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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-08-2013

Egipto, repulsin, vergenza, indignacin

Robert Fisk
La Jornada


Repulsin, vergenza, indignacin. Todas estas palabras se aplican a la desgracia de Egipto en las seis semanas anteriores. Un golpe militar, millones de encolerizados simpatizantes del dictador electo democrticamente y despus derrocado, versiones sobre mucho ms de mil simpatizantes de la Hermandad Musulmana asesinados por la polica de seguridad y qu nos dicen las autoridades este domingo? Que Egipto es vctima de una maligna conjura terrorista.

El lenguaje habla por s mismo. No una conjura terrorista cualquiera, sino una tan terrible que es maligna. Naturalmente, el gobierno adquiri este uso de la palabra terrorista de Bush y Blair, otra contribucin occidental a la cultura rabe. Pero va ms all: nos informa que el pas est a merced de fuerzas extremistas que quieren crear guerra. Uno pensara al escuchar esto que la mayora de los muertos en las seis semanas pasadas fueron soldados y policas, cuando en realidad fueron manifestantes inermes.

Y quin tiene la culpa? Obama, desde luego, por alentar el terrorismo con sus plaideras quejas de la semana pasada o eso dicen las autoridades egipcias. Y nuestros viejos amigos, los medios extranjeros. Son los canales infieles incluida Al Jazeera los que han alimentado el odio en la tierra de los faraones, segn la prensa egipcia (que ahora es tan plaidera como Obama en su servilismo hacia los nuevos gobernantes).

Fuera de la mezquita de Fath, en El Cairo, el sbado pasado, partidarios de los militares maltrataron a reporteros y camargrafos, entre ellos algunos alemanes e italianos, e incluso por un rato Al Jazeera se alej de la escena. The Independent corri sus riesgos, con Alastair Beach con la Hermandad, dentro de la mezquita sitiada.

Afuera de ella, yo andaba con un gastado sombrero de turista entre los esbirros de seguridad y los partidarios del ejrcito; un amigo egipcio me ayud, explicando de modo no muy amable a los de las cachiporras que yo era un anciano turista ingls que haba salido de su hotel para ver qu pasaba. Dej en mi bolsillo mi libreta y mi telfono mvil. Bienvenido a El Cairo, escuch varias veces mientras los soldados disparaban al aire.

Para ser justo, djenme recontar un pequeo momento esperanzador entre el drama del sbado. Dos egipcios se me acercaron y dijeron, con mucha sencillez: Es muy injusto tener a esa gente en la mezquita sin agua ni comida; son seres humanos como nosotros. No eran partidarios de Mursi, pero no parecan simpatizar con la polica. Eran slo egipcios buenos y decentes, humanos, como los que todos esperamos que formen la verdadera mayora.

Esto me lleva a recordar una mentira al tpico estilo de Obama, la semana pasada. Vino cuando el presidente de Estados Unidos decidi hacer una pausa en sus vacaciones de golf para comentar la violencia en Egipto. Describi a los opositores a Mursi ahora representados por un general, Abdel Fatah Sisi, tambin ministro de la defensa y viceprimer ministro como muchos egipcios, millones de egipcios, tal vez una mayora de egipcios. De este modo Obama acredit al golpe un apoyo mayoritario. Cmo debi de haber complacido al general Sisi, quien habla un excelente ingls estadunidense, ese pequeo conjunto de palabras en clave.

Y resulta extrao que los periodistas supuestamente maliciosos hayan estado minimizando las acciones asesinas de las fuerzas de seguridad egipcias. En repetidas ocasiones Al Jazeera se ha referido a ellos como hombres armados, como si no estuvieran uniformados ni dispararan desde la azotea de un cuartel de polica. Los editoriales en Occidente han descrito las matanzas perpetradas por policas egipcios como mano dura, como si Lewis y Hathaway hubiesen aporreado en la cabeza a algunos chicos malos. Un amigo digno de confianza me dijo el otro da que nuestros lderes occidentales estn tan hartos de los manifestantes que infestan las reuniones del G-8 donde siempre se aplican las acostumbradas advertencias contra el terror, que tienen simpata innata por los policas y un odio implcito a todo aquel que protesta. Cmo olvidar la simpata de Blair hacia los brutales policas antimotines italianos, hace unos aos?

Pero el ejrcito y la polica de Egipto pueden confiar en la ayuda de nuestros queridos amigos los sauditas. El propio rey Abdal ha prometido miles de millones de dlares para el pobre Egipto ahora que la generosidad de Qatar se ha secado. Sin embargo, los egipcios haran bien en desconfiar de los obsequiosos sauditas: la casa de Saud no se interesa realmente en ayudar a ejrcitos extranjeros a menos que vayan a salvar a Arabia Saudita, pero s participa mucho en apoyar a los salafistas del partido Noor, los fundamentalistas que ganaron un extraordinario 24 por ciento en la pasada eleccin parlamentaria egipcia, y que sin miramientos decidieron aliarse con el general Sisi cuando Mursi fue derrocado. Los conservadores salafistas son mucho ms del agrado de los sauditas que los miembros potencialmente liberales de la Hermandad. Es a ellos para quienes el rey abre su bolsillo. Y si por desventura pudiesen formar una mayora con los miembros desencantados de la Hermandad en las prximas elecciones, el califato de Egipto estara un paso ms cerca.

Ahora, el otro lado de la historia. Es cierto que hombres armados han abierto fuego desde las filas de partidarios de la Hermandad. Un puado cuando mucho, y eso no justifica que la prensa egipcia llame terroristas a decenas de miles de personas; pero tanto mi colega como yo los hemos visto. Los ataques a los templos son reales. Se han incendiado iglesias. Hogares cristianos han sido agredidos por vndalos; la vctima ms reciente fue una nia de 10 aos, Jessi Boulos, cuando regresaba de su clase de Biblia en un barrio pobre de El Cairo.

La furia anticristiana es ahora poltica e ideolgica. Es una persecucin. Tal vez el papa Tawadros lamente haberse tomado la foto con los partidarios del golpe. Pero el jeque de Azhar estaba en esa misma fotografa al igual que los salafistas.

Oh, s, y ahora el gobierno matraquea con la necesidad de disolver la Hermandad. Puesto que sus miembros ya son capturados por la polica, no estoy seguro de lo que se pretende lograr con esta disolucin. Acaso los britnicos no declararon ilegal al Ejrcito Republicano Irlands? Lograron acabarlo con eso?

El viernes pasado, despus del toque de queda, cruzaba yo el puente 6 de Octubre sobre el Nilo cuando vi ms de 30 jvenes con tnicas tipo galabia, sentados en el pavimento con las manos sobre la cabeza. Entre ellos caminaban a zancadas policas de uniforme negro, con escopetas, y bandas de beltagi los muchachos rudos empleados por la seguridad del Estado (supongo que podramos llamarlos terroristas buenos, y de pronto supe lo que significa el estado de emergencia. Temor. Cero derechos. Cero rdenes de aprehensin. Cero ley.

The Independent

Traduccin: Jorge Anaya

Tomado de http://www.jornada.unam.mx/2013/08/19/opinion/026a1mun



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