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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2013

La nueva guerra de Obama

Txente Rekondo
Rebelin


El debate se ha desatado, atacar o no atacar es parte del dilema. A ello se le aade otro, la posible duracin de la nueva agresin si finalmente se lleva adelante, y todo ello aderezado con multitud de palabras y comentarios, donde la irona, la tragedia, las especulaciones y las incertidumbres y peligros parecen querer ir tambin de la mano.

Los defensores de esta agresin manejan diferentes teoras, argumentos y comparaciones histricas para avalar sus propuestas belicistas. Y a pesar de que las lecturas se alejan interesadamente de los resultados finales de esas aventuras blicas, ellos siguen pregonando las virtualidades de sus teoras.

Algunos han definido las justificaciones intervencionistas como el resultado de la mentalidad Perry-Holbrooke.William Perry (secretario de Defensa de Clinton) y Richard Holbrooke (negociador en Dayton) fueron las cabezas ms visibles de lo que se llam la suma de la diplomacia coercitiva y los bombardeos precisos en un breve espacio de tiempo. Con esa tcnica se buscaba debilitar al oponente y obligarle a aceptar finalmente unas condiciones negociadoras netamente desfavorables para sus intereses.

La materializacin de esa teora ha tenido diferentes experiencias en el pasado: Sudn, Afganistn, Iraq en los noventa, los actuales ataques con aviones-drones, y ya hemos visto el resultado de todas ellas.

A ello adems se une a un argumentarlo desarrollado durante las ltimas dcadas, donde el doble rasero y la falsa dicotoma entre el bien y el mal son las bases del discurso occidental. Los argumentos que desde las cancilleras occidentales se lanzan estos das rayan el cinismo. Las declaraciones de importantes figuras polticas en EEUU o en la Unin Europea sealando como crmenes contra la humanidad los ataques con armas qumicas son un aclaro ejemplo de ese doble rasero interesado al que nos tienen acostumbrados.

Que EEUU, que lanz las bombas nucleares contra la poblacin civil de Hiroshima y Nagasaki, o que bombarde con napalm durante meses a la poblacin de Vietnam, hable en esos trminos suena a broma de muy mal gusto. O que en sus crticas le acompaen pases europeos que abastecieron a Iraq de armas qumicas y le instaron a su uso contra la poblacin iran (con ms de 100.000 muertos) durante la guerra entre ambos pases, e incluso Naciones Unidas que no hizo tampoco nada.

Como seala un profesor universitario, la aplicacin selectiva (el doble rasero) de las convenciones internacionales tiene un precio. Las debilita y tambin lo hace con las leyes internacionales que las apoyan, dando argumentos adems a los transgresores de las mismas, y convirtindolas en algo esencialmente ineficaz.

Justo a esa utilizacin, Occidente lleva tiempo remarcando la capacidad de llevar a cabo las llamadas guerras limpias (como si alguna guerra lo fuera), al tiempo que se oculta tras ese discurso la estrecha colaboracin entre militares, industria, determinados medios de comunicacin y redes de entretenimiento, que muestran una escenificacin y glorificacin de la idea de ese tipo de guerras en la conciencia de la opinin pblica de sus pases.

Para ello no duda en la utilizacin y manipulacin del lenguaje, en el uso de una dicotoma entre el bien y el mal, lo moral e inmoral. Este discurso cnico lleva repitindose durante varios aos. As, Occidente se opone al eje del mal y est preocupado por liberar al mundo del terror, y para ello pone en marcha las guerras limpias contra los enemigos de la libertad y la democracia.

Tras las intervenciones en Iraq, Afganistn o Libia se puede observar que la citada dicotoma es absolutamente falsa, oportunista e ineficaz.

Sobre el escenario sirio pretenden ahora repetir la historia. La utilizacin de las armas qumicas es la excusa perfecta para poner en marcha la nueva intervencin militar. A pesar de que todava hay muchas incgnitas sobre quin ha podido hacer uso de las mismas (como ya pas en Iraq y las inexistentes armas de destruccin masiva), lo que importa es justificar el plan blico.

Resulta extrao que sea en este momento cuando salta la noticia, pero era la coyuntura propicia para escenificar una operacin premeditada con un evidente objetivo poltico. Cuando en Egipto se produce una masacre contra civiles (con un nmero de muertos superior a las supuestas muertes por armas qumicas), cuando el gobierno sirio est logrando importantes victorias militares sobre los rebeldes, cuando la desunin y los enfrentamiento en las filas opositoras aumentan cada da, cuando un grupo de enviados espaciales de Naciones Unidas estn esos das en Damascoa quin interesa el uso de armas qumicas contra la poblacin civil?

El fin ltimo de la intervencin si acaba producindose es el cambio de rgimen. No obstante aqu tambin surgen diferentes hiptesis. Para unos, esta agresin sera una especie de operacin simblica (cruel y cnica definicin para un ataque militar programado), que buscara un debilitamiento del gobierno sirio pero sin buscar su derrocamiento inmediato (vuelve la filosofa Perry-Holbrooke a estar sobre la mesa de Washington). En la Casa Blanca son conscientes que de producirse un cambio de rgimen ahora mismo, los grandes vencedores podran ser los movimientos jihadistas e islamistas ms radicalizados (curiosos compaeros de aventura de EEUU), lo que preocupa y mucho a importantes aliados locales de EEUU como Jordania o Israel.

Por ello, otros analistas apuntan al desarrollo de un guin a medio o largo plazo, donde los intereses norteamericanos y de sus aliados se vayan reforzando con el tiempo y finalmente puedan buscar una salida negociada para provocar el cambio de rgimen, bien porque los intereses de los actores ahora enfrentados converjan, bien porque la apuesta opositora logre afianzar un liderazgo conforme a los designios de Washington.

Los peligros y las incertidumbres acompaarn cualquier iniciativa blica de ese calibre. La inseguridad del escenario venidero de producirse este nuevo ataque es ms que evidente, con todo un abanico de posibles escenarios, cada cual ms pesimista.

Por un lado, algunos apuntan a que el conflicto acabe superando las fronteras sirias, si es que no lo ha hecho ya. As, desde Bagdad hasta Beirut, pasando por Jordania, el Golfo Prsico o Israel podremos encontrar en el futuro alguna consecuencia quirrgica de la agresin sobre Siria.

Y por otro lado, otras fuentes apuntan a que puede significar el fin de Ginebra II, ya que las posturas del gobierno sirio ante un nuevo ataque pueden radicalizarse, mientras que los opositores pueden creer que estn a las puertas de una victoria militar, y entonces para qu negociar?

La violencia sectaria y el auge del jihadismo en toda la regin son factores que podran protagonizar tambin el futuro escenario de la zona, y evidentemente las consecuencias de todo ello son difciles de predecir todava. Si finalmente EEUU y sus aliados deciden llevar adelante este nuevo ataque contra Siria la fotografa final puede ser ms peligrosa que lo que hemos conocido hasta ahora tras las aventuras militares en Iraq, Afganistn o Libia.

Y evidentemente las repercusiones de esta nueva guerra de Obama tambin sern ms difciles de exponer.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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