, Proudhon, Blanqui y Bakunin. La mayora de los estudios historiogrficos fiables sobre esa poca ponen de manifiesto que ya para entonces tal identificacin generalizadora era inexacta y que el mismo desarrollo del capitalismo en Europa estaba haciendo perder a los judos el carcter de pueblo comerciante y mercantil para convertirlos en una nacionalidad en sentido moderno. Estaba justificado, por tanto, el juicio de Rosdolsky.

Empero, el reconocimiento de la pertenencia a un mismo humus cultural y de la asuncin de un prejuicio tampoco tenan por qu obstaculizar la comprensin de las diferencias particulares, o sea, del particular punto de vista de Marx en el asunto respecto del conjunto del movimiento obrero de la poca y de varias de las personalidades que ms influyeron en l. El motivo por el que oper como lo hizo, sealaba FFB, tampoco puede reducirse a una cuestin psicolgica, a saber: la tendencia del que ha nacido en el seno de una familia juda a volverse contra los suyos despus de abandonar la propia religin o la propia cultura. No. El argumento de FFB: el hecho de que Engels, que no era judo, hubiera compartido en lo esencial el prejuicio de Marx sugera, a contrario, que tal explicacin es insuficiente, unilateral.

Lo especfico del punto de vista de Marx era que, al subsumir el problema judo en el problema del capitalismo contemporneo, captaba slo un aspecto del proceso y haca suyo el prejuicio popular. Pero la crtica histrica, en este punto, tiene que resaltar tambin la diferencia, a saber: que tratar de superar aquel aspecto profano de lo judo generalizado por el capitalismo no implica un ataque particular contra el pueblo judo del tipo de lo que conocemos como antisemitismo desde los aos treinta de este siglo. Esta diferencia poda explicar, entre otras cosas, el vnculo de relevantes personalidades judas al ideario socialista de raz marxista durante los ltimos cien aos. Secundariamente, poda dar cuenta del hecho porque es un hecho- de que el antiseminismo nacional-socialista no hubiera sido slo antijudo sino tambin, como era sabido y frecuentemente olvidado, antimarxista, anticomunista. La crtica histrica, atenta a las diferencias, tena que moverse en otra direccin.

Formulando la cosa en trminos generales, conclua este punto FFB con la intuicin poltica que siempre le acompaaba, se podra decir que diluir las reivindicaciones de las minoras nacionales en el marco ms general de las reivindicaciones sociales comportaba siempre la negacin del problema especfico. Concretando al caso de Marx: la disolucin del problema especfico de una minora como la juda en el problema ms general de la alienacin humana equivala, en las condiciones dadas, a ignorar o pasar por alto tambin una injusticia.. Y ese era impropio de un marxista sin ismo como el propio Marx.

Un humanismo critico pero tambin positivo era el ttulo del siguiente captulo.

Nota:

[1] FFB, Marx sin ismos. El Viejo Topo, Barcelona, 1998, pp. 69-93.

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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