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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-08-2013

Anlisis y proyeccin del escenario poltico

Manuel Acua Asenjo
Rebelin


MARCO TERICO

En uno de nuestros ltimos documentos, y comentando lo que podra suceder en los meses siguientes a las elecciones primarias de junio, aseverbamos que los hechos de la escena poltica nacional prevaleceran por sobre todos los dems sucesos y que la informacin de los medios de comunicacin se volcara, por entero, a solazarse con ellos. Afirmbamos que veramos desplazarse, por dicha escena, a figuras, personalidades, actores polticos que no slo ocuparan los espacios disponibles en esos medios sino, adems, se incorporaran a nuestro diario vivir invadiendo la privacidad de nuestros hogares y gobernando el contenido de nuestras conversaciones con sus afirmaciones, acciones y dems decires. Los hechos han confirmado esta apreciacin, pues no ha sucedido de otra manera. Y no dejar de suceder hasta que el evento principal que motiva tales comportamientos, que es la competencia por acceder a la Presidencia de la nacin o algn cargo en el Parlamento, quede resuelta. Slo entonces bajar en intensidad este noise, este ruido comunicacional que impide ver al Chile real, el Chile que se oculta y no se permite emerger, que es el de los movimientos sociales, el de las clases dominadas. Este documento, por consiguiente, necesariamente ha de referirse a esos hechos aunque, de soslayo, intente desentraar el intrincado mundo de la lucha de clases que subyace tras esas acciones.

PUNTO DE PARTIDA

Comencemos recordando que el mircoles 17 de julio, el hijo mayor de Pablo Longueira, abanderado presidencial no slo del partido Unin Demcrata Independiente UDI sino de todo el conglomerado denominado Alianza Por Chile, a nombre de la familia del candidato, dio lectura a un documento en el que dicho personero haca pblica su irrevocable decisin de abandonar la lucha poltica por razones de salud. Al parecer, haba sufrido el candidato una fuerte depresin que lo inhabilitaba para continuar en su empeo de alcanzar la mayora necesaria para vencer a sus contrincantes en la carrera presidencial. Y, como era de suponer, no hubo en ese anuncio informacin alguna acerca de las razones que provocaron esa depresin ni, tampoco, posibilidad de inquirir acerca de ello, pues la generalidad de las intervenciones referidas al hecho no hicieron ms que lamentar lo sucedido, desearle los mejores parabienes al candidato y respetar la reserva de la familia. Sin embargo, culminaba as una crisis que ya se manifestaba entre las organizaciones polticas integrantes de la coalicin Alianza Por Chile (Renovacin Nacional RN y UDI), desde la nominacin que hiciera esta ltima, de Laurence Golborne, ex ejecutivo de CENCOSUD, como candidato presidencial a nombre de ese partido.

Como muchas de las circunstancias que a diario ocurren en Chile, en donde causas, motivos o razones quedan ocultos, subsumidos en la contingencia, relegados al olvido, convertidos en bastiones que resguardan principios morales de dudosa procedencia, la renuncia de Longueira se transform en un hecho establecido, una realidad. Y es que, en las actuales circunstancias, como sugerente asimilacin a lo que sucede en el mbito de la economa, dentro de la escena poltica de la nacin tambin las razones pblicas se trastocan en razones privadas, y nadie tiene derecho a preguntar ms all de lo que conviene al inters de las clases dominantes y a su representacin poltica natural [i] .

Los hechos se han precipitado. La crisis (larvada, en un comienzo) entre ambas organizaciones polticas (Renovacin Nacional RN y UDI) [ii] , se ha hecho manifiesta, provocando fuertes enfrentamientos entre las mismas. Y si durante varios das se mantuvo la incertidumbre de una candidatura que reemplazase la de Pablo Longueira, las nominaciones de Evelyn Matthei (UDI) y Andrs Allamand (RN) no resolvieron la duda. Porque la crisis entre ambas colectividades pareci agudizarse: nuevas primarias dentro de la coalicin y enfrentar las elecciones presidenciales con un candidato de unidad o, simplemente, hacerlo con dos. Por supuesto que tales disputas provocaron regocijo entre quienes, en las elecciones primarias de 30 de junio pasado, se haban pronunciado por la candidata de la alianza Nueva Mayora que es Michelle Bachellet. El regocijo era que ahora, la derecha no tiene candidato, que la derecha est en el suelo [iii] o que si la derecha no puede resolver su problema de la candidatura presidencial, cmo va a resolver los problemas de toda la nacin? De lo cual se podra inferir que esa derecha estara perdida frente al avance incontenible de las fuerzas de izquierda, representadas por la candidata del conglomerado Nueva Mayora (ex Concertacin o, si se quiere, Concertacin ms el Partido Comunista). Tales conclusiones apresuradas, por cierto, e incluso claramente triunfalistas pasaron por alto el problema central de toda eleccin cual es su ubicacin en el espacio (o campo de accin) de la teora del Estado.

En la sociedad actual, las clases sociales se presentan reemplazadas por estructuras institucionales que gobiernan la escena poltica de la nacin; dichas estructuras estn constituidas por los partidos que no slo se arrogan la representatividad de las clases sino, simplemente, las sustituyen. As, una crisis que afecte a la representacin poltica natural de las clases dominantes, pasa a ser una derrota de dichos estamentos e invita a extraer una conclusin tremendamente errnea. Sin embargo, las disputas entre quienes representan natural o espuriamente a los sectores dominantes no priva a stos del ejercicio de su derecho de conducir hegemnicamente al conjunto social. Menos an las disputas electorales. Las elecciones son componentes del mecanismo que gobierna la conducta de la escena poltica de la nacin. Si bien es posible descubrir en ellas algunas de las contradicciones que existen dentro del Bloque en el Poder, tambin cumplen la funcin de impedir a las clases dominadas poder determinar el grado de desarrollo de sus propias luchas al interior de esa sociedad. La escena poltica es un mundo de referencias, de manifestaciones o actuaciones a travs de interpsita personae, a menudo bastante alejado de la realidad que pretende representar.

