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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-08-2013

Ni por un segundo vayan a imaginar que nos encaminamos hacia una era de energas renovables
La tercera era del carbono

Michael T. Klare
TomDispatch.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


En todo lo referente a la energa y la economa en la era del cambio climtico, nada es lo que parece. La mayora de nosotros creemos (o queremos creer) que la segunda era del carbono, la Era del Petrleo, ser pronto reemplazada por la Era de las Renovables, al igual que el petrleo lleva sustituyendo desde hace mucho tiempo la Era del Carbono. El presidente Obama ofreci exactamente esta visin en un muy alabado discurso sobre el cambio climtico el pasado mes de junio. Es verdad, necesitaremos de los combustibles fsiles un poco ms, sealaba, pero muy pronto sern superados por energas renovables.

Muchos otros expertos comparten este punto de vista, que nos asegura que la creciente dependencia del gas natural limpio combinado con ampliadas inversiones en energa solar y elica permitir una transicin suave hacia un futuro de energa verde en el que la humanidad ya no arrojar dixido de carbn y otros gases invernadero a la atmsfera. Todo esto suena en efecto prometedor. Solo hay un pequeo inconveniente: que no es, de hecho, el camino por el que avanzamos. La industria de la energa no est invirtiendo de forma significativa en energas renovables. En cambio, est dedicando sus beneficios histricos a nuevos proyectos de combustibles fsiles que implican ante todo la explotacin de las denominadas reservas no convencionales de gas y petrleo.

El resultado es indiscutible: la humanidad no est entrando en un perodo que estar dominado por las energas renovables, sino que est iniciando la tercera gran era del carbono: la Era del Petrleo y Gas No Convencionales.

Que nos estamos embarcando en una nueva era del carbono es cada vez ms evidente y debera perturbarnos a todos. En cada vez ms regiones de EEUU, y en un creciente nmero de otros pases, se est utilizando la fracturacin hidrulica el uso de columnas de agua a alta presin para desmenuzar las formaciones subterrneas de esquisto y liberar las reservas de petrleo y gas natural atrapadas en su interior-. Mientras tanto, en Canad, Venezuela y otros lugares se est acelerando la explotacin de petrleos pesados a partir de carbn sucio y de las formaciones de arenas bituminosas.

Es cierto que cada vez se construyen ms variedades de parques elicos y solares, pero aunque parezca mentira se espera que en las prximas dcadas la inversin en extraccin y distribucin de combustibles fsiles no convencionales supere, y mucho, al gasto en renovables, al menos en una ratio de tres a uno.

Segn la Agencia Internacional de la Energa (IEA, por sus siglas en ingls), una organizacin intergubernamental dedicada a la investigacin, que tiene su sede en Pars, la inversin acumulada en el mundo en extraccin y procesamiento de nuevos combustibles fsiles alcanzar un total de alrededor de 22.870 billones de dlares entre 2012 y 2035, mientras que la inversin en renovables, energa hidrulica y energa nuclear supondr una cifra de unos 7.320 billones de dlares. Para esos aos, se espera que solo las inversiones en petrleo, estimadas en 10.320 billones de dlares, superen el gasto dedicado a la energa elica, solar, geotrmica, biocombustibles, hidrulica, nuclear y cualquier otra forma de energa renovable combinadas.

Adems, como explica la IEA, una parte cada vez mayor de esa asombrosa inversin en combustibles fsiles se dedicar a formas no convencionales de petrleo y gas: arenas bituminosas canadienses, crudo extrapesado venezolano, petrleo y gas de esquistos bituminosos, depsitos energticos situados en el rtico y en las profundidades ocenicas, y otros hidrocarburos derivados de reservas energticas anteriormente inaccesibles. La explicacin de lo anterior es bastante simple. Los suministros mundiales de petrleo y gas convencional combustibles derivados de reservas de fcil acceso que requieren de un procesamiento mnimo- estn desapareciendo rpidamente. Como se espera que la demanda mundial de combustibles fsiles aumente en un 26% de aqu a 2035, los combustibles no convencionales tendrn que proporcionar una gran parte de la energa mundial.

