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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2013

Cuando la inocencia no es sinnimo de bondad

Jos Ramn Otero Roko
Rebelin

Las Aventuras del Baron de Munchhausen (Josef von Bky, 1942)


Los tpicos espaciales y comunicativos del cine funcionan como una referencia ideal de los valores sociales. El pblico proyecta en lo que ve en la pantalla su cdigo moral, que en la mayora de las ocasiones le ha sido inculcado en la infancia porque en la edad adulta la maquinaria de propaganda del estatus quo econmico y poltico-cultural se encarga de desmantelar los imperativos ticos. Y esos cdigos en determinadas pelculas parecen realizarse durante unas decenas de minutos, o sea, ser reales, incluso ms reales que los que proceden de la experiencia y de la vida diaria del espectador, puesto que los del cine tienen un grado extra de coherencia, de lgica explcita en el limitado campo de juego de sus menos de dos horas de vida, de excepcionalidad que se celebra ntimamente en el seno de la comunidad y que, por tanto, proporciona una alusin plural en la que todos pueden sentirse testigos y actores de un caso ejemplar.

Su caducidad parte de un proceso difcilmente evitable mientras las formas se mantienen en el terreno de las narrativas clsicas. Si el proceso de creacin reproduce los esquemas organizativos basados en la jerarqua en que la sociedad actual se estructura, si los creadores son receptores y emisores de esos mismos esquemas mentales donde el valor de lo individual y lo excepcional prevalece sobre las categoras objetivas de clase social y gnero, a la postre el paradigma se individua y se asla y la transmisin de valores se vuelve menos eficaz, circunscribindose a lo ideal y siendo desechada por la experiencia diaria, esa s real, en el momento en que el individuo sale de la sala y es rescatado por el aparato cultural que sostiene a sus congneres. Entonces el bien es de hroes, annimos o no, pero hroes, y una bella historia es slo una pelcula. Pero esto no sucede siempre.

Clase social, gnero y sistemas de valores no son los nicos relatos colectivos que se oponen a reducir las circunstancias a lo particular. Hay otros mecanismos imaginarios como la nacin, la raza y la religin que los conservadores reactivaron como respuesta primero a la Ilustracin y despus como ataque a las hijas mayores de sta, las ideologas emancipatorias como el anarquismo, el socialismo y el comunismo, que nacieron precisamente para forjar un prototipo de conducta social que no se sostuviera en proyecciones ideales y excepcionales, sino en la prctica natural de los ciudadanos.

En el modelo emancipatorio el espectador no es inocente. Tampoco culpable, tales categoras estn en el orden de creencias esotricas del rgimen del que el sujeto se ha liberado. El espectador no existe, es pblico, alguien que no espera ni especula sino que acta, que hace que las ideas sean vistas y sabidas, un individuo responsable que no deja entrar ningn pensamiento en su conciencia sin antes debatirlo en sociedad. En cambio en el modelo autoritario los poderes fcticos econmicos y religiosos del capitalismo intentan asociar inocencia e ignorancia y vincular a sta la bondad.

Un arquetipo de este modelo social lo encontramos en el film nazi Las Aventuras del Baron Munchhausen (Mnchhausen, Josef von Bky, 1942). Esta pelcula, de una narrativa modlica para la industria del entretenimiento (lo que no es extrao, no olvidemos que una de las pelculas ms taquilleras de la historia Titanic (James Cameron, 1997) fue acusada aportando un amplio dossier de pruebas en el que se demostraba la copia milimtrica de esta de otra de las producciones estrella de III Reich en la mitad final de la guerra, Titanic [Herbert Selpin, 1943]) esa pelcula, decamos, introduce dos ideas fuerza clave en las sociedades basadas en el espectculo. La primera que la Historia es una mercanca y que como tal se convierte en un mito al servicio de determinados personajes que promueven el sometimiento del pueblo. As el aristcrata alemn Muchhausen, por su doble condicin nacional y sangunea, detenta los valores de supremaca de la raza aria en una mezcla de Don Juan, Alonso Quijano con una bolsa de oro y terrateniente de NSDAP. Y la segunda idea es que va a ser recepcionado por unos espectadores, como pasa hoy da, que son a priori inocentes, pero tambin intelectualmente vagos y sabedores de la debilidad de su posicin, y que consienten un entretenimiento mezquino porque en l se sienten ms cmodos o ms seguros, donde el Barn, que puede ser hoy su hroe gringo favorito y es conocido popularmente como el bueno, vela por el sostenimiento del mundo que tiene a sus pies, y el pueblo se lo agradece digiriendo conscientemente un argumentario que hace desaparecer a sus vecinos o a sus compaeros de trabajo, lo que vendra a ser hoy desahuciarlos.

Mucho se ha hablado de la inocencia del pueblo alemn en los crmenes antes y durante la II Guerra Mundial. Y fueron los intelectuales alemanes de posguerra, tanto en la Repblica Democrtica como en la Federal, los que pusieron en su sitio a un pas que vot masivamente al NSDAP, compr y ley los peridicos y los libros del rgimen, call y vitore, se alist en el ejercit y dio su vida por la ideologa nazi en cualquiera de sus formas. Los inocentes en ese modelo poltico asimilan ideas, las reproducen, compiten con otros que no las han adquirido, las ren en el cine, actan conforme a ellas, son la base del fascismo. Pero ms all de la pulsin autodestructiva de una sociedad que aclama a la muerte est un espritu corrompido para quien lo que ven sus ojos al salir de la sala de proyeccin tiene que olvidarse puesto que no corresponde a lo que quiere ver. Y si en el celuloide ninguna imagen es inocente, que no lo es, en la Gran Alemania tampoco ninguna idea, ningn pensamiento, ninguna mentira.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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