Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-08-2013

Economa y crtica de la cultura: Das Kapital
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (XXVI)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Economa y critica de la cultura burguesa es el ttulo del sptimo captulo de Marx sin ismos [1]. Se abre con dos citas. La primera de Marx, de 1859, de una carta a Engels si no ando errado: Nunca se ha escrito sobre el dinero careciendo de l hasta este extremo. La mayora de los autores que han tratado de este tema vivan en buenas relaciones con el objeto de su investigacin. La segunda de uno de sus grandes bigrafos, David McLellan: Un examen atento de los ingresos de Marx da la fuerte impresin de que sus dificultades econmicas no procedan tanto de su pobreza real cuanto del deseo de conservar las apariencias y de su incapacidad para manejar recursos financieros.

Los apartados del captulo son los siguientes: En Londres: la derrota y el drama, El largo adis al partido, Periodismo y crnica histrica, El capital: un trabajo de investigacin inacabado, Economa e historia econmica, Sobre el funcionamiento del capitalismo, Mtodo, estilo, punto de vista y Crtica del capitalismo y de la civilizacin burguesa.. Me centro en este ltimo.

En sus escritos econmicos Marx no haba pretendido hacer una crtica de los comportamientos de los capitalistas como individuos, como personas consideradas en su individualidad. No. El que tales o cuales personas aparezcan a veces descritas en estas obras con un tono poco afable es secundario, sealaba FFB. De hecho, Marx haba reservado sus adjetivos ms duros para los ignorantes pretenciosos de la propia tribu o para aquellos otros con los cuales polemizaba por motivos polticos o cientficos: para quienes, como l deca, se encasquetan la capucha de niebla, se tapan bien los ojos y los odos y pueden as negar la existencia del monstruo. El capital, y ms en general, los escritos que Marx incluira bajo el rtulo de Economa, slo se ocupaban de personas en la medida en que stas eran personificaciones de categoras econmicas, portadoras, por consiguiente, de determinadas relaciones e intereses de clase. Marx haba querido ver el desarrollo de las formaciones econmicas en general -y de la sociedad capitalista en particular- como un proceso histrico-natural, del que, subjetividad aparte, el capitalista como persona, igual que los dems, es criatura.

El que Marx pudiera ver las cosas de los humanos como un proceso histrico-natural, sealaba FFB, era consecuencia de una doble opcin terica previa:

Consecuencia, en primer, de la voluntad de establecer un corte analtico determinado al hablar de las relaciones entre los hombres. As lo explica FFB: De la misma manera que el botnico, al tratar de cipreses, no se fija en el enhiesto surtidor de sombra y sueo que es, segn el decir del poeta, el ciprs de Silos, sino en los rasgos o caractersticas compartidas por todos los rboles de esa especie, as tambin el economista Marx hace abstraccin de la particularidad del capitalista individual.

Consecuencia, en segundo lugar, de su propia concepcin materialista de la historia, segn la cual no es la consciencia de los hombres lo que determina su existencia, sino, al contrario: la existencia social lo que determina la consciencia.

En sus obras econmicas, Marx haba perfilado as una conclusin a la que ya haba llegado en La ideologa alemana: el conjunto de las relaciones de produccin histricamente determinadas configura la estructura econmica de la sociedad, la base real sobre la cual se eleva un edificio jurdico y poltico (y a este ltimo le correspondan determinadas formas de la consciencia social). De manera que, hablando en general, puede decirse que el modo de produccin de la vida material de los hombres domina o condiciona el desarrollo de la vida social, poltica e intelectual. Como se haba dicho tantas veces y haba subrayado (es FFB quien habla) Gerald Cohen con eficacia en uno de los mejores libros que se han escrito sobre Marx en las ltimas dcadas. Ah estaba, nada menos, el meollo de la concepcin marxiana de la historia.

Admitir tal determinacin no implicaba hacerse economicista ni reducir la historia al factor econmico, ni conllevaba tampoco desprecio alguno del papel de la subjetividad en la historia de los humanos. Marx haba hecho observar, en diferentes ocasiones, la importancia del azar, de la casualidad y de las opciones personales en los acontecimientos histricos. El viejo topo el paso, brillante donde los haya, es tambin de FFB- que, segn Marx, mina los cimientos del sistema no es un topo mecnico que hurga, ciego, inconscientemente, en las contradicciones econmicas del modo de producir, ajeno a los sentimientos y deseos de las personas, de las gentes y de las clases sociales. No nada de eso, de ah la dificultad para entender la historia como un proceso sin sujeto ni fin, o cuanto menos, sin sujetos ni fines. Era, como Marx les haba dicho a los cartistas de izquierda y como repiti luego a su amigo Kugelmann -bromeando sobre la irrelevancia de una historia entendida como mera necesidad- un animal vivo, hacedor, activo. Eso s, bifronte y demediado: que hace a veces sin saber lo que hace y que, al hacer, se deja llevar naturalmente por la hybris.