En un mundo as, una cosa es segura: las emisiones globales de carbono se dispararn ms all de nuestras ms desfavorables previsiones, lo que significa que las intensas oleadas de calor sern habituales y que las escasas zonas vrgenes que nos quedan quedarn aniquiladas. El planeta Tierra ser un lugar mucho ms duro y abrasador posiblemente a niveles inimaginables-. Desde esta perspectiva, merece la pena explorar con ms profundidad cmo es que hemos acabado en este atolladero, en otra era del carbono.

La primera era del carbono

La primera era del carbono empez a finales del siglo XVIII, con la introduccin de la mquina de vapor alimentada con carbn y su aplicacin generalizada a toda clase de empresas industriales. El carbn, inicialmente utilizado para las fbricas textiles y las plantas industriales, se emple tambin para el transporte (barcos y ferrocarriles de vapor), la minera y la produccin de hierro a gran escala. En efecto, lo que llamamos ahora Revolucin Industrial se vio en gran medida posibilitada por la creciente aplicacin del carbn y la mquina de vapor a las actividades productivas. Finalmente, el carbn se utilizara para generar tambin electricidad, un campo en el que sigue siendo dominante en la actualidad.

Esa fue la poca en la que enormes ejrcitos de infortunados trabajadores construyeron los ferrocarriles continentales y enormes fbricas textiles mientras proliferaban y crecan las grandes ciudades industriales. Fue la era, sobre todo, de la expansin del Imperio Britnico. Durante un tiempo, Gran Bretaa fue el mayor productor y consumidor de carbn, el principal fabricante del mundo, su primer innovador industrial y la potencia dominante, y todos esos atributos estaban inextricablemente conectados. A travs del dominio de la tecnologa del carbn, una pequea isla frente a las costas de Europa pudo acumular inmensas riquezas, desarrollar el armamento ms avanzado del mundo y controlar las rutas martimas del planeta.

La misma tecnologa del carbn que dio a los britnicos esas ventajas globales tambin provoc a su paso una miseria inmensa. Como sealaba el analista de la energa Paul Roberts en su obra The End of Oil , el carbn que se consuma entonces en Inglaterra era de la variedad lignito pardo plagado de azufre y otras impurezas. Cuando se quemaba, produca un humo acre y asfixiante que haca que escocieran los ojos y los pulmones y ennegreca paredes y ropas. A finales del siglo XIX, el aire de Londres y de otras ciudades alimentadas con carbn estaba tan contaminado que los rboles se moran, las fachadas de mrmol se deshacan y las enfermedades respiratorias se hacan epidmicas.

Para Gran Bretaa y otras primeras potencias industriales, la sustitucin del carbn por el petrleo y el gas fue una bendicin que permiti mejorar la calidad del aire, restaurar las ciudades y reducir las enfermedades respiratorias. Desde luego, la Era del Carbn no ha terminado en muchas partes del mundo. En China y en la India, entre otros lugares, el carbn sigue siendo la principal fuente de energa, condenando a sus ciudades y poblaciones a una versin siglo XXI del Londres y Manchester del siglo XIX.

La segunda era del carbono

La Era del Petrleo empez en 1859 con la produccin comercial iniciada en el oeste de Pensilvania, pero solo despeg tras la II Guerra Mundial con el explosivo crecimiento de la propiedad del automvil. Antes de 1940, el petrleo jugaba un papel importante en la iluminacin y lubricacin, entre otras aplicaciones, pero segua estando subordinado al carbn; despus de la guerra, el petrleo se convirti en la principal fuente de energa del mundo. De 10 millones de barriles al da en 1950, el consumo global se dispar a 77 millones en 2000, una bacanal de medio siglo quemando combustibles fsiles.

Un elemento fundamental en el predominio mundial del petrleo era su estrecha asociacin con el motor de combustin interna (MCI). Debido a la superior portabilidad del petrleo y a su intensidad energtica (es decir, la cantidad de energa que libera por unidad de volumen), lo convierte en el combustible ideal para MCI verstiles. Al igual que el carbn alcanz su importancia al alimentar los motores de vapor, lo mismo sucedi con el petrleo al alimentar las crecientes flotas de coches, camiones, aviones, trenes y buques del mundo. Actualmente, el petrleo proporciona el 97% de toda la energa utilizada en el transporte mundial.

