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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2013

X Aniversario de la invasin
La ocupacin trajo una guerra que persiste tras su anunciado final

Txente Rekondo
Gara


Los intentos por mostrar la libertad, la democracia como ejes de la ocupacin chocan irremediablemente con la cruda realidad del pas. En las ltimas dcadas, Estados Unidos ha dejado claro que cuando sus dirigentes hablan de libertad, esta suele ir acompaada del can de un fusil norteamericano, cuyo gobierno en estos ltimos cincuenta aos siempre ha hecho todo lo posible para asegurar sus intereses en Oriente Medio, y ello a expensas de la dignidad y los derechos de los pueblos rabes.

El pueblo de Irak no ha recuperado la libertad, al contrario, como seala un periodista local, ahora somos libres, pero solo para obedecer rdenes.

La fotografa del pas es escalofriante. Decenas de miles de muertos, la mayor parte civiles, millones de personas viviendo en tugurios, hacinadas, y sin ningn acceso a los servicios que el Gobierno debera proporcionar. Adems, cientos de miles de refugiados sobreviven en los pases vecinos, y otros tantos han abandonado el pas sin intencin de regresar.

A ello hay que sumar la aparicin de milicias y grupos armados, muchos de ellos de marcado carcter sectario, el rearme del Gobierno central, la regresin de los derechos de las mujeres, las tensiones polticas, la corrupcin, la violencia y el sectarismo, sin olvidar los intereses de otros estados, como Arabia Saud, Qatar o Irn.

La instrumentalizacin de los sentimientos sectarios es relativamente reciente. La concatenacin de acontecimientos va a ir sembrando el campo para los enfrentamientos actuales. La revolucin islmica de 1979 en Irn y la posterior guerra de este pas con Irak (1980-89) cambi algunos parmetros.

Por un lado, desde Occidente se apuesta por el rgimen de Saddam Hussein, y otro tanto hacen las monarquas del Golfo, antiguos adversarios que se conviertes en aliados. Al mismo tiempo se incrementan los ataques contra los chies en Irak (no presentados como tales, sino como aliados de Irn, y por tanto enemigos internos).

Tras la llamada primera Guerra del Golfo, Hussein busc reforzar su control social a travs de la religin y las tribus. La re-islamizacin del pas cont adems con la entrada de importantes sumas de dinero de Arabia Saud, a travs de las diferentes redes salafistas, imprimiendo un claro carcter sectario a la religin.

La posterior invasin y ocupacin de EEUU supuso la guinda a ese proceso de sectarizacin. El cambio de rgimen provocado y perseguido por Washington provoc un cambio en la ecuacin del poder, y la minora sun se vio desplazada para dar paso a un Gobierno chi.

A partir de ah, ante la falta de un Estado eficiente, la poblacin busc su supervivencia a travs del fortalecimiento de los lazos familiares, tribales, religiosos o clientelares. La poblacin chi intent hacer frente a los ataques jihadistas y salafistas a travs de esos lazos, y otro tanto hicieron los sunes ante lo que consideran el ataque de un gobierno sectario.

El avispero armado que azota el pas nos muestra tambin un abanico de organizaciones. El Ejrcito de la Orden al-Naqshbandi (JRTN) est compuesto por antiguos miembros del Baath, as como por militantes islamistas, sunes y sufes. Desde su formacin a comienzos de esta dcada, han luchado para expulsar a las tropas extranjeras y ahora lo hacen contra las fuerzas gubernamentales al considerarlas una marioneta de la ocupacin.

Tambin han surgido otras formaciones con claro sello sectario. La franquicia local de Al Qaeda, el Estado Islmico de Iraq (ISI), est mostrndose muy activa y ha reivindicado la mayor parte de los ataques ms cruentos de los ltimos tiempos, as como el ataque a dos crceles del pas, logrando la liberacin de centenares de militantes, que enseguida se han incorporado al grupo o se han desplazado hasta la vecina Siria para luchar con otros grupos jihadistas.

Este grupo ha formado recientemente una alianza con el grupo sirio Jabhat al-Nosra, el Estado Islmico de Iraq y Al Sham (ISIS), (es decir, Irak y la Gran Siria, todo el Levante), reforzando la interrelacin que existe entre los acontecimientos entre ambos pases vecinos.

Tambin la comunidad chi ha visto surgir diferentes grupos en estos aos, el ms reciente el Ejrcito Mukhtar, formado este mismo ao, para defender las mezquitas chies, pero que al mismo tiempo ha enviado a algunos de sus miembros a hacer lo propio en Siria.

Al hilo de la llamada primavera rabe, algunos de los defensores de aquella invasin han sealado cnicamente que comenz hace diez aos en Irak. Hoy en da, con una regin convertida en un tablero donde se disputa una compleja partida de ajedrez, la centralidad meditica no pasa por Irak; son Siria y algunos flecos de la citada primavera los que la ocupan.

Los atentados en Bengasi, la violencia que devasta Siria y amenaza con extenderse a Lbano, el sectarismo, el pulso entre Irn y Arabia Saud, la delicada situacin de Egipto y Tnez, por no hablar de los olvidados Yemen, Bahrein, Jordania y Kurdistn, o la siempre relegada lucha del pueblo palestino, no auguran nada bueno para la estabilidad de la regin.

Y en el caso de Irak, los impulsores ms recientes del sectarismo estn viendo sus sueos cumplirse. Al Qaeda ve la oportunidad de reforzarse y canalizar nuevas fuerzas, mientras que Arabia Saud muestra el caos de Irak y defiende su peculiar sistema dictatorial para garantizar la estabilidad, al tiempo que junto a sus aliados, busca la instauracin de un Gobierno sun y salafista en el pas.

Desgraciadamente, nos estamos acostumbrando a ver relegadas las noticias sobre Irak a breves lneas en los medios de comunicacin escritos (en los audiovisuales apenas tienen cabida, y la mayor parte de las grandes cadenas occidentales ya han abandonado el pas), a pesar de que hablamos de miles de vctimas mortales, la mayor parte de ellas civiles. Segn datos de la ONU, en abril fallecieron 712 personas, en mayo 1.045, en junio 761, y en julio 989, siendo estos meses los ms mortferos desde 2008.

Ayer, una nueva ola de atentados con coche bomba y ataques kamikazes en Bagdad dejaron al menos 71 muertos y 201 heridos.

Como seal John Pilger desde las pginas de "The Guardian'', dejamos atrs la guerra de Irak, pero los iraques no tienen esa opcin.

Fuente original: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130829/419720/es/La-ocupacion-trajo-una-guerra-que-persiste-tras-su-anunciado-final



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