Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2013

Comunismo en el Marx tardo
El Marx sin ismos de Francisco Fernndez Buey (XXX)

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Como se indic, Matices, precisiones, sugerencias: una obra abierta es el ttulo del ltimo captulo de Marx sin ismos [1]. Precisiones sobre comunismo es uno de sus apartados.

Unas observaciones:

De la experiencia de la Comunne, seala FFB, Marx haba extrado algunas lecciones que le iban a servir para acabar de perfilar su idea de comunismo.

Comunismo era, para Marx, por de pronto, un movimiento poltico y social: una vieja tradicin en favor de la emancipacin humana con una forma moderna.

Luego, tambin, un partido en sentido amplio: el sector de los trabajadores que quiere ser ms consciente y ms resuelto en la lucha entre las clases FFB subrayaba este punto: que quiere ser. No que lo sea ya siempre y de una vez por todas. Para serlo hay que estudiar, hay que fajarse y hay que demostrar en la prctica lo que se quiere ser. Ni la clase obrera va a ir al Paraso por el lugar en que ha nacido o por la fbrica en que trabaja, ni los comunistas van a ser los ms resueltos y los ms conscientes entre los trabajadores y quienes estn con los trabajadores por el mero hecho de proclamarlo.

Hacer era la mejor forma de decir. Y la mejor forma de decir no era siempre, segn el Marx crepuscular, el programa. Con claridad envidiable: Cualquier paso del movimiento real es ms importante que una docena [no mil, como se escribe a veces exagerando el voluntarismo activista apuntaba FFB] de programas [Crtica del programa de Gotha, 1978, 78].

De ninguno de los movimientos o partidos organizados que Marx conoci o en los que estuvo, hubiera dicho Marx que reunan ya las caractersticas suficientes como para ser llamados movimiento o partido comunista. Todo lo que haba conocido, desde la Liga al partido obrero alemn pasando por la Internacional y por las distintas asociaciones de trabajadores, le haba parecido embrin o bosquejo de lo que tena en la cabeza, de su idea de movimiento o partido comunista. Por unas u otras razones, recordaba FFB, todo lo critic tambin. A veces, porque quera mantener sosegada lo que le pareca en parte que poda llegar a ser su propia casa, con discrecin, casi como desde dentro: llamando a las cosas por su nombre pero sin dar publicidad a la discrepancia. O para salvar su alma, sin perjudicar a los amigos. Era el caso de la crtica al programa de Gotha del partido alemn.

Comunismo era, adems, para Marx, hablando filosficamente, el punto era esencial para FFB, libertad concreta. No slo conciencia de la libertad frente a la constriccin poltica o externa, sino muy importante- tambin libertad en un sentido positivo: a saber: superacin de las alienaciones, hombre nuevo, nueva cultura, nuevo modo de vivir, nueva red de relaciones sociales. Dnde y cundo.

En la dcada de los setenta, desde 1871, Marx haba puesto el ejemplo de la Comuna de Pars, haba alabado el espritu de fraternidad que all se cre, las medidas que se tomaron y los objetivos que los comuneros se propusieron: la supresin del ejrcito permanente, el que todos los cargos pblicos fueran desempeados con salarios de obreros, la separacin Iglesia / Estado, la electividad y revocabilidad de magistrados y jueces, la autonoma de las asambleas de base, la ampliacin de la democracia representativa en democracia directa, el control obrero de la produccin, etc.

En algunos escritos posteriores a la Comuna, y sealadamente en uno de 1873, recordaba FFB, Indiferencia en materia poltica, para la revista italiana La Plebe(dirigida por Enrico Bignani), Marx haba seguido relacionando el viejo tema del Manifiesto sobre la conquista de la democracia con la construccin del socialismo. En ese contexto propugn un programa de reformas que habran de ser llevadas a cabo por va pacfica y aplicacin de medidas legales: Este programa, que pone el acento en la reforma del sistema productivo y de instruccin, resume bien la idea que Marx se haba hecho entonces de lo que poda ser una democracia radical en trnsito hacia el socialismo: enseanza primaria obligatoria, prohibicin del trabajo de los nios, gratuidad de la enseanza hasta los estudios universitarios, neutralidad de la instruccin desde el punto de vista ideolgico y poltico, reduccin de la jornada de trabajo, limitacin del derecho de herencia.

