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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-08-2013

Despus de hoy qu musulmn volver a creer en las urnas?

Robert Fisk
The Independent


El crisol egipcio se ha roto. La unidad de Egipto, ese aglutinamiento incluyente, patritico y esencial que haba impedido a la nacin desmoronarse desde el derrocamiento de la monarqua en 1952 y el mandato de Nasser, se ha disuelto entre matanzas, tiroteos y la furia de este mircoles en la represin a la Hermandad Musulmana. Cien muertos, o 200 o 300 mrtires. El saldo no implica ninguna diferencia: para millones de egipcios el camino de la democracia ha quedado destruido entre fuego y brutalidad. Qu musulmn que busque un Estado basado en su religin volver a confiar en las urnas?

Esta es la verdadera historia del actual bao de sangre. A quin le sorprende que los simpatizantes de la Hermandad Musulmana enarbolaran Kalashnikovs en las calles de El Cairo? O que quienes apoyan al ejrcito y a su gobierno interino en las zonas de clase media de la capital tambin hayan tomado sus armas y respondido a los tiroteos? Esto no es la Hermandad Musulmana contra el ejrcito, pero con esa mendacidad tratarn de describir esta tragedia los gobernantes occidentales.

La violencia de este mircoles ha creado una cruel divisin en la sociedad egipcia que tardar aos en sanar: entre izquierdistas y laicos, cristianos coptos y musulmanes sunitas de los poblados, entre el pueblo y la polica, entre la Hermandad. Las iglesias incendiadas eran el inevitable corolario de este terrible estallido.

En Argelia en 1992, en El Cairo en 2013, y quin sabe qu ocurrir en Tnez en las siguientes semanas o meses. Los musulmanes que llegaron al poder de manera justa y democrtica, gracias al voto del pueblo, han sido arrojados de ese poder. Y quin puede olvidar el malvado bloqueo a Gaza cuando los palestinos votaron democrticamente para que Hamas los gobernara? No importa cuntos errores cometi la Hermandad en Egipto ni qu tan promiscuo o arrogante fue su mandato; el presidente democrticamente electo, Mohamed Mursi, fue derrocado por el ejrcito. Se trat de un golpe de Estado, como bien lo describi John McCain en su momento.

Por supuesto que la Hermandad Musulmana desde hace tiempo debi moderar su amour propre y mantenerse dentro de los lmites de la seudodemocracia permitidos por el ejrcito egipcio, no porque esto fuera justo o aceptable, sino porque la otra alternativa era volver a la clandestinidad, a los arrestos a la media noche, a la tortura y al martirio. ste ha sido el papel histrico de la Hermandad, con periodos de vergonzosa colaboracin con las fuerzas britnicas que ocuparon Egipto y con las dictaduras militares que gobernaron el pas.

El regreso a la oscuridad que ya se anuncia tiene slo dos resultados posibles: que la Hermandad se extinga en medio de una atroz violencia o que triunfe, en un futuro distante. Que el cielo guarde a Egipto de un destino que lo convierta en una autocracia islamita.

Las llamas ya hacan su venenoso trabajo este mircoles antes de que el primer cadver fuera sepultado. Puede Egipto evitar una guerra civil? Podr el leal ejrcito egipcio hacer desaparecer a la terrorista Hermandad Musulmana? Qu hay de quienes se manifestaban antes del derrocamiento de Mursi? Tony Blair fue slo uno de los que hablaron del inminente caos al expresar su apoyo al general Abdul Fattah al Sisi. Cada incidente violento en Sina, cada pistola en las manos de la Hermandad Musulmana ser usada para convencer al mundo de que la organizacin, lejos de ser un pobremente armado pero muy bien organizado movimiento islamita, es el brazo derecho de Al Qaeda.

La historia podra adoptar otra visin. Ciertamente ser difcil explicar cmo es que varios miles, quizs hasta millones, de egipcios liberales y educados continuaron dando su total y ms profundo apoyo a un general que dedic mucho del tiempo que sigui al derrocamiento de Mursi a justificar que el ejrcito practicara pruebas de virginidad de las mujeres que protestaban en la plaza Tahrir. Al Sisi ser puesto bajo mucha presin en los prximos das. Siempre se le consider amistoso hacia la Hermandad, aunque esta idea bien puede ser un mito provocado por el hecho de que su esposa siempre lleva un velo negro que slo deja descubiertos sus ojos.

Muchos intelectuales de clase media que han respaldado al ejrcito tendrn que meter sus conciencias en una botella para justificar los actos que ocurrirn en un futuro.

Esperemos, tambin, la acostumbrada retahla de preguntas como: significa esto el fin del Islam poltico? Por el momento, as es. La Hermandad no est con nimo de hacer ms experimentos con la democracia, lo cual pone a Egipto en un peligro inmediato, pues la falta de libertad provoca violencia.

Se convertir Egipto en una nueva Siria? Eso es poco probable. Egipto no es un Estado sectario y nunca lo ha sido, ni siquiera con su 10 por ciento de poblacin cristiana, y tampoco es inherentemente violento. Nunca experiment salvajes levantamientos como los de los argelinos contra los franceses, ni insurgencias como la siria, libanesa y palestina contra los mandatos britnico y francs.

Muchos fantasmas estarn cabizbajos y avergonzados este da, como el da que participaron en la gran revuelta de abogados de 1919, por dar un ejemplo, o el fantasma de Saad Zaghloul y del general Muhammad Neguib, cuyas exigencias revolucionarias de 1952 son similares a las de la gente que se reuni en la plaza Tahrir en 2011.

S, algo muri en Egipto este mircoles. No la revolucin, porque en todo el mundo rabe los pueblos conservan la nocin ntegra, aunque ensangrentada, de que sus pases pertenecen al pueblo y no a sus lderes. Ha muerto la inocencia, como ocurre en toda revolucin? No. Lo que expir este da fue la idea de que Egipto es la madre eterna de la nacin rabe, el ideal nacionalista, la pureza con la que Egipto se consideraba la madre de su pueblo. Porque las vctimas pertenecientes a la Hermandad, as como para la polica y los simpatizantes del gobierno, tambin eran hijos de Egipto, pero nadie lo crey as. Se han convertido en terroristas, el enemigo del pueblo. Y esa es la nueva herencia de Egipto.

The Independent

Traduccin: Gabriela Fonseca

Fuente original: http://www.jornada.unam.mx/2013/08/15/opinion/003a1pol



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