FFB no vea que fuera obligado presentar la crtica marxiana del capitalismo atendiendo mecnicamente a lo que sugea la socorrida metfora que opona la base econmica a las sobreestructuras ideolgicas. De hecho, apuntaba, desde el punto de vista del contexto de descubrimiento de las ideas y conjeturas, Marx haba analizado y criticado la cultura o civilizacin burguesa en un sentido amplio antes, no despus, de llegar a formular las tendencias evolutivas por las que se rega la base material de la sociedad capitalista. No slo cuando, en tanto que periodista, tuvo que escribir sobre culturas, etnias, costumbres, ideas, polticas y polticas socioeconmicas de tales o cuales pases concretos.

Era natural: nadie, ni siquiera de su cuerda, le hubiera publicado rollos economicistas cuando de lo que se trataba era de ilustrar a los lectores sobre acontecimientos de actualidad. Y lo que era ms importante: tambin hablando en general, no slo de tal o cual pas concreto, el anlisis crtico de la cultura dominante o hegemnica es anterior (o simultneo) en Marx a la dilucidacin detallada de lo que era la estructura econmica del capitalismo.

Haba por lo menos tres aspectos de la cultura o civilizacin burguesa a los que Marx haba prestado atencin sealaba FFB:

El primero refiere a la imbricacin existente en ella entre aspiracin tecnocientfica y alienacin. Matizando el canto a las conquistas de la civilizacin industrial y productivista que haba escrito en el Manifiesto, Marx, sostiene FFB, se ha dado cuenta, en 1856, de que en sus das aquella cultura estaba conduciendo a una pltora miserable en la que la maquinaria, adems de hacer fecundo el trabajo humano, lo mutila y lo devora transformando las fuentes mismas de la riqueza en fuentes de miseria. Y ha visto tambin que, en esa pltora miserable, los progresos de la ciencia se pagan con la prdida de carcter y que, a medida que domina la naturaleza, el hombre domina tambin a otros hombres y se envilece, de tal manera que (ahora es Marx quien habla) todos nuestros inventos y todo nuestro progreso parecen desembocar en un dotar a las fuerzas materiales de vida espiritual y en la conversin de la vida en estpida fuerza material.

Despus, mientras redactaba el primer volumen de El capital, prosigue FFB, Marx ha relacionado esta ambivalencia del progreso tecnocientfico caracterstico de la civilizacin burguesa con la persistencia de dos actitudes complementarias que se reiteran a lo largo de todo un perodo histrico: la resignacin positivista ante lo dado, ante lo que hay, y la aoranza romntica del pasado. En esta civilizacin el hombre se daba cuenta de la deshumanizacin, del vaco y del envilecimiento que comportaba la pltora miserable, volviendo sus ojos hacia el pasado idealizado, hacia otras pocas en las que el individuo, pobre en necesidades, pareca ms pleno, ms autntico. De ah brotaba la nostalgia romntica, siempre enfrentada al realismo positivista de quienes oponan este mundo nuestro, considerado presuntuosamente como el mejor de los mundos posibles, al ideal retorno de los otros a la naturaleza (o a las cavernas, como se suele decir).

La conclusin marxiana era radical: sta, la que sigue siendo nuestra, es una civilizacin que mira hacia el pasado o se queda en el presente, que no quiere verse a s misma como un trnsito, que no mira hacia el futuro. Mucho antes de que el no hay futuro se convirtiera en otra de las ideologas explcitas de nuestra cultura, apuntaba FFB en un alarde de capacidad predictiva que merece ser destcada, Marx haba escrito en los Grundrisse: La visin burguesa no ha ido nunca ms all de la oposicin a aquella otra visin romntica, y por eso sta la acompaar, como justificado contrario, hasta que descanse en paz. De ah que nosotros, hombres del siglo XX, apuntaba FFB, hemos podido or hablar de neorromanticismos, posromanticismos y neoposromanticismos.