Como tambin la Comuna haba acabado en derrota, prosegua FFB, Marx insisti durante esos aos en su idea de vincular la conquista de la democracia y el comunismo a la consolidacin del poder poltico de la clase obrera. La reflexin sobre la nueva derrota le llev a un tema decisivo, el del Estado. En sus ltimos aos Marx haba ledo y pensado mucho sobre el Estado. Pero ley y pens sobre las formas histricas de Estado anteriores al capitalismo o, crticamente, sobre las formas de Estado existentes bajo el capitalismo. Escribi poco acerca de qu contraponer a ste. No hay desde luego, admita FFB, en el ltimo Marx, una teora alternativa del Estado.

Haba, eso s, afirmaciones sueltas, contenidas, unas, en sus comentarios marginales al libro de Bakunin Estatismo y anarqua (1874), y, otras, en sus comentarios al programa de Gotha del partido obrero alemn (un escrito de 1875). Estas afirmaciones sugeran al lector de nuestros das la existencia de una contradiccin: antiestatalismo, de un lado, dictadura del proletariado, de otro. Pero, aada FFB, la proximidad temporal de los textos ponan de manifiesto que Marx no vio ah o no se dio cuenta de la ambivalencia de sus formulaciones.

Por una parte, proclam que en el comunismo el Estado no existira. Sin clases sociales no sera necesario el Estado. Marx conoca demasiado bien la burocracia y el estatalismo prusianos como para hacerse l mismo estatalista. Vincul, por tanto, la consecucin de la libertad concreta a la limitacin de las funciones del Estado. Por eso haba dejado escrito sealaba FFB que La libertad consiste en que el Estado deje de ser un rgano superpuesto a la sociedad para convertirse en rgano completamente subordinado a ella. Ya hoy las formas de Estado son ms o menos libres segn la medida en que se limite la [llamada] libertad del Estado.

Sin embargo, prosegua FFB, en el mientras tanto, para llegar a esa situacin deseable, Marx consider necesaria una inversin previa del sentido de dominacin de clase existente bajo el capitalismo y sigui llamando a esto dictadura del proletario. El resultado era algo as como un pez cornudo la expresin la us el autor de Leyendo a Gramsci en repetidas ocasiones- al que el mismo Lenin describira con las palabras dictadura democrtica del proletariado, o sea, una forma poltica autoritaria (inspirada en el jacobinismo francs) superpuesta a una democracia econmico-social.

A Marx, probablemente, le pareca demasiado pronto para concretar ms. Marx no apreciaba los programas detallados sobre la configuracin de la sociedad del futuro. Tampoco FFB. Crea que eso era precisamente la utopa (en el peor sentido del concepto). Prefera el programa de principios cuando hay un acuerdo sustancial entre quienes lo hacen o el programa de accin, resultado de un pacto, cuando tal acuerdo no se puede garantizar. S haba dejado enunciados, en cambio, los principios ms generales de lo que poda ser una sociedad comunista.

Los siguientes:

Una sociedad en la que se reducira drsticamente la jornada de trabajo.

Una sociedad de la abundancia (uno de los puntos revisados en extenso por FFB).

Una sociedad en la que la produccin de bienes estara regulada en funcin de las necesidades sociales de la mayora de la poblacin.

Una sociedad igualitaria en la que no habra ya clases sociales.

Una sociedad de hombres y mujeres libres en la que la administracin en comn de las cosas sustituir a los aparatos represivos del poder poltico.

Una sociedad en la que la que se abolira la divisin social fija de trabajo, quedando slo divisin tcnica del trabajo, la necesaria por razones de organizacin y distribucin de las tareas entre personas dignas

Una sociedad en la que todos tendran instruccin politcnica y no existira ya la divisin entre los denominados trabajos manual e intelectual.

Una sociedad, adems, enmarcada en un mundo en el que no habra fronteras, ni ejrcitos permanentes, ni diplomacias secretas, ni Estados al servicio de las clases.

En fin, una comunidad universal en cual las palabras gnero humano habran de cobrar una dimensin global (y esta vez en serio y desde un punto de vista humanista crtico y no estrictamente antropomrfico).

