Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2013

Ms sobre el Marx tardo
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (XXIX)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Matices, precisiones, sugerencias: una obra abierta es el ttulo del ltimo captulo de Marx sin ismos [1]. Precisiones sobre fraternidad e internacionalismo y Precisiones sobre violencia y revolucin son dos de sus apartados.

En Precisiones sobre fraternidad e internacionalismo seala FFB:

Los ocho aos de 1864 a 1872- dedicados a la organizacin y desarrollo de la AIT fueron tan decisivos para la configuracin de la filosofa poltica de Marx como lo haban sido los inmediatamente anteriores y posteriores a las revoluciones europeas de 1848. En lo esencial, su pensamiento poltico estaba ya formado entonces. Pero los matices y precisiones que sobre el concepto de revolucin y sobre la idea misma de comunismo Marx introdujo a partir de esta otra experiencia tienen mucha importancia. No entra FFB en el detalle de las polmicas entre las distintas corrientes ideolgicas -prudonianos, blanquistas, bakuninistas y marxistas- de aquella organizacin. Eso s, seala que la tradicin emancipadora moderna que durante dcadas se ha inspirado en Marx no podra entenderse sin lo que ste aprendi y produjo gracias al contacto directo con dirigentes de las diversas organizaciones obreras europeas de esa poca, algunos de los cuales (empezando por Bakunin) no pensaban como Marx.

Esa reflexin merece una observacin: antisectarismo.

Lo que haba dado nuevo perfil a la filosofa poltica de Marx fue la necesidad de sintetizar las reivindicaciones bsicas de los trabajadores del momento, la voluntad de pasar desde un programa fundamental o de principios, como era el Manifiesto, a un programa de accin con el que se sintieran realmente identificados trabajadores de muy distintas nacionalidades. Sacristn habl de praxeologa para hacer referencia a estas complejas interrelaciones. Esto, admite FFB, si se tiene en cuenta lo dicho a propsito del carcter normativo (no estrictamente sociolgico) de la repetida frase del Manifiesto -los trabajadores no tienen patria-, haba sido siempre sumamente complicado. Lo era ya entonces. La mejor manera de llamar la atencin sobre esta dificultad, desde lo ms primario, las lenguas de uso, acaso fuera recordar la irona del propio Marx, a propsito de Lafargue, cuando el que sera su yerno, en una de las reuniones de la Internacional en Londres, se solt un inflamado discurso sobre el fin de las nacionalidades, y lo hace en francs (una lengua, comenta Marx, que no entenda ni el veinte por ciento de los presentes).

Primera precisin: cmo se compagina la declaracin normativa, internacionalista, con el hecho, puesto que era un hecho, de que los trabajadores europeos integrados en la AIT hablaban diferentes lenguas y expresaran en ellas sentimientos, ilusiones y reivindicaciones, que, por compartidos que fueran en lo sustancial, se hallaban condicionados por diferencias nacionales y tnicas muy notables. En los documentos que redact para la Internacional Marx haba establecido, en aras de esta deseada compaginacin, tres criterios: autonoma poltica, vnculo fraterno y poltica internacional propia.

Su argumentacin en favor de la autonoma poltica, seala FFB, reafirmaba la idea de que la emancipacin de la clase trabajadora tena que ser obra de la clase trabajadora misma. Tiempo despus, conociendo la diversidad de aquel movimiento sociopoltico, Marx precisa que la tarea de la AIT es coordinar y generalizar los movimientos espontneos que surgen en los distintos pases. Coordinar y generalizar no es ordenar ni imponer nada al conjunto. Si se comparaba esto con lo dicho en el Manifiesto, seala FFB, se podr ver que la precisin era bastante ms que un ligero matiz. Implicaba la renuncia a imponer un sistema doctrinario determinado o a proclamar ya cul debe ser el sistema de cooperacin alternativo en el futuro. Bastaba para Marx con limitarse al enunciado de unos pocos principios generales [2].

Esta limitacin, para alguien que tiene punto de vista sobre la sociedad del futuro (Marx lo tena desde luego) deba entenderse como una autolimitacin, se hace en aras del segundo criterio que es, en lo sustancial, un criterio poltico-moral: el del vnculo fraterno. Por su nmero, el trabajador, el proletario era ya o empezaba a ser, segn los pases, en esa poca la mayora de la poblacin. Pero, dada la diversidad de formas polticas, la inexistencia todava de un sufragio universal y la experiencia de que los poderosos, en los momentos de crisis, tienden a liquidar la propia legalidad (la legalidad nos mata, decan por entonces poderosos que se llamaban a s mismos liberales), el nmero no es suficiente. Haca falta la unidad de los de abajo y sta no se construa en das. Se edificaba, se edifica, seala FFB, pacientemente en el plano cultural cultivando la fraternidad de clase.. Joan Tafalla y Joaqun Miras estaran encantados con este paso.

