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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-08-2013

Espiando para nosotros
El delito del siglo

Tom Engelhardt
TomDispatch.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Hey, hablemos de espionaje! En los EE.UU. de la Vigilancia, esta tierra espeluznante en la que habitamos ahora, de qu otra cosa bamos a hablar?

Ha habido alguien que creciera como yo en la dcada de los cincuenta que no haya conocido las ltimas palabras del hroe y espa de la Guerra de la Independencia, Nathan Hale, antes de que los britnicos le colgaran: Slo lamento tener una nica vida que perder por mi patria? Lo dudo. Incluso an hoy en da, esa frase, exacta o no histricamente, me produce escalofros. Desde luego, estos das es mucho ms difcil imaginar una aplicacin para una afirmacin tan heroicamente solitaria, no en EE.UU., donde espiar y vigilar son los negocios ms en auge y nuestros ms recientes Nathan Hales son decenas de miles de contratistas de la inteligencia privada corporativamente contratados y entrenados, quienes a menudo no se acercan al enemigo ms que desde una terminal de ordenador.

Qu pensara Nathan Hale si pudiera contarle que la CIA, la agencia de espionaje por excelencia del pas, tiene alrededor de 20.000 empleados (desde luego, no quiere revelar el nmero exacto); o que la Agencia de Inteligencia Geoespacial Nacional, que controla los satlites-espas de la nacin, cuenta con un elenco de 16.000 inquilinos tras el 11/S y una sede de casi 2.000 millones de dlares en los suburbios de Washington; o que nuestros modernos Nathan Hales, multiplicados como liebres, no disponen del equivalente a un britnico al que espiar? Realmente, en el viejo sentido, ya no hay enemigos sobre el planeta. El equivalente de los britnicos de 1776, sera supuestamente al-Qaida?

Es verdad que potencias amigas y menos amigas espan an a EEUU. Quin no recuerda aquel anillo suburbano de parejas de espas que los rusos plantaron aqu? Fue una operacin sofisticada a la que solo le falt acceder a todos secretos de estado, y que el FBI destap en 2010. Pero, en general, en un mundo con una nica superpotencia, sin ningn enemigo obvio, EEUU ha estado levantando su propio sistema de espionaje y vigilancia globales a una escala nunca vista antes, en un esfuerzo por hacer el seguimiento de casi todo el mundo sobre el planeta (como mostraron recientemente los documentos publicados de la Agencia Nacional de Seguridad). Es decir, Washington es ahora un centro de espionaje que vigila no solo a potenciales futuros enemigos sino tambin a sus ms estrechos aliados como si fueran enemigos. Progresivamente, la estructura construida para hacer una parte importante de ese espionaje, est tambin dirigindose cada vez ms hacia los estadounidenses y a un nivel no menos impresionante.

Espas, traidores y desertores en los EE.UU. del siglo XXI

Hoy en da, para los espas estadounidenses, el trabajo de Nathan Hale va unido a beneficios en la sanidad y en la jubilacin. Los superagentes de ese mundo tienen acceso por una puerta giratoria a un garantizado empleo lucrativo a los ms altos niveles del complejo corporativo de la vigilancia y, desde luego, para el espa que necesite escapar, un paracadas dorado. Por tanto, cuando pienso en la famosa frase de Nathan Hale, entre esos cientos de miles de espas y personajillos de las corporaciones, solo me vienen a la cabeza dos estadounidenses, ambos acusados y uno hallado culpable bajo la draconiana Acta de Espionaje de la I Guerra Mundial.

Solo un grupo muy pequeo de estadounidenses podra an citar las palabras de Hale y sentir que tienen algn significado. Cuando el soldado raso de primera Bradley Manning escribi al ex pirata informtico que luego le entregara acerca de la posibilidad de que pudieran encarcelarle de por vida o ejecutarle, no utiliz esas palabras. Pero si lo hubiera hecho, habran sido las adecuadas. El ex empleado de Booz Allen, Edward Snowden, no las utiliz en Hong Kong cuando habl del duro trato que asuma iba a aplicarle su gobierno por revelar los secretos de la Agencia de Seguridad Nacional, pero si lo hubiera hecho, esas palabras no hubieran parecido vacas.