La penltima palabra de Marx, un texto de 1875 recordaba FFB, sobre la sociedad comunista haba sido sta: Slo cuando haya desaparecido la subordinacin de los individuos a la divisin [social] del trabajo as como la oposicin entre trabajo intelectual y trabajo corporal, cuando el trabajo no sea ya medio de vida, sino la primera necesidad de la vida, cuando todas las fuentes de la riqueza cooperativa fluyan en abundancia, o sea, en una fase superior de la sociedad comunista, slo entonces la humanidad podr escribir en sus banderas: De cada cual segn sus capacidades, a cada cual segn sus necesidades.

Tambin el autor de Marx sin ismos escribi por extenso, y con detalle, y pensando por supuestp con su propia cabeza, sobre esta descripcin.

En sntesis, hay mucho de sugerente, novedoso e informativo en la obra en el Marx sin ismos- y en los artculos de Francisco Fernndez Buey (mucho ms de los que aqu se han utilizado) y hay tambin mucho de buen marxismo en el escribir, decir y hacer de alguien que en 2011, un ao antes de su fallecimiento, sealaba que la primera cosa que querra decir es que a mi lo de considerarme marxista o no, siempre me ha parecido una cosa secundaria. Aunque pueda parecer otra cosa desde fuera, no es mi asunto. Tambin para Manolo Sacristn lo de ser marxista era tan secundario que en discusiones bastante serias que tuvimos con amigos y colegas Manolo quera considerarse fundamentalmente comunista.

FFB tambin. Pero sin dejar de serlo, sin dejar de ser marxista. Sin ismos y con rebelda e indignacin.

PS: Estos textos sobre la nocin discutida, de su amigo y compaero Sacristn, no estaban muy alejados de sus posiciones y reflexiones:

1. Fines, creencias y demostraciones (1975)

Si las hiptesis revolucionarias fueran demostrables, si fueran teoremas cientficos puros, no habra nunca lucha ideolgica, como no la hay a propsito de la tabla de multiplicar. Que el objetivo terico del marxismo es construir un comunismo cientfico quiere decir que el marxista intenta fundamentar crticamente, con conocimientos cientficos, el fin u objetivo comunista, no que su comunismo sea cosa objeto de demostracin completa. Por de pronto, los fines no se demuestran: se lucha por ellos, despus de argumentar que son posibles, no ms.

Pero cosa parecida se puede decir no slo de todo fin, de toda intencin inspiradora de acciones, sino incluso de todo conocimiento que sea un poco importante. Los nicos conocimientos absolutamente demostrables son los matemticos (...). Todos los dems conocimientos suponen un elemento de creencia. Por ejemplo, en el conocimiento de que el Sol volver a salir maana por Oriente est presupuesta la complicada creencia de que el mundo fsico existe (cosa que no es demostrable, sino slo plausible)...

2. Elementos de una poltica comunista contempornea (1977)

Esas estrategias son en gran parte construcciones ad hoc, justificaciones de la prctica del momento. Una poltica comunista racional no tiene que hacer construcciones de sas, y menos que nunca hoy, en medio de la crisis terica y de la perplejidad prctica del movimiento. Lo que tiene que hacer es situar bien claro y visible el principio revolucionario de su prctica, el ideal por decirlo con la ms cursi, tica y pre-marxista de todas las palabras que hacen al caso. Lo cientfico es saber que un ideal es un objetivo, no el presunto resultado falsamente deducido de una cadena pseudo-cientfica de previsiones estratgicas. Lo cientfico es asegurarse de la posibilidad de un ideal, no el empeo irracional de demostrar su existencia futura. Y lo revolucionario es moverse en todo momento, incluso en situaciones de mera defensa de lo ms elemental, del simple pan (como en la presente crisis econmica) teniendo siempre consciencia de la meta y de su radical alteridad respecto de esta sociedad, en vez de mecerse en una ilusin de transicin gradual que conduce a la aceptacin de esta sociedad.

