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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2013

Cmo se gest el Golpe de 1973
Hay oficiales golpistas?

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


El texto que se publica en estas pginas corresponde a la edicin N 191 de Punto Final (28 de agosto de 1973). La edicin completa se puede consultar en www.pf-memoriahistorica.org

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La revista tunecina Jeune Afrique public, el 14 de julio, un comentario sobre Chile titulado El tiempo de los golpistas, en el que se traza un paralelo con la situacin uruguaya. La publicacin africana distingue las diferencias entre ambos procesos. Pero seala que llegaron a un mismo resultado en cuanto a las instituciones de la democracia liberal que han sido, por largo tiempo, el orgullo de los dos pases. Ha sido el ejrcito quien sali victorioso de la crisis poltica y econmica, para Chile, histrica y social, para Uruguay. Salidos de un mismo punto -el apoliticismo-, los ejrcitos de los dos pases siguieron caminos diferentes. Esto fue para llegar a este otro punto donde los pretorianos llegan a ser dueos de la situacin?.

La inquietud de la revista Jeune Afrique es compartida por diversos crculos polticos en Chile. Sin embargo, muy pocos se atreven a formularla en voz alta. El temor a tratar objetivamente el papel que desempean las fuerzas armadas, su estructura clasista y sus contradicciones internas, y la presencia en su seno de oficiales golpistas, son temas tab. Por lo regular su tratamiento sincero es eludido por dirigentes polticos y analistas de la situacin nacional, que prefieren caer en el lugar comn de las alabanzas seudopatriticas, dejando en penumbras una verdad que se compone de diversos ingredientes.

 

GOLPISTAS DE AYER

Cuando se habla de oficiales golpistas, la falsa indignacin que acoge estas denuncias hace tabla rasa de la experiencia histrica. No vamos a remontarnos aqu al general Ariosto Herrera, que en la dcada del 30 intent derrocar al gobierno del Frente Popular. Simplemente pretendemos recordar lo que sucedi en 1970, al momento de ser elegido Allende como presidente de la Repblica. La misma noche del 4 de septiembre, la autorizacin para manifestar su jbilo en las calles fue otorgada a la Unidad Popular por el general Camilo Valenzuela Godoy, comandante de la Guarnicin Militar de Santiago. Las masas -inducidas por frases halagadoras vertidas por dirigentes de la UP- vieron en el general Valenzuela a un militar democrtico y amigo del pueblo. Lo mismo ocurri cuando los comandantes en jefe visitaron al presidente electo, en su residencia de la calle Guardia Vieja. Los saludos protocolares de esos altos oficiales reconociendo la victoria de Allende, tuvieron un auspicioso significado al despejar las inquietudes sobre la conducta que asumiran las FF.AA.

Sin embargo, el complot que culmin con el asesinato del comandante en jefe del ejrcito, general Ren Schneider, dej en evidencia una realidad que hasta ahora, de una u otra forma, se ha eludido encarar. En efecto, qued demostrado que en el complot no slo particip un ex general -como es el caso de Roberto Viaux Marambio-, sino tambin generales en servicio activo, como Camilo Valenzuela Godoy. Entre la gente que se reuna a conspirar con Viaux en una casa de la Avda. Prncipe de Gales, figuraba tambin el director de Carabineros, general Vicente Huerta Clis; el jefe de la Armada, almirante Hugo Tirado Barros y jefes de la Fach.

El complot -que no trepid, incluso, en el asesinato- tena implicados a los ms altos oficiales de las FF.AA. y de Carabineros. Seguramente ellos no actuaban solos y si bien posteriormente salieron discretamente de las filas, sus confidentes y compaeros se quedaron adentro.

Dado el curso que siguieron los acontecimientos, bien puede ser que uno de los que se sumergieron haya sido el coronel Alberto Labb Troncoso, director de la Escuela Militar Bernardo OHiggins. Ms tarde el coronel Labb mostr la hilacha golpista y fue llamado a retiro. De inmediato se convirti en candidato a senador del Partido Nacional y sac una alta votacin en marzo de este ao, aunque insuficiente para ser elegido. La campaa electoral de Labb mostr a las claras su ideologa fascista, la misma que, sin duda, posea cuando era un pundonoroso coronel a cargo de la formacin de los futuros oficiales de nuestro ejrcito.

