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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2013

Los libros en la hoguera

Renn Vega Cantor
Rebelin


[] el fuego destruye todo, libros incluidos, pero nunca puede destruir los sentimientos, el saber y la Memoria. Mempo Giardinelli

Quemar libros en forma premeditada indica el grado de barbarie a que puede llegar una sociedad, como se evidenci en diferentes momentos del siglo XX, algunos de los cuales son evocados en este artculo. Es importante rememorar los pormenores de este crimen cultural ahora que se han cumplido 80 aos de la masiva combustin de obras escritas en la Alemania nazi y 35 aos de la quema de libros en Bucaramanga por parte de un furibundo inquisidor catlico que ahora ocupa una alta posicin en el Estado colombiano.

Alemania: bibliocausto nazi

El 30 de enero de 1933 Adolf Hitler fue proclamado como Canciller de Alemania y pronto se vieron las consecuencias culturales de esta designacin. El 4 de febrero se dict una ley para la Proteccin del Pueblo Alemn que restringi la libertad de prensa y precis las normas que permitiran requisar el material impreso que fuera considerado como peligroso. El 5 de febrero fueron atacadas las sedes del partido comunista en varias ciudades de Alemania y se destruyeron sus bibliotecas. El 27 de ese mismo mes fue incendiado el Parlamento, El Reichstag y se quemaron todos sus archivos.

Uno de los principales lugartenientes de Hitler era Josef Gbbels, designado el 1 de abril de 1933 como ministro de Propaganda, quien se dio a la tarea de purificar la educacin y la cultura alemana. Como parte de esa limpieza cultural, el 8 de abril dirigi un memorndum a las organizaciones estudiantiles de los nazis en donde remarcaba la urgencia de destruir los libros peligrosos, que se encontraran depositados en las bibliotecas. A finales de marzo se inici la quema de libros, lo cual prosigui durante todo el mes de abril en algunos lugares del pas, aunque estos hechos todava eran algo aislados

El verdadero bibliocausto empez el 5 de mayo, cuando en la ciudad de Colonia los estudiantes de la Universidad ocuparon la biblioteca y seleccionaron los libros de autores judos y comunistas y luego los incendiaron. Esto anticipaba lo que vendra inmediatamente despus, puesto que el da 10 de mayo se program una multitudinaria reunin con el objetivo de efectuar una quema pblica de libros. En la ciudad de Berln, los estudiantes de la Universidad Wilhelm Von Humboldt recogieron unos 25 mil libros prohibidos y les prendieron fuego en la Plaza de la Opera, gritando consignas contra la clase materialista y utilitaria y por una comunidad de Pueblo y una forma ideal de vida. Joseph Goebbels en persona presida el macabro evento y para darle relieve al acontecimiento pronunci un discurso en el que anunciaba los motivos de la heroica accin contra los libros. Sin rodeos sostuvo que la poca extremista del intelectualismo judo ha llegado a su fin y la revolucin de Alemania ha abierto las puertas nuevamente para un modo de vida que permita llegar a la verdadera esencia del ser alemn. Seal que durante los pasados catorce aos Uds., estudiantes, sufrieron en silencio vergonzoso la humillacin de la Repblica de Noviembre, y sus bibliotecas fueron inundadas con la basura y la corrupcin del asfalto literario de los judos. Segn l, esa situacin se torn intolerante y por eso la juventud alemana ha reestablecido ahora nuevas condiciones en nuestro sistema legal y ha devuelto la normalidad a nuestra vida [...] Uds. estn haciendo lo correcto cuando Uds., a esta hora de medianoche, entregan a las llamas el espritu diablico del pasado [...] El anterior pasado perece en las llamas; los nuevos tiempos renacen de esas llamas que se queman en nuestros corazones [...]i.