Esa posicin poltica tiene dos criterios: no engaarse y no desnaturalizarse. No engaarse con las cuentas de la lechera reformista ni con la fe izquierdista en la lotera histrica. No desnaturalizarse: no rebajar, no hacer programas deducidos de supuestas vas gradualistas al socialismo, sino atenerse a plataformas al hilo de la cotidiana lucha de las clases sociales y a tenor de la correlacin de fuerzas de cada momento, pero sobre el fondo de un programa al que no vale la pena llamar mximo porque es nico: el comunismo. (...) La segunda es que al atenerse a plataformas de lucha orientadas por el principio tico-jurdico comunista debe incluir el desarrollo de actividades innovadoras en la vida cotidiana, desde la imprescindible renovacin de la relacin cultura-naturaleza hasta la experimentacin de relaciones y comunidades de convivencia. Esto indica otros campos de organizacin del bloque histrico revolucionario inaccesibles con limpieza de corazn, por as decirlo, para reformistas y dogmticos.

3. Cerdos de la piara epicrea (1969)

Aparte de eso, tiene inters considerar por s mismo, algo ms en general, ese problema del consumo. Para la vieja asctica, que no sola ser doctrina de anmicos ni de silicticos, sera alienacin la voluntad de disfrutar de la Tierra. No lo es, y dudo de que lo sea para parte de la religiosidad actual. En todo caso, para el marxismo, alienacin es la asctica y liberacin es disfrutar de la Tierra. Empezando por Marx, los marxistas somos adictos miembros del rebao de Epicuro. Es hora de decirlo de una vez frente a tanta charlatanera asctico-mstica-reaccionaria que juega a la revolucin. Si los comunistas han de ser -segn la hermosa frase de Mao Tse-tung...- pobres y nuevos, eso se debe no a que hayan de ser enemigos de la abundancia sino slo a que no han de querer ser cerdos sueltos del rebao de Epicuro, sino slo con la gran piara, encabezada por los involuntarios ascetas proletarios. Y para hacer algo en ese sentido hay que ser por el momento, pobres, y desconfiar del que no lo sea. Pero slo por eso, no por desprecio del consumo y de la abundancia... Una vanguardia puede y debe querer ser pobre y nueva si sabe que puede llegar -ella o sus sucesores- a suprimir la necesidad y la conveniencia de poseer. Si no es as, si la asctica va a ser necesaria in saecula saeculorum, no vale la pena molestarse en intentar una revolucin materialista. Que se renan los ascetas y hagan una revolucin idealista (que la repitan, porque ya la han hecho varias veces). Entonces s que terminaran para los trabajadores las tentaciones consumistas, pues hay diferencias entre capitalismo y hierocracia.

4. Tiempo libre y tiempo de trabajo en el Borrador de 1857/58 de Marx (1983)

El Borrador es probablemente el mejor lugar marxiano sobre lo que hoy llamamos comunismo de la abundancia. Y el lugar de la ciencia en esa sociedad es importantsimo. El comunismo no es una renuncia a gozar de nada, porque el ahorro de tiempo de trabajo en que se fundamenta, al deberse al progreso tecnocientfico, se identifica con el desarrollo de la fuerza productiva. Pero no hay que entender esas palabras tal como pueden sonar en una sociedad consumista, como se deca en los aos sesenta de ese siglo. Marx est considerando unos individuos que han aprendido a desarrollar una capacidad de disfrute que equivale al desarrollo de un talento individual, de la fuerza productiva, de tal modo que el objeto principal de ese disfrute no son cachivaches superfluos de ningn gnero (por ejemplo, automviles individuales), sino tiempo libre para el pleno desarrollo del individuo. Semejante finalidad de la produccin del individuo repercute como fuerza productiva mxima sobre la productividad del trabajo.

Marx no piensa, como cree l que pensaba su admirado Fourier, que el trabajo en la sociedad emancipada pueda ser un juego... Sino que piensa que tiempo libre y tiempo de trabajo dejan de encontrarse en una anttesis abstracta, como lo estn en las sociedades pre-comunistas. La nueva relacin entre ambos, su interpenetracin, se debe al hecho de que el tiempo libre -entendido a la vez como tiempo de ocio y tiempo de actividad superior- ha transformado (en la sociedad comunista) materialmente a su poseedor en otro sujeto. La concepcin marxiana del trabajo comunista en el Borrador de 1857/58 se basa claramente en la transformacin del individuo, piedra angular de su doctrina.