Es importante recordar estas enseanzas, pues lo que se denomina derecha no es ms que la representacin poltica natural de las clases dominantes. Cumple una funcin, sin lugar a dudas; pero esa misma funcin la puede cumplir su representacin espuria, es decir, lo que se denomina izquierda. Por consiguiente, no tena (ni tiene), mayor importancia para los sectores populares, las disputas habidas entre los actores que componen la Alianza Para Chile; tampoco la tendra para el caso que su candidato o sus candidatos fuese(n) vencido(s) en forma vergonzante. Esa es tan slo la visin que presenta la escena poltica. Y nada ms.

Hechas estas observaciones, sentemos algunas premisas bsicas.

QUIENES SON LOS CANDIDATOS PRESIDENCIALES

Los candidatos que, hasta el momento se manifiestan para enfrentar los comicios de noviembre prximo son:

1. Vernica Michelle Bachelet Jeria, en representacin de la coalicin denominada Nueva Mayora;

2. Evelyn Rose Matthei Fornet, en representacin de la organizacin llamada Alianza Por Chile;

3. Marco Enrquez-Ominami Gumucio, en representacin del Partido Progresista PRO;

4. Franco Aldo Parisi Fernndez, que se presenta como independiente;

5. Jos Tomas Joscelyn-Holt Letelier , que tambin se presenta como independiente;

6. Marcel Henri Claude Reyes que representa al Partido Humanista;

7. Alfredo Juan Sfeir Younis, que representa al Partido Ecologista;

8. Gustavo Ruz Zaartu, en representacin del conglomerado Asamblea Constituyente;

9. Roxana del Pilar Miranda Meneses, en representacin del Partido Igualdad y de la Asociacin Nacional de Deudores Hipotecarios ANDHA; y,

10. Ricardo Jacob Israel Zipper, en representacin del Partido Regionalista Independiente PRI.

Las posibilidades que estos candidatos tienen para llegar a enfrentarse como tales en los comicios de noviembre prximo son bastante relativas. Con excepcin de quienes representan a las dos grandes coaliciones, que son el pacto Nueva Mayora y la Alianza Por Chile, los dems necesitan reunir un determinado nmero de firmas antes del 17 de agosto prximo; de no hacerlo, arriesgan no poder participar en el acto eleccionario final. Y es una incgnita saber si esos candidatos van o no a cumplir semejante requisito para, finalmente, presentarse como tales.

TENDENCIAS QUE ACUSAN LOS CANDIDATOS

En trminos generales, las tendencias de los candidatos se orientan en sentido inverso. Mientras Evelyn Matthei, Toms Joscelyn Holt y Franco Parisi se manifiestan partidarios de mantener en forma inalterable la esencia del modelo y aceptan modificaciones accidentales al mismo (en lo que tambin se pronuncia el candidato del PRI, Ricardo Israel, aunque acompaado de ciertas reivindicaciones especficas), Michelle Bachelet, Marco Enrquez-Ominami, Marcel Claude, Alfredo Sfeir, Roxana Miranda y Gustavo Ruz se manifiestan con proposiciones ms radicales que, incluso, en algunos casos, llegan a la abolicin de la Constitucin pinochetista y a la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

No vaya a creerse, sin embargo, que todos estos ltimos candidatos se identifican en sus proposiciones. No. Sus programas son diferentes. Existen mayores similitudes entre cinco de ellos, excluyndose a Michelle Bachelet cuyos postulados han experimentado notables variaciones.

Existen, no obstante, dos hechos que unen, en mayor o menor medida, a todos los candidatos, independientemente del programa que lleven o del sector social cuyos intereses quieran representar.

Es el primero que, de una u otra manera, todos ellos han apostado lidiar dentro de los mrgenes del sistema, al interior del marco democrtico, a travs de elecciones que suponen libres, secretas e informadas. Esta voluntad manifiesta en orden a relegar a un segundo plano la tarea primordial de los movimientos sociales, cual es transformar la protesta social en organizacin y la organizacin en poder social, y optar por aceptar las condiciones en orden a disputar las propuestas polticas dentro de los marcos establecidos por las clases dominantes para el funcionamiento del conjunto social, es una tendencia que se manifiesta desde hace varios meses incluso entre los lderes que han conducido las protestas estudiantiles. No est de ms sealar aqu que los primeros en hacerlo fueron Camila Vallejos y Camilo Ballesteros, que determinaron seguir la lnea impuesta por su partido; les han seguido en una actitud semejante aunque no idntica, Gabriel Jackson, fundador del Partido Revolucin Democrtica y Francisco Figueroa y Gabriel Boric , fundadores del movimiento Izquierda Autnoma, para participar en las contiendas parlamentarias [iv] . No lo ha hecho de manera diferente Marco Enrquez-Ominami con su Partido Progresista PRO (y hasta podra llegar a hacerlo Andrs Velasco). La va de las reformas a travs de la institucionalidad parece haberse impuesto; al menos, en las candidaturas presentadas.

El otro hecho es que la generalidad de los programas est ntimamente relacionada con las reivindicaciones planteadas por los movimientos sociales desde la revolucin de los pinginos en adelante, es decir, desde 2006. Queremos decir aqu que los programas de los candidatos no han podido evitar pronunciarse sobre dichas reivindicaciones, sea para apoyarlas o para rechazarlas rotundamente. Lo cual es un ndice importante para concluir que las protestas habidas desde 2006 en adelante parecen ser los acontecimientos ms relevantes ocurridos en el Chile post dictatorial. Los movimientos sociales, especialmente los estudiantiles, han determinado el rumbo de la poltica chilena de los aos futuros, y lo seguirn haciendo por un largo tiempo ms. Y eso s constituye una novedad para las elecciones que se avecinan.

Desde este punto de vista, no debe sorprender que esos candidatos, tambin en mayor o menor medida, contrapongan o adapten sus estrategias a las de los movimientos sociales. No puede extraar, en consecuencia, que para la generalidad de esos candidatos (especialmente para las abanderadas de la Alianza Por Chile y de Nueva Mayora, sin perjuicio que en esa misma lnea se inscriban los independientes Joscelyn-Holt y Parisi), el principal adversario sea el movimiento social. Y es que los partidos constituyen elementos consubstanciales a la estructura del Estado; son parte del Estado, como tambin lo es la escena poltica y el Bloque en el Poder. La Concertacin de Partidos Por la Democracia tuvo la oportunidad de liquidar, consciente y deliberadamente, al movimiento estudiantil de los pinginos en 2006 porque era un elemento extrao y disociador dentro de la institucionalidad en la que ella funcionaba. No sucedi de manera diferente con las protestas estudiantiles de 2011, cuando el Gobierno de Sebastin Piera traslad al Parlamento las peticiones que los jvenes le hacan directamente a l, colocndolos en la disyuntiva de desafiar en su globalidad al sistema democrtico. Y si ya as ha sucedido, no tendra por qu no ocurrir de la misma manera en el futuro: el enemigo principal de la escena poltica es el movimiento social. Esto no debe sorprender. Es parte de la defensa que el sistema hace de su propia estructura. El sometimiento del movimiento social, la cooptacin de su dirigencia, la asimilacin cultural de los dominados al poder espiritual dominante, no es solamente una tarea del sistema, sino la obligacin ineludible que le asiste. Se entiende, as, que frente a la posibilidad de la convocatoria a una Asamblea Constituyente algunos sectores (Renovacin Nacional y sectores de la Concertacin) hayan querido firmar un acuerdo para enviar al Congreso la reforma al sistema binominal y que el presidente de la primera de esas colectividades haya expresado abiertamente que el objetivo de esa reforma era, precisamente, quitar a los movimientos sociales la bandera de la Asamblea Constituyente. Del mismo modo se explican las palabras del dirigente de los gremios empresariales en el Congreso anual de ICARE cuando, al finalizar ese encuentro el 30 de julio, expres que

[] las peticiones de la calle deben ser consideradas, pero no podemos dejar que gobierne la calle.

POSIBILIDADES QUE TIENEN LOS CANDIDATOS DE ALTERAR LA ESTRUCTURA DEL SISTEMA

Los sistemas poseen elementos que son de su esencia y otros que le son accidentales. En el sistema capitalista, son elementos de su esencia (o estructurales) la existencia de compradores y vendedores de fuerza de trabajo. Por consiguiente, cuando se habla de introducir reformas estructurales a su funcionamiento, la referencia implcita es a alterar esa composicin. Las posibilidades de alterar la estructura de un sistema empleando las mismas herramientas que el mismo otorga, sin embargo, son mnimas (por no decir nulas), pues no existen sistema con vocacin suicida. En el caso chileno, una reforma estructural debera ser efectuada a travs del uso de la normatividad heredada de la propia Dictadura. Sin embargo, como ya se ha dicho, la regla general es que todo sistema admita reformas siempre y cuando tales reformas no alteren el contenido de su esencia. Por ende, esta transformacin no ser posible. Y constituira un disparate mayor intentar, siquiera, realizarla. De manera que, pasadas las elecciones, el sistema mantendr su natural estructura de desigualdad.

Un sistema social desigualitario por naturaleza, para poder perseverar en el tiempo, requiere de una estructura coercitiva que garantice su existencia, la que, a su vez, necesita de una normatividad fundamental que organice al conjunto social. La estructura coercitiva es el Estado; la normatividad fundamental, su Constitucin. Ambos elementos, puesto que aseguran la mantencin de la esencia del sistema, son elementos consustanciales al mismo. Por consiguiente, no desaparecen; aunque se intente reformarlos [v] . En consecuencia, tampoco desaparece la forma interior de su estructura, vale decir, el Bloque en el Poder ni, mucho menos, la existencia de una fraccin hegemnica dominante que conduzca a la sociedad en su conjunto. Nos guste o no nos guste.

En seguida, es necesario despedirse de otra circunstancia imposible de realizar: tampoco podr cambiarse la composicin del Bloque en el Poder ni, mucho menos, la conduccin hegemnica que ejerce su fraccin dominante, hoy la bancaria. Y si alguien pudo creer que alguno de los candidatos tuvo la precaucin de advertir a su electorado al respecto, los porfiados hechos nos conducen a una conclusin por entero antagnica: ninguno lo ha hecho, ninguno deja indicios de querer hacerlo; mucho menos una voluntad explcita orientada en ese sentido.

En tercer lugar, an cuando existiera esa voluntad y se manifestara de manera explcita, tampoco podran realizarse dichos cambios con las actuales reglas del juego pues la economa chilena est fuertemente atada a los vaivenes del exterior, y es en ese exterior donde reina sin contrapesos la fraccin hegemnica bancaria que, a su vez, mantiene a las que existen en cada una de las formaciones sociales de las naciones sudamericanas.

De lo cual puede deducirse que, si existen posibilidades de robustecer la actividad de algunos sectores de la burguesa industrial criolla, lo ms que podra alcanzarse sera lograr un mayor equilibrio entre sta y la fraccin que hoy predomina al interior de esa estructura conduciendo hegemnicamente al conjunto social. Pero lo cierto es que dicha fraccin va a seguir imponiendo sin contrapeso sus intereses. Digmoslo ms francamente: an cuando se intentaran reformas de consideracin parece difcil que ellas puedan traducir algunas de las ms sentidas aspiraciones de los movimientos sociales.

La fraccin bancaria, que tiene bajo su mando la conduccin del Bloque en el Poder chileno, como en otras formaciones sociales a las cuales se encuentra fuertemente ligada, jams ha dejado de realizar su inters en todos estos aos de democracia en Chile; es ilusorio suponer, tambin, que pueda existir posibilidad alguna de realizar cambios diferentes a aquellos intentados por el propio gobierno de Sebastin Piera [vi] . Queremos decir con ello que no es posible efectuar reformas a la conduccin hegemnica que mantiene dentro del Bloque en el Poder la fraccin bancaria tanto chilena como internacional. Los bancos nacionales, reducidos hoy solamente a seis (Banco de Chile, de propiedad del grupo Luksic; el Banco de Crdito e Inversiones, de propiedad del clan Yarur; el BancoEstado, de propiedad del Estado; el Banco Ripley, del grupo Caldern; el Banco Falabella, del grupo Solari, y el Banco Pars, del grupo CENCOSUD, como asimismo, los bancos internacionales (Santander, BBVA, Scotiabank, Ita, Internacional) estn preparados para enfrentar las nuevas condiciones que ofrece el panorama poltico nacional y no se encuentran, en modo alguno, intranquilos. Total, el BancoEstado vuelve a quedar en manos del gobierno de turno; el Banco de Chile pertenece a una familia como la Luksic, ligada a la ex Concertacin; y el BCI sigue en poder de los Yarur. No puede suponerse que CorpBanca, del grupo de lvaro Saieh, interprete una meloda discordante, a pesar de haber pertenecer a un grupo que, adems, posee COPESA, duea, a su vez, del peridico La Tercera, que apoy en su momento la candidatura de Laurence Golborne y, posteriormente, de Pablo Longueira. Y es que dicha entidad puede ser afectada por la crisis que experimenta el SMU (Supermercado UNIMARC). Hoy, mantiene un discreto silencio. As, pues, la fraccin bancaria, que hegemoniza el Bloque en el Poder y, en consecuencia, la conduccin de la sociedad en su conjunto, parece dispuesta a apoyar a cualquier gobierno que le permita realizar sus negocios; lo hizo con la Concertacin y, ms tarde, con la Alianza Por Chile; no tendra por qu no hacerlo con la coalicin que triunfe o con quien triunfe en los comicios de noviembre. En este mismo orden de cosas, tambin el Banco Pars, de propiedad de CENCOSUD que dirige Horst Paulmann [vii] parece estar dispuesto a hacerlo.

Sin embargo, esto es slo el comienzo. Existen otros hechos que impiden la realizacin de reformas estructurales al sistema.

LA VOLUNTAD POLTICA DE REALIZAR CAMBIOS

El problema mayor que presentan la elecciones de noviembre es que los candidatos que podran disputar con mayor xito tales comicios Matthei y Bachelet no evidencian deseo alguno en torno a comprometerse con reformas de consideracin (no es extrao que as suceda con Matthei, pues representa naturalmente el inters del capital; Bachelet, cuyo discurso es renovador eleva al carcter de reformas estructurales reivindicaciones que no lo son en absoluto, como la gratuidad de la educacin, la reforma tributaria y la reforma a la Constitucin pinochetista). La voluntad poltica de realizar reformas estructurales existe en algunos de los otros candidatos (Enrquez-Ominami, Claude, Sfeir, Ruz, etc.), sin embargo, las posibilidades de un xito electoral de los mismos se encuentran fuertemente limitadas, an cuando algunos de ellos cuenten con el apoyo de sectores sociales junto a quienes lucharon, codo a codo, en las protestas.

No deja de ser revelador el hecho que la abanderada de Nueva Mayora haya mantenido hasta fines de julio un acusador silencio en torno a lo que piensa realizar en materia de derechos laborales. Por supuesto que no existe voluntad alguna de intentar imponer la participacin de los trabajadores en la toma de decisiones de las empresas; el trabajador, componente de la produccin segn la teora clsica, no recibe del capital un trato diferente al que sta asigna a la naturaleza, que es la dominacin. Y esta concepcin es la que prevalece. En el programa de Bachelet, inconcluso an, tampoco hay referencia a una reforma al Cdigo del Trabajo. Ese es un tema que se encuentra tan fuera de protocolo que el lunes 29 de julio el propio Partido Socialista debi realizar un encuentro de representantes del Comando de la candidata y parlamentarios de ese partido. El objetivo del encuentro, realizado en el Instituto Igualdad al cual concurrieron en representacin del Comando de Michelle Bachelet su vocero lvaro Elizalde y su asesor en temas internacionales Luis Maira , fue hacer presente a los primeros la preocupacin de todos ellos por

[] la ausencia de temas laborales []

en el programa de la candidata [viii] .

Sin embargo, lo ms revelador de esta voluntad de no querer hacer cambios o hacerlos en la medida de lo posible, est constituido a) por expresiones (promesas) que se formularon en cierta oportunidad y que, posteriormente, han ido experimentando modificaciones hasta terminar siendo una caricatura de su original; b) la incorporacin a labores de preparacin del programa de personajes estrechamente vinculados a intereses econmicos de varios de los Grupos que existen en el pas, y c) contradicciones entre los propios personeros de la coalicin.

a) Expresiones de la candidata que han sido alteradas.

En su discurso en El Bosque, Bachelet critic fuertemente la letra chica que condena a los consumidores a aceptar todas las condiciones que imponen los grandes almacenes; y sin embargo, para mantener a Alberto Arenas que emple su veto contra los dirigentes de CONADECUS debi nominar a Aldo Gonzlez y ocultar, de esa manera sus vnculos con Lder y LAN, empresas a las que ha servido en contra del inters de los consumidores [ix] .

Esta duda acerca de la distancia que existe entre su discurso y la prctica ha sido denunciada por Carlos Pea, quien refirindose a la candidata recuerda:

Entre los partidos y la gente, insinu a su llegada a Chile , hay que escoger a la gente. Un gesto semejante es fcil recordarlo- tuvo a inicios de su anterior gobierno y ocurri que la gente, estimulada por la idea de gobierno ciudadano, amenaz con anegar las calles. El resultado fue que termin gobernando con profesionales de la poltica, como Prez Yoma, Viera-Gallo, Bitar. Por qu no ocurrir lo mismo ahora? [x] .

b) Incorporacin al Comando de personajes de discutible vocacin solidaria.

Numerosos de los tcnicos que ha llamado la candidata para formar parte de su Comando pertenecen al sector neoliberal de la Concertacin; entre otros, Eduardo Engel, economista profundamente contrario al sistema de reparto en las pensiones y defensor de las AFP; Guillermo Larran, panelista de Estado Nacional, ex superintendente de AFP que termin su gestin ponindose del lado de ellas; Ren Cortzar, ex director de La Polar, hombre vinculado a los Matte y a los Luksic, ex presidente de Canal 13, hombre cuyas maniobras han sido denunciadas por el propio ex vicepresidente de la Democracia Cristiana Ricardo Hormazbal en carta enviada a dicha colectividad [xi] ; Javiera Blanco, ex ejecutiva de una fundacin de los Edwards, en fin [xii] . La gota que ha rebasado el vaso ha sido la incorporacin reciente, por cierto de Jos de Gregorio, ex presidente del Banco Central, quien ya se haba manifestado contrario a conceder la gratuidad en la educacin:

[] darles gratuidad a todos los estudiantes es partir al revs [] [xiii]

Cortzar, por lo dems, est unido a Evelyn Matthei por lazos de amistad, pues no slo fue compaero de curso del marido de sta, Jorge Desormeaux, sino testigo de matrimonio de la pareja cuando sta contrajo nupcias, en 1979 [xiv] .

c) Contradicciones entre personeros de la propia coalicin.

Existen numerosos ejemplos, al respecto. No obstante, hemos querido tomar uno de los ltimos. Mientras que, por una parte, el ex vocero del Comando, lvaro Elizalde, refirindose a la gratuidad de la educacin, a la reforma tributaria y a la dictacin de una nueva Constitucin, sealaba que

Las reformas estructurales no van a ser modificadas [] [xv] ,

el ex ministro de la Concertacin, Sergio Bitar, planteaba la necesidad de realizar las transformaciones en forma gradual.

Ante tantas expectativas, an con la potencia de Michelle Bachelet y liderazgo que ella tiene, esto puede ser explosivo de aqu a un ao. Y podemos tener a todos los cabros en la calle diciendo : Bueno, dnde est la solucin de gratuidad? [xvi]

Es posible, en estas condiciones, cumplir con algunas de las reivindicaciones mnimas planteadas por los movimientos sociales y, en especial, por los estudiantes? No seamos categricos, pero permtasenos invocar el beneficio de la duda. Como expresa una vieja sentencia, muy en boga en Chile y hoy un tanto olvidada: Dime con quin andas y te dir quin eres.

No nos hemos referido, aqu, al problema tributario. Y es que el cumplimiento de las reivindicaciones sociales conduce ineluctablemente a la reforma tributaria. Y a la reforma constitucional, lo que implica revisar todas las llamadas leyes orgnicas constitucionales [xvii] . La clave para realizar esos cambios parece sencilla. Al menos, en palabras.

CLAVES PARA REALIZAR LOS CAMBIOS SOCIALES

La va elegida por la generalidad de los candidatos para realizar los cambios sociales es su ejecucin a travs de los mrgenes establecidos por el mismo sistema. La tarea se reduce a cumplir, pues, los requisitos contenidos en las mismas normas emanadas de la Dictadura.

Con prescindencia de lo que significa aceptar dicha normatividad como legtima y regirse por ella, el camino elegido por los candidatos requiere imperiosamente de la concurrencia de dos circunstancias:

a) Contar con una amplia mayora social que los apoye y apoye sus propuestas o, lo que es igual, dominar ampliamente en el Parlamento; y,

b) Contar con la idoneidad y respaldo de dichos candidatos para realizar las reformas propuestas.

Veamos la primera condicin, aunque podemos separar en ella las proposiciones tanto de la abanderada de Nueva Mayora como las planteadas por Marco Enrquez-Ominami, Marcel Claude y Gustavo Ruz, principalmente.

La propuesta de Nueva Mayora se orienta, fundamentalmente, a obtener tal nmero de parlamentarios en los comicios que pueda realizar todas las reformas prometidas. De ah el nombre que identifica a la coalicin; de ah el slogan un parlamento para Michelle. El resultado de las elecciones primarias realizadas el da 30 de junio pasado y el enorme respaldo obtenido por la candidata Bachelet de los votantes en esos comicios alientan a quienes pretenden tales objetivos. No obstante, creemos nosotros que dicho resultado no permite extraer conclusiones tan apresuradas.

En primer lugar , porque el voto que recibi la abanderada de Nueva Mayora ese 30 de junio no puede considerarse exclusivamente suyo. Haba (y hay) un cansancio con la administracin de Sebastin Piera, un cansancio que evidencian los ndices de desaprobacin de las encuestas, los ndices de popularidad y el profundo rechazo que gran parte de la poblacin manifiesta hacia el gobierno. Porque, como muy bien lo seala un articulista,

Las elecciones muestran la conformidad o disconformidad de la gestin gubernamental respecto de las expectativas ciudadanas. Como sabemos, lo que finalmente importa de un gobierno para los ciudadanos son sus resultados. Los resultados que la gente ilusiona, a pesar de su frustracin reiterada con la poltica y los polticos. Lo que el gobierno pone en juego cuando da a conocer sus propuestas es su palabra. Palabra que valida con su cumplimiento y el pas evala por sus resultados. Resultados como afirmaba C. Matus es la palabra que encumbra o hunde a un gobierno [xviii] .

No debe sorprender, por ende, que algunos analistas estimen el alto porcentaje de votos recibido por la abanderada de Nueva Mayora no como una manifestacin de apoyo a ella y a su coalicin sino un voto de rechazo a Piera y su gobierno. Un voto que le incomode. Lo cual implica suponer, tambin, que el voto puede tener un objetivo distinto al que corrientemente se le asigna.

[] en las recientes elecciones lo que podemos observar es un proceso de identificacin de la protesta en relacin con los resultados del gobierno con la candidatura que representa Bachelet. El voto a Bachelet es tambin una respuesta de los que perciben que ese voto duele a la gestin. De all que el Voto Bachelet tiene como destinatario al gobierno de Piera en primer lugar y al oficialismo Alianza por Chile en segundo [xix] .

En segundo lugar , no se trata de un voto nuevo, de ese voto de esperanza en un futuro mejor que entrega la juventud cuando participa en las elecciones, sino el voto de personas mayores, de personas en gran medida de la tercera edad, y miembros de la antigua militancia de los partidos que conforman la Concertacin. Si bien es cierto que el Servicio Electoral SERVEL no slo ha evitado entregar cifras que avalen esta afirmacin sino, adems, sostiene que no ha hecho un anlisis de la edad de los votantes, la generalidad de las personas que concurri a los locales de votacin s asegura haber visto un electorado compuesto de personas adultas, adultos mayores vinculados a la vieja Concertacin, afirmacin que tambin el televidente pudo constatar con slo presenciar la informacin entregada por los diversos canales de Televisin, y concluir que el tipo de sufragante no corresponda al de la juventud. De lo cual puede concluirse que la gran incgnita sigue siendo, de todas maneras, el comportamiento del votante joven, de ese individuo que ha dejado la secundaria y se manifiesta como votante voluntario.

En tercer lugar , puede colegirse de lo dicho que, si se trataba de personas mayores que fueron tanto a mostrar su encono contra Piera como a apoyar a la candidata de Nueva Mayora, no puede suponerse por esa circunstancia que las cifras obtenidas ese da aumentarn en el futuro. Con la misma seguridad de quienes s lo afirman puede sostenerse que se trata de personas que se agotaron en esa votacin y que, posiblemente, pueden volver a hacerlo de la misma manera, pero no que se multiplicarn por arte de magia. El acrecentamiento de la votacin a Michelle Bachelet puede acontecer; pero nada impide que dicha cifra de votantes pueda, tambin, mantenerse u oscilar en una cantidad igual o levemente superior a la ya obtenida. No hay que olvidar dos hechos:

a) la presencia de otros candidatos que no slo ingresan al escenario electoral a medir sus fuerzas sino tambin van a recibir apoyo de la masa de votantes; y,

b) quienes apoyan las listas de los partidos de la Alianza Por Chile son votantes cmodos, que no concurren con mucha asiduidad a los locales de votacin, como muy bien lo expresa el editorial de un diario capitalino:

Tal vez el punto de partida sea superar el derrotismo. Hay diez millones de votantes que se abstuvieron en las elecciones del domingo: por cada votante, hay tres que se quedaron en casa. Entre stos, parecen ser muchos ms los que en elecciones anteriores se inclinaron por la Alianza incluida la municipal de octubre pasado que los del bloque opositor. Adems, parte de los votantes del independiente Andrs Velasco, y quiz del DC Claudio Orrego, pueden no sentirse a gusto en una Nueva Mayora que parece renegar de la obra de la Concertacin [xx] .

As, pues, no es seguro que la eleccin est ganada. Por el contrario, la disputa recin empieza.

La segunda condicin es ms complicada. Dice relacin con la estatura moral de los candidatos al Parlamento.

A menudo, no basta tener mayora en el Congreso para poder realizar cambios estructurales al sistema dentro del cual se vive. El comportamiento de los parlamentarios as lo evidencia. No es extrao que muchos de ellos no concurran a las votaciones en las que est en juego un proyecto de ley y permitan, de esa manera, que fracasen laudables iniciativas. A veces lo hacen por simple desidia; otras, directamente en defensa de intereses particulares. Y es que el Parlamento no es diferente a otras instituciones del Estado en donde los conflictos de inters se manifiestan a cada instante. La Concertacin sufri esta ausencia de parlamentarios en varias de sus votaciones emblemticas [xxi] .

La misma seleccin de los candidatos, al interior de cada colectividad, no se realiza con la diligencia y el esmero que cualquier podra suponer. Predominan los intereses de los diversos sectores que participan dentro de cada partido. Los hechos en que se han visto involucrados ciertos parlamentarios, si bien no invalidan el ejercicio de la democracia, ponen en entredicho la posibilidad de contar con el respaldo de todos los elegidos para proceder a las reformas trascendentales [xxii] .

La ltima complicacin es que la Constitucin pinochetista ha sido redactada de tal manera que impide se le introduzcan reformas sin reunir un qurum calificado de parlamentarios. Pertenece a las cartas fundamentales conocidas bajo el nombre de rgidas o duras, es decir, aquellas que exigen una mayora tal de parlamentarios para reformarla que, prcticamente, resulta imposible hacerlo. En el caso de la Constitucin pinochetista, cualquier reforma que se intente deber reunir mayoras parlamentarias que oscilan entre los dos tercios y los tres quintos del Congreso, lo que resulta casi imposible.

EL PLEBISCITO, UNA POSIBILIDAD?

Obtener una mayora parlamentaria que posibilite la reforma de la Constitucin es una va para realizar reformas importantes, sin lugar a dudas. Sin embargo, no es la nica posible. Existe un medio de consulta establecido en la misma Constitucin pinochetista que es el llamado a plebiscito. Este mecanismo tambin ha sido considerado por los candidatos opositores que interpretan as las disposiciones contenidas en los arts. 32, n 4; 82, n4 y 117 de la carta heredada de la Dictadura. Pero realizar esta tarea supone tambin el respaldo de un amplio movimiento social.

Para la Alianza Por Chile, estos problemas no existen. No est preocupada de cambiar la Constitucin, pero s estara llana a hacerlo respecto del sistema electoral y otras reformas que perfeccionen el mtodo de extraer plusvalor, lo hagan ms eficaz y no desvirten la esencia de la forma de acumular. Porque estos personeros, an cuando no ignoran las demandas sociales, consideran que no es posible acceder a todas ellas sin arriesgar la continuidad del modelo impuesto. Lo cual no les impide alegar su vocacin de servicio al servicio de las clases postergadas. Por eso, sus promesas se limitan, ms o menos, a lo mismo que prometi la Concertacin hace algunas dcadas: que las reformas deben ser realizadas en la medida de lo posible. Si as no sucediera, si las contradicciones se extendieran hasta poner en peligro la continuidad del sistema, los poderes encargados de velar por su integridad se veran obligados a implantar un rgimen de excepcin o dictadura para reordenar, nuevamente, la estructura social con sus estamentos dominantes y dominados.

QU PUEDE SUCEDER

La candidata Matthei no ha sido ratificada an por el Consejo Nacional de Renovacin Nacional como abanderada de la Alianza Por Chile. Es posible que lo sea, como tambin que no lo sea. Esa circunstancia permanecer en incgnito hasta el 10 de agosto. No existe certeza de si alguno de los candidatos a Presidente de la Repblica reunir la cantidad de firmas que exige la ley para presentarse como tal ni se sabe qu ocurrir con sus votantes para el caso que no lo lograra. No se sabe si los porcentajes de abstencin que hubo en las elecciones municipales de 2012 se mantendrn, aumentarn o disminuirn. No se saben muchas cosas. Incluso, si las disputas al interior de la coalicin Nueva Mayora podran o no afectar el estado anmico de su candidata [xxiii] . Un articulista se ha atrevido a formular, incluso, la hipottica duda acerca de lo que sucedera si la candidata de Nueva Mayora declinara a seguir compitiendo [xxiv] . An cuando lo ms probable sea que triunfe la candidata del pacto Nueva Mayora, lo cierto es que, en cuanto a las elecciones que se aproximan, nadie tiene clavada la rueda de la fortuna.

Sin lugar a dudas que la situacin de las clases dominadas tender a experimentar mejoras en tanto gobiernen organizaciones polticas que se arroguen la representacin de sus intereses, especialmente, las tendencias social demcratas; pero ello slo ocurrir para el caso de existir buenas oportunidades para el empresariado, lo que, en buen romance, significa que dichos sectores slo podrn mejorar su estado en la misma forma que lo han hecho a travs de la historia: a travs de la poltica del chorreo, que era la poltica de Pinochet. Y luego que se hayan producido fuertes demandas por mejoras salariales.

De lo cual se pueden colegir otras circunstancias como, por ejemplo, que el cambio del sistema de votacin, de binominal a proporcional, podra constituir, sin lugar a dudas, un adelanto; pero, en trminos de reformas, poco o nada resuelve. Tampoco la gratuidad escolar, as, a secas, porque si se le sigue entregando dinero fiscal a quienes son los dueos de los colegios, lo nico que habremos logrado es financiar el lucro de unos pocos a costa del dinero de todos los chilenos.

La desconfianza hacia la poltica y los polticos no ha experimentado variaciones. Y es que, como lo seala un antiguo refrn, la confianza, al igual que la honra, cuando se pierde, jams se recupera. Por eso, algunos mantenemos nuestras dudas acerca de la participacin en comicios electorales bajo las actuales condiciones. Porque, es posible creer en un sistema que deja fuera a las minoras y se solaza en otorgar toda clase de franquicias a las grandes coaliciones? Es posible creer en un organismo, como el SERVEL, manejado por personas de dudoso pasado en materia de derechos humanos, donde aparece, con su inscripcin electoral vigente, hasta el ex presidente Salvador Allende? Es posible creer en un servicio que declara vlida una eleccin municipal donde las actas de las mesas receptoras de sufragios aparecen, al cabo de unos das, en los contenedores de basura? Es posible creer en candidatos nombrados a dedo por los partidos, vinculados a grandes empresas o a negocios en donde ellos son parte o lo son amigos o familiares suyos?

Sin lugar a dudas es esa desconfianza lo que motiva a muchas personas estimar a la abstencin como la va ms adecuada para deslegitimar a una escena poltica que no representa el inters verdadero de las clases postergadas.



[i] Vase, al respecto, de Carlos Pea, El enfermo pblico, El Mercurio, 21 de julio de 2013, pg. D-15, en donde pueden leerse frases como sta:

El rasgo principal de la derecha es que privatiza incluso aquello que, por su naturaleza, es pblico. Cmo explicar si no que la noticia del retiro de Longueira haya sido encomendada a sus hijos?

[ii] A esos partidos hay que agregar un que se ha incorporado ltimamente y que se autodenomina Evolucin Poltica o EVOPOLI.

[iii] Portada de la revista Cambio 21 correspondiente a la semana entre el 24 y 30 de julio de 2013. La revista The Clinic tuvo como portada Carnicera La Alianza , edicin del 25 de julio de 2013.

[iv] La situacin de estos lderes estudiantiles y de sus partidos no ha sido la mejor. Rechazados por la Concertacin para obtener cupos parlamentarios, hoy se han volcado a apoyar ciertas candidaturas, entre las cuales se cuenta la de Carlos Montes, un personaje socialista, ex MAPU, cuya discutible trayectoria poltica describimos en parte dentro de nuestra obra In Memoriam.

[v] Esta circunstancia es tan cierta que los clsicos, en un comienzo, debieron recurrir a designar el tipo de organizacin social para la nueva sociedad de diferentes maneras. Al final, Engels escribi que el mejor nombre para esa estructura no deba ser Estado ni Estado proletario o Estado de los trabajadores sino Gemeinweissen, es decir, Comunidad.

[vi] Entre otros, un mayor control de la Superintendencia de Bancos sobre las operaciones bancarias, que van desde la concesin de crditos (restriccin, en algunos casos, expansin en otros), la emisin de tarjetas y el cobro de comisiones a su clientela.

[vii] La fotografa de Horst Paulmann con la abanderada del conglomerado Nueva Mayora, colocada en el hall de la Torre Cencosud, fue muy comentada y solamente se acallaron las crticas cuando se coloc, junto a la misma, la fotografa del empresario junto a Pablo Longueira, abanderado en ese entonces de la Alianza Por Chile. La empresa encargada de colocar esos carteles seal que si no haba colocado la segunda fotografa en la misma oportunidad que lo hizo con la otra, haba sido porque, en ese entonces, no exista an alguien que representara en esa carrera a la segunda coalicin.

[viii] Potthoff, A. y Ahumada, M.J.: Diputados PS plantean inquietud al comando de Bachelet por falta de temas laborales en el programa, El Mercurio, 30 de julio de 2013, pg.C-4.

[ix] Ortz, Edison: El nuevo Comando de Bachelet: del discurso de El Bosque a la tecnocracia y a los fcticos, El Mostrador, 12 de julio de 2013.

[x] Pea, Carlos: Tres preguntas a Bachelet, El Mercurio, 23 de junio de 2013, pg. D-19.

[xi] En una de sus partes, dicha carta expresa:

Ren es representante del grupo Luksic, no de los DC. Ha trabajado para ellos en Canal 13, injustamente privatizado por la Iglesia Catlica, ha trabajado y, de seguro, lo sigue haciendo para el conglomerado econmico ms grande de Chile. Ha sido asesor de las AFP y fue elegido por ellas director de La Polar, durante el perodo en que se estaf a millones de personas. Recibi slo una multa, como los estafadores de las farmacias, sin la obligacin de ir a clases de tica, eso s.

[xii] Ortz, Edison: Id. (9).

[xiii] Sez Rojas, Alejandro: El fuerte resquemor que gener el ingreso de Cortzar y De Gregorio a la Nueva Mayora, El Mercurio, 28 de julio de 2013, pg. B-9.

[xiv] Redaccin: El vnculo que Matthei y Cortzar tienen desde hace ms de 30 aos, El Mercurio, 28 de julio de 2013, pg. D-2.

[xv] Ahumada, M.J. y Muoz, G.:No va a haber cambios respecto de las reformas estructurales anunciadas, El Mercurio, 27 de julio de 2013, pg. C-8.

[xvi] Franco, Rienzi: Bitar advierte riesgos ante expectativas de cambios generadas por Bachelet, El Mercurio, 27 de julio de 2013, pg. C-9.

[xvii] Estas denominaciones fueron inventadas por la Dictadura. Una ley es una reglamentacin originada en un parlamento, no en un rgimen dictatorial. En doctrina, las disposiciones emanadas de un rgimen de facto se consideran decretos-leyes y as son llamadas, no leyes, denominacin que se reserva para la dictacin de reglas generales para la comunidad dentro de un rgimen democrtico.

[xviii] Moreno, Marco: Bachelet y el voto protesta contra Piera, El Mostrador, 9 de julio de 2013.

[xix] Moreno, Marco: Id. (18).

[xx] Editorial: Atraer al votante, El Mercurio, 7 de julio de 2013.

[xxi] Valenzuela, Esteban y Jofr, Ren: La imposible mayora parlamentaria por la nueva Constitucin, El Mostrador, 19 de julio de 2013.

[xxii] El programa Contacto de 23 de julio de 2013 dej al descubierto las maniobras de algunos parlamentarios para ocultar sus vnculos con negocios y/o empresas en las que tienen intereses. Entre esos parlamentarios se cit a Ramn Barros (UDI), Ignacio Urrutia (UDI), Andrs Zaldvar (DC), Hosain Sabag (DC), Jorge Ulloa (UDI), Clemira Pacheco (PS), Alejandro Garca-Huidobro (UDI).

[xxiii] Vase, de Edison Ortz, el artculo El comando de Michelle y los partidos: preludio de una tormenta, El Mostrador, 30 de julio de 2013.

[xxiv] Vase de Claudio Alvarado el artculo Y si se baja Michelle?, El Mostrador, 31 de julio de 2013.



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