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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-09-2013

Cuaderno de estancamiento (I)
Nueva fase? Viejas malas polticas

Albert Recio Andreu
Mientras tanto electrnico


El incierto comienzo de una nueva etapa

La recesin ha terminado por acuerdo del Consejo de Ministros. O al menos esto es lo que sugieren sus portavoces y la prensa econmica afn. Se basan en dos buenos resultados: las cifras del paro registrado de los ltimos meses y las de la balanza exterior, ms las siempre inciertas opiniones de los lderes empresariales, de lo que se colige que vamos a empezar la recuperacin. Tambin la Unin Europea sustenta una opinin parecida. Ahora no se habla de brotes verdes porque la experiencia de los ltimos aos obliga a eludir las licencias poticas y a refugiarse en un lenguaje ms tecnocrtico. No vaya a ser que venga otra temporada de sequa y volvamos a hacer el ridculo.

I. El comentario que sigue no va a ser muy original, puesto que ya se ha hecho en entregas de cuadernos anteriores. Pero servir como recordatorio de lo que nos espera, o al menos lo que creo razonable esperar, en los prximos meses. En primer lugar los tecncratas y sus medios afines juegan siempre a su antojo con las palabras. Al analizar la situacin confunden crisis, recesin y estancamiento. Una crisis es un momento de cambio, indica el fin de un perodo de expansin y la entrada en una nueva tendencia. Una recesin es un perodo de cada sostenida de la actividad econmica. Ello ocurre no slo en las situaciones de crisis, puede ocurrir tambin dentro de una fase expansiva. En la dinmica de las economas capitalistas se producen fluctuaciones de diferente longitud de onda y nunca podemos esperar que los perodos de crecimiento y recesin sean lineales (ms bien atraviesan alzas y cadas). Para quien, como yo, es amante de andar por el monte la diferencia es fcil de entender. Cuando evaluamos un recorrido podemos tomar como referencia del mismo las diferencias entre las cotas ms bajas y las ms altas. Pero todos sabemos que nuestro itinerario a menudo se encontrar jalonado por subidas y bajadas intermedias (para salvar un espoln, o cruzar un pequeo valle), aunque en general consideramos que se trata de accidentes menores dentro de un recorrido de subida, de bajada, o llano. De forma parecida, en un perodo global de crecimiento econmico puede producirse una pequea recesin o estancamiento o al contrario en un perodo de estancamiento o recesin haber un pequeo auge. Incluso hay que contar que la existencia de actividades estacionales provocan estas fluctuaciones de forma recurrente (en el caso espaol el tercer trimestre suele ser siempre de mayor actividad y el primero de menor). Todo depender del marco temporal de referencia. El que tras varios trimestres de cada de la actividad se produzca un cambio de tendencia no indica por tanto que estemos ante un escenario nuevo, sino que podemos estar perfectamente ante una fase de recuperacin dentro de un perodo general de estancamiento.

Hay que contar adems que lo que la gente espera, y necesita, es que termine la situacin de desempleo masivo y de recorte sostenido de los derechos sociales. El tamao del destrozo habido hasta ahora ha sido de tal magnitud, sobre todo en el sur de Europa, que se requerira de un cambio radical de la situacin para que las cosas mejoraran de forma sostenida. Si, como parece, estamos slo ante un pequeo cambio de tendencia dentro de una fase de enorme estancamiento, hay que pensar que paro persistente y el sufrimiento de millones de personas siguen siendo un horizonte mucho ms realista que el de la salida del tnel. Y quedarse en analizar un cambio de pocas dcimas en el PIB o el desempleo es una forma de ignorar el dramatismo del conjunto.