Por ltimo, al analizar, ya en El capital, la industrializacin del campo y el proceso de introduccin de la qumica en la agricultura, Marx haba precisado un aspecto nuevo, y muy relevante, en la consideracin de todo sistema econmico productivista. Esta precisin enlazaba igualmente con la idea del carcter ambivalente de todo progreso tecnocientfico, pero aada que en el caso de la agricultura, las fuerzas productivas no slo se convierten en destructivas en el sentido de ser liquidadoras de trabajo y devastadoras del trabajador, como en el caso de la industria, sino tambin depredadoras de la naturaleza. El paso es casi un homenaje al ltimo Sacristn.

De este modo, en el marco de la cultura productivista que caracteriza al capitalismo, y a medida que las otras fuerzas productivas (tecnocientficas) se imponan a la fuerza productiva hombre, todo progreso en el aumento de la fecundidad del suelo para un plazo determinado era, al mismo tiempo, un progreso, pero un progreso en la ruina de las fuentes duraderas de esa fecundidad, o sea, un retroceso.

Sera un anacronismo derivar de ese paso [OME 41, 140-142], adverta FFB, que Marx se haba ido haciendo ecologista con los aos. No era eso. Marx ha captado, leyendo a Justus Liebig, el aspecto negativo de la agricultura moderna conectada a la gran industria. Pero en la crtica de ciertas implicaciones culturales del productivismo capitalista Marx no slo era hombre de su tiempo. Otros hubo en tu tiempo, sealaba el codirector de la coleccin Pensamiento crtico, un marxista no cegado que nunca idolatr, ms sensibles al problema de la destruccin de la naturaleza. Como hubo otros, tambin en su tiempo, ms sensibles a los problemas y reivindicaciones de las mujeres. O ms sensibles a los sufrimientos de los humanos ante otros males que la cultura burguesa ha acentuado.

Ms sensibles, desde el punto de vista ecologista; ms sensibles desde el punto de vista feminista; ms sensibles desde un punto de vista politico de religacin.

Marx siempre pens, ya en sus das, que naturaleza en estado puro haba poca. Que casi todo lo que se llambamos naturaleza era, de hecho, naturaleza humanizada, tocada por el hombre (para mal y para bien desde luego) y que eso mismo era consecuencia de un largusimo proceso histrico del que el productivismo capitalista era slo el final conocido. En todos los contextos en que aparece esta crtica a la civilizacin burguesa, incluido el paso en que Marx hablaba de los efectos negativos de la qumica y de la tcnica sobre el suelo cultivable, quedaba clara la centralidad que Marx conceda al trabajo, a la tecnologa y a la produccin de bienes en otras condiciones. Marx sugera, eso s, que puede haber otra forma de relacin entre el hombre y la naturaleza ms respetuosa de sta y menos alienante para el hombre. No dijo cul: slo imagin que la abolicin de la separacin drstica entre ciudad y campo, en una sociedad comunista, poda contribuir a ello.

Exista, sin embargo, un aspecto de la reflexin incoada en esa crtica marxiana de la cultura o civilizacin burguesa que poda interesar al otro ecologismo, al de la ecologa poltica de la pobreza del siglo XXI. Aun manteniendo la centralidad del trabajo desalienado y de la tcnica con toda su ambivalencia, en otras condiciones, slo genricamente definidas, esta preocupacin por los efectos negativos de la agricultura moderna llev a Marx a interesarse progresivamente por otros tipos de comunidades agrarias. Desde ah recal en el estudio de otras culturas: de viejas culturas precapitalistas y de culturas agrarias viejas pero contemporneas del capitalismo y cuya vitalidad poda ser observada an al lado mismo de algunos centros industriales. Y volvi, adems, sobre su pregunta, tan decisiva, acerca de lo que poda pasar en un mundo en el que el movimiento de la sociedad burguesa era todava ascendente y se puso a devorar libros de etnologa y sobre las comunidades campesinas. Era ya el Marx tardo, el Marx desconocido, el Marx que tantea una nueva cuadratura del crculo para cambiar un mundo en el que las culturas, dndose simultneamente en el tiempo, no son, hablando con propiedad, contemporneas.