5. Campos de reflexin (1977)

En general, la posicin poltica comunista que se ha apuntado tiene, sobre todo, campos que explorar. He aqu una breve relacin de los principales: la acentuacin de la destructividad de las fuerzas productivas en el capitalismo, sealada enrgicamente por Marx en el Manifiesto Comunista, en los Grundrisse, en El Capital, etc., pero escasamente atendida en la tradicin del movimiento; la crisis de cultura, de civilizacin, en los pases capitalistas adelantados, con una vulnerabilidad que ayer se puso bien de manifiesto en el segundo gran apagn de Nueva York, y con la natural tendencia del poder a una involucin desptica para hacer frente a esa vulnerabilidad de la vida social; los persistentes problemas del imperialismo y el Tercer Mundo; y. por terminar en algn punto, la espectacular degeneracin del parlamentarismo en los pases capitalistas ms adelantados, augurio tambin (esperemos que falible) de una nueva involucin de esas sociedades hacia formas de tirana.

6. Comunismo y ecologismo (1983)

Ese anlisis ecolgico, el ms amplio producido por Marx, es la base de un programa que se inserta en el cuadro de la sociedad nueva; en ella, como el capitalismo habr destruido previamente las condiciones puramente espontneas del intercambio entre la especie humana y la naturaleza, ser necesario producir sistemticamente ese intercambio como ley reguladora de la produccin social y en una forma adecuada al pleno desarrollo humano. Esa nica tesis del programa ecologista del Marx maduro deja muchas cuestiones abiertas, pero parece claro que, al mismo tiempo que considera perdida la causa bajo el capitalismo, sigue situando a una ciencia desalienada, como en 1844, en un lugar clave del proyecto comunista, en el que ser necesario regular conscientemente el metabolismo ser humano-naturaleza. Es incluso posible que la importancia reconocida a un factor inmaterial, como lo es la ciencia, en una revolucin que ha de empezar por producir de modo sistemtico el intercambio entre la especie y la naturaleza sea un puente de continuidad y coherencia entre este Marx maduro o clsico y el que escribe, unos aos despus las cartas a la redaccin de Otetschestwennyje Sapiski y a Vera Sassulich....

7. Una stira de Jos Bergamn (1969)

Todos esos elementos componen tambin los graves problemas del campo socialista y de la estrategia anti-imperialista. No me hago la ilusin de que nadie los pueda resolver en una hora determinada, y menos en una hora negra. Pero si el movimiento socialista es de verdad un movimiento, no un espectacular calambre, eso no tiene por qu asustarle. Una de las stiras con ms gracia entre las que se han hecho del movimiento comunista es aquella de Jorge Guilln [Bergamn de hecho] que lo presenta como un pelotari pedante y cabezota al que la tenacidad -muchas veces, acaso, petulante y subjetivamente necia- le permite no cansarse nunca de devolver al muro la pelota de la historia. O lo que l cree ser la pelota de la historia. En suma, no cansarse nunca. Ni impacientarse, por lo tanto, sino saber que la impaciencia, que en un determinado momento puede se revolucionaria, mucho ms frecuentemente tiene una naturaleza subjetivista y reaccionaria, como el impaciente odio orteguiano y las calendas griegas de la utopa clsica.

Referencias: 1. La militancia de los cristianos en el partido comunista, M nm.1, 1977, p. 107. 2. A propsito del eurocomunismo, PM III, pp. 205-206. 3.Checoeslovaquia y la construccin del socialismo,AMS, pp. 53-54. 4.Karl Marx como socilogo de la ciencia,mt 16-17, pp. 30-31. 5. A propsito del eurocomunismo, PM III, pp. 206-207. 6. Karl Marx como socilogo de la ciencia, mt 16-17, p. 56. 7.Checoeslovaquia y la construccin del socialismo, AMS, pp. 45-46.

Notas:

[1] FFB, Marx sin ismos. El Viejo Topo, Barcelona, 1998, pp. 197-226.

[2] Entrevista con Jaume Botey. Iglesia viva, 2012 (fechada en marzo de 2011).

Salvador Lpez Arnal es miembro del Frente Cvico Somos Mayora y del CEMS (Centre dEstudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter