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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-08-2013

El legado democrtico de Salvador Allende

Fernando de la Cuadra
Rebelin


El prximo 4 de septiembre se conmemoran 43 aos desde que el candidato socialista, Dr. Salvador Allende venciera las elecciones presidenciales liderando una coalicin de fuerzas de izquierda y centro izquierda denominada Unidad Popular. El triunfo de Allende fue apretado obtuvo solamente o 36,2% de los votos vlidos y represent la cuarta tentativa de elegirse presidente. Allende venci las elecciones con un programa de gobierno que inclua transformaciones importantes en la estructura econmica, poltica y social en un marco do respeto a las instituciones democrticas vigentes en el pas, sin apelar al de la violencia revolucionaria (va armada) y sin rupturas dramticas de la convivencia nacional. Este proyecto de transformacin de la sociedad por un camino legal-institucional y democrtico lleg a ser conocido como la va chilena al socialismo.

La ratificacin de Allende como presidente en el Congreso Nacional tampoco estuvo libre de conflictos y tensiones. Pocos das antes de la votacin en el parlamento, el Comandante en Jefe del Ejrcito, General Ren Schneider, fue asesinado por un grupo de civiles y ex-militares de ultra-derecha, como una forma de presionar a los sectores de la Democracia Cristiana para dar su apoyo al candidato que consigui la segunda mayora, Jorge Alessandri, representante de la derecha tradicional y que haba obtenido el 34,9% de los votos vlidos.

El proceso de cambios emprendido por Allende y los partidos de la Unidad Popular fue, como es ampliamente conocido, interrumpido abrupta y dramticamente despus de casi 1000 das de gobierno, en el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Por lo tanto, ya se cumplirn cuatro dcadas de esa cruenta jornada. Cuando afirmamos que esa jornada fue cruenta, no estamos construyendo una entelequia, pues durante el mismo da del Golpe, varios partidarios del gobierno que defendan el Palacio presidencial La Moneda murieron en combate y el propio presidente Allende inmol su vida cuando las fuerzas militares irrumpieron en su despacho. La represin y el revanchismo sangriento desatado despus de ese da fueron de una enorme ferocidad y dej una secuela de ejecutados, detenidos desaparecidos, torturados, prisioneros en campos de concentracin, exilados y desterrados que an hoy ronda como una sombra sobre la memoria de miles de chilenos [2] . Y no solamente eso, el propio proyecto socialista iniciado por el gobierno da Unidad Popular es un tema que hasta ahora divide a gran parte del pas, principalmente de aquellos que vivieron esa experiencia pionera.

La historiografa se interroga hasta nuestros das con respecto a las condiciones que hubieran hecho posible -o no- la continuidad del gobierno popular. Una tesis postula que dicha permanencia se consolidaba a travs de una gran coalicin entre la izquierda y los sectores progresistas del centro, conformando aquello que precisamente a partir de la tragedia chilena, Enrico Berlinguer lleg a teorizar como el bloque histrico. Es decir, la construccin de una amplia alianza entre el conjunto de fuerzas que impulsan las transformaciones necesarias para obtener una mayor justicia social. Este pacto se producira por medio de un compromiso histrico, en el cual se preparase el tejido unitario de la gran mayora del pueblo en torno a un programa de lucha por el saneamiento y la renovacin democrtica de toda la sociedad y el Estado [3] .

Al contrario de una aquiescencia sobre esta perspectiva, la implantacin de la va chilena fue siendo diseada y alimentada por diversas lecturas con relacin al curso que deba tomar la revolucin chilena, un camino que era indito, con caractersticas nacionales y tal como deca el propio Allende, tena que ser una revolucin con sabor a empanada y vino tinto. Entretanto, exista una contradiccin fundamental entre las fuerzas polticas que le daban sustento al proyecto de la Unidad Popular. El principal embate entre estas concepciones polares se encontraba entre aquellos sectores que tenan una plataforma de inspiracin republicana del proceso de transformaciones, subordinando a un segundo plano el ideario revolucionario guevarista. Estos segmentos consideraban que era necesario mantener las garantas democrticas y respetar las instituciones de la repblica, negociando y ejecutando paulatinamente las primeras 40 medidas que constaban en el programa de la coalicin de izquierda.

Entre estas acciones, la mayora moderadas, destacaban la entrega de medio litro de leche diario para todas los nios; la instalacin de consultorios materno-infantiles en todos los barrios; medicina gratuita en los hospitales pblicos con entrega gratuita de medicamentos; supresin de los altos salarios de los funcionarios de confianza; una profundizacin y aceleracin de la Reforma Agraria; becas para os estudiantes de la enseanza bsica, media y universitaria; creacin de un sistema previsional universal solidario con fondos estatales; creacin del Ministerio de proteccin de la familia. La nacionalizacin del cobre y de otros minerales no figuraba entre estas primeras 40 medidas, a pesar de que ya exista un amplio consenso sobre su imperiosa necesidad para aumentar los recursos fiscales destinados a financiar la poltica social del Estado. Como siempre afirmaba el mismo Allende, el cobre era el salario de Chile.

Allende era un buen negociador y consigui al inicio de su gobierno contar con el apoyo del principal partido de centro, la Democracia Cristiana, con la cual haba pactado un Estatuto de Garantas Constitucionales, donde el gobierno se comprometa a realizar las transformaciones anunciadas dentro del total respeto a la Constitucin y a las instituciones democrticas. Por lo mismo, los partidarios del gobierno insistan en caracterizar la va chilena como un proceso de reformas graduales que arribaran finalmente al socialismo a travs de una senda democrtica. Para eso, era fundamental planificar correctamente la aplicacin de cada medida del programa, lo que requera de equipos muy competentes y preparados tcnicamente para efectuar esas funciones.

En el cronograma de gobierno la expropiacin de las industrias, fbricas y de las haciendas improductivas con una superficie superior a 80 Hectreas de Riego Bsico (HRB) [4] , tena que ser realizada de forma gradual, controlada y planificada, bajo el supuesto de que la incorporacin de tales empresas al rea de propiedad social solamente debera ser puesta en prctica despus que la adquisicin y expropiacin de los bancos y de las empresas de capital extranjero ya estuviesen concluidas, para de esa forma dividir, aislar y neutralizar a los sectores ms privilegiados de la burguesa nacional durante la transicin para el socialismo. La reforma agraria que fue planificada desde la Corporacin de la Reforma Agraria (CORA) tuvo que dar cuenta de las presiones de los sindicatos de trabajadores rurales e inquilinos y experiment una aceleracin de tal magnitud en el proceso expropiatorio que ya a mediados de 1972 se encontraba prcticamente concluida [5] . O sea, muchos procesos adquirieron un ritmo que contradeca la idea que sustentaba Allende, para quien los procesos revolucionarios exitosos transcurran bajo una direccin frrea, consciente, no dejados al azar. Las masas no podan exceder a los dirigentes, porque estos tenan la obligacin de dirigir y de no dejarse dirigir por las masas [6] .

Por otro lado, se situaban aquellos sectores que visualizaban con pesimismo la realizacin de las transformaciones socialistas en el marco de la institucionalidad burguesa y reprochaban el modelo instaurado como siendo el de una revolucin burocrtica, desde arriba, sin poder popular real. Para estos grupos y movimientos, lo fundamental era avanzar sin negociar con las entidades representativas de la clase dominante- enquistadas en el parlamento, en el poder judicial, en las empresas y en los gremios profesionales-, para formas concretas de propiedad social radicalizando y acelerando la expropiacin de industrias, haciendas y otras formas de propiedad privada existentes en el pas. Al contrario de lo que pretenda Allende y su gobierno, lo que se observaba en el fragor de la lucha cotidiana por el socialismo, era que las directrices del gobierno y la intencin de conducir los cambios en forma paulatina y progresiva fueron totalmente sobrepasados por la accin directa de los trabajadores ms radicalizados y sus sindicatos, de los campesinos y obreros rurales, de los estudiantes, de los pobladores, de los pueblos originarios.

Cuestionando frontalmente el llamado de Allende -y de un sector de sus seguidores- a los principios democrticos, esta vertiente revolucionaria postulaba que la democracia posea un valor estrictamente tctico, instrumental, solo era la base necesaria para instaurar un rgimen socialista. Segn esta visin la democracia poltica a pesar de ser til a la causa de las masas populares, no sera ms til como forma de organizacin social, debido a su propia naturaleza de clase, como modalidad de dominacin de la burguesa para continuar obteniendo las granjeras y privilegios generados por la explotacin capitalista. Esta perspectiva enfatizaba el protagonismo popular y la inevitabilidad del enfrentamiento con las fuerzas reaccionarias, razn por la cual las fricciones con los sectores contra-revolucionarios eran vistas como imprescindibles para permitir que Chile enrumbara consistentemente hacia el socialismo: la revolucin tena que ser realizada por el pueblo, desde abajo.