PS: Hubo, adems, un ltimo motivo, seala FFB en el priemr apartado de este captulo, que contribuye a explicar la retirada temporal de Marx a los estudios y su relativo aislamiento voluntario: el drama que debi representar, en aquel ambiente de precariedad y teniendo en cuenta el vnculo ertico de la pareja, el embarazo de Helene Demuth a consecuencia de su relacin con Marx y mientras Jenny von Westphalen esperaba su cuarto hijo. ste ltimo naci en marzo de 1851; Frederick Lewis Demuth, el hijo Helene, el 23 de junio del mismo ao

Todos los testimonios del drama familiar, adverta FFB, que quedaron en el secreto de la familia, fueron destruidos. Unos por los Marx, y otros por Engels despus de la muerte de Jenny y Karl. No pueden ser ajenos a este drama ni el aislamiento buscado por Marx en aquellas fechas, ni su amargura (observada por los amigos y conocidos, ni el tono apesadumbrado con que Jenny redact sus recuerdos del Londres de 1851-1852 o escribi a los amigos sobre los padecimientos pasados por entonces. Incluso, conjetura FFB, la impresin que produce la mole de lecturas hechas por Marx en aquellos meses es difcilmente separable de las consecuencias inmediatas de aquella herida afectiva. Tanto ms cuanto que es conocido, a travs de numerosas ancdotas que se han conservado, el alto concepto que Jenny von Wesphalen tena de la lealtad en el matrimonio y de la personalidad de Karl Marx.

Es difcil saber qu es lo que hizo de aquella herida un drama pasajero, apunta FFB. Pero ya fuera por la superposicin inmediata de otras desgracias -dos hijos muertos en circunstancias deplorables-, por la necesidad de hacer frente a una situacin domstica (que iba de mal en peor), acaso tambin porque la contencin sentimental de Marx y su desprecio del sentimentalismo declamatorio no se correspondiera con su comportamiento en lo ms ntimo, por el carcter de la persona ofendida, Jenny von Wesphalen, o incluso por la importancia que ambos daban a las apariencias, o porque el amor que se tenan aquellas dos personas estaba por encima de la infidelidad, lo cierto es que aquella herida haba quedado cerrada pocos aos despus de que se produjera.

Lo probaban las piezas de la correspondencia entre Karl y Jenny en las pocas ocasiones en que se separaron durante los aos cincuenta del siglo XIX. As, estando Jenny en Trveris, Marx haba escrito desde Manchester, en 1856, una carta que recuerda el tono irnico-romntico de su juventud y que muestra hasta qu punto aquella herida pareca cerrada [MEW, 29, 552]. La siguiente:

Cario mo:

Tengo delante de mi tu viva imagen, te acojo en mis brazos, te beso desde la cabeza a los pies, caigo ante ti de rodillas y musito Seora, te amo. Y te quiero mucho ms de lo que el Moro de Venecia am nunca. El mundo falso y corrupto concibe los caracteres de todos los hombres igual de falsos y corruptos. Quin de mis muchos enemigos calumniadores y con lengua de serpiente pudo jams acusarme de poseer vocacin para representar el principal papel de amante en un teatro de segunda clase? Y, sin embargo, es verdad [...] El amor, no del hombre fuerbachiano, ni de los metabolismos de Moleschott, ni del proletariado, sino el amor del cario de uno, o sea, t, convierte al hombre de nuevo en hombre. De hecho, hay muchas mujeres en el mundo y algunas de ellas son hermosas. Mas dnde encontrar otro rostro de cuyos rasgos nicos, incluso pliegues, no vengan los ms grandes y dulces recuerdos de mi vida? Puedo incluso leer en tu dulce rostro mis infinitas tristezas, mis irreemplazables prdidas, y besando tu rostro alejo mis tristezas. Sepultado en tus brazos, despierto por tus besos. Esto es: en tus brazos y por tus besos.Y guarden los brahamanes y pitagricos su doctrina de la reencarnacin y el cristianismo la de la resurreccin.

FFB habla de este nudo, sin duda importante de la vida de Marx (y ms importante en los ataques a la tradicin marxista) con la informacin el conocimiento contrastado en esos aos, a finales del siglo XX. Poco tiempo despus, otras conjeturas alternativas, que no atribuyen a Marx paternidad extramatrimonial alguna y que situn muy bien la (poca) documentacin existente sobre lo sucedido, merecen ser muy tenidas en cuenta.

Notas:

[1] FFB, Marx sin ismos. El Viejo Topo, Barcelona, 1998, pp. 171-196.

[2] Aade FFB: La lista de libros que Marx devor durante aquellos meses en la biblioteca del Museo Britnico, con las dos mujeres embarazadas en casa, es impresionante [se puede ver esa lista en Rubel, 1963, 49].

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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