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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-08-2013

Las matanzas de los golpistas egipcios, terrorismo de estado

Andrs Martnez Lorca
Rebelin


Escuchad, lo que se oye es el aullido de los chacales. Nzim Hikmet

 

Los peores augurios acerca de la represin de los golpistas egipcios se han cumplido. Los desalmados generales y el gobierno ttere han convertido las calles y plazas de El Cairo y de otras ciudades en un bao de sangre. Miles de soldados a pie y a bordo de tanques, vehculos acorazados, excavadoras y helicpteros han agredido sin piedad a los pacficos manifestantes que pedan la puesta en libertad del presidente Mohamed Morsi y la vuelta a la legalidad constitucional, disparndoles con fuego real a la cabeza y al pecho. Ms de mil muertos, varios miles de heridos y otros miles de detenidos es el balance provisional de la violencia criminal ejecutada a sangre fra por la camarilla de traidores que, envueltos en la bandera, intentan presentarse como salvadores de la patria.

Impotentes para contener la protesta popular, han acudido al viejo arsenal del fascismo: decretaron el estado de excepcion mediante el cual ha desaparecido toda apariencia de salvaguarda de los derechos civiles, impusieron el toque de queda para encerrar a la gente en sus casas, apostaron a tiradores de lite en las terrazas de los altos edificios para asesinar con ms precisin a los manifestantes, mataron a varios periodistas que reflejaban lo que vean, quemaron vivos a algunos de los acampados en ciudad Nasser, cada da realizan redadas masivas de oponentes polticos, han creado bandas de paramilitares y policas de paisano que se encargan de controlar las calles, jalear a los soldados y de apalear a los detenidos

En el colmo de la barbarie estos golpistas ni siquiera respetan ya la milenaria tradicin de inviolabilidad de los templos y lugares de culto: como antes haban hecho en la mezquita de Rabaa al-Adauiya, ayer, despus de acosar con gases lacrimgenos y granadas a los encerrados en la mezquita al-Fatah en la cairota plaza de Ramss, soldados armados hasta los dientes entraron a sangre y fuego en su interior, eso s, con el rostro cubierto para no ser identificados. Y este terror colectivo pretenden llamarlo lucha contra el terrorismo, siguiendo as la manipulacin del lenguaje aprendida de sus amos y maestros de ultramar. Pero no los creen ni la prensa internacional, ni los senadores republicanos de EEUU que han visitado El Cairo [1] y ni siquiera el mismsimo presidente Obama que ha denunciado que nuestra cooperacin tradicional [con Egipto] no puede perdurar como siempre mientras se asesinan a civiles en las calles. Les guste o no a los encubridores del golpismo, debemos llamar por su nombre a esta insolente represin: terrorismo de estado.

La respuesta internacional ante este terrorismo estatal ofrece una variada gama. Desde la abierta condena de los gobiernos de Turqua e Irn y del presidente Evo Morales de Bolivia, a la comedida y vergonzosa palabrera de la ONU y de la Unin Europea cuyos portavoces lamentan la violencia (como si hubiera caido del cielo) y piden contencin a las dos partes (?), es decir, colocan en el mismo plano a los verdugos y a sus vctimas. La crtica del gobierno de los EEUU es correcta pero, como en ocasiones anteriores, de las palabras no se pasa a los hechos, lo que convierte en vana la retrica del presidente. Cules son los motivos de fondo de esta esquizofrenia poltica? Los intereses militares, estratgicos y econmicos de los EEUU en esa regin que llevan a no llamar golpe de Estado al golpe de Estado egipcio y a no tomar tampoco ninguna medida eficaz contra los militares que dirigen las matanzas.

Reflejando con objetividad algunos de esos intereses estratgicos, el general norteamericano James N. Mattis, hasta fecha reciente jefe del Comando Central del ejrcito, ha declarado lo siguiente: los necesitamos para [atravesar] el Canal de Suez, los necesitamos para el tratado de paz con Israel, los necesitamos para los sobrevuelos de su territorio, y los necesitamos para la lucha continua contra los extremistas violentos que representan una amenaza tanto para la transicin a la democracia de Egipto como para los intereses americanos. En un explicativo artculo que detalla las razones apuntadas por el general Mattis, el diario The New York Times recuerda la valiosa ayuda de Egipto a la invasin anglosajona de Iraq, la preeminencia de que gozan los buques de guerra norteamericanos a la hora de cruzar la congestionada ruta del Canal y su papel decisivo para la proteccin de la seguridad de Israel [2]. Como apunta un especialista en el tema, el profesor Robert Springborg, durante dcadas los egipcios han ayudado a los militares norteamericanos en formas que son ampliamente desconocidas para el pblico estadounidense. Bien valen, pues, los 1.500 millones de dlares de ayuda anual a Egipto, cuyo destino final es la compra de armas a los propios donantes y el enriquecimiento personal de la cpula militar egipcia. Por supuesto, seguir concedindose aunque los derechos humanos sean pisoteados sin pudor alguno en el pas del Nilo.