Otro que no tard en mostrar las garras fue el general Alfredo Canales. Tambin llamado a retiro -despus de un confuso episodio en que apareci haciendo invitaciones golpistas a la oficialidad de la Armada-. Canales es hoy el sucesor aparente del jefe fascista Pablo Rodrguez Grez, exiliado en Ecuador. El ex general -de prestigioso pasado en la institucin-, dirige ahora una entidad nacionalista que trabaja directamente por el golpe de Estado. Con o sin uniforme, Canales es un fascista. La diferencia estriba en que antes habra resultado una infamia acusarlo de tal, pero hoy, como general en retiro, su mentalidad aparece liberada de toda disciplina.

 

GOLPISTAS DE HOY

Los nombres de Viaux, Canales, Valenzuela, Tirado Barros, Huerta, Labb, etc., sirven para demostrar que no es ninguna injuria suponer que hay oficiales golpistas en el seno de las FF.AA. y de Carabineros. El 29 de junio pasado, sin ir ms lejos, el teniente coronel Roberto Souper Onfray, jefe del Regimiento Blindado N 2, se rebel al frente de sus tanques y trat de copar La Moneda. Su aventura caus 22 muertos, de acuerdo a la mesurada cifra que proporcionaron las autoridades.

La presencia de oficiales golpistas en las FF.AA., as como la actividad golpista ms all de las filas uniformadas, se explica con absoluta lgica por el elevado nivel que ha alcanzado la lucha de clases. La oficialidad est ligada por sistema de vida, vinculacin familiar y formacin ideolgica a la burguesa y sus valores polticos, econmicos y culturales. No son escasos, sin embargo, los oficiales que, al igual que otros profesionales, han adherido a la ideologa revolucionaria, ligando su suerte a la del proletariado.

El sentido de la cohesin y el espritu de cuerpo, natural a toda institucin castrense, ha hecho que hasta ahora los desbordes de un Souper, de un Canales o de un Labb, hayan sido controlados y puestos al margen por los propios responsables de las fuerzas armadas. Sin embargo, de una u otra manera, los planteamientos golpistas se han ido traduciendo en una actitud que abarca incluso a la oficialidad apoltica. Esto explica, por ejemplo, la forma deliberadamente antipopular en que se ha manejado la Ley sobre Control de Armas, embistiendo contra los sectores obreros. Es la ideologa reaccionaria -que sirve de soporte al golpismo- la que hace ver en el poder popular a un enemigo de las FF.AA. al que hay que desarmar y reducir con el empleo de una mxima severidad. De otro modo, tambin es la presin del golpismo la que lleva a sectores constitucionalistas a imponer cada vez con mayor peso determinadas normas de conducta al gobierno de la Unidad Popular. Se traduce as -a trminos legalistas y polticos- la ideologa burguesa que conduce a suplantar, en los hechos, un programa (el de la UP) por otro (el del fresmo y la derecha tradicional).

 

LA INFLUENCIA IMPERIALISTA

Tampoco tiene nada de extraordinario constatar el peso e influencia del imperialismo en el seno de las FF.AA. Desde luego, lo tiene en otras esferas de la vida nacional: en el plano poltico, en la cultura y en la realidad econmica. A travs del Pacto de Ayuda Mutua (PAM) y de otros instrumentos manipulados por las misiones militares norteamericanas, como las anuales Operaciones Unitas, Estados Unidos ha penetrado e influye a su modo en las FF.AA. de casi toda Amrica Latina, incluyendo Chile. La formacin de oficiales en sus escuelas antisubversivas de Panam, Puerto Rico y el propio territorio de EE.UU., ha sido uno de los elementos ms importantes de esa penetracin. Recientemente se ha denunciado que oficiales de la inteligencia naval norteamericana han desarrollado activa labor en la Armada. Cosa parecida puede ocurrir en otras ramas cuyos equipos, tecnologa y abastecimiento dependen en gran medida de EE.UU. Para el Pentgono norteamericano, mantener bajo su esfera de influencia a los ejrcitos latinoamericanos es una cuestin vital. El almirante T. H. Moorer, jefe del Estado Mayor de las FF.AA. de Estados Unidos, plante con claridad el 22 de mayo pasado, en Puerto Rico, el enfoque del Pentgono. EE. UU., dijo, depende de fuentes extranjeras en 22 de los 74 materiales esenciales que necesita una sociedad industrial moderna. Uno es el cobre. Para fines de siglo se calcula que EE.UU. necesitar importar ms de la mitad de su demanda bsica de materias primas. Debido a esta situacin, el almirante Moorer pregunt: Cmo es posible que renunciemos a nuestros intereses en el mundo? La respuesta es que no podemos hacerlo. Estamos comprometidos a nivel mundial debido a que nuestros intereses son tambin a nivel mundial; intereses que comprometen a todos los elementos de nuestro poder nacional: polticos, econmicos y militares. El jefe del Estado Mayor norteamericano reconoci que podran surgir problemas cuando los intereses de EE.UU. fueran contrarios a los pases proveedores de materias primas. Por ejemplo, si EE.UU. necesitara asegurar la importacin de cobre y se encontrara con dificultades en pases proveedores, como Chile. En ese caso, dijo, el problema se resolvera a travs de negociaciones, pero aadi, la disposicin para negociar est relacionada con el poder relativo de regatear de las partes interesadas y, en muchos casos, el poder de regateo es sinnimo de poder militar.