La prominencia del petrleo se asegur tambin por su creciente utilizacin en la agricultura y en la guerra. En un perodo relativamente corto de tiempo, los tractores alimentados con petrleo y otras maquinarias agrcolas sustituyeron a los animales como fuente energtica fundamental en las granjas de todo el mundo. Una transicin parecida se produjo en el moderno campo de batalla , con tanques y aviones accionados con petrleo sustituyendo a la caballera como principal fuente de potencia ofensiva.

Esos fueron los aos de la propiedad masiva de automviles, autopistas continentales, suburbios interminables, centros comerciales gigantes, vuelos baratos, agricultura mecanizada, fibras artificiales y por encima de todo- de la expansin global del poder estadounidense. Como EEUU posea reservas inmensas de petrleo, fue el primero en dominar la tecnologa de la extraccin y refinamiento del petrleo y el que ms xito tuvo a la hora de utilizar el petrleo en el transporte, la industria manufacturera, la agricultura y la guerra, destacando como el pas ms rico y ms poderoso del siglo XXI, una saga contada con gran deleite por el historiador energtico Daniel Yergin en The Prize . Gracias a la tecnologa del petrleo, EEUU pudo acumular niveles asombrosos de riquezas, desplegar ejrcitos y bases militares por todos los continentes y controlar las rutas martimas y areas del mundo, extendiendo su poder a cada rincn del planeta.

Sin embargo, al igual que Gran Bretaa experiment las consecuencias negativas de su excesiva dependencia del carbn, igualmente EEUU y el resto del mundo- ha sufrido ya de diversas formas su dependencia del petrleo. Para garantizar la seguridad de sus fuentes de suministro en el exterior, Washington ha establecido tortuosas relaciones con proveedores extranjeros de petrleo y ha combatido varias costosas y debilitantes guerras en la regin del Golfo Prsico, una srdida historia que expongo en Blood and Oil . La exagerada dependencia de los vehculos de motor para el transporte personal y comercial ha dejado el pas mal equipado para lidiar con las peridicas interrupciones de suministros y los repuntes en los precios. Pero, sobre todo, el inmenso incremento del consumo de petrleo aqu y en todas partes- ha producido el correspondiente aumento de las emisiones de dixido de carbono, acelerando el calentamiento planetario (un proceso que empez durante la primera era del carbn) y exponiendo al pas a los cada vez ms devastadores efectos del cambio climtico.

La Edad del Petrleo y Gas No Convencionales

El crecimiento explosivo de la automocin y los viajes en avin, la suburbanizacin de partes importantes del planeta, la mecanizacin de la agricultura y la guerra, la supremaca global de EEUU y el comienzo del cambio climtico: estos han sido los distintivos de la explotacin del petrleo convencional. En el momento presente, la mayor parte del petrleo del mundo se produce an en unos pocos cientos de gigantescos campos petrolferos en Irn, Iraq, Kuwait, Rusia, Arabia Saud, los EAU, EEUU y Venezuela, entre otros pases; algn petrleo ms se obtiene an en campos alejados de la costa en el Mar del Norte, el Golfo de Guinea y el Golfo de Mxico. Este petrleo sale del suelo en forma lquida y necesita relativamente de escaso procesamiento antes de refinarlo para convertirlo en combustibles comerciales.

Pero ese petrleo convencional est desapareciendo. Segn la IEA, los principales campos que actualmente proporcionan la parte del len del petrleo mundial perdern las dos terceras partes de su produccin en los prximos veinticinco aos, con un resultado neto que se hunde desde 68 millones de barriles al da en 2009 a solo 26 millones de barriles en 2035. La IEA nos asegura que el nuevo petrleo que se encuentre sustituir esa prdida de suministros, pero que la mayor parte provendr de fuentes no convencionales. En las prximas dcadas, los petrleos no convencionales representarn una porcin creciente de las existencias de petrleo mundial, convirtindose finalmente en nuestra principal fuente de suministros.

Lo mismo sucede con el gas natural, la segunda fuente ms importante de energa del mundo. La oferta global de gas convencional, al igual que la de petrleo convencional, est reducindose y cada vez dependemos ms de fuentes no convencionales de energa, especialmente de la proveniente del rtico, los profundos ocanos y las rocas de esquisto, obtenidos mediante la fracturacin hidrulica.

