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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-08-2013

Sobre el multiculturalismo en Gran Bretaa
Nosotros y ellos

Mike Marqusee
Red Pepper

Traducido del ingls para Rebelin por Christine Lewis Carroll


Hace slo un ao los Juegos Olmpicos de Londres se recibieron como un momento decisivo para el nacimiento de una Gran Bretaa orgullosa de su multiculturalismo. Esa afirmacin fue exagerada, pero ahora suena decididamente hueca -hasta peligrosamente indulgente- a la luz de acontecimientos recientes: el avance electoral del UKIP [Partido de la Independencia del Reino Unido], las crecientes amenazas de la EDL [Liga de Defensa Inglesa) y las agresiones de las que han sido vctimas los musulmanes y las mezquitas como consecuencia del asesinato de Lee Rigby [soldado del ejrcito britnico] en el barrio de Woolwich.

El resurgimiento de la extrema derecha en Gran Bretaa y a lo largo de Europa plantea diversos desafos a la izquierda. Pero hagamos lo que hagamos, hemos de reconocer que la extrema derecha refuerza -y se alimenta de- un fenmeno ms difuso: el racismo, el chovinismo y la xenofobia inherentes al discurso dominante.

No es difcil encontrar el racismo en el discurso dominante. Slo hay que ver las pginas del Daily Mail o del Daily Express -mucho ms eficaces en transmitir la propaganda racista que la extrema derecha- o las series de televisin como Homeland o Argo (en las que, de acuerdo con los rancios estereotipos, los enemigos musulmanes de Occidente se retratan como implacables y brutalmente irracionales, a la vez que calculadores y embusteros). El racismo ha infectado tambin casi todas las principales instituciones de nuestra sociedad, desde el ftbol a la polica, las crceles y las universidades de Oxford y Cambridge.

Lo supuestamente indecible

Los polticos de los tres principales partidos coquetean con el racismo. El truco reside en decir algo indecible pero que muchos tienen en la cabeza, como fue el caso de Jack Straw cuando habl de la niqab hace algunos aos. Ahora Ed Miliband argumenta que el Partido Laborista no escuch al pueblo con respecto a la inmigracin (pongo las tres palabras entre comillas porque ninguna de ellas significa realmente lo que debera significar).

En estos momentos el centro poltico de este pas parece adoptar la postura de que la extrema derecha expresa algn tipo de queja autntica que los dems debemos escuchar. De esta manera el fundamento perverso del racismo se legitima y el verdadero mensaje de la extrema derecha no se cuestiona. Lo ms espeluznante de los resultados electorales del UKIP fue lo rpido que obtuvo concesiones de Cameron y otros. Una vez ms constatamos que el gran peligro de la extrema derecha es cmo arrastra el discurso poltico dominante hacia sus posturas.

Lejos de imponerse lo polticamente correcto, los pensamientos supuestamente indecibles sobre el racismo son moneda comn en todo tipo de conversaciones educadas, incluidos los medios de comunicacin y los intelectuales. Nada de lo que pueda decir la EDL es ms obsceno que las divagaciones de Martin Amis con respecto a la culpabilidad musulmana. Y fue evidente la maligna necedad de Tony Blair cuando declar recientemente que de alguna manera, al fin y al cabo, el islam tiene sin duda la culpa.

En cuanto a la BBC, el corazn de la clase dirigente liberal, ha legitimado tanto al UKIP como a la EDL, pero lo ms importante es que es uno de los grandes propagadores de la cosmovisin nosotros contra ellos. Su tratamiento estndar de la etnicidad, en casa y en el extranjero, encierra un comentario supratnico -es decir liberal occidental y de hecho muy ingls- que se enfrenta a todo lo que est fuera de su alcance privilegiado como los otros, es decir todo lo que nosotros no somos: tribales, fanticos, sectarios, ms all de la razn y sobre todo de nuestra responsabilidad. El discurso dominante -liberal y conservador- est impregnado de esta ptica habitual que asigna a los otros el lado oscuro de la sociedad (el odio, la violencia, la corrupcin).

El racismo es flexible, elstico, desplaza sus objetivos y los motivos de queja. La lnea entre nosotros y ellos se dibuja una y otra vez. Durante dicho proceso est aceptado que ellos es una fabricacin, un fantasma, una proyeccin. Pero es verdad tambin que nosotros es el corazn de la supremaca blanca y occidental, un nosotros invocado alegre y rutinariamente en todo el discurso dominante.