Puesto que la fraternidad es una hermosa palabra (un amigo del autor, Antoni Domnech, ha escrito pginas deslumbrantes sobre el concepto [3]) que se poda decir de muchas maneras (en esa poca, el ejemplo es de FFB, se hablaba, entre otras cosas, de la fraternidad que produce el librecambio), para compaginar afablemente especificidades nacionales y voluntad internacionalista haca falta todava un tercer criterio poltico-moral: meterse en los misterios de la poltica diplomtica e internacional. En lo que tena de poltico este criterio exiga: considerar la poltica internacional como la otra cara de las luchas sociales y, en consecuencia, denunciar las maniobras gubernamentales que arrastran a las gentes a las guerras y ponen a los proletarios, en cada pas, detrs de quienes las declaran. Tambin Marx precisaba en este nudo: critica el nacionalismo de los gobiernos imperiales y de las naciones grandes pero comprende y alienta las reivindicaciones nacionales de polacos (frente a Rusia y Prusia), irlandeses (frente a Inglaterra) e italianos (frente a Austria). La tradicin ha obrado en ocasiones con mucha sabidura (y riesgo) en este vrtice a veces esencial. El nacionalismo, como el ser, tambin se dice de muchas maneras.

Este criterio tena, adems, una connotacin tica en la medida en que pretenda aproximar dos mbitos cada vez ms separados en aquel mundo (que era el nuestro aada FFB): el mundo de las relaciones entre los ciudadanos y el de la alta poltica internacional. La separacin es cada vez ms evidente. Por eso el manifiesto inaugural de la AIT tambin se autolimitaba: slo quiere (pero ese slo ya es mucho en aquellas circunstancias y en las nuestras) que las sencillas leyes de la moral y del derecho regulen a la vez las relaciones entre las personas y las relaciones entre las naciones. As se precisaba el viejo lema de Flora Tristn (el recuerdo es de FFB, desde luego) y del Manifiesto: Proletarios de todos los pases, unos. Unos, se dir ahora, a sabiendas de que el proletariado necesita otra poltica tambin para las relaciones internacionales. La cultura autnoma de la clase ascendente ira tomando as forma propia. En una entrevista que concedi, en 1871, a la publicacin neoyorquina The World, recordaba FFB, Marx haba ampliado su argumento sobre la forma de compaginar las diferencias nacionales en una amplia red internacional: despus de sealar que el objetivo principal de la AIT era la emancipacin econmica de la clase obrera mediante la conquista del poder y la utilizacin del mismo para la realizacin de sus fines sociales, Marx acababa con estas palabras que FFB destacaba y citaba en extenso:

Nuestros objetivos tienen que ser necesariamente tan amplios como para abarcar todas las formas de actividad de la clase obrera. Dar a estos objetivos un carcter particular habra significado reducirlos a las necesidades de una sola seccin, a las necesidades de los trabajadores de una sola nacin. Pero entonces cmo convenceramos a todos de que se unieran si el objetivo fuera alcanzar slo las metas de algunos? Si nuestra AIT fuera as no tendra derecho a llamarse Internacional. La AIT no impone ninguna forma fija al movimiento poltico. Slo exige que este movimiento se oriente hacia un mismo fin. La AIT est formada por una red de sociedades afiliadas que abarca todo el mundo del trabajo. En cada una de las partes del mundo aparecen aspectos particulares del problema del trabajo; los obreros los tienen cuenta y tratan de resolverlos a su manera. Pues las organizaciones obreras no pueden ser absolutamente idnticas en Newcastle y en Barcelona, en Londres y en Berln. La Internacional no tiene la pretensin de imponerles su voluntad, ni siquiera pretende dar consejos: ofrece a todo movimiento en curso su simpata y su ayuda, dentro de los lmites establecidos por sus estatutos.

Precisiones sobre violencia y revolucin es el siguente apartado de este captulo.