En la tercera parte de la triloga La batalla de Chile realizada por el documentalista Patricio Guzmn y que se llama justamente El Poder Popular- existe una escena emblemtica en que se aprecia a un funcionario del gobierno intentando dar explicaciones en una reunin con dirigentes y operarios de un cordn industrial [7] , respecto de la necesidad de realizar las reformas acatando los convenios internacionales suscritos por el gobierno, desacelerando de esa manera el ritmo de las transformaciones emprendidas por las autoridades. Frente a esa explicacin del representante oficial, un dirigente le responde: En este momento estamos cuestionado la institucionalidad y legitimidad del gobierno, ahora estamos entrando en una etapa de toma del poder por parte de las clases trabajadoras, porque el poder legal ha sido superado y debemos luchar hasta aplastar a la clase enemiga, la clase de los explotadores.

La naturaleza y conviccin de este discurso revelan el grado de radicalidad a que haban llegado algunos sectores con respecto a lo inevitable del enfrentamiento con las fuerzas contrarias al proyecto allendista. Sin embargo, esta posicin no tena ninguna correlacin con una poltica efectiva de defensa ante la inminencia de un golpe de Estado y hoy sabemos perfectamente como las fuerzas de apoyo al gobierno fueron pulverizadas desde el mismo da 11 de septiembre. Lo que se sigui a esa jornada fue un genocidio sin precedentes en la historia poltica chilena.

La experiencia chilena ha continuado durante muchos aos suscitando innumerables debates sobre cules eran probablemente los caminos ms pertinentes para conquistar el socialismo en Chile. Con la derrota del gobierno popular por medio de un golpe, la tesis de que Allende fue sumamente ingenuo al confiar en los militares gan mucho aliento y fue predominante entre gran parte de la izquierda. Esta interpretacin fortaleci la idea de que el gobierno tena que armar al conjunto de la poblacin para resistir a la agresin militar. No obstante, con el decurso del tiempo fue ganando una posicin destacada aquella interpretacin que insista en la importancia de la conformacin de un bloque o alianza histrica entre todos los sectores polticos empeados en realizar cambios en las estructuras econmicas, polticas y sociales imperantes en el pas, utilizando para ello los instrumentos y las medidas que eran permitidos en el marco de una convivencia democrtica.

An ms, el proyecto de Allende y la va chilena era una experiencia pionera, indita, no exista ningn modelo histrico que poda dar indicios del camino a ser recorrido en una transicin pacfica, institucional y democrtica para el socialismo. El sistema presidencialista imperante en Chile le permita a Allende poseer un cierto grado de libertad para comandar el proceso de transformaciones estructurales, entretanto, durante el transcurso del mismo fue quedando cada vez ms evidente, que tanto en la divisin interna de la coalicin gobernante como en las vehementes e intransigentes fuerzas contrarias a tales transformaciones, el programa de la Unidad Popular comenz a descomponerse y el Ejecutivo solamente consigui administrar una crisis que aumentaba diariamente. Esta crisis no se expresaba en trminos electorales, pues a pesar de todos los problemas enfrentados por el gobierno (desabastecimiento y acaparamiento, mercado negro, enfrentamientos entre partidarios y detractores, huelgas, paros generales, etc.) el desempeo en las urnas de los partidos de la Unidad Popular durante las elecciones parlamentarias de 1973 (44,1%), fue mejor que el resultado obtenido por Allende el ao 1970 (36,2%), aunque inferior a las elecciones municipales de 1971 en que la UP alcanz el 50% de los votos. A pesar de aumentar la adhesin del electorado, el conglomerado de gobierno no consigui obtener una mayora electoral estable que hubiera fortalecido la viabilidad de su proyecto ante el conjunto de las fuerzas polticas y sociales del pas.

No obstante, en todos los conflictos suscitados durante su gobierno Allende intent permanentemente encontrar las salidas y los acuerdos que le permitiesen seguir impulsando su programa sobre bases democrticas, y de esta forma, interpelar a todos los sectores en la mantencin del dilogo y evitar los enfrentamientos, que finalmente pudieran determinar el fin de la vida republicana. El da del golpe, colocado en un trnsito histrico, Allende fue convidado para unirse a las fuerzas que resistan la embestida golpista en uno de los cordones industriales de Santiago. El presidente, coherente con su trayectoria democrtica declin el ofrecimiento y decidi morir en el Palacio de La Moneda, tal como lo haba prometido en sus diversos mensajes y discursos al pueblo chileno:

 

Yo les digo a ustedes, compaeros, compaeras de tantos aos, se los digo con calma, con absoluta tranquilidad: yo no tengo pasta de apstol ni tengo pasta de mesas, no tengo condiciones de mrtir, soy un luchador social que cumple una tarea, la tarea que el pueblo me ha dado. Pero que lo entiendan aquellos que quieren retrotraer la historia y desconocer a la voluntad mayoritaria de Chile: sin tener carne de mrtir, no dar un paso atrs y que lo sepan, dejar La Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera (...) no tengo otra alternativa, solo acribillndome a balazos podrn impedir mi voluntad que es hacer cumplir el programa del pueblo [8] .