En un comentario inteligente aunque lleno de prejuicios, Nick Cohen admita a su pesar en las pginas de The Observer [3] algunas verdades de Perogrullo, comenzando por reconocer que los Hermanos Musulmanes ni abolieron la democracia ni ilegalizaron a la oposicin. Pero aadir al golpe una masacre de civiles implica la imposibilidad de un compromiso. Lejos de preocuparse por ello, los militares egipcios han adoptado, segn l, la actitud chulesca de los gnsters: les trae sin cuidado la opinin de la gente. Su recomendacin a los gobiernos occidentales (que, por supuesto, no tendrn en cuenta) consiste en partir de unos principios democrticos y llamar golpe al golpe militar egipcio. Y su conclusin, pesimista y realista al mismo tiempo, que no gustar a los neoliberales ni a algunos progresistas a la violeta, es sta: la nocin de una buena sociedad construida sobre la base de un gobierno dominado por los militares es siempre improbable. En el caso de los militares egipcios no es improbable, es imposible.

En Espaa, mientras tanto, el gobierno repite la pantomima de la UE. El PSOE critica la represin con su habitual lenguaje diplomtico. Izquierda Unida, por su parte, en un duro comunicado que honra a la coalicin de izquierdas [4], expresa su enrgica condena y repulsa por la masacre en Egipto y reclama el cese inmediato de estas criminales actuaciones represivas, ante el creciente peligro de que el conflicto iniciado a consecuencia del golpe de Estado derive en una guerra civil. Adems, los responsables e instigadores de la masacre deben ser puestos a disposicin de la Justicia de forma rpida. A los sindicatos y a tantos intelectuales de saln ni se les oye (debe ser por el calor).

La protesta por los crmenes de los golpistas egipcios debe hacer oir su voz en la vida pblica, a pesar de que para muchos no entre todava en su conciencia moral el preocuparse por los derechos humanos de millones de ciudadanos rabes, sobre todo si estos son musulmanes. Y aunque segn el propio Vaticano el islam se ha convertido en la primera religin del mundo con 1.322 millones de fieles, es decir, el 19% de la poblacin mundial, los mismos que abarrotan procesiones y se pelean por tocar una imagen miran con desprecio a los que creen en un dios nico, no tienen sacerdotes y ayunan en el Ramadn. No digamos de nuestra extrema derecha, siempre fascistoide en el fondo y en las formas. Reproduzco para concluir una atinada reflexin al respecto escrita por Carlos Boyero, crtico de cine y televisin en El Pas: Muestran en el programa Al rojo vivo imgenes de las masacres que perpetra el ejrcito egipcio con esos Hermanos Musulmanes que ganaron democrticamente las elecciones y a los que adems de balearlos, los van a ilegalizar. El templado Marhuenda [director del diario de derechas La Razn] afirma vehementemente: El ejrcito egipcio es muchsimo ms democrtico que Morsi y sus seguidores. Con dos cojones. Fascismo sin complejos, embriaguez o slo cinismo? [5] .

Notas

[1] Los senadores John McCain y Lindsey Graham comprobaron personalmente la negativa a todo dilogo por parte de los dirigentes golpistas. L. Graham coment por su parte que el primer ministro Hazem el-Beblaui era un desastre y que el general al-Sisi, cerebro del golpe, estaba un poco intoxicado por el poder.

[2] http://www.nytimes.com/2013/08/17/world/middleeast/us-officials-fear-losing-an-eager-ally-in-the-egyptian-military.html?hp&_r=0

[3] http://www.theguardian.com/commentisfree/2013/aug/17/egypt-unrest-west-response

[4] http://www.izquierda-unida.es/node/12583

[5] http://cultura.elpais.com/cultura/2013/08/17/television/1376764285_850071.html


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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