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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-08-2013

Imposturas postmodernas e izquierda poltica

Andrs Huergo
Rebelin


La produccin filosfica de las ltimas cuatro dcadas se ha caracterizado, a grandes rasgos, por un tipo de discurso carente de sistematicidad, proclive a la fantasa y la elucubracin, amante de los circunloquios y los retorcimientos sofsticos, en el que la ciencia apenas tiene lugar y, cuando lo tiene, no pasa de ser una amalgama de conceptos mal entendidos e interpretaciones absolutamente disparatadas.

La inanidad general de la filosofa de nuestros tiempos se comprende mejor cuando se pone en relacin con ese movimiento que se dio a s mismo el nombre de postmodernidad.

La gran tesis postmoderna es el rechazo de la unidad de la razn, lo que lleva implcito el relativismo.

El relativismo tiene dos vertientes: la cognitiva y la tica. El relativismo cognitivo nos dice que no hay verdades universales y -an peor- que ni siquiera el concepto de verdad es universalmente vlido; que no es posible conocer el mundo tal cual es y que todo lo que llamamos real es resultado de una pura construccin sociolingstica. El relativismo tico nos dice que tampoco hay valores morales comunes y que no es posible ni siquiera llegar a un acuerdo sobre principios ticos vlidos para todos los seres humanos.

El relativismo cognitivo llega a negar la propia independencia epistemolgica de la ciencia, a la cual presenta como una narracin ms entre otras. Lo que quiere decir que la ciencia no sera ms que un relato indisolublemente ligado a un tipo concreto de sociedad, la sociedad occidental industrial capitalista, fuera de la cual aqulla pierde su sentido y validez. No hay razones objetivas, por tanto, para preferir la explicacin de la lluvia que nos proporciona el meteorlogo a la explicacin mtica del chamn que cree poder provocarla o evitarla con sus mgicas capacidades.

No es extrao que al amparo de las ideas postmodernas hayan proliferado de forma espectacular las pseudociencias y todo tipo de creencias supersticiosas: el creacionismo, la parapsicologa, la homeopata, la medicina holstica, la cartomancia, interpretaciones espiritualistas de la fsica cuntica, pensamiento new age, etc.

Los autores postmodernos rehyen de manera deliberada la claridad expositiva y la precisin, siguiendo en esto a Nietzsche, quien reprochaba a Stuart Mill el hecho de que fuera demasiado claro. Prefieren hacer uso de una jerigonza pedante, crptica, abstrusa, extravagante, escurridiza e impenetrable. Sostienen una concepcin de la filosofa de tipo esotrico, segn la cual sta sera una especie de revelacin de una verdad arcana que solamente unos pocos privilegiados pueden alcanzar y ante la cual los dems (los no iniciados) no pueden sino asentir de manera totalmente pasiva.

Es necesario aclarar, sin embargo, que cualquier filosofa que base su prestigio en argumentos de autoridad y en afirmaciones ininteligibles es todo lo contrario de lo que debe ser una filosofa comprometida con la justicia y la libertad. Si la filosofa se hace oscura, inmediatamente deja de cumplir su cometido crtico-emancipador y se convierte en una estafa, porque solamente servir a los designios de una lite cultural determinada y no al conjunto de los ciudadanos a quienes potencialmente va destinado el producto de sus reflexiones.

Son particularmente notables las consecuencias que la postmodernidad ha tenido en la prctica poltica a travs de la asimilacin de sus ideas por parte de un considerable nmero de personas vinculadas a la izquierda poltica.