 

Independiente del dramatismo de las circunstancias en las cuales fue derrocado el gobierno de Allende, su gesto de morir en el Palacio presidencial, remarca su frrea conviccin de concluir el mandato para el que fue electo, en el lugar que simbolizaba el centro del poder poltico, en el local que representaba la sntesis de los valores democrticos y republicanos abrigados durante tantos aos en la historia poltica chilena. Allende tena claro que su mandato conclua en noviembre de 1976 y an cuando seis aos de gobierno parecan pocos para la magnitud de la obra a ser construida, el presidente confiaba en el entusiasmo de un conjunto de fuerzas progresistas que se inclinaban por apoyar dichas transformaciones. En ese sentido, el proyecto de cambios que Allende anhelaba para el pas no era una utopa surgida de una mente alucinada, sino por el contrario, se sustentaba en una lectura consciente de la realidad, en la certeza de que era posible utilizar las instituciones y las leyes del pas para alcanzar el conjunto de medidas incluidas en su programa de gobierno, entre ellas la reforma agraria, la nacionalizacin de los recursos naturales y la estatizacin de la banca y el sistema financiero.

De manera trgica, el proyecto allendista no logr ser comprendido cabalmente por los mismos partidos que formaban la Unidad Popular y la soledad intelectual de Allende fue siendo cada vez ms patente en un escenario donde la polarizacin de la sociedad era vertiginosa y su corolario funesto se anunciaba como el epilogo inevitable de un pas dividido por el odio y la intolerancia. Este ser en parte el drama de la experiencia chilena, el distanciamiento in crescendo entre visiones y estrategias polticas contrapuestas, en que la capacidad de Allende para arbitrar estas disputas iba disminuyendo progresivamente, quedando paulatinamente ms aislado en su ideario de construir un socialismo por va democrtica.

Hoy, cuando se conmemoran 40 aos del fin de esa experiencia original y abortada en la ferocidad de las armas y el crimen, el pensamiento de Allende y su camino al socialismo emergen como un gran legado para las futuras generaciones. Ello significa pensar que socialismo y democracia no solamente son posibles y deseables, sino que adems ambas dimensiones son esencialmente imprescindibles. Y no lo es en un sentido meramente terico, lo es sobre todo en una praxis poltica de un modo dialcticamente nuevo de concebir esa relacin. Tal como ha sido develado en la feliz sntesis de Carlos Nelson Coutinho: Sin democracia no hay socialismo y sin socialismo no hay democracia.



[1] Doctor en Ciencias Sociales. Miembro de la Red Universitaria de Investigadores sobre Amrica Latina (RUPAL). E-mail: [email protected]

[2] Para no olvidar estos trgicos acontecimientos, actualmente un importante acervo de documentos, testimonios e informes de ese perodo tenebroso se encuentra expuesto en el Museo da Memoria y los Derechos Humanos, inaugurado por la presidenta Michelle Bachelet en enero de 2010, poco antes de concluir su mandato.

[3] Enrico Berlinguer, Democracia, Valor Universal. Marco Mondaini: seleccin, traduccin, introduccin y notas, Brasilia/Rio de Janeiro: Fundacin Astrojildo Pereira/Editora Contraponto, 2009, p. 82.

[4] HRB representaba una medida de superficie que combinaba aspectos de productividad de la tierra (calidad y tipo de suelo), rea geogrfica, proximidad a carreteras y facilidad de acceso a los mercados. Durante la Reforma Agraria una HRB consista en una hectrea de tierra bajo riego con un suelo clase I, localizada en el Valle del Maipo (regin central) y prximo de la Carretera Panamericana (principal va y columna vertebral del pas).

[5] Efectivamente, a esa fecha ms del 70% de las expropiaciones programadas por el gobierno ya se haban realizado, siendo que el propio presidente Allende pensaba en concluir dicho proceso solamente al final de su mandato de seis anos.

[6] Peter Winn, A Revolucin Chilena; traduccin de Magda Lopes, So Paulo: Editora UNESP, 2010, p 102.

[7] Los cordones industriales eran agrupaciones de industrias y fabricas que coordinaban tareas de produccin de una misma regin o zona. Representaron junto con los Comandos Comunales, los Comits de Vigilancia y las Juntas de Abastecimiento Popular (JAP) los fundamentos del poder popular durante ese perodo.

[8] Frida Modak (coord.), Salvador Allende: pensamiento y accin, FLACSO-Brasil/CLACSO, Buenos Aires: Ediciones Lumen, 2008, pp. 83-84.



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