Esta es la perspectiva en que se mueve el imperialismo en el plano militar. Si a esto se aade la actividad clandestina de la CIA y la que desarrolla en Chile la frondosa embajada norteamericana (a cuyo frente se   halla un experto en operaciones conspirativas, como es el embajador Nathaniel Davis), se tiene un cuadro aproximado del poderoso estmulo que entre bastidores recibe el golpismo. La actividad conspirativa reaccionaria se orienta a instrumentalizar a las FF.AA. para sus fines y encuentra terreno abonado entre los sectores de la oficialidad que son parte integrante, en lo ideolgico o en lo clasista, de la burguesa.

 

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RECUADRO

Editorial PF N 191 28 de agosto de 1973

Marineros torturados

 

La situacin de los marineros y trabajadores de Asmar (Astilleros y Maestranzas de la Armada) detenidos bajo la acusacin pblica de profesar ideas de Izquierda, causa honda preocupacin. Con alguna lentitud, debido a la prolongada incomunicacin en que han permanecido los prisioneros, han comenzado a fluir informaciones que han conmovido a la clase trabajadora. En efecto, se ha sabido que los marineros y trabajadores detenidos fueron sometidos a crueles torturas. Algunas de ellas, en materia de sadismo no tienen nada que envidiar a las que aplican a sus opositores algunos regmenes fascistas como el brasileo. Se ha pretendido arrancarles confesiones para configurar presuntos delitos, entre ellos el de insurreccin. Se ha buscado vincular a los suboficiales y marineros detenidos con partidos polticos de Izquierda y con imaginarios planes para apoderarse de buques de la escuadra.

Sin embargo, a pesar de los repudiables mtodos usados, el fiscal naval se ha tenido que conformar con acusarlos de incumplimiento de deberes militares. Este es un concepto muy vago que, cuando ms, sirve para encubrir cargos que no es posible sostener por falta de pruebas. Lo que ha quedado en claro, en cambio, es que los suboficiales, marineros y trabajadores de Asmar detenidos y torturados, han sido objeto de estos tratos inhumanos por su negativa a sumarse a los planes golpistas que descaradamente propugnan sectores de la oficialidad.

Los testimonios en este sentido son variados y elocuentes. Las vctimas de esta inslita represin interna en la Armada, al parecer estn unidas por un vnculo comn: su decisin de no prestarse para aventuras golpistas que pretenden agredir a la clase trabajadora. Es por eso que la situacin de los marineros y trabajadores presos ha despertado la ms amplia solidaridad en todo el pas. Numerosas organizaciones de masas, partidos polticos, personalidades, rganos de prensa, etc., han protestado enrgicamente por esta situacin y han expresado su solidaridad con los detenidos.

Como es lgico, PF se suma a esas manifestaciones. Los trabajadores ven en los marineros hoy torturados, en los militares, aviadores y carabineros que tambin rechazan el golpismo, a sus mejores amigos. El pueblo est con quienes, dentro de las FF.AA. y Carabineros, hacen lo posible por contrarrestar la creciente amenaza golpista que manipulan la burguesa y el imperialismo.

 

Publicado en Punto Final, edicin N 788, 23 de agosto, 2013

www.pf-memoriahistorica.org

 

 



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