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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-08-2013

En defensa de la soberana, la democracia y la paz en Egipto

Editorial de Gara
Gara


Podemos ayudar a los pases de la regin, pero solo si las propias sociedades eligen el camino correcto. La frase es de Angela Merkel y, evidentemente, se refiere a la situacin en Egipto. La sentencia resume como pocas la curiosa perspectiva democrtica que los pases de Occidente mantienen sobre la poltica en Oriente [se pueden intercambiar los trminos Occidente/Oriente por centro/periferia, pases desarrollados/en vas de desarrollo o, sencillamente, por ricos y pobres]. La primera parte de la frase de la canciller alemana rezuma colonialismo y espritu evangelizador en dosis difciles de digerir. La segunda es una mezcla a partes iguales de paternalismo, imperialismo y tutelaje sin complejos. La reaccin de la gran mayora de mandatarios mundiales a la victoria de Hamas en 2006 dej en evidencia esa concepcin: las bondades de la democracia dependen del resultado, en concreto de la sintona entre el ganador y los intereses del eje atlntico en la regin. Si no es as, lo mismo vale un ataque militar como el de Gaza, contraviniendo todas las normas internacionales, o un golpe de estado como el de Egipto.

A partir de esta constatacin, el resto de argumentos esgrimidos para apoyar el golpe son excusas necias y/o malvolas. La nica excepcin puede ser la de las fuerzas de izquierda que dentro de Egipto calcularon que una alianza con el Ejrcito favoreca sus intereses. Si bien descalificar por principio esa opcin corre el riesgo de reproducir los vicios sealados una y otra vez, lo cierto es que la dura realidad est demostrando que ese clculo era totalmente errneo y, a corto y medio plazo, ha debilitado a quienes defienden un Egipto soberano y al servicio de sus habitantes.

De entre todas las excusas para el golpe una de las ms obscenas es la amenaza del caos, esgrimida por diferentes popes de la comunidad internacional, desde Tony Blair hasta el propio El Baradei. Y ahora qu? Cmo de terrible poda ser el caos al que abocaba al pas el Gobierno legtimo para que superara lo visto estos das en El Cairo?

Por otro lado, no hay duda de que el de Morsi ha sido un mal gobierno desde un punto de vista popular y de izquierda. Incluso se puede considerar que ha sido timorato en cuestiones importantes de su propia agenda como, por ejemplo, la causa palestina. Sin embargo, si un mal gobierno fuese razn suficiente para derrocar a un ejecutivo a travs de un golpe militar, Europa estara gobernada hoy en da por gente a caballo, no por asnos que se limitan a transportar las alforjas de sus amos de cumbre en cumbre. En trminos formales, los Hermanos Musulmanes han sido exquisitamente democrticos y todos los cambios en la estructura de poder que han intentado llevar a cabo han seguido los procedimientos de un estado de derecho. Incluida una constante negociacin con el Ejrcito. Una prueba ms de su realismo poltico.

Por el momento parece que los Hermanos Musulmanes rechazan la opcin de la guerra civil, no porque no tengan fuerza, aliados o voluntarios suficientes como para provocar una escalada de violencia, ni siquiera porque acepten la idea generalizada de que ese es el peor escenario posible para todos, empezando por el pueblo egipcio, sino porque en su clculo poltico consideran que ah pierden ms que ganan. En una de las entrevistas que public GARA a pocos das del golpe, el secretario general del partido islamista Libertad y Justicia, Mohamed El Beltagy, afirmaba que su ventaja es que son ms que los golpistas y que les asiste la legitimidad de las urnas. A eso se aferran. Cabra aadir que mientras sus adversarios estn dispuestos sobre todo a matar, ellos tambin lo estn a morir. Por el momento estn ganando esa batalla, aunque el precio humano pueda parecer insostenible.

Decir no son egipcios, son islamistas -o, directamente, terroristas- es un recurso con poco recorrido en el contexto poltico musulmn. S puede abrir las puertas a la segregacin, un escenario tambin muy complicado de gestionar y en el que la hermandad tiene ya mucha experiencia acumulada. Por mucho que se les tache de sectarios -y sin duda muchos de ellos lo son, lo van a ser ms y en esta fase se van a aliar con autnticos extremistas en ese sentido-, tienen una larga tradicin comunitaria que, ante la desidia estatal para con sus ciudadanos, les forja una gran popularidad entre las capas ms pobres y necesitadas de su sociedad. As es como ganaron las elecciones.

Del mismo modo, la amenaza de ilegalizacin de los Hermanos Musulmanes es un automatismo previsible. Se trata de un caso ms de negacin de la realidad, solo que con la peligrosa derivada de que existe un programa que no solo habla de negar esa realidad, sino directamente de exterminarla. Algo que, no obstante y dada su implantacin social, parece poco viable (por mucho que en la mencionada serie de entrevistas se hayan escuchado autnticas barbaridades en ese sentido). Asimismo, al tratar el tema de la ilegalizacin, muchos comparan el caso con Argelia, pero no est de ms recordar el caso turco.

En definitiva, un escenario endiablado con hondas repercusiones, tanto en la regin como a nivel global, y con responsables que para tapar sus miserias fingen sorpresa o desazn ante la barbarie.

Desde Euskal Herria y desde un punto de vista de izquierda, defender lo que uno votara en el hipottico caso de que fuese egipcio no puede ser incompatible con defender lo votado realmente por los egipcios. Se pueden criticar los errores, los desmanes y el programa de los Hermanos Musulmanes sin por ello caer en una suerte de despotismo ilustrado con tintes neocoloniales. De lo contrario se corre el peligro de, como si de un espejo se tratara, argumentar basndose en un reflejo que reproduce a la inversa esa concepcin democrtica que tanto criticamos.

Fuente original: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130818/418342/es/En-defensa-soberania-democracia-paz-Egipto



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