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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-08-2013

Editorial de Punto Final
Un plato de lentejas o Asamblea Constituyente

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


La reforma del sistema electoral binominal -tanto tiempo esperada-, amenaza repetir la historia bblica del plato de lentejas con que Jacob compr su primogenitura a Esa. La primogenitura que se pretende comprar a precio vil, es la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Pero lo que Chile necesita no slo es terminar con el binominal, sino tambin extirpar las races econmicas y sociales de la dictadura, enquistadas en la Constitucin Poltica del Estado. La mayora de los partidos defienden la institucionalidad y el modelo econmico heredados de la dictadura, o han sido cooptados y los legitiman en los hechos. Comparten un profundo temor por los cambios democrticos y, sobre todo, les espanta una Asamblea Constituyente que Chile nunca ha tenido. En esa postura coinciden la derecha y la Concertacin, que en la prctica es otra versin de la derecha. Aconsejados por sus mximos gurs polticos, estn cocinando el plato de lentejas de la reforma del binominal. Creen que eso permitir conjurar la amenaza de una Asamblea Constituyente. Pero se equivocan.

Tres proyectos se discuten en el Senado. Uno del gobierno, con apoyo de la UDI. Otro de Renovacin Nacional y la Concertacin. El tercero, de los senadores Jaime Quintana y Ricardo Lagos Weber, del PPD. Los dos primeros estn en vas de refundirse. La diferencia consista en mantener o aumentar el nmero de diputados y senadores. Ya hay acuerdo en aumentar los cupos, aun cuando esto producir rechazo en la opinin pblica. Pero eso permite -segn clculos milimtricos-, que la minora oligrquica retenga el control remoto del Legislativo. En suma, el plato de lentejas ser un binominal corregido que redistribuir distritos y circunscripciones, y asignar una cuota extra de parlamentarios a cada partido, manteniendo la hegemona neoliberal.

Se trata de una de las operaciones polticas ms delicadas de los ltimos aos. Su objetivo no es terminar con el binominal que ha favorecido a ambos bloques polticos, sino impedir que la democratizacin del pas se canalice hacia una Asamblea Constituyente. El primer beneficiado del binominal result ser el propio creador del sistema, Jaime Guzmn, que en 1989 result electo senador con slo 17% de los votos, desplazando a Ricardo Lagos Escobar que tena ms del 30%. Estudios serios del binominal demuestran que ambas coaliciones que se turnan en el gobierno se han beneficiado(1). Los tira y afloja en la tramitacin de los proyectos en el Senado no tienen otro propsito que someter a una candorosa opinin pblica a otro descomunal engao.

El engendro que se presentar como el fin del binominal, no cambiar la esencia del sistema que regula la dictacin de las leyes. Lo han dicho los ms caracterizados personajes de ambos bloques polticos. El primero fue el ex presidente Ricardo Lagos, que luego de un fugaz titubeo pro Constituyente -cuando la presin popular en las calles era muy fuerte-, opin enftico que si la UDI aceptaba reformar el binominal, se acab la discusin de la Asamblea Constituyente!(2). Y es lo que ha ocurrido. Esa lnea argumental la siguieron voceros del gobierno, la Alianza y la Concertacin. La UDI atendi la sugerencia y se pleg al proyecto de reforma que elaboraron sus propios hombres en el gobierno. El Mercurio, atemorizado por una Constituyente que haga tambalear el andamiaje del modelo neoliberal, ha dado cobijo a todas esas voces y mantiene una campaa permanente contra la Constituyente. La extrema derecha mercurial utiliza sobre todo a polticos como Camilo Escalona, Jos Miguel Insulza y Enrique Correa, de notoria influencia en la candidatura Bachelet. Ellos argumentan que no existe una crisis institucional que haga necesaria una Constituyente.

