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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-08-2013

Repblica Dominicana y Hait
La Espaola, sus coaliciones y la solidaridad entre sus fronteras

Jeb Sprague
Rebelin


La disfuncin poltica en la isla La Espaola (Repblica Dominicana y Hait) es rampante. Ese territorio, en sus aspectos sociopolticos y econmicos, se encuentra empantanado en las redes clientelistas, constantes denuncias de corrupcin (como el caso de Repblica Dominicana) y manipulacin electoral (como en Hait).

Considerando que las poblaciones estn histricamente interconectadas de muchas maneras, las divisiones siguen siendo, lo que es utilizado para dominar sectores e intereses nacionales y transnacionales para profundizar la explotacin de personas y riquezas naturales.

Las recientes tensiones bi-nacionales, a raz de la crisis de la exportacin avcola desde Repblica Dominicana, estuvieron normadas de xenfobas acusaciones y puntualizaciones orientadas a golpear las bajas capas sociales de emigrantes haitianos, siendo uno de los miles de casos que ilustran la situacin. Bajo ese panorama, se persigue crispar a poblaciones pobres unas con otras, a partir de una base fijada en fronteras nacionales arbitrarias, mitos racistas, y rivalidades histricas dentro de una isla ms pequea que el estado continental de Maine (un estado en EE.UU.).

Cules son las perspectivas para la izquierda y los movimientos populares en La Espaola bajo tales condiciones?

Con los triunfos en los ltimos aos de muchos movimientos sociales de izquierda y gobiernos progresistas en la regin, cul sera entonces el enfoque para los pueblos interdependientes de La Espaola?

 

Repblica Dominicana

A mediados de 2012 la prensa indicaba que algunos grupos de izquierda en Repblica Dominicana, intentaban formar una coalicin electoral previo a las inminentes elecciones en el pas, pero esto no lleg a materializarse.

Sin embargo, los diferentes grupos de izquierda que permanecen, y ms importante an los movimientos sociales no electoralistas, tienen una oportunidad para relanzar ese proceso y llevarlo hacia delante, formando una coalicin que no est meramente limitada a la poltica electoralista.

Esto podra incluir a grupos tales como Alianza Pas, la Alianza por la Democracia de Max Puig, el Frente Amplio, Dominicanos por el Cambio, los comunistas aglutinados en Fuerza de la Revolucin, y los numerosos movimientos de base, el sector sindicalista que no ha sido co-optado, los grupos universitarios, y los grupos de la izquierda no-electoralista (que en aos recientes ha hecho el reclamo de una Asamblea Constituyente).

Lo ms importante es que una verdadera coalicin de la izquierda necesitara incluir a la comunidad haitiana de emigrantes. Una coalicin de la izquierda y los grupos populares podra movilizar a las masas excluidas, y hasta podra ganar apoyo de las capas medias y la dispora.

Queda por verse si estos grupos (o un grueso numeroso de ellos) pueden conformar una coalicin, conforme permanezcan las consabidas divisiones histricas y rivalidades.

El Partido Revolucionario Dominicano (PRD), principal fuerza poltica neoliberal, con retrica populista, para la campaa electoral del 2012, satur con publicaciones por todos los medios del pas, con el tema: Lleg Pap, como identificacin y fundamental propuesta electoral del candidato perredesta y ex presidente Hiplito Meja.

El PRD y su ms conservador adversario, el PLD (el que mantiene en la actualidad la presidencia), aparentan mantener un monopolio del proceso poltico, aunque este hecho no puede asegurarse como ocurre con los demcratas y republicanos en los E.U.

Entre las organizaciones polticas dominicanas existen abundante fisuras, tal como lo evidencia la consabida corrupcin rampante en ambos partidos, como tambin, en los pequeos partidos que siempre les siguen.

El ltimo gobierno perredeista (2000-2004) encabezado por Hiplito Meja, fue tan fraudulento y moribundo que lleg a permitir, durante aos, a los paramilitares haitianos derechistas e incluso, emprender incursiones violentas hacia Hait contra el gobierno Lavalas.

