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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-09-2013

Siria
Los motivos de Obama

Editorial de La Jornada
La Jornada


El secretario general de la Organizacin de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, afirm ayer, ante la posibilidad de un ataque militar contra Siria en respuesta al presunto uso de armas qumicas contra civiles por parte del gobierno de Damasco, que se debe considerar el impacto de cualquier accin punitiva en los esfuerzos por evitar un mayor bao de sangre, facilitar una solucin poltica del conflicto y evitar acciones militares.

Los pronunciamientos del poltico sudcoreano se producen en un momento en que la perspectiva de una aprobacin del Congreso estadunidense al ataque en Siria luce ms cercana, a pesar del rechazo mayoritario de la opinin pblica de ese pas. Ayer, como resultado del intenso cabildeo emprendido por la Casa Blanca entre los representantes del Legislativo estadunidense, el gobierno de Barack Obama consigui el respaldo del presidente de la Cmara de Representantes, el republicano John Boehner, al que se sumaron otros representantes de los dos partidos dominantes en ese pas.

Ante la determinacin de Washington de emprender una nueva aventura blica en Siria por la va unilateral sin esperar los resultados de las investigaciones realizadas por la ONU y pasando por alto el veto del Consejo de Seguridad del organismo multinacional, el llamado a la sensatez formulado por Ban es un factor de contencin deseable y saludable que debiera ser secundado por otros actores internacionales, habida cuenta de la improcedencia de combatir la barbarie que se desarrolla en la nacin rabe con una barbarie multiplicada.

En la lgica de Obama la intervencin militar en Siria resulta justificable si se hace en forma limitada y mediante un ataque quirrgico que emplee aviones no tripulados y misiles teledirigidos: tales afirmaciones pasan por alto que dichos artefactos tienen un poder mortfero semejante o mayor al que tendra una incursin militar tradicional en territorio sirio y que el resultado no sera, por tanto, distinto del que se produjo en otras guerras humanitarias: muerte de civiles a escala masiva, multiplicacin de la violencia en el pas ocupado y mayor inseguridad planetaria, violaciones a derechos humanos y restricciones a las libertades.

Por lo dems, sera ingenuo suponer que una intervencin como la esbozada por Obama no pondra en riesgo vidas y bienes de Estados Unidos: las experiencia reciente demuestra que las expresiones de encono antiestadunidenses no slo se realizan contra los efectivos militares, sino tambin contra embajadas, consulados y, en general, contra objetivos que representen intereses geopolticos o econmicos de la superpotencia y sus aliados, los cuales no necesariamente quedaran indemnes tras los nuevos rencores que dejara un ataque de Washington contra Siria.

Otro elemento que subraya la improcedencia de semejante agresin es que, si bien todos los elementos de juicio disponibles indican que el pasado 21 de agosto tuvo lugar un ataque con gases txicos en las afueras de Damasco, no existen pruebas de que tal hecho, sin duda condenable y criminal, haya sido de la autora del gobierno de Bashar Assad. Es innegable, en cambio, que el rgimen no ha cometido hasta ahora agresin blica alguna contra Estados Unidos, como s lo han hecho los grupos integristas islmicos y en forma particular, la organizacin Al Qaeda que hoy por hoy combaten en el bando de los rebeldes opositores a Damasco. Tales consideraciones configuran la paradoja de un gobierno estadunidense que podra terminar por apoyar militarmente a una organizacin responsable de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.

En suma, el plan de la administracin Obama para atacar Siria resulta tan improcedente y desatinado que obliga a cuestionarse si la incongruencia es slo aparente y si tal decisin est siendo influida por intereses privados y facciosos la industria armamentista estadunidense y los halcones de Washington, que promueven sus intereses que han resultado los beneficiarios proverbiales de intervenciones como la que Washington intenta iniciar en la nacin rabe.

Fuente original: http://www.jornada.unam.mx/2013/09/04/opinion/002a1edi



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