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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2013

Reflexiones para la memoria histrica y su vigencia en el presente
La guerra de Iraq un decenio despus

Dino A. Allende Gonzlez
Rebelin


Cuando en la madrugada del 20 de marzo de 2003 las primeras bombas y cohetes Crucero norteamericanos impactaban en diferentes barrios de Bagdad, la administracin republicana de George W. Bush haba puesto en marcha la operacin Libertad Duradera, destinada, segn el discurso promovido desde Washington, a propiciar la cada del gobierno encabezado por Saddam Hussein, acusado de poseer armas de destruccin masiva y mantener vnculos con la organizacin terrorista Al Qaeda. Pero en realidad las razones que pusieron en primer plano la opcin militar contra Iraq eran de carcter geoestratgico, vinculadas con el inters de propiciar un reordenamiento geopoltico en el Oriente Medio (El Gran Medio Oriente Ampliado) acorde con los intereses de EE.UU. e Israel, as como tambin lograr el control absoluto de los recursos petroleros de dicho pas.

Aquel ataque pareca cerrar el ciclo de un conflicto surgido en los inicios de la primera mitad de la dcada de los noventa del pasado siglo XX. A partir de la invasin y ocupacin del emirato de Kuwait por las tropas iraques en agosto de 1990, los crculos nucleados alrededor del entonces presidente George H. W. Bush desarrollaron contra Iraq una poltica de confrontacin que desemboc en un proceso de crisis cuyo clmax lo constituy la Guerra del Golfo entre enero y febrero de 1991. Posteriormente, pese a que el gobierno de Saddam Hussein reconoci su derrota y acept todas las resoluciones vinculantes en su contra por parte del Consejo de Seguridad de la ONU, esta administracin y las encabezadas por William Clinton durante sus dos perodos de gobierno acentuaron el discurso y las posiciones agresivas contra ese Estado rabe hasta que finalmente, tras casi 13 aos de mantener un bloqueo econmico avalado por las Naciones Unidas, polticas de subversin interna y una verdadera guerra area de desgaste no declarada, a lo que se sum un gradual debilitamiento interno del poder central iraqu en el terreno econmico, poltico-social, diplomtico y militar, el gobierno neoconservador de W. Bush lanz entre marzo-abril de 2003 la invasin que permiti el derrocamiento de Saddam Hussein, as como la rpida ocupacin del pas.

Los resultados de esta aventura militar fueron devastadores para Iraq. Solamente en muertos la cifra desde 2003 hasta el primer trimestre de 2010 oscilaba entre 100000 hasta ms de un milln segn las diferentes fuentes consultadas; un nmero incontable de heridos, mutilados y vctimas de torturas por la represin de las tropas estadounidenses, sus aliados colaboracionistas internos y de la denominada Coalicin, ms de 4 millones de desplazados internos y refugiados en el exterior, ms 1 milln de viudas y 5 millones de hurfanos (1), a lo que se agreg la prdida de la soberana nacional y los efectos de la ruina econmica, destruccin de los servicios pblicos, el saqueo y dispersin del patrimonio cultural iraqu, que por aadidura es uno de los ms antiguos en la historia de la humanidad; los efectos de la contaminacin con uranio empobrecido en la poblacin y el medio ambiente; la cada en picada del nivel de vida y el incremento de la pobreza, corrupcin e incertidumbre social.

Sin embargo, esta situacin desemboc en una guerra de resistencia armada, poltico-cultural y dentro de la sociedad civil contra las tropas del Pentgono y sus aliados con altos costos poltico-militares para los EE.UU., tanto en el plano domstico como en el de poltica exterior y si bien esto fue ms evidente durante la etapa en que gobern W. Bush, la impronta y efectos de esta guerra fueron heredados y asumidos por la administracin demcrata de Barack Obama desde el comienzo de su primer mandato en enero de 2009. Finalmente, en diciembre de 2011, tras un dilatado proceso de discusiones con las autoridades iraques durante ms de un ao, Obama se vio precisado a retirar en pleno las tropas norteamericanas de ese Estado rabe.

