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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-08-2013

Prlogo del libro Un grito en el desierto de lo real", de prxima publicacin
Un grito en el desierto de lo real

Juan Pedro Viuela
Rebelin

Un grito en el desierto de lo real", Juan Pedro Viuela, Badajoz, 2013 (en imprenta), es un conjunto de ensayos sobre tica y filosofa poltica de la realidad que nos rodea, pero abordados de forma muy prctica. Tomando como centro la crisis econmica, el autor presenta una profundidad que alcanza tanto a la filosofa como a la imagen del mundo. Por lo que considera necesario un cambio de paradigma, pues la crisis es una quiebra del sistema, como deca Ramn Fernndez Durn. Del mismo modo sigue las enseanzas de Manuel Sacristn y Jorge Riechmann en el sentido de que hay que pasar de un paradigma de la produccin a un paradigma del cuidado.


Tomo esta frase, el desierto de lo real, de la pelcula Matrix, cuando Morfeo le dice a Neo, que busca la realidad, la verdad, bienvenido al desierto de lo real, y le muestra las ruinas del mundo que el hombre, en lucha con las mquinas, cuya guerra prcticamente ha perdido, ha dejado. Y es que la realidad, y me refiero a la realidad social, es un desierto. Un desierto de conciencia en la que los individuos no son ciudadanos, sino sbditos, en la que se prefiere, la obediencia a la libertad, en la que el miedo manda sobre los individuos y, cuando no es el miedo, pues el divertimento fcil, pan y circo de los romanos. Alienacin, ausencia de pensamiento, de individualidad, de crtica, de libertad. En definitiva, falta de ilustracin, de autonoma, de ser uno mismo, de pensar por s mismo. se es el desierto al que me refiero. Un desierto tico, social y poltico. Un mundo que permanece dormido ante las injusticias, que carece de igualdad, de libertad y, sobre todo, de fraternidad, la hermana pequea de la Ilustracin nunca desarrollada.

Frente a esta realidad no cabe el discurso, el razonamiento, la crtica todo es banal y carece de importancia, frente a la fama de un don nadie forjado en los plats de la telebasura, o frente a un futbolista multimillonario y as Todo queda trivializado, todo queda mercantilizado. Por eso frente al desierto de lo real lo que cabe es el grito, como haca Digenes el perro, ya no cabe la irona socrtica. A Scrates lo mat la democracia por ser precisamente su propia conciencia a la que no quera escuchar ni enfrentarse. Es la contradiccin de la poltica, el enfrentamiento entre la tica y la poltica, o el poder y el pensamiento. El poder no quiere el pensamiento, por muy democrtico que se diga, lo intenta domesticar, le da al sbdito una cuota de libertad, pero no le da la libertad. Le dice qu cosas le estn permitidas elegir o pensar, pero no le deja pensar ni elegir libremente. En las democracias la libertad viene tutelada desde los de arriba. sa es la tragedia de Scrates, que quiso hacer libres a los ciudadanos atenienses y por eso fue acusado de perversin de la juventud (sus discpulos). Les enseaba a pensar por s mismos, sin las directrices del poder y se es el peligro. Por eso siempre he definido el pensamiento como pensar contra el poder, contra lo establecido, contra el status quo, contra lo evidente o lo obvio. Y ese pensamiento es la libertad. Lo otro no es ms que engao y mscara, adocenamiento y borreguismo. Ya lo vio claro Nietzsche cuando criticaba la democracia como una forma moderna y sutil de domesticacin de la plebe. Pero como nuestra sociedad, que se ha transformado en un desierto, ya no escucha razones, pues es necesario el grito, el sarcasmo, la burla, el escepticismo. Poco se puede esperar ya del hombre. El mundo que hemos construido es una barbarie montada sobre millones de cadveres. No s de qu podemos estar orgullosos. Hay unos pocos que mandan y el resto, sumisos y obediente obedecemos y nos divertimos, porque eso es vivir, el que pueda, claro, un tercio de la humanidad, el resto vive en la miseria a nuestra costa. Y es por eso que los discurso no valen, que no se escuchan, que tienen la misma validez que una telenovela o un partido de futbol; y no te digo nada si es la final de un mundial o de la Eurocopa o lecheso un Madrid-Bara. Y no me digan que cada cosa tiene su lugar, porque no es cierto. No hay lugar para el discurso, para el razonamiento, la crtica, la contemplacin artstica. Otra cosa es que algunos todava sepan distinguir el lugar y la importancia de cada cosa. Pero no es el caso del pueblo. Hay una intencin debajo de todo esto.