Se quera borrar el pasado y la memoria, para construir sobre sus ruinas el Tercer Reich, que se pretenda iba a durar mil aos. Por ello, en la hoguera se encontraban las obras de grandes pensadores que haban enaltecido al arte, la ciencia, la poltica y el conocimiento. All ardieron libros de Carlos Marx, de Sigmund Freud, Heinrich Mann, Emil Ludwig, Eric Marie Remarque, Heinrich Heine, Bertolt Brecht, Stefan Zweig, Emilio Zola, H.G. Wells, de un total obras que correspondan a unos 5.500 autores de Alemania y otros pases del mundo. Al unsono, en otras 22 ciudades de Alemania se quemaban libros y durante ese trgico mes de mayo millones de libros fueron devorados por el fuego, en medio de la celebracin histrica de una juventud enceguecida por el odio sectario contra toda obra escrita que fuera considerada como juda, comunista o antialemana.

Heinrich Heine, un poeta decimonnico de Alemania, cuyas obras tambin fueron consumidas por el fuego nazi, haba dicho en 1821 que all donde los libros son quemados, al final tambin son quemados los hombres. Esta prediccin result terriblemente cierta porque antes de que, literalmente, empezaran a ser asados los seres humanos, primero se fundieron los libros que fueron el conejillo de indias de los hornos crematorios que vendran despus. Primero se calcinaron los papeles en las hogueras pblicas y luego los cuerpos de hombres y mujeres en los campos de concentracin.

La leccin alemana de Hitler, que tendra un gran alcance durante todo el siglo XX, se basaba en el presupuesto que la purificacin de un pas debera comenzar por la eliminacin fsica de los productos culturales que se definan como inmorales y corruptores del espritu de un pueblo. Algunos autores haban entendido claramente el impacto que traera el nazismo sobre los libros, tal y como lo anticip el escritor Joseph Roth, quien desde antes del ascenso de Hitler haba anunciado: "Van a quemar nuestros libros". Y en efecto sus obras tambin fueron destruidas y el autor se vio obligado a huir y exiliarse en Pars en donde morira en 1939.

Chile, 1973: pinochetazo a los libros

La leccin alemana de Hitler sera replicada en Amrica Latina en la dcada de 1970 y el primer pas donde se puso en prctica fue en Chile. Luego del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 contra el gobierno de Salvador Allende, la dictadura asesina de Augusto Pinochet aparte de masacrar, torturar y perseguir con saa a quienes haban apoyado a la Unidad Popular, inici un proyecto de reconstruccin cultural, que tena como misin principal extirpar las ideas revolucionarias del alma de los chilenos, especialmente de los jvenes. La dictadura se declar antimarxista y persigui todo lo que considerara relacionado con el marxismo, en donde se incluan libros, revistas y peridicos.

Desde un primer momento procedi a destruir las editoriales de izquierda, con lo cual eliminaba uno de los proyectos centrales del gobierno de Allende, que haba fundado en 1971 la Editorial Quimant (una palabra indgena que significa Sol del Saber). Esta empresa produca libros a bajo precio y durante sus dos aos de existencia public 250 ttulos, que en total sobrepasaron los diez millones de ejemplares, y lleg a editar 500 mil libros al mes. Fue un proyecto encaminado a llevar la literatura y el pensamiento a los ms pobres de Chile, como lo recordaba aos despus Joaqun Gutirrez, su director: La gente andaba con sus libritos en la mano para leer en los buses. Era muy lindo el cario que se despert en los trabajadores por la cultura [...] Logramos cambiar socialmente el panorama del libro, porque hasta ese momento era privilegio de una eliteii.

En el momento del golpe se encontraban en las bodegas de Quimant miles de ejemplares y otros tantos estaban en proceso de elaboracin. La jaura militar allan la sede de la editorial y guillotin las obras completas del Che Guevara, junto con miles de libros de muchos autores, y no solamente marxistas. Como para mostrar el sentido que tena este crimen cultural, la televisin lo transmiti a todo Chile, con el sentido de aterrorizar a escritores, intelectuales, estudiantes y pensadores que fueran de izquierda y tuvieran alguna relacin con el gobierno de la Unidad Popular. La destruccin de libros no fue un exceso de las primeras horas del cruento golpe de Estado, sino una accin planificada porque cuando fueron allanadas las sedes de los partidos de izquierda se prendi fuego a los materiales bibliogrficos que all se encontraban. Eso sucedi con las oficinas del Partido Socialista que fueron derrumbadas a caonazos y quemados los impresos que all se encontraban. A su vez, desde las ventanas del cuarto piso de la sede del MAPU, los militares lanzaban a la calle miles de libros.