La reciente condena de Manning bajo el Acta de Espionaje por revelar documentos secretos del ejrcito y del gobierno sera un recordatorio de que los estadounidenses estn en un mundo inmerso en una veloz transformacin. Sin embargo, es un mundo cada vez ms difcil de captar con precisin porque los cambios estn superando el lenguaje que tenemos para describirlos y lo mismo ocurre con nuestra capacidad para comprender lo que est sucediendo.

Cojamos las palabras espa y espionaje. A nivel nacional, antes eras un espa implicado en espionaje cuando mediante cualquier subterfugio conseguas secretos de un enemigo, normalmente un Estado enemigo, para el uso de tu propio pas. Sin embargo, en estos ltimos aos, quienes estn siendo acusados bajo el Acta de Espionaje por las administraciones de Bush y Obama no son espas en sentido alguno. Nadie ha sido contratado o entrenado por otra potencia para extraer secretos. De hecho, todos haban sido entrenados por el gobierno estadounidense o por una entidad corporativa aliada. Todos, en su afn de revelarlos, eran independientes (es decir, denunciantes) que podan, en el pasado de EEUU, haber recibido la etiqueta de patriotas.

Ninguno planeaba pasar la informacin en su poder a una potencia enemiga. Cada uno estaba intentando tener una organizacin, un departamento, una agencia, que se ajustara a prcticas buenas o adecuadas y, en los casos de Manning y Snowden, llamar la atencin del pueblo estadounidense sobre los errores y fechoras de nuestro propio gobierno que ignoramos gracias al manto de secretismo arrojado sobre un nmero cada vez mayor de actas y documentos.

Esos denunciantes estaban cometiendo actos de espionaje en la medida en que estaban cogiendo subrepticiamente informacin secreta de las entraas del estado de la seguridad nacional para entregarla a una potencia enemiga, pero esa potencia ramos nosotros, el pueblo, el poder gobernante imaginado en la Constitucin estadounidense. Manning y Snowden crean ambos que la publicacin de los documentos secretos que posean empoderara al pueblo, y nos llevara a cuestionar qu es lo que estaba haciendo el estado de la seguridad nacional en nuestro nombre sin que nosotros lo supiramos. Es decir, si ellos eran espas, entonces estaban espiando al gobierno para nosotros.

Eran infiltrados empotrados en una inmensa estructura cada vez ms secreta que, en nombre de protegernos del terrorismo, nos estaba traicionando de una forma mucho ms aguda. Ambos hombres han recibido el nombre de traidores (Manning en un tribunal militar), mientras que el congresista Peter King llamaba a Snowden desertor, un trmino de la Guerra Fra que no se usa ya prcticamente ms que en la nica superpotencia del mundo. Esas palabras necesitaran, asimismo, de nuevas definiciones para ajustarse a nuestra realidad actual.

En cierto sentido, podra decirse que Manning y Snowden han desertado de los secretos del gobierno estadounidense hacia nosotros. Sin embargo, informal e individualmente, podramos imaginrmelos como espas del pueblo. Lo que sus casos indican es que, en este pas, el peor delito del siglo es ahora espiar a EEUU para nosotros. Eso puede hacer que te maltraten y te torturen en una prisin militar estadounidense, o que te veas atrapado en un aeropuerto de Mosc, con tu carrera o tu vida en la ruina.

Desde el punto de vista del estado de seguridad nacional, espiar tiene ahora dos significados destacados. Significa espiar al mundo y espiar a los estadounidenses, pero ambas actuaciones a escala masiva. En ese proceso, esa emergente estructura se ha convertido en el secreto ms preciado de Washington, aparentemente frente a nuestros enemigos, pero realmente frente a nosotros, y, como hemos aprendido hace poco, incluso frente a nuestros representantes electos. El objetivo de ese estado es hacer que el pueblo estadounidense sea mucho ms absorbible, que puedan diseccionarse y trocearse nuestras identidades, hacindolas circular por la burocracia laberntica del mundo de la vigilancia y almacenando nuestros bytes a fin de explotarlos segn les convenga.

El gobierno de los vigilantes, por los vigilantes y para los vigilantes

Si los documentos de Edward Snowden revelan algo es que el frenes de la construccin desde las nuevas sedes a los nuevos centros de datos- que ha sido la marca del mundo de la inteligencia desde el 11-S, ha ido acompaado de un similar frenes constructivo en el mundo online y en las comunicaciones telefnicas. No cabe duda de que no conocemos an el alcance de todo eso, pero es evidente que desde PRISM hasta XKeyscore, la comunidad de inteligencia estadounidense ha estado creando un laberinto de redundantes mecanismos de vigilancia que imitan el inmenso crecimiento y redundancia del mismo mundo de la inteligencia, de las 17 organizaciones y agencias de esa comunidad y de todas las pequeas organizaciones u oficinas que ni siquiera se incluyen en esa asombrosa cifra.

La verdad es que, gracias a nuestros espas, sabemos mucho ms acerca de cmo el mundo estadounidense, nuestro gobierno, funciona realmente, pero todava no sabemos qu es exactamente esa cosa que est construyndose. Pero puede que incluso sus creadores se sientan perdidos respecto a qu estn exactamente haciendo en ese proceso de construccin. Quieren que confiemos en ellos, pero la gente no debera poner su confianza en los generales, en los burcratas de alto nivel y en los espas que ni siquiera parpadean a la hora de mentir a nuestros representantes, que no pagan precio alguno por ello y que estn creando un mundo que est de hecho ms all de nuestro alcance. Nos faltan palabras para lo que nos est sucediendo. Todava tenemos que darle nombre.

Al menos est ms claro que nuestro mundo, nuestra sociedad, es de naturaleza cada vez ms imperial, reflejando en parte el modo en que nuestras guerras post-11/S han vuelto a casa. Con sus crecientes desigualdades econmicas, EEUU es cada vez ms una sociedad de gobernantes y gobernados, de vigilantes y vigilados. Esos vigilantes tienen cientos de miles de espas para hacer el seguimiento de todos nosotros y de otros sobre el planeta, y no importa lo que hagan, no importa las lneas que crucen, no importa lo deleznables que puedan ser sus actos, nunca se les castiga por ello, ni siquiera pierden su empleo. Por otra parte, tenemos una cifra pequesima de vigilantes voluntarios de nuestra parte. En el momento en que se dan a conocer o son detectados por el estado de la seguridad nacional, pierden automticamente su empleo y eso es solo el principio de las penas que van a sobrevenirles.

Todos los que estn al frente del nuevo estado vigilante no dudan, ni lo ms mnimo, en sacrificarnos en el altar de sus planes, todo en aras al bien comn, segn ellos lo definen.

Desde luego, esto no tiene nada que ver con ninguna imaginable definicin de democracia o de repblica, desaparecidas hace tanto tiempo. Esto forma parte del nuevo estilo de vida de los EEUU imperiales, en los que el gobierno de los vigilantes, por los vigilantes y para los vigilantes no va a desaparecer de la Tierra.

Quienes nos observan ellos diran sin duda nos vigilan, como si nos protegieran- no son los Nathan Hales. Su versin de su frase podra ser: Solo lamento no tener ms que una vida para entregar por mi patria: la vuestra.

[Nota sobre Nathan Hale: All por la dcada de los cincuenta, aprendimos su famosa frase: Solo lamento tener una nica vida para entregar por mi pas. Sin embargo, es ms probable que dijera: Solo lamento no tener ms que una vida que perder por mi pas. O, desde luego, es posible que no dijera ni una cosa ni otra. No lo sabemos.]

Tom Engelhardt, es cofundador del American Empire Project y autor de The End of Victory Culture , una historia sobre la Guerra Fra y otros aspectos, as como de la una novela: The Last Days of Publishing y de The American Way of War: How Bushs Wars Became Obamas (Haymarket Books). Su ltimo libro, escrito junto con Nick Turse es: Terminator Planet: The First History of Drone Warfare, 2001-2050 .

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/175733/tomgram%3A_engelhardt,_spying_for_us/



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