En cierto modo, los hidrocarburos no convencionales son similares a los combustibles convencionales. Ambos estn en gran medida compuestos de hidrgeno y carbono, y al quemarse producen gran calor y energa. Pero, a la larga, las diferencias entre ellos supondrn para nosotros diferencias cada vez mayores. Los combustibles no convencionales especialmente los petrleos pesados y las arenas bituminosas - tienden a tener una proporcin ms alta de carbono e hidrgeno que el petrleo convencional, y por eso liberan ms dixido de carbono cuando se queman. El petrleo del rtico y de las profundidades del mar necesita mayor energa para su extraccin y, en consecuencia, provoca emisiones de carbono ms altas en su propia produccin.

Muchas de las nuevas variedades de combustibles derivados del petrleo no se parecen en absoluto al petrleo convencional, escribi en 2012 Deborah Gordon , especialista en el tema en el Carnegie Endowment for International Peace. Los petrleos no convencionales tienen a ser pesados, complejos, cargados de carbono y estn encerrados en lo ms profundo de la tierra, estrechamente atrapados o unidos a la arena, el alquitrn y las rocas.

Con mucho, la consecuencia ms preocupante de la naturaleza distintiva de los combustibles no convencionales es su extremado impacto en el medio ambiente. Como a menudo se caracterizan por ratios ms altas de carbono y de hidrgeno, y por lo general necesitan mucha ms energa para poder extraerlos y convertirlos en materiales utilizables, producen ms emisiones de dixido de carbono por unidad de energa liberada. Adems, muchos cientficos creen que el proceso que produce gas de esquisto, saludado como combustible fsil limpio, causa amplias liberaciones de metano, un gas invernadero especialmente potente.

Todo esto significa que mientras siga creciendo el consumo de combustibles fsiles, se estarn arrojando a la atmsfera grandes cantidades de C02 y metano que, en vez de reducir, acelerarn el calentamiento global.

Y hay otro problema asociado con la tercera era del carbono: la produccin de petrleo y gas no convencional requiere de inmensas cantidades de agua para las operaciones de fracturacin, a fin de extraer las arenas bituminosas y los petrleos muy pesados y para facilitar el transporte y refinamiento de esos combustibles. Esto provoca una creciente amenaza de contaminacin del agua , especialmente en las zonas de produccin con intensas fracturaciones y arenas bituminosas, adems de una alta competitividad y lucha por el acceso a los suministros de agua entre perforadores, campesinos, autoridades municipales y otros. Cuando el cambio climtico se intensifique, la sequa ser la norma en muchas reas y, por ello, la competicin cada vez ms feroz.

Junto con estos y otros impactos medioambientales, la transicin de los combustibles convencionales a los no convencionales tendr consecuencias econmicas y geopolticas difciles de valorar en este momento. Para empezar, la explotacin de las reservas de petrleo y gas no convencionales en regiones anteriormente inaccesibles implica la introduccin de tecnologas productivas de ltima generacin, incluyendo las perforaciones en el rtico y en mares profundos, la fracturacin hidrulica (hydro-fracking) y el tratamiento de arenas bituminosas. Una de las consecuencias es que alterar la industria global energtica al hacer aparecer compaas innovadoras que posean las tecnologas y determinacin para explotar los nuevos recursos no convencionales; al igual que sucedi durante los primeros aos de la era del petrleo cuando surgieron nuevas compaas para explotar las reservas petrolferas del mundo.

Esto ha quedado muy evidenciado en el desarrollo del gas y esquisto bituminoso. En muchos casos, firmas ms pequeas y arriesgadas, como Cabot Oil and Gas, Devon Energy Corporation, Mitchell Energy y Development Corporation, concibieron y desarrollaron rompedoras tecnologas. Estas y otras compaas similares fueron pioneras en el uso de la fracturacin hidrulica para extraer petrleo y gas de formaciones de esquisto en Arkansas, Dakota del Norte, Pensilvania y Texas, desatando despus una estampida de las compaas energticas ms grandes para hacerse tambin con su propio trozo del pastel en esas zonas. Para aumentar su participacin, las firmas gigantes estn devorando a las de tamao pequeo y mediano. Entre las absorciones ms destacadas tenemos la compra por ExxonMovil en 2009 de XTO por 41.000 millones de dlares.