Semejante resultado constituy una derrota poltico-militar y un fracaso de orden estratgico, a partir de la imposibilidad estadounidense para derrotar militarmente al adversario (en este caso la resistencia a la ocupacin); el no haber conseguido la apropiacin y control pleno de los recursos econmicos y energticos iraques; la incapacidad para promover desde el principio a figuras nativas procedentes del exilio plenamente afines y tener que establecer o reforzar vnculos con otras fuerzas del entramado poltico local, que no siempre tuvieron en su agenda de prioridades los intereses de Washington como primera opcin, incluyendo asuntos tan controversiales como el tratamiento del tema de la poltica petrolera o la legitimacin y concesin de impunidad a la actuacin de las tropas del Pentgono y los llamados contratistas (mercenarios) en suelo iraqu; amn de que en el plano de la poltica exterior la guerra desatada en 2003 careci de legitimidad, los pretextos utilizados para justificarla eran desde el principio cuestionables y finalmente resultaron ser falsos; se llev a cabo pese a la negativa de varios miembros permanentes del Consejo de Seguridad; cre una situacin de tensin con varios de sus aliados mediorientales e incluso dentro de la OTAN (2) y tuvo en contra a gran parte de la opinin pblica mundial en una serie de manifestaciones multitudinarias contra la guerra desde los meses previos al inicio de la agresin, que incluy en las mismas a parte de la poblacin estadounidense.

De hecho, esta guerra contribuy a proyectar una imagen negativa sobre los EE.UU. como pas, particularmente en lo referido a la llamada Guerra contra el Terrorismo promovida por W. Bush, la que para muchos represent en la prctica un factor de inseguridad hacia el resto del mundo, por lo que no result casual el hecho de que pases como Espaa y Gran Bretaa, con gobiernos como los de Jos Mara Aznar y Anthony Blair (en su momento partcipes entusiastas de la aventura iraqu) fuesen blanco de acciones terroristas en su territorio. Por otra parte y a pesar de que tras la cada de Saddam Hussein el Consejo de Seguridad legitim a posteriori la situacin impuesta a Iraq por parte de EE.UU. y sus aliados (Resolucin 1483 de 2003), en la prctica la Coalicin de tropas creadas para respaldar la ocupacin result ser una fuerza sostenida principalmente sobre la base de las tropas del Pentgono y el contingente militar britnico, pues el resto de la misma era dbil, en algunos casos meramente simblica y a fin de cuentas resultaron blancos ms vulnerables para los ataques de la resistencia.

Desde el punto de vista interno, la situacin de incertidumbre militar se reflej en un incremento sostenido del nmero de bajas mortales entre las tropas estadounidenses, que en el 2010 y segn cifras oficiales superaba los 4500 soldados y oficiales, ms un nmero no determinado (y en ocasiones no reconocido oficialmente) de heridos, mutilados de guerra, veteranos afectados por stress post-traumtico, los efectos del uranio empobrecido as como vctimas de suicidios derivados de su participacin en la contienda.(3) Por otra parte, el ndice de aprobacin a la guerra por parte del gobierno dentro de la poblacin de EE.UU. en esos aos fue hacia la baja, con niveles que superaban por amplio margen el 50%, a lo que se sumaron la existencia de un movimiento pacifista que adquiri fuerza, las divisiones entre los sectores de poder norteos acerca del devenir de la guerra y la incapacidad para hacer frente a los efectos de desastres naturales dentro del territorio estadounidense como el huracn Katrina en 2005, que la opinin pblica domstica relacion por una u otra razn con la guerra en Iraq.

Lo acontecido desde el inicio de la invasin y ocupacin de ese Estado en 2003, pudiera tomarse como un buen ejemplo para mostrar las limitaciones que a mediano y largo plazo representa para una superpotencia como los EE.UU. una guerra convencional prolongada en un escenario hostil y en condiciones de asimetra evidente entre los contendientes, aun cuando la influencia estadounidense sobre Iraq no haya desaparecido ni mucho menos con la retirada de su contingente militar.(4) En ese sentido no result casual que en 2011, a raz de iniciarse la campaa de bombardeos areos contra Libia, que finalmente provocaron el derrocamiento del gobierno de Muammar el Gaddafi y su posterior asesinato, Obama se apresur a poner dicha operacin bajo el comando oficial de la OTAN, al tiempo que expresaba su decisin de no involucrar directamente a fuerzas terrestres norteas en esa operacin, postura que en esencia est repitiendo en el caso de su poltica hacia el gobierno sirio de Bachar al Assad, si bien en este caso las cabezas visibles de este enfrentamiento sean, adems de las potencias occidentales, sus aliados regionales.