Noam Chomsky, refirindose a este fenmeno hace veinte aos, dijo:

Los intelectuales de izquierda participaron activamente en la vida animada de la cultura obrera. Algunos buscaron compensar el carcter de clase de las instituciones culturales con programas de educacin obreros o mediante obras de divulgacin que conocieron un xito muy grande sobre matemticas, ciencias y otros temas. Es hiriente constatar que hoy en da sus pretendidos herederos a menudo privan a los trabajadores de estos instrumentos de emancipacin, informndonos, de paso, de que el proyecto de los Enciclopedistas est muerto, que hay que abandonar las ilusiones de la ciencia y de la racionalidad. Ser un mensaje que har felices a los poderosos, satisfechos de monopolizar esos instrumentos para su propio uso 1

La Enciclopedia ilustrada fue concebida como un proyecto grandioso de acumulacin de saber con un claro objetivo poltico y social: la crtica al oscurantismo religioso y al sistema de privilegios del Antiguo Rgimen y la defensa de una nueva sociedad basada en el progreso de las ciencias y las artes, el mrito y los frutos del trabajo. Voltaire, D'alembert, Diderot, D'Holbach, Helvetius, Franklin, Jefferson, Cesare Beccaria y todas las grandes figuras del siglo XVIII tenan muy claro que sin las luces de la razn la humanidad estaba condenada a permanecer para siempre en un eterno estado de minora de edad.

Dirase que hoy, a la vista del rechazo de la ciencia y del universalismo tico por parte de gran nmero de filsofos, lo que se ha llamado postmodernidad no es ms que una vuelta a la premodernidad, a la Edad Media. Estos nuevos brbaros (como acertadamente los llama Mario Bunge) pretenden devolver al mundo a pocas de brumas y tenebrosidad. Pero el mundo no puede avanzar sin ciencia ni razn. La renuncia al conocimiento cientfico hace inviable cualquier proyecto serio de crtica a los poderes poltico-econmico establecidos. Las personas que no se ilustran en el conocimiento de la ciencia y de la filosofa sistemtica no disponen de instrumentos analticos ni herramientas conceptuales para entender nada de lo que ocurre a su alrederor. No son capaces de identificar las causas de los hechos sociales ni los mecanismos por los cuales se producen las diferentes formas de dominacin. Y si no pueden entender lo que ocurre, tampoco pueden elaborar formas de respuesta eficaces, ni por supuesto son capaces de plantear proyectos de construccin de una sociedad alternativa, puesto que no saben lo que tienen que cambiar ni cmo hacerlo.

Millones de personas estn hoy hurfanas de pensamiento slido2. Lejos quedan aquellos aos de Universidades obreras y Ateneos libertarios en los que los trabajadores adquiran los conocimientos de las ms diversas disciplinas y la formacin humanstica pertinente que les haba sido negada por su condicin social.

Desde luego, cabe atribuir a muchos de los intelectuales parte de la culpa de esta situacin, por no haber estado a la altura de los tiempos para ofrecer a los ciudadanos una cosmovisin coherente con lo que los tiempos estaban demandando.

Tras el desprestigio acadmico del marxismo (debido en gran parte al fracaso del sistema sovitico, pero tambin a su osificacin terica), la izquierda busc su propio discurso en terrenos ajenos al materialismo. En realidad, la aceptacin de los mantras de la postmodernidad (relativismo, subjetivismo, irracionalismo) por parte de la izquierda se empez a producir antes de la prdida de hegemona intelectual del materialismo histrico y dialctico. El viraje se comenz a gestar en los aos sesenta, a partir de la irrupcin de los llamados nuevos movimientos sociales. Fue el momento del nacimiento de la nueva izquierda, insatisfecha ante una doctrina marxista cada vez ms anquilosada y unos partidos polticos demasiado vinculados a formas burocratizadas del Estado que hacan inviable la verdadera revolucin en todos los rdenes, tal como era el deseo de los integrantes de esos movimientos sociales (estudiantes, feministas, ecologistas, homosexuales, etc.), cuyas demandas no haban sido suficientemente atendidas hasta entonces por parte de los tericos marxistas clsicos.