Pero este desierto de lo real es un producto de una intencin poltica. No ha surgido porque s. Es producto del poder. Es la forma ms sofisticada que ha surgido de domesticacin. Siempre ha existido una lucha entre el poder y el pueblo, entre unos pocos y la mayora. Es lo que se ha llamado la lucha de clases que el poder haba hecho olvidar y la haba enterrado. Y, por eso, es necesario desenterrarla y desempolvarla. Una de las causas de que vivamos en un desierto. El pueblo no es consciente de que estamos en lucha. Es curioso que sean precisamente los poderosos, los partidarios del neoliberalismo, los que s sean conscientes, y muy a sabiendas de ello, saben que viven en una lucha de clases y que la estn ganando. Mientras el pueblo adormecido y ensordecido por el mundo espectculo, o la realidad convertida en espectculo, permanece absolutamente indiferente. Pero el problema es que esta indiferencia es un mal consentido, es el mal banal de Arendt en el caso Eichmann en Jerusaln.

El poder ha creado las condiciones para convertir la realidad social en un desierto y al ciudadano en un sbdito, en un esclavo, o, incluso, por utilizar las categoras de Ortega, en un seorito satisfecho. Es decir, alguien sin conciencia social, satisfecho de los parabienes que el estado le proporciona, pero, encima exigente, sin conciencia social y sin capacidad de ponerse en el lugar del otro, que es el primer paso para la fraternidad, o, como mnimo, solidaridad. El poder, que tiene en sus manos la ideologa, que es el instrumento para crear la falsa conciencia, se ha empleado a fondo en el neoliberalismo, creando unas condiciones sociales y tico-polticas que han convertido la realidad en un desierto de conciencia crtica. Varios han sido los instrumentos que el poder ha utilizado y sealaremos brevemente algunos de ellos.

En primer lugar tenemos el mito del fin de la historia. Este fin conllevara la muerte de las ideologas y, por ello, el fin del pensamiento. Es decir, que se nos presenta la realidad social que vivimos, el neoliberalismo (esto no es de ahora, sino que tiene ms de treinta aos en su versin poltica y muchos ms en su desarrollo filosfico-terico) sin alternativas. ste es el nico orden social posible. Todas las fuerzas polticas lo aceptaron, tanto los liberales como la socialdemocracia. Y el pueblo, la llamada ciudadana, en realidad sbditos, lo aceptamos como la nica realidad, que, por lo dems, no estaba nada mal. Crecamos econmicamente como nunca lo habamos hecho en la historia de la humanidad. Eso s, se nos olvidaba, porque estaba oculto, que nosotros vivamos en una burbuja (que ahora ha estallado) mientras la injusticia, el hambre, la miseria campaban a sus anchas por el resto del planeta. Y se nos ocultaba, en esa gran fiesta del capitalismo y del pensamiento nico triunfador sobre el llamado socialismo real, los grandes problemas de calado de la humanidad. El problema de los recursos fsiles, el problema de las fuentes de alimentacin del futuro, del agua potable para el futuro (en la actualidad ms de dos mil millones de personas no tienen acceso al agua potable), el problema del cambio climtico. Todo esto, en los felices noventa, como dice Stiglitz, permaneca oculto. Eran cosas de cuatro ecologistas desarrapados. Pero pronto aparecern los problemas unidos a la quiebra del capitalismo. Porque el problema no es un problema econmico, sino ecosocial. Un problema que abarca todas las dimensiones del ser humano y de su relacin con la naturaleza. Precisamente el pensamiento lo que nos dice es que s hay alternativas. Y sta es la guerra y la lucha de clases. El querer mantenernos amordazados, sin capacidad ni de pensar, ni de decir. Porque al poder lo que le interesa es su orden establecido. Toda alternativa es una crtica a este orden.

