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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2005

Creacin literaria y entorno revolucionario. El cantautor Silvio Rodrguez responde a la escritora Beln Gopegui
Susurros en el camino

Silvio Rodrguez
Rebelin


Las mayora de las letras compuestas por Silvio Rodrguez constituyen, a mi modo de ver, una prueba clara de la posibilidad de abordar hoy la poltica poticamente.

Con motivo de la preparacin de un curso llamado Literatura y Conspiracin en donde trabajaremos con algunas de esas letras, me tom la libertad de formular a su autor una pregunta sobre su forma de escribir.

La respuesta de Silvio Rodrguez result ser un texto de especial relevancia para entender las claves de la creacin artstica y tambin su insercin en un entorno revolucionario, un texto, en fin, cuyo inters rebasa con mucho los modestos objetivos del curso. Por ello le ped permiso para publicarlo. Reproduzco tambin la pregunta por cuanto puede orientar la lectura posterior.

Beln Gopegui. Madrid

 


Pregunta de Beln Gopegui:

Quisiera que me contaras en dnde te colocas, por as decir, cuando haces una cancin poltica a su modo todas lo son, pero las que lo son ms-.

Un solo ejemplo: me interesara conocer qu te lleva a empezar tu parte de la Cancin de la Columna Juvenil del Centenario con esa descripcin del final de la fiesta, la ciudad an encendida y a usar el t: no digas no, que ests... En ese momento hay una voluntad deliberada de no incurrir en un lenguaje poltico que pueda parecer gastado, o es solamente el tema el que te lleva a enfocarlo as? Sin duda, al pensar con rigor en cualquier cosa a veces se logra que no aparezcan las imgenes obvias, pero an as hay qu pensar desde algn sitio: desde qu sitio te pusiste a pensar?

Creo que hay una cierta actitud en muchsimas de tus letras y no me refiero slo a cmo hablar de poltica de forma algo indirecta, sino tambin a cmo hablar de las cosas como interponiendo una visin entre la visin que ya existe y ellas.

S qu te estoy preguntando lo imposible, que me cuentes cmo has construido lo que los narradores llamamos el tono, en el caso de los poetas no s cmo lo llamis. Pero quiz haya una parte que s sea contable, y en todo caso me gustara que me hablaras de lo que significa para ti abordar la poltica poticamente.

Respuesta de Silvio Rodrguez:

La verdad es que nadie pregunta esas cosas y me gustara ver si consigo poner en palabras lo que suele ser espontneo.

Antes que nada debo decirte que la parte compuesta por m de la Cancin Para la Columna Juvenil del Centenario es hasta Qu puede valer ms?. El autor de los versos que siguen es Pablo Milans, as como la msica y la voz que los interpretan. Por entonces ramos integrantes del Grupo de Experimentacin Sonora (GES) del ICAIC. Era habitual que los directores nos pidieran que trabajramos juntos las bandas sonoras y de ah salieron algunas canciones a cuatro y en ocasiones a seis manos. No creo que la autora compartida cambie lo esencial que nos ocupa, ya que Pablo y yo estbamos plenamente identificados e igualmente conmovidos por el sacrificio de aquellos jvenes trabajadores que intentaban (y sin duda conseguan) virar esta tierra de una vez. ramos tan compatibles que a veces para hacer las canciones slo acordbamos una tonalidad. Con ese norte cada uno se iba a su casa y compona su parte. Luego nos encontrbamos y analizbamos qu segmento servira mejor para empezar y cul para concluir. Entonces empalmbamos los pedazos y listo. Jams hicimos retoques.

Cancin de la Columna Juvenil del Centenario

Mientras la ciudad

an a la cuatro est encendida

y haya un lugar que te distraiga por ah

un humilde lugar

un pequeo lugar

no digas no,

que ests negando el paraso:

s donde por aos la luz es un farol

y el sueo diversin

nica diversin.

S que ahora mismo,

mientras se entona cualquier canto,

mientras partimos a disipar el calor,

se est luchando all.

Qu va a pagar la sangre que la tierra absorbe?

Qu oro que no es oro de sueos pesa as?

Qu puede valer ms?

 

Qu paga este sudor, el tiempo que se va?

Qu tiempo estn pagando?: el de sus vidas.

Qu vida estn sangrando por la herida

de virar esta tierra de una vez!

 

Cuando a las once el sol

parte el centro del honor,

cuando consignas y metas

piden su paredn,

cuando de oscuro a oscuro

conversan por la accin

la palabra es de ustedes:

me callo por pudor.

 

Qu paga este sudor, el tiempo que se va?

Qu tiempo estn pagando?: el de sus vidas.

Qu vida estn sangrando por la herida

de virar esta tierra de una vez!

Luego de la necesaria aclaracin de autora regreso a lo particular que me pides, a la forma en que he abordado con intenciones poticas la temtica poltica. Y ahora, si me permites, quisiera ampliar un poco la perspectiva, para ayudarte a que lo veas desde algunos de mis contextos.

Antes que hacer canciones me fui haciendo hombre en la primera dcada de la revolucin cubana, aos 60. Pudiera afirmar que adquir nociones de tica simultneas a las de esttica, y es que tuve una adolescencia muy participativa, a la vez que lea ferozmente sobre lo humano y lo divino. El da que triunf la revolucin yo acababa de cumplir 12 aos y a esa edad un primo me reclut para la Juventud Socialista. Unos meses ms tarde estaba inmerso en la lucha estudiantil preuniversitaria e iba de casa en casa pidiendo conservas para los milicianos, atrincherados por los primeros ataques y sabotajes. En 1961, con 14, fui uno de los 100, 000 jvenes que integraron el ejrcito de alfabetizadores que dejaron las ciudades por la vida a la intemperie. Escog para alfabetizar una zona cercana a la Sierra del Escambray, donde la lucha de clases era muy violenta. El ejrcito de maestros al que perteneca puso su mrtir: un brigadista de mi edad, llamado Manuel Ascunce, fue torturado y muerto por los alzados. Poco despus se produjo la invasin contrarrevolucionaria por Playa Girn, atizada por las administraciones norteamericanas. Me hice miliciano el mismo da de aquel desembarco y mi generacin, fundida a la anterior, sigui aportando sangre. Un da ya nos dimos cuenta de que no ramos nios, que cualquiera de nosotros poda estar entre los cados de la aurora siguiente.

A los 15 dibujaba una pgina de historietas en el semanario Mella, rgano oficial de la Unin de Jvenes Comunistas. A los 17 fui llamado a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, a travs del servicio militar, donde prest servicios durante algo ms de tres aos. Producto de mi experiencia anterior como dibujante y diseador grfico, la mitad de mi vida militar la pas en jefaturas especializadas en elaborar propaganda de defensa.

Puede que el trabajo poltico directo, en edades tan tempranas, me haya inmunizado, al menos un poco, contra sus efectos. Puede que la saturacin del recurso me haya hecho replantermelo desde un ngulo ms humano, menos rgido. Puede que tuviera tan claro lo que era la propaganda que a la hora de escoger las palabras para una cancin tratara de evitar a toda costa lo que se le pareciera. An as no poda, ni quera, traicionar mis principios ni dejar de estar de parte de lo que consideraba correcto. Entonces tuve que trabajar contra las frases hechas, contra los caminos trillados, contra las frmulas obvias que sonaban a panfleto y no a literatura. Porque de eso se trataba: yo quera que mi lenguaje se pareciera a los discursos poticos, no a los polticos, aunque el compromiso con mi pas y con mi tiempo me arrastrara a los contenidos ms urgentes.

La labor que desarroll para el cine, entre 1970 y 1975, es buen ejemplo de cmo deb trabajar para la inmediatez, a la vez que buscar un lenguaje literario (y musical) que otorgara vida propia a la obra. Entonces hice muchas canciones por encargo, aunque nunca acept un trabajo que no me motivara, lo que ya implica una empata cmplice. Cancin de la CJC es de esa poca y fue escrita para un documental reportaje. En su caso hay, adems, algunos elementos extra artsticos en este caso poltico-histricos que pueden ayudar a la comprensin de por qu abord la letra sobre la Columna como lo hice, e incluso hasta la msica. Espero no estar extendindome demasiado.

En 1970 el documental Columna Juvenil del Centenario, del realizador Miguel Torres, no representaba una imagen idlica de la Columna Juvenil, sino que asumiendo un papel testimonial de nuestra realidad mostraba un ngulo nada oficialista. Mientras la prensa cubana enfocaba con un triunfalismo rimbombante (ingenuo) la campaa que los jvenes libraban en la provincia de Camagey, aquel trabajo cinematogrfico, cmara en mano y en blanco y negro, mostraba adolescentes vistiendo ripios, durmiendo a la intemperie, demacrados por la comida insuficiente y la labor excesiva, protagonistas que a la vez se expresaban con una firmeza y voluntad impresionantes. Pero esta ptica ms completa de la realidad contradeca a cierta zona de la direccin ideolgica que prefera una visin simplemente pica, sin profundizaciones que sacaran a la luz aspectos contradictorios de la dramtica realidad que vivamos. Aquel modo predominante de ver las cosas en la superestructura cubana tena su ncleo de artistas, escritores y hasta de autores lisonjeros, a tono con las justamente endurecidas canciones soviticas de la segunda guerra mundial. Pero tanto el mundo del cine cubano como la mayora de los trovadores ramos ms distendidos que aquel otro pas pretendido y ortodoxo, aburridamente solemne, hiertico.

Estas eran mis circunstancias y yo era un opositor de la visin oficial cuando escrib esa cancin. Pero lo contado no era todo. Por entonces haba cierta fobia ideolgica por el rock, algo as como una enfermedad infantil izquierdista, a decir de Vladimir Ilich. Esto llegaba a los extremos kafkianos de buscar clulas de rock en la msica de los compositores, y haba listas con calificativos y censuras para compases sospechosos. Despus de algunas adversidades yo y un grupo de jvenes msicos tuvimos la suerte de encontrar refugio para aquel tipo de excesos en el ICAIC (Instituto de Arte e Industria Cinematogrficos). Ah yo me desquitaba haciendo rocanroles con letras revolucionarias que los cuadrados de la cultura se tenan que zampar. Como el noticiero semanal ICAIC y las pelculas ponan nuestra msica, aquella fue nuestra forma de contribuir a barrer con los prejuicios que existan con el rock.