La destruccin de libros prosigui durante las primeras semanas del golpe. Por ejemplo, el 23 de septiembre fue ocupada la Remodelacin San Borja, un conjunto habitacional que haba sido construido hacia poco tiempo. El allanamiento dur 14 horas y durante ese tiempo se atiz una hoguera con libros y panfletos polticos. All se quemaron miles de libros de filosofa, poltica, sociologa, historia, literatura, de autores de Amrica Latina y del resto del mundo. Todo lo que se considerara como marxista o cercano terminaba en la hoguera.

El historiador uruguayo Carlos Rama, quien presenci en forma directa estos viles acontecimientos, relat que los allanamientos se repitieron miles de veces a lo largo de todo Chile: Los soldados allanan las casas, examinan la documentacin de sus habitantes y revisan por si tienen armas y libros. Si los tienen, y eso es normal en un pas como Chile, toman todos los que digan en la tapa Marx o Lenin (aunque sea para refutarlos...), las revistas y diarios favorables al gobierno de Allende (aunque no sean marxistas) y todo cuanto se haba impreso sobre el fascismo, y lo queman.

En estas condiciones, el solo hecho de tener libros se convirti en un delito a los ojos de los cultos militares que aniquilaban el tejido democrtico de la sociedad chilena. Esto gener como mecanismo de sobrevivencia la autocensura, porque profesores, estudiantes, profesionales, empleados y obreros se vieron obligados a destruir sus propias bibliotecas, con lo cual se consumaba el genocidio bibliogrfico que hizo retroceder a Chile en materia cultural varias dcadas con respecto a los avances logrados durante la Unidad Popular, porque como lo deca el mencionado historiador: El pequeo avance conseguido en los ltimos tres aos en materia de cultura de masas, libros populares, bibliotecas al alcance de los obreros y los jvenes. Todo eso est perdido.

Carlos Rama conclua su dolorosa crnica sobre la quema de libros en Chile afirmando que si hasta el golpe de Pinochet no conocamos el caso de la persecucin a los libros y la quema de bibliotecas, era por la razn muy obvia que no tenamos muchos libros para destruir, y recin ahora comenzamos a tenerlos, y por tanto algunos a temerlos. Estaremos condenados a otros cien aos de barbarie analfabeta?iii.

En Chile, por lo visto en los ltimos 40 aos de retroceso educativo, escaza produccin literaria y poca reflexin intelectual crtica, se puede decir que se impuso esa barbarie analfabeta propia del capitalismo neoliberal, en realidad uno de los objetivos perseguidos por Pinochet, y sus secuaces militares y civiles.

Argentina 1976: golpe a los libros

La dictadura que se instaur en Argentina en marzo de 1976 alcanz unos impresionantes niveles de brutalidad. No slo masacr y desapareci a miles de jvenes, sino que adems emprendi una reconstruccin cultural de la nacin. Como parte de dicho proyecto se prohibi la lectura de una amplia gama de autores, los que fueran considerados como subversivos, comunistas o peronistas. Los militares-inquisidores enseaban a los padres la forma cmo deban vigilar lo que lean sus hijos, para detectar la infiltracin marxista en las escuelas, como se registraba a comienzos de 1977 en un artculo con instrucciones precisas para captar dicha infiltracin: "Lo primero que se puede detectar es la utilizacin de un determinado vocabulario, que aunque no parezca muy trascendente, tiene mucha importancia para realizar ese transbordo ideolgico (sic) que nos preocupa. Aparecern frecuentemente los vocablos: dilogo, burguesa, proletariado, Amrica Latina, explotacin, cambio de estructuras, compromiso, etc.. Tambin indicaba que la subversin educativa utilizaba otro sistema sutil, que consista en que los alumnos comenten en clase recortes polticos, sociales o religiosos, aparecidos en diarios y revistas, y que nada tienen que ver con la escuela. De la misma forma, el trabajo grupal que ha sustituido a la responsabilidad personal puede ser fcilmente utilizado para despersonalizar al chico. Estas son las tcticas utilizadas por los agentes izquierdistas para abordar la escuela y apuntalar desde la base su semillero de futuros combatientes". Por supuesto, al final del artculo se sugera a los padres que deban vigilar, participar y presentar las quejas que estimen convenientes"iv.