Esa transacciones ponen de manifiesto un rasgo especialmente preocupante de esta nueva era: el despliegue de fondos masivos por parte de las grandes de la energa y sus patrocinadores financieros para adquirir participaciones en la produccin de formas no convencionales de petrleo y gas, con sumas que exceden enormemente las de inversiones comparables, tanto en el campo de los hidrocarburos como en el de las energas renovables. Para estas compaas est claro que la energa no convencional es el prximo boom y, al igual que las firmas ms rentables de la historia, estn dispuestas a gastar sumas astronmicas para asegurar que continan siendo rentables. Si esto significa empezar a pensar que invertir en energas renovables es un timo, amn. Sin un esfuerzo que disee polticas concertadas que favorezcan el desarrollo de las renovables, advierte Gordon en el Carnegie, las inversiones futuras en el campo energtico probablemente seguirn fluyendo de forma desproporcionada hacia el petrleo no convencional.

Es decir, habr una preferencia institucional cada vez ms pronunciada entre las empresas energticas, los bancos, las agencias crediticias y los gobiernos por la produccin de combustibles fsiles de prxima generacin, lo que aumentar la dificultad para establecer frenos nacionales e internacionales a las emisiones de carbono. Esto se hace evidente, por ejemplo, en el constante apoyo de la administracin Obama a las perforaciones en mares profundos y al desarrollo del gas pizarra, a pesar de su pretendido compromiso con la reduccin de las emisiones de carbono. Es igualmente evidente en el creciente inters internacional por el desarrollo de las reservas de petrleos pesados y esquistos bituminosos mientras van recortndose las inversiones en energas renovables.

Al igual que en los campos econmico y medioambiental, la transicin del petrleo y gas convencional al no convencional tendr un impacto considerable, en gran medida todava sin definir, en los asuntos polticos y militares.

Las compaas estadounidenses y canadienses estn jugando un papel decisivo en el desarrollo de muchas de las nuevas tecnologas a aplicar a los combustibles no convencionales; adems, algunas de las reservas de gas y petrleo no convencionales del mundo estn situadas en Amrica del Norte. Todo esto sirve para reforzar el poder global de EEUU a expensas de otros productores energticos mundiales como Rusia y Venezuela, que se enfrentan a la creciente competicin de las compaas norteamericanas y de estados importadores de energa como China y la India, que carecen de recursos y tecnologa para producir combustibles no convencionales.

Al mismo tiempo, Washington parece inclinarse ms por contrarrestar el ascenso de China a travs del dominio sobre las rutas martimas globales y de reforzar sus lazos militares con aliados regionales como Australia, India, Japn, Filipinas y Corea del Sur. Muchos factores son los que estn contribuyendo a este cambio estratgico, pero, por sus declaraciones, est bastante claro que los altos funcionarios estadounidenses lo consideran en gran medida una consecuencia de la creciente autosuficiencia de EEUU en la produccin energtica y su precoz dominio de las tecnologas de ltima generacin.

La nueva postura energtica de EEUU nos permite enfrentar [el mundo] desde una posicin de mayor fortaleza, afirm el asesor de seguridad nacional Tom Donilon en un discurso pronunciado en abril en la Universidad de Columbia. Aumentar los suministros de energa estadounidense sirve de amortiguador para reducir nuestra vulnerabilidad ante las interrupciones del suministro global y nos permite presentar un pulso ms firme en la bsqueda e implementacin de nuestros objetivos internacionales de seguridad.

Mientras tanto, los dirigentes de EEUU pueden permitirse alardear de su pulso ms firme en los asuntos mundiales porque ningn otro pas posee las capacidades para explotar recursos no convencionales a tan gran escala. Sin embargo, al tratar de obtener beneficios geopolticos de la creciente dependencia mundial de esos combustibles, Washington est invitando inevitablemente a que los dems contraataquen de diversas formas. Las potencias rivales, temerosas y resentidas por su asertividad geopoltica, incrementarn sus capacidades para resistir frente al poder estadounidense; una tendencia ya evidente en la acelerada construccin naval y de misiles de China.