Por eso Cancin de la CJC y otras de entonces son medio roqueras, lo que por otra parte contribua a engordar nuestra fama de muchachos conflictivos.

Cuando en aquellos tiempos me pona a escribir, deba estar conciente de varios frentes de confrontacin a la vez: aquel del que formaba parte como pas martiano y socialista a 90 millas del imperio; estos otros combates domsticos mencionados, que suponan una forma de disidencia revolucionaria; y, para colmo, deba cargar con el implacable frente intimo, contra el que no haba excusa y me exiga ser cada vez mejor persona y artista.

Con la mayora de las canciones que hice, las que no eran por encargo sino solamente porque se me ocurrieron, el proceso ha sido muy parecido. Cuando hice Te Doy Una Cancin pas de lo personal a lo colectivo con tanta naturalidad como cuando alguien va con su pareja, dndose besos, hasta una reunin de compaeros. Es que son el mismo hombre y la misma mujer; no tiene porqu haber costuras; y si las relaciones que establecen tanto privadas como pblicas son honestas, la verdad es que debieran verse unas como la continuacin de las otras, ya que usamos la misma piel para amar que para defender lo que creemos. Puede que la vestimenta, los utensilios, la parafernalia acompaante pueda cambiar. Quiz por eso funcionen mejor una marcha para el combate y un bolero para enamorarse.

Puede que a otros les sea ms sencillo explicar cmo llegan al tono de lo que escriben. A mi me resulta difcil porque muchos de mis procesos nunca han tenido mtodo. Tambin porque ese tono suele ser un hallazgo fundamental, al punto en que en ocasiones parece disputarle importancia al asunto. Estoy lejos de ser un defensor de la forma a ultranza, pero si admitimos que una manera es la llave de una puerta cmo no vamos a reconocerle lo que le corresponde? Lo que me mueve y deseo escribir suele estar ante mis narices, como ante las de cualquiera, pero hasta que no encuentro la forma de abordarlo soy un invlido. En ese proceso de bsqueda, a veces me he metido aos. Ha sido como otra va para llegar a las canciones, que pudiera ser la de la sedimentacin, como una especie de aprendizaje largo y secreto que desemboca en las palabras justas o en el tono, como t lo llamas. Eso me ha pasado, por ejemplo, con Rabo de Nube, que tambin es una cancin poltica, a su manera.

Nac en una zona rural donde los campesinos llaman rabo de nube (raboenube) al tornado. Siempre me fascin esa metfora del pueblo y, vampiro (chupa-ideas) como soy, intent el tema varias veces. Una vez casi di por terminado un texto, pero era tan conciente y manipulador que asesinaba la transparencia del smbolo. Muchos aos despus, en la ciudad de Mxico, en una tarde sin prisas, se me apareci la cancin tal como est, con relativamente poco esfuerzo, como si ya estuviera hecha en algn rincn de mi cabeza. La nica explicacin que le encuentro es que abord aquella idea, descubierta en la infancia, ni ms ni menos que como un nio: no hacindome el inocente sino desde un estado de inocencia.

As que supongo que me puse a tiro de aquella cancin. Y por lo tanto debo dejar a cada cual el camino que deber recorrer para situarse al alcance de lo que desea. La nica tcnica que en este caso pudiera articular es que el proceso no debiera ser confundido con poner a nuestro alcance lo que queremos poseer. Eso al menos en mi caso no resulta. Debe ser que hay estancias de la sensibilidad y sendas para llegar a ellas que son estrictamente personales. No s por qu me da un poco de vergenza revelar que soy de los que de alguna forma creen en lo inasible, o puede que ms bien en lo intransferible.

No quiero dejar de mencionar algunos maestros que no paran de ensear buenas maneras de poesa poltica: Brecht, Hikmet, Josef, Vallejo. Hasta el mismsimo Rimbaud hizo un alegato antiguerrerista con aquel poema que una vez le bajo el ttulo de El durmiente del valle. Para qu hablar de Miguel Hernndez o Pablo Neruda. Ya s que estos dos, junto a Brecht y Maiakovsky, resultan explcitos o directos, que su mensaje no es tan sesgado como te interesa ver ahora. Pero leyndolos puede que haya aprendido lo que me estaba vedado. Por qu prohibido? Porque yo era un ciudadano de una revolucin victoriosa y fundaba una nueva sociedad en la que los contenidos contingentes empezaban a formar parte de lo cotidiano, o sea que deba aligerarlos de herrajes embarazosos para hacerlos ms llevaderos, capaces de ser llevados en los bolsillos de la gente. Porque de alguna forma mi realidad me peda, ms que gritos, susurros acompaantes en el largo camino por recorrer.

 



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