Adems, la administracin de Meja se incorpor en la ocupacin ilegal estadounidense de Irak, como parte de ese absurdo histrico en donde soldados de diferentes pases latinoamericanos, estuvieron bajo el mando de oficiales espaoles, recordndonos los nostlgicos tiempos de las colonias.

En la actualidad, el PRD est atrapado en luchas intestinas por el control del poder. Miembros de diferentes facciones, enfrentados, pasan en ocasiones de contradicciones verbales y violencia fsica, con saldos de heridos y destruccin de propiedades.

Pero, las causas que provocan esta situacin son ms de carcter personal. Son una manifestacin del enfrentamiento entre el empresario Miguel Vargas Maldonado y la sempiterna figura de la poltica dominicana, Hiplito Meja.

Esto es un conflicto por intereses econmicos y control caudillista, en nada de esto estn presentes razones ideolgicas o preocupacin por el bienestar del pas, donde su poblacin exhibe una elevada tasa de pobreza (44%) e indigencia (26%), trabajo informal (63%) y desempleo (17%).

Mientras tanto, en la corporacin poltica del PLD (Partido de la Liberacin Dominicana), que goza de la abundancia pecuniaria y proyecta mayor unidad interna que el PRD, este ha sido salpicado de escndalos de corrupcin, algunos de los cuales han sido evidenciados y se debaten en los tribunales.

Se acusa a la alta direccin del PLD, la Comisin Poltica, de constituir una guarida de jefes mafiosos, donde el ex presidente Leonel Fernndez se mantiene como el jefe de todos los jefes del PLD, es decir, el Capo di tutti cappi.

Durante los dos periodos presidenciales de Leonel Fernndez (2004-2012), el PLD respald e impuls acciones polticas de derecha ultra conservadoras, tales como: la ilegalizacin del aborto, profundizar la discriminacin haitiana y otras.

La otrora tercera Fuerza, el viejo cuasi-fascista partido Balaguerista, PRSC (el Partido Reformista Social Cristiano), contina sirviendo intereses y acciones que conspiran contra el Bienestar de la Nacin, vendindose al mejor postor.

En este ambiente, una coalicin triunfadora y enrgica de la izquierda y sectores anti-corrupcin, tiene un espacio para crecer e incluso ganar las elecciones del 2016, si lograran atraer a cientos de miles de simpatizantes y militantes de esas organizaciones, caracterizadas por dirigentes corruptos y entregar las riquezas nacionales a corporaciones transnacionales.

La mayor captacin podra venir del PRD, donde un elevado porcentaje de sus miembros todava honran la memoria e inspiracin de lderes, como Jos Francisco Pea Gmez, fallecido en el 1998. Pea Gmez se pronunci en contra del golpe en Hait en el 1991, apoy a la Nicaragua sandinista de los 80 y muchas de las nobles causas en la regin. Queda por ver si la izquierda dominicana puede unificarse.

 

Repiblik Ayiti

En Hait por contraste, la izquierda y las fuerzas populares han sido histricamente ms fuertes que las dominicanas, pero asimismo, se han encontrado con diferentes condiciones.

El Movimiento Lavalas ha tenido una larga historia de aglutinar a numerosos movimientos populares y organizaciones de base, pero ha carecido de la infraestructura necesaria para imponerse, adems, de haber sufrido el embate de repetidos asaltos de la derecha en medio de grandes dificultades.

Fanmi Lavalas (FL) es el partido poltico formal, el cual fue un engendro del movimiento pro-democrtico de Lavalas. Su fuerza popular provoc la desestabilizacin de la elite poltico-econmica, que posteriormente contratac con el golpe de estado del 2004, encabezado por E.U.

Como resultado de ese escenario, se instal la dictadura de Latortue que desarroll una intensa ola represiva entre el 2004 a 2006.

