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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2013

A cuarenta aos: crnica de un golpe de estado (XIV)
La muerte de Augusto

lvaro Cuadra
Rebelin


1.- Los funerales de Pinochet

La historia, a veces, resulta irnica. Augusto Pinochet muere el 10 de diciembre de 2006, el da en que el mundo celebra el da de los Derechos Humanos. El protagonista de una las ms cruentas dictaduras del siglo XX, acusado, precisamente, de crmenes de lesa humanidad mora aquel da en el Hospital Militar de Santiago, enriquecido e impune.

En todo el pas hay dos sentimientos: Quienes celebran la muerte del dictador y aquellos seguidores de Pinochet que lamentan su partida. La figura controversial de Augusto Pinochet ha sido capaz de generar el fanatismo de algunos y el odio de muchos hasta el presente. Para los que defienden su legado se trat de un hroe, un libertador, para sus detractores se trata a todas luces de un traidor y un criminal. Si bien nunca se le reconoci su condicin de presidente de la repblica y, por tanto no se le rindieron honores de estado, s se le reconoci como Comandante en Jefe de su ejrcito.

La muerte de Pinochet trajo a la memoria de los chilenos todo lo acontecido tres dcadas antes, marcando la profunda divisin que suscit la dictadura militar entre amigos y enemigos, vctimas y victimarios, de un rgimen de violencia extrema. Lo cierto es que su muerte no dej a nadie indiferente. Quizs el gesto ms elocuente fue aquel que protagoniz Francisco Cuadrado, nieto del ex Comandante en Jefe, general Carlos Prats, quien fuera asesinado por la DINA en Buenos Aires en 1974. El nieto de Prats lanz un escupitajo sobre el fretro de Augusto Pinochet representando con ello el deseo de una amplia mayora de compatriotas.

2.- Los viudos de Augusto

Ms all del funeral de Pinochet, hay una proyeccin poltica e histrica de su dictadura que marca el ahora de Chile. Hasta nuestros das el pas vive bajo un espacio judicativo fraguado por las elites polticas y empresariales al amparo de la dictadura. Esto significa que la institucionalidad que nos rige es la obra poltica del dictador. Los jvenes de Chacarillas se han convertido hoy en figuras relevantes de la extrema derecha, organizados en la UDI (Unin Demcrata Independiente), fundada por Jaime Guzmn, una de las eminencias del rgimen. Los viudos de Augusto se han dado a la cruzada de salvaguardar la herencia del dictador, preservando en primer lugar aquella constitucin construida a la medida de la derecha triunfante tras el golpe de estado.

Hasta el presente, el pinochetismo sigue vigente como ficcin hegemnica en la derecha chilena. Travestido hoy con ropajes populistas, UDI-Popular, su lder Pablo Longueira ha sido capaz de convertir este partido poltico en el ms numeroso del pas, desplazando toda opcin liberal en este sector poltico. Este maridaje entre el empresariado y sectores de las fuerzas armadas fue consolidado en Chacarillas y bendecido por el fundamentalismo catlico expresado en el Opus Dei. Se podra afirmar que el pinochetismo logr anudar las fuentes histricas del pensamiento de derechas en Chile esto es, el nacionalismo, el conservadurismo catlico y el liberalismo econmico.

El golpe de estado en Chile fue el crisol que logr la sntesis de los diversos sectores que componen la derecha criolla. Este hecho singular fue posible ante la percepcin de este sector de una amenaza comn, ms ficticia que real, que llamaron el comunismo internacional Esto explica aunque sea parcialmente, cierta homogeneidad en el pensamiento de derechas, anclado a un imaginario oligrquico de confrontacin y amenaza que no ha sido posible superar. Por ello en la actualidad se constata en la sociedad chilena un orden tecno econmico de raigambre neoliberal y un orden poltico conservador en extremo.

Los viudos de Augusto siguen ordenando las filas de la derecha y condicionando el desarrollo de una frgil democracia de baja intensidad en una singular modernidad oligrquica, tal como sealan algunos tericos. Lejos de debilitar esta visin, la muerte de Pinochet desplaza al espacio mtico su figura, cristalizando en las elites un pensamiento de extrema derecha capaz de sobrevivir al decurso histrico. Este hecho fundamental resulta ser un lastre para cualquier proyecto democrtico serio, pues representa una oposicin radical al cambio que es visto como un peligro a los privilegios de una clase exclusiva y excluyente. Por lo mismo, se podra aventurar que este tipo de pensamiento anidado en la derecha chilena es, tambin, un riesgo presente y futuro para las polticas de reformas democrticas.

3.- Ha muerto Augusto Pinochet?

Hoy que soplan vientos de cambio en nuestra sociedad, es conveniente reflexionar sobre los alcances de un mito operante en el pensamiento de derechas. Una derecha que no adscribe a los cambios democrticos, sobre todo cuando se trata del sector hegemnico, es, insistamos, un riesgo para cualquier gobierno. Es claro que el pensamiento de derechas se ha atrincherado en su versin ms dura, impidiendo su propia renovacin desde su interior. Una derecha extrema no es garanta para un gobierno democrtico que anhela reformas profundas al sistema poltico de manera pacfica. Mucho menos cuando este tipo de pensamiento se encuentra en muchos oficiales de las fuerzas armadas, muchos de ellos formados durante la dictadura militar.

Desde el llamado retorno a la democracia se ha silenciado el tema de las fuerzas armadas convirtindolo en los hechos en un tab, polticamente incorrecto. Sin embargo, all radica una de las claves para una reconstruccin democrtica de Chile. No basta reclamar la asepsia poltica de los uniformados, se trata ms bien de incorporar a los uniformados a los desafos histricos que se est planteando el pueblo de Chile hacia un sistema democrtico ms justo y participativo. La dictadura militar no solo instrumentaliz a las fuerzas armadas sino que en rigor, politiz las instituciones castrenses. De hecho, hasta hace poco, la carrera militar culminaba en el senado de la repblica. Por ello, reclamar la democratizacin de las fuerzas armadas es un legtimo reclamo ciudadano para hacer de tales instituciones un factor de desarrollo social democrtico en tiempos de paz.

A diferencia de lo acontecido en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, en Chile no hubo ningn juicio de Nremberg ni un proceso de desnazificacin. Durante aos muchos verdugos de la dictadura siguen annimos e impunes, muchos de ellos incrustados en la casta poltica de la derecha. El mito Pinochet se afirma, entre otros factores, en la impunidad de su propia muerte y la de los secuaces que le sobreviven. La ausencia de castigo ante los graves crmenes cometidos durante la dictadura envalentona a una derecha que sigue hasta el presente defendiendo el legado constitucional de la dictadura, sin atender siquiera a las miles de vctimas de aquel rgimen de terror. De poco sirven las pruebas contundentes en torno a la violacin de derechos humanos o el enriquecimiento ilcito de muchos cmplices de la dictadura y de Pinochet mismo. Hasta la actualidad, una derecha insolente desafa de igual a igual a los sucesivos gobiernos democrticos, vetando toda posibilidad de cambios. Se ha llegado al extremo de rendirle homenajes al extinto dictador a travs de una serie de organizaciones espurias que han convertido a Pinochet en un lucrativo negocio.

Ha muerto Augusto Pinochet? La pregunta pareciera absurda cuando ya un nfora contiene sus cenizas. No obstante, el mito Pinochet sigue vivo en el imaginario de las elites empresariales, polticas y militares. Todo cuanto represent el golpe de estado sigue plenamente vigente en sectores de chilenos. En este preciso sentido, la respuesta es no, Pinochet no ha muerto. Los fanatismos que suscita la muerte de Augusto exteriorizan comportamientos pre reflexivos nada fciles de desarraigar. La figura del dictador ha marcado a una o ms generaciones de chilenos que sienten los cambios democrticos como una amenaza a su modo de vida Augusto Pinochet sigue vivo en su constitucin que prescribe un estado policial, sigue vivo en el fanatismo ciego de sus seguidores y, al igual que la peste, sigue vivo en los rincones ms sucios de muchos cuarteles, esperando un momento de debilidad democrtica para volver como una mortal epidemia sobre toda la sociedad.



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