II. De las grandes crisis capitalistas se ha acabado saliendo slo con cambios institucionales de gran calado. De la crisis de 1929 se sali al final de la Segunda Guerra Mundial, gracias a un fuerte aumento del papel del sector pblico (en gran parte posibilitado por la propia Guerra Mundial), un cierto pacto social y un orden imperial que garantiz suministros baratos de materias primas a Europa. De la crisis de 1973 se sali hacia finales de los ochenta con el triunfo del neoliberalismo y la entrada en un modelo de capitalismo mucho ms inestable, depredador, que el de la edad de oro. En gran parte la crisis actual est engendrada por las caractersticas institucionales y estructurales del modelo neoliberal: exacerbacin de las desigualdades a escala social y territorial, patgena financiarizacin econmica, menor eficacia de las regulaciones pblicas, mayor espacio a los mecanismos de capitalismo mafioso. Y todo ello enfrentando a una incipiente crisis ecolgica que cuestiona las bases tecnolgicas y la continuidad del modelo de formas diversas: pico del petrleo, calentamiento global etc. Todo apunta a que sin una transformacin radical de las instituciones sociales va a ser imposible responder de forma adecuada a este ltimo desafo. Y, cuanto menos, no parece probable una nueva era de expansin capitalista sin encontrar soluciones a los desequilibrios anteriores. Y es patente que en ninguno de ellos se han avanzado soluciones y cambios relevantes, sino que ms bien las respuestas a la alemana o a la estadounidense han constituido variantes de neomercantilismo orientadas a endosar la factura a otros pases ms dbiles. Sin un planteamiento global no resulta claro como puede darse un nuevo perodo de expansin. Lo que resulta mucho ms inquietante cuando se consideran las dimensiones materiales del problema. Buena muestra de que no ha habido una revisin en profundidad de planteamientos la podemos encontrar tanto en el bloqueo de la reforma financiera como en la creciente apuesta por el fracking [fractura hidrulica] como respuesta al pico del petrleo, una alternativa que amenaza con nuevos problemas ambientales y que adems puede agravar el problema del calentamiento. Es quizs un dato aislado, pero resulta cuando menos chocante que vuelva a renacer el tema del tercer rescate griego justo cuando se habla del optimismo de las lites.

III. Tampoco los datos apuntan a un cambio sustancial en el caso de Espaa. Los del empleo reflejan exclusivamente el flujo estacional del verano. Ms novedosos son los datos de la balanza exterior. Para algunos sorprendentes, pero que merecen un anlisis ms detallado.

Una primera cuestin que salta a la vista es el hundimiento espectacular de las importaciones. Algo asociado a la cada del consumo como resultado del paro y los recortes salariales. En un pas tan consumidor de bienes sofisticados de importacin (coches, electrnica, whisky, ropa, etc.), la cada del consumo tiene un impacto directo en las importaciones. Pero ni se han cambiado los modelos de consumo, ni la especializacin productiva, ni la dependencia energtica (las ltimas medidas de poltica energtica muestran que no hay voluntad de cambiar el modelo) y si hay alguna recuperacin, la mejora por esta va se va a agotar.

Ms llamativa es la evolucin de las exportaciones. Para entenderla hay que estudiarlas al detalle (y aqu chocamos con el hecho que los ltimos datos detallados publicados son los del 2011). Pero por lo que se ve los buenos datos se deben en parte al auge de las exportaciones alimentarias, un sector de especializacin tradicional (y cuyo crecimiento en algunos subsectores el porcino depende de la importacin de maz, soja y energa. En otros, se observa que se trata de colocar los excedentes que no puede absorber el mercado espaol (por ejemplo refinado de petrleo). Y se ha producido un crecimiento de las exportaciones de bienes metlicos sin que ello se traduzca en ms empleo. Posiblemente las empresas exportan para sacar lo que no pueden colocar en el mercado interior (habr que ver con que efectos a largo plazo), con lo que el efecto neto es nulo y a largo plazo incierto. Ms espectacular es el auge de la actividad exterior de las grandes constructoras, pero aqu el efecto empleo es casi nico, porque la construccin es siempre una actividad directa en el territorio que tiene lugar (a lo sumo puede generar alguna demanda para bienes intermedios): los xitos de estas empresas en el exterior pueden beneficiar a sus accionistas, pero no a los trabajadores de aqu. Hay que aadir adems que no ha habido ninguna poltica seria de transformacin de la estructura econmica interna y todo apunta por tanto a que el repunte se debe ms a una respuesta a corto plazo que a un cambio estructural de largo alcance.

IV. En los prximos meses seguir el bombardeo meditico del optimismo y la recuperacin. De impulsar el crecimiento y sacrificarse a corto plazo.

El campo de los datos macroeconmicos, de las expectativas, es un terreno resbaladizo. La izquierda social debe responder con otras preguntas, con la evaluacin de la catstrofe, con la exigencia de programas detallados de accin, con situar en el debate social indicadores reales de bienestar, con la exigencia de reformas de calado y respuestas serias a la crisis ambiental. Una labor en la que puede desarrollarse un aprendizaje y un debate colectivo con el que ir situando respuestas alternativas a un marco socioeconmico que seguir por mucho tiempo instalado en el pramo generado por el neoliberalismo global.