Otra forma de domesticacin es el pensamiento y la filosofa posmodernista. Esta mala y peligrosa filosofa ha servido como una ideologa al neoliberalismo. Es ms se ha convertido en su pensamiento de tal forma que ha servido como instrumento de domesticacin y alienacin. El posmodernismo es una filosofa antiilustrada que nos viene a decir que no existe ningn relato objetivo y universal sobre el hombre, la sociedad, la historiaque los grandes relatos carecen de sentido. Que no hay sentido, salvo el sentido parcial, el del momento. Pues bien, esto nos lleva a consecuencias harto peligrosas. En primer lugar esto implica el discurso del todo vale, todo es equivalente. Es el discurso de la equivalencia de las opiniones. Se confunde la libertad con el derecho a opinar, independientemente del saber de aquel que opina. Como se ha falsificado la libertad y se la ha desligado del conocimiento, pues resulta que cualquiera puede hablar de todo y no se le puede objetar nada, porque para eso es muy libre de expresar su opinin. Aunque lo que diga sea una autntica barbaridad fruto de una supina ignorancia, una tontera o algo verdaderamente peligroso para la integridad social. Pero la sacrosanta libertad de opinin es lo importante. En realidad lo que se elimina es la libertad, porque se est transformando a los individuos en esclavo de sus opiniones. Las opiniones estn para trascenderlas, para debatirlas, para ir ms all por medio del conocimiento y la aplicacin de la razn y el estudio. Lo que hay que hacer es escuchar a los que saben y aprender y guardar silencio. Pero, claro, si todas las opiniones son vlidas, son equivalentes, cul es la opinin que triunfar sobre las dems. Pues, sencillamente, la del ms fuerte. Y esto es precisamente lo que le interesa al poder. Si no hay alternativa porque yo lo digo y como yo soy el ms fuerte porque controlo todas las formas de poder pues es mi opinin, que no saber, la que se impone a la ciudadana, porque, encima, yo, el poder, tengo los medios de persuasin y control de las conciencias y las masas. Y, por eso, la idea de que el mercado lo regula todo, la idea del reduccionismo mercantil, es decir, no hay ms valor que el valor del mercado se impone como verdad absoluta. Con lo que todo otro discurso, tico, poltico, religioso, quedan descartados. Y de ah que el mercantilismo, unido a la mitificacin de la tecnologa, se convierta en un nuevo credo, en un pensamiento religioso. Y sta es otra razn por la que los ciudadanos son sbditos, porque obedecen los dictmenes de la nueva religin. Es sabido que aunque dios haya muerto, no as la religin. Y por eso el hombre actual se aferra a los nuevos mitos.

Pero tambin, el pensamiento neoliberal, junto con el posmodernismo ha creado una conciencia nihilista. El hombre no tiene nada que hacer frente a la historia. Al desaparecer los grandes relatos, salvo el del neoliberalismo, y esto es una contradiccin, el hombre queda sin misin, queda reducido a su situacin histrico-social. Y, como no hay alternativas, pues acepta esa situacin. Pero es que, adems, el capitalismo salvaje ha creado las condiciones materiales para que emerja una conciencia nihilista, egosta y hedonista. La conciencia del sbdito hoy en da, puesto que no hay ni relato, ni misin, porque no existe eso de la justicia, ni del bien, ni de la verdad, la igualdad, la libertad; esto son cuentos del pasado, pues se repliega sobre s misma y se dedica a satisfacer sus deseos obteniendo el mximo placer. Y la maquinaria del capitalismo consumista le ofrece todo lo que su deseo demanda convirtindolo, de esta forma, en esclavo de sus deseos. Pero, a su vez, vaciando su conciencia, de tal forma que sta se reduce a la nada, nihilismo. Por eso es una conciencia hedonista (en un sentido peyorativo, no como hablan los epicreos), busca slo el placer del consumo y no es capaz de ver ms all de su propio existir. Por eso su conciencia es una conciencia solitaria e insolidaria. Incapaz de ver al otro. Y esto es lo que la hace esclava y la sume en la servidumbre del sistema. Y esto, si alguno est ah, es lo que conforma el desierto de lo real.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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