Al mismo tiempo, otros Estados tratarn de desarrollar su propia capacidad para explotar recursos no convencionales mediante lo que podra considerarse una versin de la carrera armamentstica en el terreno de los combustibles fsiles. Esto necesitar de considerables esfuerzos, pero esos recursos estn ampliamente distribuidos por el planeta y, con el tiempo, aparecern seguro otros productores importantes de combustibles no convencionales que desafiarn la ventaja de EEUU en este campo (incluso aumentando la resistencia y destructividad global de la tercera era del carbono). Tarde o temprano, gran parte de las relaciones internacionales girarn alrededor de estas cuestiones.

Sobreviviendo a la tercera era del carbono

A menos que se produzcan cambios inesperados en las polticas y conductas globales, el mundo va a depender cada vez ms de la explotacin de energas no convencionales. Esto, a su vez, implica el incremento en la acumulacin de gases invernadero y muy pocas posibilidades de evitar el comienzo de catastrficos efectos climticos . S, tambin seremos testigos del progreso en el desarrollo e instalacin de formas renovables de energa, pero ests jugarn un papel subordinado frente al desarrollo del petrleo y gas no convencionales.

La vida no va a ser muy satisfactoria en la tercera era del carbono. Quienes confan en los combustibles fsiles para el transporte, la calefaccin y usos similares quiz puedan consolarse con el hecho de que el petrleo y el gas natural no se van a agotar pronto, como muchos analistas de la energa predijeron en los primeros aos de este siglo. Los bancos, las corporaciones de la energa y otros intereses econmicos amasarn sin duda asombrosos beneficios de la explosiva expansin de las empresas dedicadas al petrleo no convencional y de los aumentos globales en el consumo de esos combustibles. Pero la mayora de nosotros no vamos a sentir recompensa alguna. Bien al contrario. Tendremos que experimentar el malestar y sufrimiento que acompaan al calentamiento del planeta, la escasez de los disputados suministros del agua en muchas regiones y el destripamiento del paisaje natural.

Qu puede hacerse para acortar la tercera era del carbono y evitar lo peor de sus consecuencias? Exigir mayores inversiones en energa renovable es esencial pero insuficiente en un momento en que las potencias mundiales actuales estn haciendo hincapi en el desarrollo de los combustibles no convencionales. Hacer campaa para frenar las emisiones de carbono es necesario, pero ser indudablemente problemtico, dada la inclinacin cada vez ms profunda de las instituciones hacia la energa no convencional.

Adems de esos esfuerzos, es necesario impulsar la divulgacin de las peculiaridades y peligros de la energa no convencional y demonizar a quienes deciden invertir en esos combustibles en vez de en energas alternativas. En ese sentido, ya estn en marcha diversos esfuerzos, incluidas las campaas iniciadas por los estudiantes para persuadir u obligar a los administradores universitarios a que desinviertan cualquier aportacin a las empresas de combustibles fsiles. Sin embargo, esos esfuerzos son muy poca cosa an para identificar y resistir frente a los responsables de nuestra creciente dependencia de los combustibles no convencionales.

A pesar de toda la charla del Presidente Obama sobre la revolucin de la tecnologa verde, seguimos profundamente atrincherados en un mundo dominado por los combustibles fsiles, y la nica revolucin verdadera que hay ahora en marcha implica el cambio de un tipo de esos combustibles fsiles a otro. Sin duda que es la frmula ideal para la catstrofe global. Para poder sobrevivir a esta era, la humanidad debe ser muy consciente de las implicaciones de este nuevo tipo de energa y despus dar los pasos necesarios para comprimir la tercera era del carbono y acelerar la Era de las Renovables antes de que nos extingamos a nosotros mismos de este planeta.

Michael T. Klare es profesor de estudios por la paz y la seguridad mundial en el Hampshire College y colaborador habitual de TomDispatch.com. Es autor de The Race for What's Left: The Global Scramble for the World's Last Resources   (Metropolitan Books) y en edicin de bolsillo (Picador).

Fuente original: http://www.tomdispatch.com/post/175734/tomgram%3A_michael_klare%2C_how_to_fry_a_planet/#more  




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