El problema es que esta nueva izquierda sustituy muchas veces el dogmatismo de cierta escolstica marxista por un nihilismo de consecuencias igualmente desastrosas. En lugar de dar a luz un nuevo tipo de ideologa, compatible con el desarrollo de la ciencia y la tcnica y con los principios innegociables del humanismo ilustrado, renunci a toda Ilustracin, ignorando de esa forma su propia tradicin y razn de ser.

Todos los movimientos obreros de distinta ndole (socialistas, comunistas y anarquistas), haban sido hasta hace algunas dcadas conscientes de su deuda con los ideales de la Ilustracin dieciochesca. Consideraban que el capitalismo era una traicin a la Ilustracin y, por consiguiente, asuman la posibilidad de la separacin de la ciencia y de la tcnica del discurso ideolgico capitalista, con la intencin de librar a la razn del afn de dominacin economicista y ponerla al servicio de la emancipacin del ser humano, haciendo justicia de este modo al proyecto ilustrado originario.

Sin embargo, en el seno de la izquierda acadmica se produjo una inversin de los valores ticos y epistmicos tradicionales de la izquierda poltica. Como nos cuenta Antoni Domnech, as como las necesidades de propaganda de los bolcheviques acosados por la Entente a comienzos de los aos 20 les llevaron a regalar de barato a la burguesa, al liberalismo y al capitalismo la democracia es decir, el grueso de las luchas obreras europeas hasta 1914, as tambin, pero sin necesidad perentoria alguna que pudiera venir a justificarlo, Adorno y Horkheimer obsequiaron al capitalismo con la Ilustracin 3. A juicio de Domnech, el origen acadmico de la reaccin antiilustrada estara en Dialctica de la Ilustracin, obra en la que los autores de la Escuela de Franckfurt realizan una crtica total de la razn como mero instrumento de dominio de la naturaleza. Esta operacin de desprestigio de lo racional sera posteriormente consolidada por Heidegger y sus aclitos, quienes se tragaron el antihumanismo del alemn hasta sus ltimas consecuencias. Demasiada racionalidad (no la ausencia de ella) fue la causa de la barbarie humana, segn el dictum postmoderno. Los crticos de la razn llegaron a la conclusin de que los campos de concentracin nazis fueron un producto de la tecnociencia, no de la falta de valores ticos, ni de la insuficiencia de la democracia, ni de un sistema econmico generador de miseria y servidumbre.

De ah en adelante, de la mano de Foucault, Derrida, Deleuze, Lacan, Lyotard, Baudrillard, Feyerabend, Khun, Latour y otros muchos, la filosofa renunci a la verdadera crtica, abraz el irracionalismo sin lmites y dio cancha a la pseudociencia, el fraude y la pereza mental, como consecuencia de un ejercicio de deshonestidad intelectual solamente parangonable con su falta de fortaleza tica.

La huida hacia el relativismo de gran parte de esta autodenominada izquierda dinamit todo el potencial de transformacin de las capas populares al tener como consecuencia la separacin de intereses entre movimientos, el individualismo y la ausencia de propuestas sustantivas y serias.

En lugar de centrar sus esfuerzos intelectuales en producir conocimiento, indagar en la bsqueda de la verdad y difundir por todos los medios esa verdad para ponerla a disposicin de la gente, los filsofos se han estado divirtiendo en sus academias a costa del erario pblico que ha sostenido sus salarios de funcionarios conspicuos al servicio de la maquinaria del Estado. La mayora de estos mercenarios intelectuales prefirieron delegar sus responsabilidades y optaron por ocupar su tiempo en menudencias: anlisis espurios del discurso, trabajos antropolgicos de campo basados en la reflexin del observador sobre s mismo, divagaciones sobre el carcter falocntrico de la mecnica de slidos, estudios acerca del uso del dildo como prctica de sexualidad performativa socialmente transgresora y otras cosas por el estilo, tareas todas ellas, suponemos, muy edificantes para quienes se ejercitan en ellas, pero absolutamente ftiles desde el punto de vista del conocimiento y totalmente irrelevantes para la consecucin de una sociedad ms justa 4.

Y as, la sociologa constructivista, la etnografa relativista, la deconstruccin, el pensamiento dbil, la epistemologa feminista, la teora queer y otras tendencias de parecido pelaje consiguieron consolidarse como paradigmas de pensamiento crtico en las facultades de ciencias sociales y humanidades de muchas Universidades, para desgracia de stas. Es curioso (y da que pensar) que todas estas teoras postmodernas se hayan desarrollado en los ltimos aos al abrigo de la subvencin estatal y el cobijo administrativo, a pesar de presentarse muchas de ellas como crticas radicales del sistema. Los enemigos de la razn y de la ciencia no se limitan a atacarlas solamente desde fuera, sino que ahora, gracias al relativo prestigio ganado en la Academia, pueden atacarlas tambin desde dentro, lo que es mucho ms grave.

Como apunta Mario Bunge:

Otrora los impostores intelectuales tenan que ganarse su modesto pasar en la calle, donde embaucaban a los que no podan pagarse una educacin universitaria. Hoy pueden cobrar sueldos decorosos y embaucar a jvenes incautos que asisten a cursos universitarios creyendo que van a aprender conocimientos slidos5

Mientras el intelectual pierde el tiempo estudiando nimiedades, se asla en su torre de marfil y pierde el contacto con la realidad del mundo y sus problemas. Como la objetividad no es ms que una construccin del investigador, se desplaza el centro de inters desde las cuestiones en torno a hechos polticos y econmicos hasta las cuestiones puramente lingsticas. Se sustituyen las realidades sociales por los discursos sobre dichas realidades.

La postmodernidad ha propiciado una manera de hacer filosofa que consiste en atenerse nica y exclusivamente al comentario de los textos de otros filsofos, normalmente con preferencia por algunos considerados sagrados. As, se han creado especialistas en Foucault o Derrida que creen estar haciendo algo importante porque pueden citar de memoria fragmentos enteros de las obras de estos autores, como si dichos autores fueran depositarios de una sabidura universal, eterna, fuente inagotable de soluciones para todo tiempo y lugar. De esta manera, la filosofa puede permanecer encerrada en s misma sin preocuparse de nada de lo que acontece fuera de ella y sin tomar contacto ni por un momento con ninguno de los hechos del mundo. Es una filosofa para filsofos alejada completamente de la realidad del presente.

Si la realidad no existe y todo vale por igual, entonces a cualquiera que quiera indagar en el conocimiento de alguna cosa simplemente le basta con sentarse en el sof de su saln y divagar y escribir todo lo que se le ocurra. Si el conocimiento es solamente un relato, un mito, el trabajo de un historiador que se ocupa de fundamentar sus opiniones en el anlisis escrupuloso de los documentos tiene el mismo valor que el de alguien que extrae sus conclusiones de una obra de literatura fantstica sin haber palpado un solo archivo histrico.

Con la coartada del subjetivismo, tambin la explotacin y la injusticia comienzan a perder su carcter real. Si la opresin del gran capital sobre los trabajadores no es ms que un discurso entre otros, entonces la bsqueda de una explicacin que indague en las causas objetivas, histricas, de dicha opresin est fuera de lugar y, adems, la propia existencia de la opresin es puesta en duda, porque pudiera ser que la bajada de salario que yo percibo como injusta no lo sea, pues no existe un concepto universalmente vlido de justicia, no hay necesidades objetivas (por ejemplo la necesidad de salud o de alimento), mi interpretacin no es ms vlida que la de mi adversario, etc.

Finalmente, puesto que la realidad social es del todo incierta e imprevisible, es intil que me involucre para cambiarla. nicamente tiene sentido que me ejercite en cambiar mi propia realidad.

Como sealaron Alan Sokal y Jean Bricmont en su imprescindible obra Imposturas intelectuales, si la izquierda poltica quiere hoy ser algo ms que una fantasa masturbatoria totalmente ajena a la realidad, es necesario combatir la actual moda del discurso posmoderno/postestructuralista/socialconstructivista (y, ms en general, una tendencia al subjetivismo) 6,que en opinin de los autores, como en la ma, es contrario a los valores de la izquierda y una hipoteca para el futuro de sta 7. Y como ms adelante precisan: Ninguna izquierda puede ser eficaz si no toma en serio las cuestiones relativas a hechos cientficos y a los valores ticos y a intereses econmicos. Lo que est en juego es demasiado importante como para dejarlo en manos de los capitalistas o los cientficos (o los posmodernos) 8.

El principio democrtico-liberal de tolerancia ha dado lugar a formas abusivas de aplicacin, como cuando se dice todas las opiniones son igualmente respetables. Pero la negacin del Holocausto no es una opinin respetable, como tampoco lo es la creencia en la superioridad de los blancos sobre los negros. No son las opiniones las que merecen respeto, sino en todo caso las personas que las emiten. La tolerancia se ejerce sobre el derecho a expresin, no sobre el contenido mismo de lo expresado. Por ello la tolerancia es un valor positivo que implica tanto el respeto activo hacia las personas como la libre crtica de las ideas que dichas personas sostienen.

Debemos ser transigentes con el error, pero no con la impostura. Hemos de pelear contra esta ltima con todas las armas a nuestro alcance, que son las armas de la razn.

Notas:

1 Citado en Daniel Ravents, Noam Chomsky sobre la revolucin cognitiva, el postmodernismo, la libertad de expresin, la democracia y las guerras, en Sin Permiso, n 5

2 Traigo a colacin intencionadamente la expresin pensamiento slido en referencia polmica al trmino modernidad lquida acuado por Zygmunt Bauman.

3 Antoni Domnech, Izquierda acadmica, democracia republicana e Ilustracin. Dilogo con un estudiante mexicano de filosofa en http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=1255

4 Los ejemplos son verdicos, aunque cueste creerlo. Segn la feminista belga Luce Irigaray, el privilegio de la mecnica de slidos sobre la de fluidos, y las dificultades de la ciencia con el flujo turbulento, se debe a la asociacin de los fluidos con lo femenino: Mientras los hombres tienen rganos sexuales protuberantes que se ponen rgidos, las mujeres tienen aberturas que liberan sangre menstrual y fluido vaginal. Aunque los hombres en ocasiones tambin fluyen -al expeler semen- esto no se enfatiza () Del mismo modo que las mujeres quedan borradas en las teoras y el lenguaje masculino y existen slo como no hombres, los fluidos han sido tambin borrados de la ciencia y existen slo como no slidos. Citado en A. Sokal y J. Bricmont, Imposturas intelectuales, Paids, Barcelona, 1999, p. 117

Beatriz Preciado, clebre representante en nuestro pas de la teora queer, escribe en su obra ms conocida: Sacando partido de la estrategia de Marx, esta investigacin sobre el sexo toma como eje temtico el anlisis de algo que puede parecer marginal: un objeto de plstico que acompaa la vida sexual de ciertas bollos y ciertos gays queers, y que hasta ahora se haba considerado una simple prtesis inventada para paliar la discapacidad sexual de las lesbianas. Estoy hablando del dildo. Robert Venturi haba intuido un giro conceptual semejante: la arquitectura deba aprender de Las Vegas. En filosofa es tiempo de aprender del dildo. V. Beatriz Preciado, Manifiesto contrasexual, Anagrama, Barcelona 2011, p.12

5 Mario Bunge, Contra el charlatanismo acadmico, disponible en http://www.lainsignia.org/2007/febrero/cyt_001.htm

6 Alan Sokal y Jean Bricmont, Imposturas intelectuales, Paids, Barcelona, 1999, p. 285

7 Ibid., p. 285

8 Ibid., p. 292

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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