La autodenominada clase poltica no quiere admitir la crisis. Ella se manifiesta de maneras diversas e incluso paradojales. La ms visible y permanente: las movilizaciones estudiantiles y los estallidos de protesta en regiones, ciudades y poblaciones del pas. Pero en forma silente y profunda, se manifiesta en el desinters y apata de millones de chilenos que rehsan identificarse con el sistema y participar en poltica. Los ciudadanos estn sumergidos en el marasmo del consumismo o en la miseria ms absoluta, pero el destino del pas parece no importarles un comino. Es una crisis de ausencia, que ha convertido a una inmensa masa de ciudadanos en sombras autistas e indiferentes, mudos protagonistas de un prdida de identidad del pas que se prolonga por 40 aos. Su expresin ms elocuente -an no recogida por las direcciones polticas- estuvo en las elecciones municipales del 28 de octubre de 2012. Una abstencin del 60%: casi ocho millones de ausentes. Alcaldes y concejales que hoy representan a una nfima minora.

La reforma del binominal que regir a partir de 2017, se equivoca medio a medio si cree que una crisis de esta magnitud y naturaleza puede conjurarse cambiando el nombre del sistema electoral. Repartirse de otra manera los cupos parlamentarios entre los dos bloques -y una pitijaa para el Partido Comunista-, no resuelve nada. La crisis seguir su curso. Llegar el momento -ya sea por exasperacin de los movilizados, o por la propia inanicin del modelo institucional, carente de toda forma de participacin ciudadana-, en que habr que acometer la tarea de refundacin de la repblica.
La candidata presidencial de la Nueva Mayora, Michelle Bachelet, se ha pronunciado a favor de reformas a la Constitucin, especificando que las impulsar por la va institucional. Vale decir, a travs del Congreso binominal que se elegir en noviembre. No hay motivo para creer que los presuntos partidarios de los cambios constitucionales alcanzarn una mayora en el marco del propio Parlamento, esquivando la Asamblea Constituyente. La anterior eleccin parlamentaria (13 de diciembre de 2009) dio 57 diputados a la Concertacin, incluyendo los tres del PC, y 58 a la Alianza, ms 3 al PRI y 2 independientes. Lo ms probable es que en la eleccin de noviembre participen no ms de los siete millones que lo hicieron el 2009. La Nueva Mayora tiene los mismos socios que en la eleccin anterior: cuatro partidos de la Concertacin, ms el PC y la Izquierda Cristiana, a los que se suma el MAS, que en las municipales de 2012 obtuvo el 0,57%. Aunque repetir la participacin electoral de 2009 permitira an mantener en pie la institucionalidad, la ausencia de un nmero similar de votantes estara dando testimonio de una crisis abismal.

Una encuesta de la Universidad Central indica que ms del 70% de los ciudadanos quiere cambiar la Constitucin, y que el 83% opina que debe ser mediante una Asamblea Constituyente(3). Desde luego, no puede ser una estrategia de corto plazo. Es un complejo proceso de acumulacin de fuerzas, cuya culminacin ser fruto del empuje irresistible de una mayora movilizada y partcipe de la lucha social y poltica. Ser uno de los acontecimientos ms importantes de la historia de Chile. Pondr fin en forma democrtica al siniestro periodo de tirana oligrquica que abri el golpe de 1973. En ese sentido, tanto la abstencin como los votos nulos, en blanco o por candidatos independientes que se pronuncian por la Constituyente, tendran sentido si permiten avanzar en ese rumbo. El simple relevo de una coalicin neoliberal por otra, no tiene mayor significacin para democratizar la institucionalidad y restaurar el protagonismo popular en la poltica.



Notas
(1) En promedio la Concertacin ha obtenido un 50,2% de las preferencias, mientras que la Coalicin por el Cambio (ex Alianza) slo un 38,9%, no obstante haber obtenido mayor representacin en la Cmara debido a los efectos del sistema binominal. (Miguel Angel Lpez, Andrs Dockendorff y Pedro L. Figueroa, Revista de Sociologa, N 26, 2011).
(2) El Mercurio, 28 de agosto, 2012
(3) El Mostrador, 13 de agosto, 2013.


Editorial de Punto Final, edicin N 788, 23 de agosto, 2013
www.puntofinal.cl



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