A pesar del gradual y sistemtico proceso de manipulacin y silenciamiento meditico a que ha sido sometida por los poderes hegemnicos, la guerra de invasin y ocupacin en Iraq constituye un acontecimiento con lecturas sugerentes no solo hacia EE.UU., sino tambin para cualquier bloque de poder o potencia del Primer Mundo que aspire a seguir utilizando la guerra como un instrumento de la poltica en el futuro, pues si bien esta sigue siendo una opcin para el sistema capitalista y a corto plazo pudiera cumplir con una parte de sus objetivos, por otro lado presenta un cmulo de obstculos que la hacen insostenible en un plano ms mediato y tampoco constituye una va eficiente para la preservacin del sistema, acentuando el carcter depredador de los Complejos Militares Industriales de estas potencias y bloques, especialmente en tiempos de crisis como los que vive hoy la humanidad y eso se hace evidente especialmente en el caso de los EE.UU.

A la altura de los inicios del siglo XXI, en un escenario mundial como el actual, resulta cada vez ms evidente que la definicin expresada en el siglo XIX por el terico alemn Karl von Clausewitz de que La guerra es la mera continuacin de la poltica por otros medios, resulta una variable prcticamente imposible de aplicar, ya no solo a nivel del enfrentamiento entre grandes potencias o bloques poltico-militares, sino tambin en el plano meramente convencional entre un Estado del Primer Mundo y otro del tercero. En ese sentido, la impronta de las guerras de EE.UU. en Iraq y Afganistn, vuelve a poner en primer plano la advertencia que desde un sector minoritario de la academia hiciera un estudioso como Istvn Mszaros, justamente a raz de la victoria estadounidense en Iraq: la guerra que se cierne sobre nosotros es imposible de ganar en principio. Peor an, es, en principio, inganable.(5)

Notas

1-Edmundo Fayanas Escuer. Balance del desastre iraqu. Rebelin, 26 de enero de 2010. www.rebelion.org; as como tambin Alessandro Lattanzio. Las prdidas humanas en la Guerra Global al Terrorismo. Bolletino Aurora (ABP), 20 de abril de 2010.www.visionesalternativas.com. Esta ltima fuente publicada originalmente en la revista Navires & Histoire, nmero 59 de abril de 2010.

2-A diferencia de lo ocurrido durante la invasin a Afganistn en 2001, en el caso de la guerra del 2003 en Iraq no se pudo lograr una participacin de la organizacin noratlntica como parte activa del conflicto y este bloque poltico-militar solo qued representado por una Misin de Entrenamiento de la OTAN en Irak.

3- -Marcos Salgado. Hollywood o como quedarse para siempre en Iraq. Digital Question, 09-03-2010. www.rebelion.org. Segn otras fuentes, desde el comienzo de la guerra en Iraq hasta el 8 de marzo de 2010 la suma de bajas militares estadounidenses en ese pas fue la siguiente: 7112 soldados muertos en combate (186 suicidios), 66706 mutilados o heridos graves (27600 definitivamente fuera de combate), as como 26224 desertores e insumisos. Para una ampliacin consultar Alessandro Lattanzio. Fuente citada en la nota 1.

4 -Esta se expresa a travs de la representacin diplomtica en Bagdad y consulados en las principales ciudades iraques que en conjunto agrupan a mas de 15.000 funcionarios y empleados, incluyendo los contratistas encargados de proteger esta mega embajada (la mayor establecida por los EE.UU. fuera de sus fronteras, al menos desde el final de la Guerra Fra); adiestradores militares incluidos en los contratos de armamento suscritos por compaas estadounidenses con el gobierno iraqu, as como la presencia de una misin militar de poco mas de un millar de efectivos, encargados de entrenar y asesorar a las fuerzas armadas y de seguridad iraques. Para una ampliacin consltese a: James Denselow. La retirada estadounidense de Iraq es un engao. Granma, La Habana, ao 47, No. 266, 7 de noviembre de 2011, p.5.

5-Istvn Mszaros. El militarismo y las guerras que vendrn. Temas, La Habana, abril-septiembre de 2003, p. 72. Este ensayo fue publicado originalmente en Monthly Review (junio de 2003) y las palabras en cursiva aparecen de esa forma en el texto citado.

Dino Amador Allende Gonzlez es Licenciado en Historia y Mster en Historia Contempornea y Relaciones Internacionales (Ibdem, 2005). -Desde 1991 ha participado en diversos cursos de postgrado, eventos nacionales e internacionales, as como charlas y conferencias sobre historia, poltica internacional y cultura cubana. Adems, ha presentado trabajos y ponencias en eventos y concursos nacionales e internacionales, as como tambin ha publicado artculos en publicaciones como las revistas Bohemia, Tricontinental, Panorama Mundial, Cubarte y Visiones Alternativas. Recientemente obtuvo mencin en la IX edicin del Concurso Internacional de Ensayo Pensar a contracorriente por el ensayo La guerra como instrumento de la poltica en el siglo XXI. El caso iraqu.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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