Como parte del proceso de reconstruccin de la nacin argentina en que se embarc la junta militar no slo se transformaron los programas educativos, sino que se censuraron autores y libros, catalogados como subversivos, y se procedi, como en Alemania y Chile, a quemar los libros y, cuando pudieron, a encarcelar, matar, exiliar o desaparecer a sus autores. El 29 de abril, un mes despus del golpe, se quemaron los primeros libros en la ciudad de Crdoba, donde los militares hicieron una fogata con obras de Gabriel Garca Mrquez, Eduardo Galeano, Julio Cortzar, Pablo Neruda, entre otros. Luciano Benjamn Menndez, el milico que diriga tan valerosa accin de armas, pretenda que no quedara nada de estos libros, folletos, revistas [] para que con este material no se siga engaando a nuestros hijos. Y en forma perentoria seal: De la misma manera que destruimos por el fuego la documentacin perniciosa que afecta al intelecto y nuestra manera de ser cristiana, sern destruidos los enemigos del alma argentinav. Este siniestro personaje no deca nada original, porque simplemente reproduca lo mismo que haban afirmado Gbbels, Pinochet y otros inquisidores del siglo XX, a la hora de justificar la destruccin fsica de los libros.

Lo que deca este militar revelaba la magnitud del proyecto intelectual y cultural de los militares argentinos, dentro del cual haba que incluir la destruccin de libros, un crimen cultural que se intensific en los siguientes aos. As, el 27 de febrero de 1977 fueron echados al fuego unos 90 mil libros de la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), uno de los ms prestigiosos sellos de todo el continente y un objetivo apetecido por la dictadura y la extrema derecha de Argentina, debido a su rica y variada produccin intelectual y acadmica. Antes del golpe de 1976, grupos de la extrema derecha ya haban procedido contra la editorial. El hecho ms notorio se present en julio de 1974, cuando uno de estos grupos atrac a mano armada la imprenta donde se impriman los libros de EUDEBA y al grito dnde est El marxismo de Lefebvre? procedi a prenderle fuego a una parte del material bibliogrfico que all se encontrabavi.

La quema ms emblemtica se efectu el 26 de junio de 1980, cuando se lanz a las llamas un milln y medio de libros del Centro Editor de Amrica Latina, un sello fundado y dirigido por Boris Spivacow, un matemtico hijo de emigrados rusos y que antes haba sido gerente de EUDEBA. El escritor Mempo Giardenelli recuerda ese trgico hecho: Da fro y gris, pero no llueve. La accin en Sarand, partido de Avellaneda, provincia de Buenos Aires. [] entran y salen camiones cargados de libros. Son veinticuatro toneladas de libros. En silencio, suboficiales, soldados y policas vacan lentamente el depsito bajo las escrutadoras severas miradas de oficiales del Ejrcito Argentino, algunos muy jvenes. En el hecho estuvo presente el propio Spivacow, quien vio cmo, en pocas horas, el fuego deshizo su labor editorial de muchos aos de esfuerzo y dedicacin. De esta manera se quemaban aos de saber, de cultura, de investigaciones, de sueos y ficciones y poesas. Y se quem una parte esencial de la Argentina ms hermosa, incinerada por la Argentina ms horrenda y criminalvii.

Como tener cierto tipo de libros ya era considerado un delito, una de las consecuencias ms perversas de la censura y de la quema de literatura por la dictadura consisti en que la gente se vea obligada a deshacerse de sus libros y documentos personales, en muchos casos tambin por medio del fuego. Algo similar hicieron los editores que empezaron a quemar por su propia voluntad volmenes que figuraban como peligrosos en la lista roja de los militares, con lo cual se impuso la autocensura y la autodestruccin bibliogrfica. Desaparecieron editoriales crticas, independientes y de tradicin de izquierda, y otras fueron diezmadas o transformadas a la fuerza. Como otro efecto de larga duracin, las personas dejaron de leer en el transporte pblico, porque los militares consideraban que esa era una conducta tpica de los jvenes subversivos.

Colombia, 1978: un cruzado medieval redivivo

En el mismo momento en que las tenebrosas dictaduras de Seguridad Nacional quemaban libros en Chile y Argentina, en Colombia aconteca un hecho similar en el ao de 1978. El 13 de mayo en la ciudad de Bucaramanga fueron calcinados en plaza pblica libros y revistas, que eran catalogados por los organizadores de la accin inquisitorial como un desagravio a la siempre virgen Mara. La fecha escogida no era casual, porque ese es el da de la Virgen, y quienes convocaban a la hoguera bibliogrfica se presentaban a s mismos como cruzados medievales que con las llamas, atizadas con los libros, iban a purificar los espritus de la poblacin bumanguesa.

Para invitar al inquisitorial evento se difundieron volantes, que fueron pegados en sitios estratgicos de la ciudad, que portaban la firma de la Sociedad de San Pio X, entidad que estaba conectada con la tenebrosa Tradicin, Familia y Propiedad. Uno de esos volantes deca en forma textual:

La Sociedad de San Pio X y su rgano informativo EL LEGIONARIO INVITAN AL ACTO DE FE, en donde se quemaran revistas pornogrficas y publicaciones corruptoras. Estos actos se realizaron el 13 de mayo, a las 8 de la noche en el parque de San Pio X, en desagravio a Nuestra Seora, la siempre VIRGEN MARIA, madre de Dios y madre nuestra. NOTA: Lleve Ud. peridicos, revistas o libros pornogrficos para quemarviii.

La noche indicada se reunieron unos cuantos fanticos catlicos que procedieron a incinerar libros de Carlos Marx, Ren Descartes, Friedrich Nietzsche, Vctor Hugo, Marcel Proust, Jos Mara Vargas-Villa, Thomas Mann, de Gabriel Garca Mrquez, algunas revistas de educacin sexual y una biblia protestante.


A diferencia de los casos antes mencionados en este artculo, lo de Bucaramanga no era un acto oficial, promovido por el Estado, sino un evento organizado por particulares. El asunto hubiera sido una ancdota trgica, que devela el sectarismo de ciertos sectores de la extrema derecha, si no es porque uno de los individuos que carboniz libros con su propia mano en aquel sbado de mayo de 1978 se desempea en la actualidad como Procurador General de la Nacin. Ese personaje particip en ese crimen cultural, que estuvo acompaado del robo de textos de la biblioteca pblica Gabriel Turbay. En una foto publicada en Vanguardia Liberal de Bucaramanga se observa, en primer plano, al citado individuo con un megfono y tirando papeles a una hoguera.

A partir de este hecho, tpico de la inquisicin medieval, no sorprende que hoy la Procuradura General de la Nacin persiga y censure a todos aquellos que piensan distinto o disientan con las concepciones clericales del jefe del Ministerio Pblico. No es extrao que desde all se respire el tenebroso aire confesional que tanto dao le ha hecho a este pas y que fue el pan cotidiano de los colombianos durante la larga hegemona conservadora (1886-1930) y durante los gobiernos de Laureano Gmez y Gustavo Rojas Pinilla (1950-1957) y que en estos momentos est en marcha una campaa oficial contra las relaciones homosexuales y al aborto, al tiempo que se exonera, aplaude y premia a reconocidos criminales, algunos de los cuales han ocupado altos cargos burocrticos en el Parlamento y en otras instancias administrativas.

Que un individuo gris y mediocre haya pasado de quemar libros a ocupar uno de los ms altos cargos del Estado indica en gran medida cmo es la Colombia actual, en la que no se necesita ninguna preparacin intelectual, sino simplemente ser un inquisidor o un censor, con el mismo nivel de brutalidad y cinismo que caracteriza a los grandes medios de comunicacin y que a diario someten al linchamiento pblico a todo aquel que no comulga con el orden establecido y/o piensa distinto. Esto es muy costoso en un pas en guerra, como lo estamos, porque no sobra recordar que destruir libros genera pnico, ya que es un acto encaminado a intimidar y confundir a la gente. Por esta razn, quienes destruyen los libros saben el impacto que produce su miserable accin, porque cmo lo dice el venezolano Fernando Bez: Los biblioclastas saben que, sin la destruccin de los libros y documentos, la guerra est incompleta, porque no basta con la muerte fsica del adversario. Tambin hay que desmoralizarlo. Sin destruir los libros no se termina de ganar la guerra. Y una tctica frecuente consiste en suprimir los principales elementos de identidad cultural, que suelen ser los que ms valor proporcionan para asumir la resistencia o la defensaix.

En conclusin, la guerra contra los libros forma parte de un proyecto retrogrado que pretende impedir que la gente piense, analice y reflexione sobre los problemas de su propia sociedad y del mundo, algo en lo cual la palabra escrita es fundamental. Ese ataque aleve a las obras escritas pretende tambin borrar la memoria de los pueblos y aniquilar sus experiencias de lucha, porque como lo deca el periodista argentino Rodolfo Walsh: "Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan hroes y mrtires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece as como propiedad privada cuyos dueos son los dueos de todas las otras cosas". Adems, la quema de libros es un intento por silenciar a aquellos autores incomodos, mediante el escarnio pblico, con la pretensin vana de que as se bloquea la circulacin de las ideas peligrosas y se evita la contaminacin de una sociedad, como lo ha hecho el atrabiliario personaje que hoy ocupa la Procuradura General de la Nacin en Colombia. Ojala que la revista en la que publicamos este artculo, no sea el prximo blanco de los Torquemadas criollos y no se le someta a la ardiente crtica de una crepitante hoguera alimentada de papel impreso, y atizada por el fuego del odio y la intolerancia de los cruzados medievales que nos acechan a diario.


(*) Artculo publicado en papel en la Revista Cepa No. 17 que empieza a circular en Colombia.


Notas:

i. Citado en Fernando Bez, El bibliocausto nazi, en http://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero22/biblioca.html

ii. Joaqun Gutirrez: "Hicimos la revolucin del libro". La Tercera, diciembre 28 de 1999, disponible en http://www.meliwaren.cl/articulo.php?id_articulo=88.

iii. Carlos Rama, La quema de libros en Chile, febrero de 1974, disponible en http://www.magicasruinas.com.ar/revistero/aquello/revaquello071.htm

iv. http://cronicasdelahistoria.blogspot.com/2007/10/vigilar-participar-denunciar.html

v. La Opinin, 30 de abril de 1976, citado en Dia de la Vergenza del libro argentino en la Casa por la Memoria, en http://comisionporlamemoria.chaco.gov.ar/sitio/?p=1122

vi. Marcelo Mazzarino, La hoguera del miedo, en http://www.voltairenet.org/article136818.html

vii. Mempo Giardinelli, 24 toneladas de fuego y memoria, Pagina 12, junio 26 del 2013.

viii. Citado en El triste aniversario de la quema de libros, en http://www.semana.com/nacion/articulo/el-triste-aniversario-quema-libros/342756-3

ix. Fernando Bez, Sin destruir los libros no se gana la guerra, en La Nacin, abril 10 de 2005.


Renn Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedaggica Nacional, de Bogot, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volmenes), Editorial Pensamiento Crtico, Bogot, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volmenes), Editorial Pensamiento Crtico, Bogot, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008. Su ltimo libro publicado es Capitalismo y Despojo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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