El contexto global del racismo

El racismo nacional tiene un contexto global. En la guerra contra el terror los musulmanes -y otros- se convierten en los representantes del enemigo exterior que convive con nosotros y es siempre sospechoso. Ante la deshumanizacin de las matanzas llevadas a cabo por los aviones no tripulados y la negativa a asumir responsabilidad de la muerte y destruccin a gran escala en Irak y otros lugares, el doble rasero de la conciencia racista es inconfundible, tambin al consentir que Narendra Modi -cmplice del pogromo contra los musulmanes de 2002 en Guyarat- sea el futuro primer ministro de la India y al conferirnos con toda naturalidad las prerrogativas que negamos a otros, lo que incluye la posesin y uso de armas de destruccin masiva. Reside en cada uso no ponderado del pronombre nosotros cuando se debaten las intervenciones en el extranjero.

En contra del cuento de la derecha, el pasado imperial de Gran Bretaa en general ni se examina ni se reconoce y por tanto sus conjeturas contribuyen a formar nuestro punto de vista sobre el presente. Vivimos todava en un mundo modelado material e imaginativamente por la era del Nuevo Imperialismo, durante la cual un pequeo nmero de Estados europeos domin las economas y las formas de gobierno de la mayor parte de la humanidad. Este tipo de episodios dej marcados a los dos partidos. La supremaca blanca, el racismo y el nacionalismo xenfobo forman parte del patrimonio cultural occidental tanto como lo que se denomina libremente los valores de la Ilustracin. Es un legado que debe desaprenderse sistemticamente.

La respuesta racista al asesinato de Lee Rigby no fue automtica ni natural. El racismo no es un fallo de configuracin. Es una ideologa, una fabricacin, un gigantesco edificio psicosocial que hay que demoler ladrillo a ladrillo. No es una enfermedad que pueda curarse caso por caso. La terapia debe ser colectiva, algn tipo de trauma que confronte, cuestione y altere lo que la gente tiene en la cabeza cuando dice nosotros.

Como vivimos sometidos a un capitalismo global que reproduce todo tipo de jerarquas sociales, la conciencia antirracista no se consigue mediante una conversin: es una lucha continua, un proceso en el que hay que comprometerse conscientemente. No hay descanso porque la ideologa contra la que luchamos no descansa nunca.

Cabeza de turco

Un ejemplo de esto es que el multiculturalismo se ha convertido en cabeza de turco, declarado un fracaso por Merkel, Cameron y un ejrcito de expertos. Sin ningn fundamento es el origen de diversos fenmenos poco atractivos, desde el acoso sexual de muchachas por parte de hombres asiticos a la supuesta autosegregacin de las minoras. El hecho es que, como otros tormentos racistas, el multiculturalismo es en gran medida un fantasma. Las polticas generadas bajo aquella rbrica fueron concesiones hechas en el pasado a consecuencia de las movilizaciones de las comunidades negra y asitica. Siempre hubo objeciones por parte de la izquierda al marco multicultural que conceptualizaba a las minoras como comunidades homogneas con identidades culturales fijas.

Sin embargo la campaa de la derecha no trata de la teora del multiculturalismo sino de su esencia; es decir de la existencia de personas a las que sentimos culturalmente ajenas. Las sociedades europeas modernas estn y estarn compuestas de numerosas culturas, de una abundancia de subculturas y contraculturas que se superponen y se entrecruzan. Negar o lamentar esta realidad es negar y lamentar la presencia de dichas personas a las que sentimos ajenas culturalmente. En este contexto las demandas de integracin son demandas para adherirse a una norma cultural establecida por el grupo dominante. Es asombroso que algunas personas que presumen del legado de la Ilustracin no consideren esto una tirana.

Bajo el disfraz de una agresin contra el relativismo del multiculturalismo, lo que est ocurriendo es una reafirmacin de la forma privilegiada de relativismo tico, la supuesta superioridad de la norma occidental. La forma ms estridente y poderosa de la poltica de identidad en nuestra sociedad sigue siendo la identidad blanca u occidental: la identidad mayoritaria dominante a la que le gusta considerarse una minora amenazada, bajo asedio en su propia tierra.

La respuesta a las deficiencias reales y no imaginadas del multiculturalismo no es un retroceso al eurocentrismo, a la cultura nica o a la creacin de una nueva sntesis cultural exhaustiva. Reside en la lucha poltica por la igualdad -no su mera representacin- y el ejercicio de una solidaridad que va ms all de la cultura. El multiculturalismo al estilo olmpico no sirve de nada. El nico antdoto contra la cultura del racismo es cultivar la resistencia.

http://www.redpepper.org.uk/



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