La conquista del poder: he ah, seala FFB, la madre o una de las madres del cordero. Era otro de los puntos en que el hipottico lector actual de Marx sentira la tentacin de pasar pgina o de cerrar el libro. S, sabemos: las revoluciones devoran a sus hijos; el poder corrompe; la lucha violenta contra la violencia hace violentos a quienes no queran serlo; los rebeldes dejan de serlo; las revoluciones no hacen progresar a la humanidad... Pero tambin sabemos desde Tocqueville: antes de someter a juicio sumarsimo a los revolucionarios de un da, entrate de qu haba antes de las revoluciones. Tanto como eso no cabe aqu. Para aproximarse simpatticamente a esa comprensin, seala FFB, se poda sugerir la lectura de algn mdico o filntropo de la poca sobre las condiciones de vida de los trabajadores en Manchester, en Pars, en Barcelona o en las minas de Ro Tinto. O escuchar alguna cinta con los cantos de Eugne Pottier para la Comuna de Pars: el havy metal de la poca. O leer algo serio sobre cmo se reprimi a los comuneros y qu repercusin tuvo eso en los otros pases de Europa, incluido el nuestro.

El programa de lectura y escucha era excelente desde luego.

Supongamos, pregunta FFB, que somos pacifistas, no de la rama del pacifismo fundamentalista, que se dice, ni de la rama del pacifismo accidental, gandhianos, por ejemplo, como lo fue l. Hay, desde ah, motivos para cerrar el libro de Marx y dejar de dialogar con l? Ffb crea que no.

Empecemos por el concepto de violencia, prosigue. Marx haba escrito en esos aos cosas como esta: la violencia es la comadrona de la historia. Se infera de ello que estaba a favor de la violencia, as, sin ms. No, por supuesto que no. No a favor de la violencia individual: el mismo Marx escribi contra prcticas de ese tipo, como el duelo, por ejemplo, que era un hbito en la cultura prusiana que l haba conocido de cerca (un hbito mediante el que compaeros suyos quisieron resolver las diferencias en la Liga comunista; un hbito por el que muri uno de los grandes del movimiento obrero alemn, Ferdinard Lassalle). Tampoco a favor de la violencia verbal o demagogia: no era el estilo de Marx, lo suyo era ms bien denunciar la demagogia de los hechos. Tampoco a favor de la violencia terrorista indiscriminada de aquellos a los que, como al Nechaiev literaturizado por Dostoiewski, les salan sobrando dos tercios de la humanidad. Tampoco. Marx haba escrito contra eso en repetidas ocasiones y no lo quera para su partido. Tampoco, el vrtice es importante en aquellos aos, a favor de la violencia supuestamente legal que exige la pena de muerte para castigar al criminal. Marx escribi contra la pena de muerte ya en 1853, y haba llamado miserable a una sociedad que no haba encontrado otro medio de defenderse que el verdugo y que, adems, proclama su propia brutalidad como una ley eterna..

Por lo dems, tampoco era Marx de los que justificaban la necesidad de la violencia porque sta pareciese estar, como se seala con frecuencia y con lenguajes ms o menos coincidentes, en los genes del hermano lobo.

Qu quera decir entonces Marx con eso de que la violencia es la comadrona de la historia? De qu historia? Marx hablaba de una historia muy concreta, que era lo que segua a la frase que siempre se cortaba cuando se citaba (precipitada o interesadamente) a Marx: la comadrona de toda vieja sociedad preada de una sociedad nueva. Qu sociedad era esa? La que Marx tena ante los ojos: una sociedad cuyos protagonistas, los miembros de las principales clases sociales, se enfrentan en condiciones de igualdad jurdica: derecho contra derecho. En esas condiciones, Marx pensaba, que era en esto hegeliano: lo que decide es la violencia, la fuerza (Gewalt). No se trata, pues, de una violencia cualquiera, sino de violencia social [OME 40, 255; OME 41, 260].