 

Contra los asalariados todo vale

La nica idea que domina estructuralmente el pensamiento de la economa ortodoxa es atacar los derechos laborales. La ltima andanada ha sido la propuesta del FMI de bajar el 10% los salarios para reducir el desempleo. Aparentemente se trata de un anlisis serio, pero en la prctica todo se sustenta en un modelo terico con fundamentos discutibles. Ocurre que como se suele tratar del nico modelo que estudian realmente la mayora de los aprendices de economista y nadie les suele explicar sus limitaciones y olvidos, stos acaban por creer que se trata de una representacin realista de la realidad.

Todo el argumento se fundamenta en dos cuestiones bsicas. Primera: a medida que se emplean ms trabajadores, desciende su aportacin productiva (productividad marginal). En teora, esto se sustenta para el caso de una sola empresa que tiene un equipamiento dado, pero en la prctica se considera que el conjunto de la economa funciona como una sola empresa. Si la aportacin de cada nuevo trabajador es menor que el anterior, las empresas solo lo contratarn si pueden pagar salarios adecuados a la misma. O sea que para reducir el desempleo masivo los salarios debern bajar para animar a las empresas a contratar a mucha ms gente que se supone ser menos productiva. Hay muchas cuestiones discutibles de este modelo, empezando por el supuesto de productividad marginal y siguiendo por el propio concepto convencional de la misma (cmo se mide, qu se mide). Su eficacia no descansa en su veracidad, sino en el hecho que muchos tcnicos lo dan por supuesto y propugnan medidas en esta direccin.

Una variante del modelo tiene en cuenta la competitividad. En este caso puede incluso obviarse la cuestin de la productividad marginal. La idea es que, si los salarios son ms bajos, las empresas podrn vender ms baratos sus productos y por tanto aumentarn las ventas en el exterior que compensarn la cada de ventas locales por efecto del menor poder adquisitivo de los asalariados. El efecto neto ser un crecimiento del empleo. Pues bien, relacionar de forma directa salarios y exportaciones slo tiene sentido si todo el precio de los productos se debiera a los salarios. En este caso resulta claro que una reduccin de un 10% de salarios se traducira en una cada del 10% del precio de venta. El problema es que en el mundo real las cosas no son as, en el precio del producto intervienen adems los costes de las materias primas y los suministros, los beneficios empresariales y los impuestos. El peso de los salarios es slo una parte del coste (como media, sobre un 30%, aunque vara mucho de sector a sector) y por tanto no hay ninguna garanta que una cada de los salarios del 10% se traduzca en un abaratamiento del 10% del precio de venta. Imaginemos un sector donde los salarios representan un 40% del coste total, las materias primas un 30% y el beneficio empresarial otro 30%. Si reducimos un 10% los salarios ello supone una reduccin de costes totales del 4% (-10% x 40%). Si las materias primas no varan de precio y el empresario mantiene intactos sus beneficios, el abaratamiento final sera solo del 4%, no del 10%. Si da la casualidad que las materias primas aumentan de precio o los empresarios incrementan sus ganancias puede que al final el impacto sea nulo y lo nico que haya ocurrido sea un cambio en la distribucin de la renta.

No es slo una cuestin hipottica. Los estudios de la Organizacin Internacional del Trabajo han mostrado que los costes laborales unitarios reales (el aumento de los salarios reales descontada la inflacin respecto a la productividad) en Espaa cayeron en el perodo 2000-2007, antes de la crisis, y han continuado cayendo despus de la misma. Si las empresas espaolas perdan competitividad por sus precios no era por las alzas salariales sino por las de los beneficios. Seguir insistiendo en los salarios es una muestra de estrabismo terico, de mala fe y de clasismo manifiesto.

Un clasismo patente en gran parte de la tecnocracia econmica (los empresarios al fin y al cabo defienden sus intereses de clase), que le hace juzgar como buena cualquier situacin laboral que pueda camuflarse como empleo. Da igual que la gente trabaje unas horas ms o menos, en condiciones ms o menos decentes, con capacidad de subsistir o malviviendo: mientras se cuenten como empleados, ya le vale. Y le importa un comino los beneficios de unos pocos, al fin y al cabo los incentivos son bsicos y el capitalismo les suena a un modelo intocable.

Construir una alternativa es una necesidad social. Y requiere tambin poner en cuestin las bases intelectuales que solo sirven para construir un discurso abiertamente antiobrero y antisocial. El que legitima la precariedad, la pobreza, la desigualdad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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