Despus de ese evento del 2004 el partido Fanmi Lavalas (FL) no ha podido participar en los posteriores procesos electorales, a pesar de mantener su capacidad de movimiento poltico, con apoyo popular, como se ha demostrado por muchas veces.

En aos recientes, a raz del terremoto de enero del 2010, ese pas ha visto una reactivacin de la derecha neo-duvalierista, simbolizada por el gobierno de Michel Martelly, el cual accedi al poder tras unas elecciones controversiales con poca participacin (y empujado hacia adelante a travs de la manipulacin de la OEA, Organizacin de los Estados Americanos). El gobierno de Martelly se considera profundamente corrupto.

Hoy, despus de desastres naturales, desastres hechos por el hombre y la formacin de un sistema sin rendicin de cuentas de las ONG, la soberana del pas se ha visto socavada. Tropas de la ONU tambin han mantenido guarniciones de todo el pas desde mediados de 2004.

Existen no obstante, varias posibilidades para el movimiento popular Lavalas recomponerse a s mismo, como por ejemplo: el asesoramiento que recibe de activistas experimentados, la aparicin de nuevos y emergentes grupos de formacin izquierdista sustentados por bases populares, como Koodinasyon Dessalines y diversos crculos lavalas .

Se han dado pasos positivos, por ejemplo, por la Universidad de la Fondasyon Aristide, con su escuela mdica y la recreacin de Radyo Timoun de Lavalas.

Algunos otros grupos polticos, con bases en algunas comunidades, la pequea clase media del pas o en la universidad, aunque no siempre en buenos trminos con las bases de Lavalas, podra ser capaz de trabajar con Lavalas contra el ala derecha.

Se podra llegar a una alianza anti-macoute, aunque se afirma que es una tarea difcil.* De hecho algunos de los pequeos grupos de la intelligentsia, los cuales ostentaban estar con la izquierda del pas, fueron, en el peor de los casos, cmplices del golpe del 2004 y sus sangrientas secuelas.

En Hait, si es que se llegan a dar a cabo elecciones libres y justas, Lavalas y sus aliados, podran lograr la victoria electoral. Del desafo es, que esa posibilidad real se pueda reflejar y percibir en la organizacin de las bases y una participacin sostenida desde abajo, sin permitir la manipulacin de algunos grupos ilegtimos de poder. El riesgo de burocratizacin y diversas parcelas, oportunismo, y desestabilizacin siempre estar presente.

 

Un proyecto local, intra-isla, regional, y transnacional

En ambos pases, la formacin de coaliciones encara numerosas dificultades, desde luchas intestinas y la competicin hasta la explotacin por sectores oportunistas, y la desestabilizacin por parte de la derecha y las potencias extranjeras.

Con las actuales y considerables economas informales y desempleo sistmico (la poblacin apenas est luchando por subsistir), y la adicional apata que genera la cultura consumista-individualista impulsada y sostenida para mantener la despolitizacin popular, existen an muchas dificultades.

Lanzarse a desafiar tales condiciones es, por supuesto, una tarea con grandes exigencias. La isla, adems, est localizada en las latitudes de la Frontera Imperial, una regin con un largo historial de intervenciones estadounidenses.

Tambin, algunas elites tienen a su disposicin a grupos paramilitares, una amenaza que ocurre a menudo dado el factor de impunidad imperante y sus nexos con el narcotrfico.

Al mismo tiempo, las fuerzas de seguridad en La Espaola, como en otras partes de la cuenca del Caribe y Centroamrica, estn densamente penetradas por agencias de E. U. tales como la DEA y la CIA, que forman parte del nuevo concepto hegemnico de soft power, sustituyendo las anteriores intervenciones militares y golpes de estado.

Por tanto, las dificultades y los desafos que encaran los movimientos sociales y la izquierda de La Espaola son cuantiosos.

Se agregan otros obstculos para el establecimiento de una gran coalicin de las fuerzas polticas emergentes, la tendencia del brote de numerosos pequeos partidos polticos y grupos en la escena nacional, que son presa fcil para las redes de padrinaje criollo y el ya consabido y desgastado caudillismo.

Ello no solo neutraliza el potencial de liberacin de la izquierda, sino que a su vez, puede hacer que muchos pierdan inters, especialmente dentro de la juventud.

En un plano socio-cultural el asunto es ms profundo. La habilidad de sobreponerse a la tremenda xenofobia y racismo existente en Repblica Dominicana hacia los emigrantes haitianos es vital.

Segn los acontecimientos del 1965, conocidos como la Revolucin del 65, cuando los reflejos condicionados anti-haitianos fueron desechados, y se asumi una lucha hombro con hombro por un proyecto intra-isla, la izquierda dominicana floreci, an siendo amortiguada por el militarismo estadounidense de la Guerra Fra, con el apoyo incondicional de los conservadores locales.

Cabe recalcar aqu la participacin de combatientes haitianos, entre las filas constitucionalistas que se enfrentaron a los invasores norteamericanos, algunos de los cuales incluso ofrendaron sus vidas en aras a la Patria Quisqueyana (un nombre indgena de la isla anterior a la conquista europea).

La lucha por los derechos de inmigrantes, debera estar en la vanguardia de los progresistas y la izquierda en cualquier sociedad, en especial, porque los inmigrantes, como los haitianos, son un factor importante en la dinmica econmica, en particular de la mano de obra.

El activismo por los derechos de los inmigrantes en curso, en la Repblica Dominicana, ya exhibe protagonismo meditico con la participacin de organizaciones como el Grupo Sacerdotal Helder Cmara, seguidor de la teologa de la liberacin, los sacerdotes Jesuistas en diferentes puntos del pas y agrupaciones a las que pertenecen, tales son los casos de Rogelio Cruz en el Cibao Central y Regino en Dajabn, provincia donde se desarrolla el mayor mercado binacional de la regin del Caribe.

En resumen, estas ideas no slo deben entenderse como un sueos lejanos, en relacin a las constantes da a da luchas polticas que se estn llevando a cabo. Las clases populares tienen que pensar en grande. Necesitamos pararnos en seco y vislumbrar el horizonte futuro, no solo en La Espaola, sino alrededor del mundo.

Vivimos en condiciones maduras para los cambios sociales. La derecha no posee las respuestas a las crecientes crisis ambientales y las crisis de desigualdad. En estas circunstancias deplorables, la derecha local solo puede dividir al pueblo y explotar las variopintas debilidades actuales (o sus remanentes histricos), para as mantenerse en el poder y, por supuesto, hacerles el llamado a sus poderosos aliados.

La unidad de la izquierda tiene que suceder en La Espaola, si es que se va a dar algn cambio sustantivo al desigual sistema socioeconmico, poltico-cultural y toda su estructura de corrupcin que controla la isla, partiendo de la premisa de acabar la construccin de alianzas populares y progresistas locales y transnacionales.

A corto plazo, se debe dar un giro a la izquierda aunque en varios pasos intermedios. Parece ser ms factible que se produzca primero en Hait, especialmente con el cisma paulatino de los grupos de poder, esto ltimo entre los macoutes y los sectores liberales de la burguesa.

Contina la movilizacin y la organizacin, y, a veces, los compromisos, tendr que ser hecha para las clases populares de la isla de La Espaola para mejorar sus condiciones y para detener la derecha del poder recuperador.

Para esto es imprescindible un proyecto poltico concertado y coherente, y con fuertes nexos de solidaridad que cubra la isla, incluyendo la participacin popular, y con las nuevas alternativas regionales.

 

Jeb Sprague es candidato a doctorado en Sociologa en la Universidad de California Santa Brbara y es autor de: Paramilitarism and the Assault on Democracy in Haiti (Monthly Review Press, 2012). Su pgina web universitaria est aqu : https://sites.google.com/site/jebsprague/

 

* El trmino macoute se usa para describir a los derechistas que apoyan la vieja dictadura duvalierista que cre a los tonton macoutes, y por extensin, aquellos que promueven sus nuevas manifestaciones polticas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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