Y toda violencia social tiene que cristalizar en violencia poltica, preguntaba de nuevo FFB? No, desde luego que no. Para empezar hay sociedades que no parecen quedar preadas nunca de lo nuevo. Y luego, incluso en las sociedades, hay embarazos y embarazos. Por lo tanto, en circunstancias concretas, podan existir otras comadronas de la historia distintas de la Doctora Violencia. Marx no negaba esa posibilidad. Siendo dirigente de la AIT haba pensado que en algunos pases (incluido aquel en el que l estaba viviendo) los proletarios podan conquistar el poder pacficamente. Con esa idea ha estado a favor de la universalizacin del sufragio cuando, aada FFB oportunamente, muchos de los poderosos de su poca estaban en contra. Incluso despus de ver lo que pasaba en Pars en 1870-1871, cuando los liberales decan aquello de la legalidad, nuestra legalidad, nos mata, despus incluso de ver el significado de las leyes antisocialistas que dejaban fuera de la legalidad al partido obrero en Alemania, Marx ha seguido diciendo, cuando se lo han preguntado, que en los pases preados de lo nuevo pero de otra manera, como Inglaterra, EEUU y tal vez Holanda, los trabajadores podran hacerse con el poder por va pacfica.

Pero haba ms: los tres ejemplos que Marx haba seguido con ms atencin en sus ltimos aos -Francia, Alemania y Rusia- no llevaban precisamente ese camino, el camino pacfico. En 1851 siete millones y medio de franceses (frente a seiscientos mil) han aprobado en plebiscito un golpe de estado. El primer embrin de lo que llamamos seguridad social no ha llegado en Alemania de la mano del liberalismo sino limitando las libertades desde arriba y prohibiendo la prensa socialista. Y, mientras tanto, en EE.UU asesinaban al lder antiesclavista Lincoln (en el que la AIT haba puesto muchas esperanzas). Y el gobierno ingls no quera ni or hablar de parlamento y sufragio en las colonias.

Marx, como sus contemporneos, recordaba FFB, haba vivido desde 1848 hasta 1880 en una Europa en la que la forma ms alta de la violencia humana, la guerra, haba sido un hecho casi cotidiano. La observacin del continuo entrelazarse de guerra-revolucin en Europa haba marcado su pensamiento. Marx haba sido testigo (y analista) de la guerra de Crimea (1855-1856), de las guerras en favor de la unidad italiana, de la guerra franco-piamontesa contra Austria (1859), de la guerra de secesin americana (1861-1865), de la guerra austroprusiana (1866), de la guerra franco-alemana (1870-1871), de la crisis de los Balcanes que dio lugar a la guerra serbo-turca y luego ruso-turca (1875-1878). FFB insista: era imposible separar su nocin de la violencia de unas vivencias como sas. Al final de la guerra ruso-turca, en una entrevista que le hicieron en diciembre de 1878, Marx dijo que no haca falta ser socialista para prever que en Rusia, Alemania, Austria y tal vez Italia se produciran revoluciones parecidas a las que haban tenido lugar en Francia. Y matiz: Tales revoluciones sern realizadas por la mayora de la poblacin, no por un partido.

Queda la pregunta, fundada en opinin de FFB, que unos se hacan como cuestin de principios y otros accidentalmente acerca de si los de abajo tienen necesariamente que proponerse tomar violentamente el poder para lograr la igualdad social. En este caso, prosigue FFB, convena ponerse la mano en el corazn y distinguir: de qu estamos hablando: de nuestros tatarabuelos o de nosotros mismos? Algunas preguntas que no tenan sentido en determinados momentos histricos. Si no hay preez, sealaba, no perdamos el tiempo discutiendo el nombre que se debe poner al nio. Si, a pesar de ello, se quera seguir hablando en serio acerca de lo que no dejara de ser un gran asunto para el animal cvico que es el hombre preocupado por lo social, por la existencia de la desigualdad y de la violencia social, entonces no quedaba ms remedio que seguir mirando a la historia, a la de las revoluciones y de las guerras y a la otra; a la de la Comuna de Pars, que fue el referente de Marx, y a la de las sociedades que quedaron embarazadas de lo nuevo de otra manera.

Contra lo que se sola decir, conclua en este punto alguien tan sensible al marco histrico como el autor de La gran perturbacin, la historia no demostraba casi nada. La Historia, el gran relato de la humanidad, se compona de demasiadas historias como para buscar en ella demostraciones. Pero sugera al menos lo que no nos conviene hacer: hablar por hablar (a destiempo) o negar los problemas de otros porque ya no son los nuestros.

Mejor, y con mirada ms amplia y equilibrada, imposible.

Notas:

[1] FFB, Marx sin ismos. El Viejo Topo, Barcelona, 1998, pp. 197-226.

[2] La perspectiva, sabia en mi opinin, est muy presente en algunas de las alternativas polticas del momento.

[3] Antoni Domnech, El eclipse de la fraternidad, Crtica, Barcelona.

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter